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PARQUE
NACIONAL DE ORDESA Y MONTE PERDIDO.
El
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se encuentra en la comarca
oscense del Sobrarbe, en el Pirineo Aragonés. Presenta un mosaico de
ecosistemas donde se encuentra una gran diversidad florística y faunística;
ello es debido a la combinación de modelados glaciares y kársticos, de
cañones y valles, y la variabilidad altitudinal
EL Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es uno de los que
integran la Red de Parques Nacionales. En 1977 pasa a formar parte
de la Reserva de la Biosfera “Ordesa-Viñamala” . Por el año 1988 es
declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Ese mismo año
obtiene el máximo galardón de la CEE “Diploma del Consejo de Europa a
la Conservación”, éste es renovado cada 5 años siempre que se continúe
en una serie de estrictos parámetros de Conservación del Espacio
Natural, lográndose ininterrumpidamente los años 1993 y 1998. En 1997
recibe otro máximo galardón, la declaración del Parque como Patrimonio
Mundial de la Humanidad, junto con los glaciares de la vertiente francesa
por parte de la UNESCO.
El 16 de agosto de 1918, mediante un Real Decreto, el valle de
Ordesa fue declarado Parque Nacional. Posteriormente fue reclasificado en
virtud de la ley 52/1982,
de 13 de Julio, pasando a denominarse Parque Nacional de Ordesa y Monte
Perdido, ampliándose su superficie de 2.100 a 15.600 hectáreas.
Su zona de influencia comprende los términos municipales de Bielsa,
Broto, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin y Torla.
La complicada historia geológica y morfológica, junto a un clima
riguroso, han dado como resultado una elevada altitud y la presencia de
escarpadas pendientes. Este área es el asentamiento tradicional de
pobladores que han luchado cotidianamente ante los rigores naturales,
desarrollando una forma de vida racional y respetuosa con el medio que ha
hecho posible su conservación hasta hoy día, motivo por el que ha
merecido el más alto galardón legislativo de protección, es decir, la
categoría de Parque Nacional.
La gran diversidad de ambientes y paisajes convierte a la zona en
un patrimonio natural excepcional que debe ser protegido y conservado para
generaciones venideras. De hecho, el paisaje de Ordesa y Monte Perdido ha
fue en tiempo atrás ensalzado por ilustres personajes como Louis Ramond
de Carbonnierès, Soler i Santaló, Lucien Briet, Ricardo del Arco, Lucas
Mallada, Franz Schrader y tantos otros. La aportación y el entusiasmo de
éstos pirineaístas fue decisivo para que en 1.918 Ordesa fuera declarado
Parque Nacional.
El origen geológico del Parque se remonta a la Era Primaria,
cuando los Pirineos no eran todavía montañas que hoy contemplamos, sino
la fosa de un mar en el que se iban depositando diversas capas
sedimentarias. Hace 250 millones de años la orogenia herciniana plegó y
elevó esos sedimentos, formando la cordillera primitiva muy diferente al
paisaje del Parque -el hoy llamado “Pirineo Axial”-. Al final de la
Era Secundaria y el principio de la Terciaria nuevos sedimentos calizos se
depositan en estratos. Hace 35 millones de años la orogenia alpina eleva
nuevamente el Pirineo Axial y empuja hacia arriba los sedimentos calizos.
Hoy, ante nuestra mirada, se despliega una cadena de montañas calcáreas
-las llamadas Sierras Interiores- donde se localiza el macizo de las
Tres Sorores o de Monte Perdido. Recuerdo de las pasadas
glaciaciones quedan los glaciares de Monte Perdido y Marboré a modo de
vestigios gélidos de una época pretérita más fría
La acción de estos agentes erosivos moldeó valles den forma de U,
que contrastan con los valles fluviales den forma de V, además de cubetas
de sobre excavación donde reposan las aguas de los lagos o ibones de
montaña, como el de Tucarroya, de Monte Perdido o del Soum de Ramond.
A partir del mes de mayo, la fusión de las nieves que descansan en
las altas crestas del macizo, junto a las lluvias primaverales, hacen
renacer el régimen caudaloso de los ríos y torrentes que han permanecido
helados a lo largo del invierno. Debido a la torrencialidad y fuerza
erosiva del agua, el líquido elemento ha modelado cavidades y profundos
valles por los que se descuelgan estruendosas cascadas de agua. El Parque
Nacional de Ordesa y Monte Perdido recibe anualmente, en forma de lluvia o
nieve, precipitaciones que oscilan entre los 900 y los 2000 mm. anuales.
