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Introducción
Y
en el principio fue el monte y sólo el monte, con todos sus
recursos puestos para que el hombre los aprovechase y urdiese cómo
desarrollar la técnica adecuada para servirse de ellos.
El
monte no sólo suministró alimentos y materiales, también aportó
las primeras fuentes de energía, inicialmente mediante la quema de
leña. Este acontecimiento permitió el desarrollo de incipientes
ferrerías y, en consecuencia, de los útiles de hierro que supondrían
un salto cuantitativo en el desarrollo de la humanidad. Ya en la
Edad Contemporánea las acerías se desarrollarían al calor del
carbón vegetal. Entre los productos industriales generados de
antiguo en nuestros montes quisiera destacar la pez, que se obtenía
mediante destilación en las “pegueras”, indispensable antaño
en la impermeabilización o calafateo de las embarcaciones, este
aprovechamiento era tan usual que aún quedan numerosos lugares en
nuestros montes conocidos como “de la Peguera”.
A
este breve bosquejo de bienes y servicios producidos en el monte,
conviene añadir los beneficios que una foresta bien gestionada
reporta en cuanto a calidad de agua, de aire y, finalmente, ese
servicio tan apreciado por la sociedad occidental que se resume en
la sensación de bienestar que las superficies arboladas ofrecen.
Actualmente,
el monte continúa dando respuesta a las demandas de la sociedad con
un sinfín de productos; la madera, el corcho y en menor grado la
resina siguen siendo productos necesarios y señal de calidad. El
suministro de energía, función que el monte desempeñó durante
miles de años, tras breve declive adquiere en estos días singular
importancia y, aunque viejo uso, el empleo de nuevas técnicas
obliga a su ordenación.
El
desarrollo tecnológico alcanzado en nuestros días ha elevado la
capacidad de intervención y transformación en el monte a límites
insospechados, con el riesgo de perder en poco tiempo, aquello que
la naturaleza construyó durante siglos cuando la tasa de explotación
supera a la de renovación del recurso.
Sobre
estos aspectos se pretende incidir en el desarrollo de las VI
Jornadas Forestales; se subraya el generoso papel del monte como
suministrador de bienes de todo tipo, desde una perspectiva ordenada
que garantice su legado a las generaciones venideras. |