El hielo posee su máximo esplendor en los lugares del espacio protegido:
en los glaciares del macizo de Monte
HISTORIA
. Uno de los factores más determinantes de la historia de los altos valles del Sobrarbe ha sido su aislamiento pertinaz hasta épocas recientes. Una geografía accidentada ha servido para conservar estos parajes, la arquitectura popular y muchas tradiciones de gran raigambre. La adecuación a un medio con un clima extremo y grandes desniveles han sido una constante en la evolución histórica del hombre montañés. Algunos vestigios prehistóricos encontrados alrededor del macizo testifican la presencia humana desde el Paleolítico superior (40.000 – 10.000 a.de C.). Durante la Reconquista, los gascones prestaron su ayuda a los cristianos de la vertiente sur. Este flujo humano y cultural, más allá de las fronteras físicas y administrativas, es la constante histórica más relevante de la comarca del Sobrarbe. En estos lugares de vida y expresión, de esfuerzos, de luchas y de paz…, el hombre ha ido dejando su huella, trazando senderos y caminos, construyendo puentes, cabañas, mallatas, aprovechando los bosques y pastos. Las gentes de los Pirineos sólo se sometían a sus propias normas, aquellas que permitían a cada uno recibir su parte de heno, de helechos y de leña, de hayucos y de bellotas, evitando enfrentamientos por los pastos o el agua. Las guerras en España o Francia eran asuntos secundarios, lo importante eran las luchas y concordias de un valle con otro, las rivalidades y acuerdos entre sus pobladores. Para sobrevivir era necesario que se entendiesen los pastores de Torla y de Gavarnie, las gentes de Barèges y de Broto, era preciso bajar las ovejas hacia el piedemonte en invierno, y hacer que subiesen los rebaños a los puertos en verano. Estos pactos, que permitían pastar en paz, constituyeron durante siglos el entramado de la vida en estas montañas. Hacia finales del siglo XVIII, los importantes testimonios de los movimientos tectónicos suscitarían el interés de exploradores y científicos: el naturalista Reboul diserta en 1788 ante la Academia de Ciencias de Toulouse sobre la particular posición de las calizas de Gavarnie, mientras que los trabajos y publicaciones de Ramond de Carbonnières comienzan a atraer hacia el Monte Perdido a los viajeros de la época romántica, ávidos de naturaleza salvaje, convirtiéndose en los primeros "fundadores" del "pirineísmo". Diferentes circunstancias, entre las que se debe citar la labor divulgadora y conservacionista de Lucien Briet y Pedro Pidal, propiciaron el nacimiento de uno de los primeros parques nacionales del mundo, el del Valle de Ordesa, siendo declarado por Decreto el 16 de agosto de 1918. En el año 1966 y con objeto de asegurar la riqueza cinegética de buena parte de la cordillera se declaran, alrededor del Parque Nacional de Ordesa, las Reservas Nacionales de Caza de Viñamala y de Los Circos. En 1977 el Parque Nacional se incluye en el marco del Programa MaB (Hombre y Biosfera) de la UNESCO en la Reserva de "Ordesa-Viñamala", en coincidencia con la Reserva de Caza de Viñamala y el Parque Nacional del Valle de Ordesa (este último como núcleo de la Reserva).
A finales de los 70, a raíz del proyecto de inundación del Cañón
de Añisclo para su aprovechamiento hidroeléctrico, instituciones y
colectivos de ciudadanos se movilizaron para salvar este enclave. Las
obras se paralizaron y en 1982 el Parque Nacional se amplía y reclasifica
bajo el nombre de Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Ley de 13 de
julio). FAUNA.
Entre los aspectos
naturales de más interes dentro del Parque los animales ocupan un lugar
central por su rareza, su belleza y ser este uno de sus últimos reductos.
Se han catalogado, como propia, hasta el presente un total de 5 especies de anfibios, 8 de reptiles, 65 aves nidificantes, así como 32 mamiferos. Quebrantahuesos, aguila real, chova piquiroja, buitre leonado, desafían el vértigo sobrevolando el Parque. Trucha común, tritón pirenaico, nutria, ... habitan en las frias aguas de rios y torrentes. Bucardo, marmota y sarrio recorren hasta los últimos rincones de sus laderas. El bucardo (Capra pyrenaica pyrenaica) formaba una magnifica representación hasta su reciente extinción. El observar los animales no es fácil y sobre todo no deben ser molestados en épocas y lugares sensibles: celo, nidificación, sesteaderos, ... Pero
sin duda, el rebeco, conocido como sarrio en el Pirneo Central, es el
protagonista por excelencia en estas montañas. La escasez de predadores y
su adaptación a las duras condiciones climáticas han asegurado su
supervivencia. En la Faja de Pelay los sarrios realizan una migración
estacional dentro de la misma ladera, con desplazamientos longitudinales
de hasta 7,5 km, y altitudinales de 600 m. FLORA Entre los aspectos
naturales de más interés dentro del Parque las plantas ocupan un lugar
central por su variedad, su belleza y su exclusividad. El bosque tapiza generalmente las vertientes inferiores de los valles. El haya, el abeto, el pino silvestre son especies dominantes y su distribución depende de la orientación y características de cada valles. A la orilla de los rios, aparece la vegetación de ribera, amante de la humedad, con sauces, abedules, fresnos, etc. Encinas y hayas se mezclan en Añisclo, el pino silvestre gana terrenos antiguamente aprovechados en Escuain y el pino negro emplea todas sus estrategias para sobrevivir en el límite de la vegetación arbórea. Al contrario de la actividad pastoral, la actividad forestal no se puede realizar en el Parque. Los bosques ocupan el 18 % de la superficie del Parque Nacional. Innumerable variedad de especies crecen por todos los rincones del Parque, en las altas cimas, entre las fisuras de la roca, a la sombra de los hayedos. Estas plantas florecen cuando la estación benigna presta su calor para la vida, a medida que la nieve se va fundiendo. Primulas, gencianas, iris, siemprevivas, saxifagas, potentillas, merenderas, son algunas de las más singulares. En el Parque Nacional encontraremos un verdadero muestrario de plantas entre las más de 1.500 especies de flora pirenaica.
Alrededor del Parque Nacional existe todo un paisaje humanizado. Las casas muestran una arquitectura típica del Alto Aragón, con tejados de losas de arenisca, paredes de piedra, chimeneas troncocónicas coronadas por la piedra del "espantabrujas" y cocinas-hogares con cadieras (bancos de madera alrededor de un fuego central). En torno al parque se han delimitado dos zonas: una Periférica de Protección de mayor superficie que el propio Parque, destinada a evitar impactos al mismo, y otra de Influencia donde se fomentan actividades compatibles con el Parque. El Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional establece la protección especial de las actividades ganaderas tradicionales compatibles con la conservación del medio, que han contribuido a modelar el paisaje del parque y a configurar algunos de sus ecosistemas más característicos. La ganadería ha venido siendo desde tiempos remotos la ocupación principal del hombre pirenaico. Las actividades pastoriles se fundamentan en el aprovechamiento de las estivas o puertos durante el verano por rebaños, en algunos casos importantes, de ovejas y vacas. Este uso ancestral de la montaña, cuyo mantenimiento es necesario, se basa en métodos y costumbres algunas veces transfronterizos: buen ejemplo de esto son los acuerdos que cada verano se renuevan en el puerto de la Bernatuara en el momento en que las vacas del valle de Broto alcanzan "sus" estivas de Osona ( Gavarnie ) para aprovecharlas durante la época de buen tiempo. En las últimas décadas, el turismo en este espacio ha ido cobrando cada vez mayor importancia y supone una importante fuente de ingresos en la economía local. El Plan Rector de Uso y Gestión establece, por su parte, un diversificado sistema de uso público que adecue el número de visitas a la capacidad de acogida, configurando un sistema de uso público de libre acceso, capaz de armonizar oferta y demanda en el disfrute del Parque. La afluencia turística, con algo más de 600.000 visitantes anuales, se concentra esencialmente en Torla, puerta del valle de Ordesa. Uno de los mayores problemas que presenta la gestión de este Parque Nacional es la concentración de visitas en los meses estivales, especialmente evidente en el valle de Ordesa, con cerca de 63.000 personas en julio, 87.000 en agosto y 31.000 en septiembre. La concentración de personas y, sobre todo, la de vehículos (con más de 480 turismos y 10 autocares diarios) ocasionaba, años atrás, multitud de problemas en el estado de conservación del parque y en la propia seguridad de los visitantes. Por ello, el Ministerio de Medio Ambiente puso en marcha durante 1998 el Plan de Accesos de Visitantes al Valle de Ordesa con tres objetivos: - Mejorar la calidad de la visita del valle de Ordesa . - Disminuir los impactos producidos por los vehículos en el valle de Ordesa. - Permitir el acceso a cualquier hora del día dentro del horario autorizado. Dentro de este plan se ha construido un aparcamiento en Torla, con capacidad para 386 turismos y 17 autocares, habilitando además, autobuses que facilitan el acceso de los visitantes al valle de Ordesa.
La creciente sensibilidad hacia temas relacionados con la
conservación de la naturaleza, ha frenado desde hace algunos años los
proyectos de nuevas vías de tránsito que durante cierto tiempo se
consideraron necesarias para el mantenimiento de las poblaciones de montaña.
Así, los dos tramos de carreteras que penetran en el Parque Nacional están
sujetas a una regulación estricta durante la época de circulación
intensa. El Plan de Gestión prevé incluso su cierre en estas épocas y
el uso alternativo de medios de transporte colectivo para acceder al
interior del Parque. RUTAS
Y SENDEROS. Podemos
distinguir distintas rutas dependiendo del sector del parque en que se
desarrollen, así nos podemos encontrar con los siguientes sectores: - SECTOR AÑISCLO. Valle bravío y agestre, parece un lugar encantado, labrado con el esfuerzo gigantesco de las aguas del río Vellós, que en el fondo discurren tumultuosas, llenando de espuma sus canchales, limando sus duras aristas, sorteando las enmarañadas formaciones de abetos y pinos corpulentos, y las brevísimas praderías de delicioso colorido floral, corriendo impetuosas, atronadoras, por las angosturas a las que nunca ha llegado el tibio contacto de la luz solar, o aquietándose en las hoyas umbrosas, para copiar el verde oscuro del boscaje. Desde la localidad de Escalona, en el alto valle del Cinca, la carretera de Añisclo, se desarrolla junto al cauce del río Vellós, que vamos a seguir en dirección contraria a su corriente. Ala derecha un desvío indica el camino hacia el pueblo de Puértolas, y la ruta prosigue para llegar al desvío de Puyarruego sobre una colina, la carretera se ciñe al río y se retuerce siguiendo los murallones imponentes de Bramapan, a la izquierda y la Minguasa a la derecha, para atravesar el congosto de Las Cambras por una cornisa estrecha, abierta a la roca; de vez en cuando, un desgarrón de barrancos, que muestra la entraña mineral, pintada a vetas rojizas. No hay perspectivas porque la roca es inmediata, las paredes del desfiladero son muy próximas, y queda arriba, por entre goteras y las trenzas de las raices colgantes, una franja de cielo. Balcones cubiertos de maleza, robustos muros a los que el sol no llega; el río Vellós se estrecha y se disloca, saltando por encima de enormes pedruscos desprendidos que obturan el cauce. Hay té de roca y siemprevivas milagrosamente enclavadas sobre roca. El Forato de Arpio queda en las inmediaciones, con el umbral de la cueva murado, dejando ventanuco y puerta baja. La Cueva Lobrica y la Cueva Lobrera. Marcando tierra de lobos, el Vellós discurre en los últimos tramos del desfiladero entre paredes perfectamente cortada, y parece ser canalizado, calmo y obediente. La Cueva del Rector. Se vé ya un segundo piso de montañas, que presentan fachadas soleadas. Se abre el cañón, el boj se apodera del terreno, el paisaje es ahora serrano, hecho de matorrales y áridos baldíos. El
puente de San Urbez es referencia exacta que marca el final del
desfiladero Las Cambras y la proximidad del cañón de Añisclo. Este
puentecillo colocado sobre dos inverosímiles estribos, inimaginable como
el hombre hace cientos de años pudo hacer semejante obra ante el
espantoso salto que hay a sus pies. Tenemos aquí un pequeño parking
libre donde dejaremos nuestro vehículo, la carretera continúa hasta las
cercanas localidades de Fanlo y Nerín (Valle de Vió) y más adelante al
Valle de Broto. Entraremos en el cañón a pie, por puente paralelo al
anterior desde aquí divisamos el Tozal
de San Miguel y el de Peña Sestrales, aquí se produce la unión de los ríos
Vellós y Aso.
1.- Aparcamiento - Fon Blanca - Collado Añisclo Tiempo:
A Ripereta 2 a 2.30 h. A Fon Blanca 1.30 h. A Collado Añisclo 2h. Total
algo más de 6 horas la ida. Desnivel. Puente San Urbez: 980 m. Ripareta: 1420 m. Fon Blanca: 1700 m. Collado Añisclo: 2440 m. Desde el aparcamiento de San Urbez, descender al puente del mismo nombre que cruza el rio Bellós, hacia el Norte, casi pista forestal hasta el Puente Sangón. Cruza a la orilla derecha siguiendo paralela al río en un largo tramo; un gran plano inclinado y una cornisa por un magnífico bosque de hayas nos llevan hasta la Ripareta, en confluencia con el Barranco Pardina, casi al nivel del rio, con praderas que invitan al descanso, se puede optar por coger a mano izquierda del barranco un sendero que sube hasta la zona alta de la Pardina, al refugio de Cuello Arenas. Nosotros continuamos al Norte, por el camino inicial entre una densa vegetación de hayas jóvenes, por la orilla derecha hasta la confluencia del barranco de Capradiza, metros más arriba y hacia la izquierda y en sendero marcado se llega a traves de éste barranco a las cornisas occidentales de Añisclo (opción). Continuamos por el valle cruzando de nuevo el rio por pasarela hasta la Fon Blanca, dejando atrás los Estrechos y el paisaje cambia abriéndose entre prados y hierba, con escasa vegetación arbórea, vemos una cabaña en mal estado y un curioso refugio de piedra. Se divisa pasarela que conduce a la parte superior de Fon Blanca. El camino sigue por prados y pedreras ganando los distintos resaltes hasta llegar al Collado de Añisclo, observándose buenos acantilados, gran paisaje y la impronta mordedura glaciar de la cabecera del valle.
2.- Refugio de Góriz - Arrablo - Fuenblanca - Collado de Añisclo Duración de +- 5.30 h. y un desnivel de 650 m. en bajada y 700 m. de subida. Desde el refugio de Góriz tomar el camino que lleva hacia el Sureste sin perder altura. Dejar a la derecha el que lleva a Cuello Gordo. Se pasa el barranco que desciende de la Torre de Góriz, inmenso mojón con unas paredes de 50 a 100 m. de altura que lo defienden por todas partes. Su primera ascensión fue realizada por los célebres guías de Gavarnie, Henri Brulle y Celestin Passet en el año 1892. El
camino asciende a través de una pendiente con bastante material suelto.
Ello es debido a que son suelos sometidos a fuertes variaciones en su
estructura
El
camino prosigue atravesando un pequeño puente de madera y asciende hacia
el norte por la margen izquierda del río Bellós, de aquí hasta el
collado de Añisclo se describe en el anterior itinerario.
3.- Llanos de Tripals - Refugio de Góriz Itinerario que transcurre por la parte izquierda del valle de Añisclo, en su parte exterior y en paralelo al mismo. Duración +- 2.30 h. Desnivel de 250 m. Se accede a los llanos de Tripals a través de la localidad de Nerín, término municipal de Fanlo, por pista forestal (de uso restringido para vehículos y monturas). A través de 6 kms. se alcanza Cuello Arenas, collado característico de rocas esquistosas que es la “entrada” a los puertos de Góriz. El aprovechamiento de estos extensos pastos se regía antiguamente por un Consejo del Puerto, el cual regulaba el adecuado disfrute de las cuatro partidas y los 85 lotes en que se dividía. En esta montaña es la orografía del Macizo de las Tres Sorores la que impone el sistema de pastoreo y la mencionada división en “mallatas” (lotes) tan característica y singular.
Atravesar las laderas de Sierra Custodia que miran a Ordesa y, por buen camino en ligero descenso, alcanzar las terrazas entrecortadas por pequeñas praderas de Góriz. Por debajo de nosotros el río Arazas serpentea excavando el lecho del valle glaciar de Soaso. El
eminente botánico francés Pierre Chouard describía este paisaje de Góriz
así: “Al pie de la cadena de Monte Perdido se extienden las altas
mesetas, desiertos de piedra entrecortados por praderas verdeantes. Es una
maravilla ver, alrededor de Góriz, la hierba rasa cubriendo el suelo de
un tapiz cerrado de festucas de un verde vivo punteadas de pequeñas
flores de pequeños colores: Lotus de oro, Myosotis de azul, Silenes de
rosa, Jacintos de amatista”. Después de atravesar Sierra Custodia se
aconseja no perder mucha altura para llegar al refugio de Góriz. -
SECTOR ORDESA. 1.
Pradera de Ordesa - Gradas de Soaso - Cola de Caballo. Duración: 3 h. 15 m. la ida. Es la ruta más clásica del Sector Ordesa y por lo tanto la más concurrida, recomendada especialmente para aquellas personas no muy preparadas físicamente, incluyendo los de mediana o corta edad. Bien indicado y nada peligrosa. Camino ancho. Desnivel: 487 ms. Se inicia en la Pradera de
Ordesa (1301 m. Alt.), al fondo de la misma cogeremos el camino de
la izquierda (ver indicadores), más adelante el camino se divide en dos,
el de la izquierda se dirige hasta la cascada de Cotatuero, cogeremos el
de la derecha (bien indicado) atravesamos bosque de abetos, hayas y pinos,
posteriormente divisaremos la cascada de Arripas (1400 m. alt), existe
fuente, un poca más arriba a la derecha un pequeño puente de
madera que cruza el río por donde se puede volver hasta el punto de
partida, bastante menos transitado. Continuamos sin abandonar la pista
forestal, en suave pendiente y en pequeño desvío se encuentran las
maravillosas cascadas de la Cueva y del Estrecho (1480 m. Alt), estupendos
miradores hacia ellas, precaución a los fotógrafos y videoaficionados
(efecto zoom). Desde aquí seguimos hasta el precioso bosque de las hayas,
con ejemplares centenarios, donde escasamente entra la luz natural, en
este punto se encuentra un pequeño refugio de montaña y desvío a la
izquierda de otro itinerario que nos llevará hasta el circo de Cotatuero.
No cogeremos este desvío continuando hacia adelante donde el bosque se va
aclarando, llegando a las famosas cascadas Gradas de Soaso (1778 m. alt),
maravilla natural creada a base de miles de años y que el río Arazas ha
ido configurando. Desde aquí la montaña da paso a prados alpinos y pino
negro, continuaremos en llano a través del espectacular Circo de Soaso,
existe pequeño refugio, desde donde se divisan las cumbres de Monte
Perdido, Cilindro y Sound de Ramond, todos ellos sobrepasan los 3000
metros de altitud al fondo de este Circo se haya la Cola de Caballo (1787
ms. alt). A la vuelta y si se ha madrugado, es recomendable un alto y
reposición de fuerzas en las Gradas de Soaso. Se puede volver hasta el
punto de partida tomando itinerario por la Faja Pelay-Senda de Cazadores
desde la Cola de Caballo, aunque no es muy recomendable puesto que en su
parte final hay fuerte desnivel y probablemente si no estamos muy
preparados nuestras rodillas y músculos de la parte superior de las
piernas podrían resentirse. 2.-
Pradera de Ordesa - Senda Cazadores - Faja Pelay - Cola de Caballo Duración 4 horas
ida. Itinerario con mínima preparación física, bien indicada aunque se
recomienda nunca salirse del sendero. Peligrosa en sus barrancos cuando
estos están helados (época invernal) si no se tienen medios técnicos.
Horarios: Hasta mirador
Calcilarruego: 1.30 horas; hasta Cola de Caballo: 2.30 horas. (Vuelta al
parking 2.45 h). 3.- Pradera
Ordesa - Refugio Goriz - Monte Perdido (Cara Oeste)
5.-
Circo de Carriata - Faja las Flores - Circo Cotatuero.
Itinerario
de lo más espectacular, mediana preparación física si se realiza con
tiempo, buen calzado, almuerzo y agua. No apto para personas que sufran de
vértigo por el paso de las clavijas de Cotatuero. Duración total: +- 7
horas. - SECTOR PINETA.
El
altiplano de Marboré, a los pies de los gigantes del Macizo, recoge
morrenas y da vida al río Cinca, junto al ibón helado. Auténtica poesía
de desolación. Un paisaje impresionante pone el contrapunto a la serena
belleza del ibón y a sus aguas quietas y transparentes que hacen calco
del entorno. En Pineta predomina, en primer lugar, el plano alejado,
majestuoso conjunto de cumbres y ondulaciones que, para destacarse una de
otras, se miran de vez en cuando en el abismo. A continuación se aprende
a descender de lo infinitamente grande a los diversos elementos que lo
componen, a los primeros planos cortados, a las líneas escalonadas, a los
inagotables matices de tono y de luz de la roca, vegetación o el cielo.
En Pineta impresiona al espectador el aspecto cuantitativo del espectáculo. 1.- Camino Pineta al collado de Añisclo Tiempos: Pineta-Collado Añisclo: 3.30 a 4 h. Desnivel: Valle Pineta: 1300 metros. Collado Añisclo: 2440 m. Recorrido largo y duro por el fuerte desnivel, especialmente si se lleva carga. Exigente.
2.- Valle Pineta-Lago Marboré-Balcón de Pineta-Collado Aztazu Tiempos: 2.30 a 3 h. Desnivel: Valle Pineta: 1300 metros. Balcón de Pineta 2500 m. Recorrido largo y con fuerte desnivel, pero imprescindible. El espectáculo del glaciar de Monte Perdido y el valle de Pineta desde su balcón compensa el esfuerzo. Poco antes de llegar al Parador de Bielsa, un puente cruza el río Cinca y una pista forestal permite alcanzar el fondo del Circo de Pineta. Al Oeste, en senda bien visible y amojonada, cruza primero el Felqueral (helechos, también flores de acónito), y se acerca a la muralla terminal. Se dejan las cascadas del rió al Sur y se emprende fuerte subida por pedrera y roca. Dura ascensión (1.000 metros de desnivel), que suavizan las múltiples revueltas del camino. El amplio corredor del final, bastante empinado, exige atención si está nevado. Se alcanza la terraza superior y el Balcón de Pineta. El valle ofrece una perspectiva inigualable. El camino sigue al Oeste (cruz recordatorio), hasta el lago de Marboré. Rodeándolo por el Este y hacia el Norte puede alcanzarse la brecha de Tucarroya (refugio) o ascender al pico de Pineta (2863 m.) con un panorama realmente espléndido. La vía normal discurre por la cara Sur hasta la cresta fronteriza y alcanza la cima en una hora. Dejando a la derecha el lago, se atraviesa hacia el Oeste el amplio replano y encombrado de morrenas, hasta la base rocosa, dominada por el glaciar de Monte Perdido. Entre las tres cortas chimeneas que se presentan puede elegirse entre la de la derecha o la central, según la nieve. La pendiente bastante fuerte al principio se dulcifica después, orientándose el camino hacia la derecha (SO), hacia el collado del Cilindro (3100 m). Del Balcón de Pineta al Collado del Cilindro 1.45 h. a 2 h. Desde
el Lago de Marboré hacia el NO. se accede al Collado de Astazú para
observar el circo de Gavarnie y la vertiente Norte de las Paredes del
Circo. Desde la brecha norte del Collado (2975 m.) Se sube por fáciles
pendientes de piedra hasta llegar la cresta cimera del Astazú inferior o
Astazú Occidental (3024 m.). Puede seguirse hacia el Este, a través del
collado Swan, hasta Astazú Superior (3083 m.). DATOS
DE INTERÉS TURÍSTICO. ·
Evolución del número de visitantes (1996-2002)
·
Servicios del Parque
Nacional -Oficinas
del Parque Nacional -Centros
de visitantes de Tella. "El
Molino" o Casa de la Bruja "El
Parador". .-Punto
de Información de Torla. -Punto
de Información de Bielsa: Casa Larraga 51 -Museo-Punto de Información "Echadero de Camellos" -Centro de Visitantes e interpretación de Mancha Blanca MONTAÑAS DE FUEGO
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