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PARQUE
NACIONAL DE TIMANFAYA.
Esta plataforma de 200 Km2
de extensión cubierta por todo tipo de restos volcánicos, que desciende
suavemente desde 200 m. s/m. hasta la costa, presenta una visión apocalíptica.
Nos encontramos con un paraje insólito creado por la furia de más de 300
volcanes vomitando fuego sobre el océano. Es uno de los más
impresionantes Parques Naturales de España y la región volcánica más
grande de las Islas Canarias, habiendo sido declarada por la UNESCO
Reserva de la Biosfera en 1993. HISTORIA. Los primeros habitantes de Lanzarote fueron llamados "majos" y llegaron a la Isla durante el transcurso del último milenio a. C. Probablemente, llegaron desde la Costa Africana, en primitivas embarcaciones empujadas por el viento. Posteriormente, tras la introducción del conejo, los lanzaroteños intercambiaban sus pieles por lo que se les conoce como "conejeros". Su procedencia exacta continua siendo un misterio, aunque tras los estudios realizados sobre su lengua, costumbres y rasgos físicos se encuentra una gran semejanza con los pueblos bereberes del Norte de África. En el S. XIV un navegante genovés, Lancelotto Mallocello arribó a las costas de Lanzarote donde residió durante dos décadas dándole posteriormente a la isla el nombre por derivación del suyo ( Lancelotto- Lanzarote). La conquista de Lanzarote, según las crónicas comienza con el desembarco del normando Jean de Bethencourten en la costa del Rubicón, al sur de la isla en el año 1402. Hasta los años 60 de nuestro siglo, los medios de vida de los lanzaroteños se han basado en la agricultura, la pesca y la ganadería caprina. Fue a partir de este momento cuando surgió una nueva fuente de ingresos: el turismo. Con la mejora de los medios de comunicación y gracias a las condiciones climáticas de la isla, se ha producido un boom turístico que ha sido uno de los principales factores de alteración del paisaje, ya que esta masificación de visitantes originó un incremento del desarrollo urbanístico y de las infraestructuras en detrimento de los recursos tradicionales. Lanzarote ofrecía al visitante un clima suave, playas, servicios de calidad y un patrimonio natural insólito. El máximo exponente de este extraordinario paisaje volcánico lo constituían las "Montañas del Fuego", donde la administración insular consciente de que era uno de los lugares más atrayentes de la isla realizó una adecuación encaminada a su conservación y explotación turística. La necesidad de proteger un área de características paisajísticas y ecológicas de valor tan excepcional llevó a declarar Timanfaya como Parque Nacional mediante Decreto el 9 de agosto de 1974 y fue reclasificado por Ley en 1981. Posteriormente, la administración autonómica ante una situación que exigía unas medidas que garantizaran la conservación del medio natural, inició una política proteccionista que llevó a la declaración en 1987 de la Ley de Espacios Naturales Protegidos que fue complementada en 1994 por la Ley de Espacios Naturales de Canarias. Este marco jurídico establece un régimen de protección a los espacios naturales más sobresalientes que han sido clasificados en diferentes categorías de protección. Como órgano colaborador en la gestión se creó el Patronato del Parque en el que están representados todos los sectores involucrados (Administración General del Estado, Cabildo, Comunidad Autónoma, Ayuntamientos, Universidades, y Asociaciones conservacionistas, etc.). Pero el hecho que destaca históricamente es el de las erupciones acaecidas entre los años 1730 y 1736, que afectaron a una cuarta parte de la superficie de la Isla. Existen numerosos documentos históricos que cuentan los procesos eruptivos y que dieron lugar a lo que actualmente conocemos como Parque Nacional de Timanfaya. El más conocido es el manuscrito del cura Párroco de Yaiza, Don Andrés Lorenzo Curbelo, que relata los acontecimientos desde el comienzo de la erupción hasta que la población de la zona emigró entre 1731 y 1732, ante los continuados procesos volcánicos que se sucedieron. "El 1º de Septiembre (de 1730) entre las nueve y diez de la noche la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante nueve y diez días. Pocos días después un nuevo abismo se formó y un torrente de lava se precipitó sobre Timanfaya, sobre Rodeo y sobre una parte de Mancha Blanca. La lava se extendió sobre los lugares hacia el Norte, al principio con tanta rapidez como el agua, pero bien pronto su velocidad se aminoró y no corría más que como la miel. Pero el 7 de septiembre una roca considerable se levantó del seno de la tierra con un ruido parecido al del trueno, y por su presión forzó la lava, que desde el principio se dirigía hacia el Norte a cambiar de camino y dirigirse hacia el NW y WNW. La masa de lava llegó y destruyó en un instante los lugares de Maretas y de Santa Catalina, situados en el Valle. El 11 de Septiembre la erupción se renovó con más fuerza, y la lava comenzó a correr. De Santa Catalina se precipitó sobre Mazo, incendió y cubrió toda esta aldea y siguió su camino hasta el mar, corriendo seis días seguidos con un ruido espantoso y formando verdaderas cataratas. Una gran cantidad de peces muertos sobrenadaban en la superficie del mar, viniendo a morir a la orilla. Bien pronto todo se calmó, y la erupción pareció haber cesado completamente. El 18 de Octubre tres nuevas aberturas se formaron inmediatamente encima de Santa Catalina, que arden todavía y de sus orificios se escapan masas de humo espeso que se extienden por toda la isla, acompañado de una gran cantidad de escorias, arenas, cenizas que se reparten todo alrededor, viéndose caer de todos los puntos gotas de agua en forma de lluvia. Los truenos y las explosiones que acompañaron a estos fenómenos, la oscuridad producida por la masa de cenizas y el humo que recubre la isla forzaron más de una vez a los habitantes de Yaiza a tomar la huida, volviendo bien pronto, porque estas detonaciones no aparecieron acompañadas de otro fenómeno de devastación". El relato continúa con la descripción de la catástrofe. Los científicos han estimado que el volumen de lava pudo alcanzar un 1 Km3 (=1000 millones de m3) y modificó por completo la antigua morfología de la isla. En el siglo XIX se producen nuevas erupciones, de las que también existen documentos escritos de testigos presenciales. Entre ellas destaca la del cura de San Bartolomé, don Baltasar Perdomo, en el que explica la actividad de los tres volcanes que surgieron: Tao, Volcán Nuevo del Fuego y Tinguatón. Los procesos eruptivos comenzaron el 31 de Julio de 1824, en el volcán de Tao. Le siguió el volcán Nuevo del Fuego (también llamado Chinero), el único representante de esta fase eruptiva situado dentro de lo que hoy es el Parque Nacional de Timanfaya, con una erupción al parecer muy violenta. Por último, el volcán de Tinguatón hizo erupción un anochecer. La actividad volcánica cesó hacia el 25 de octubre de ese mismo año. Después de todos estos sucesos, los volcanes de Lanzarote han entrado en un período de calma, dejando su huella e impidiendo la habitabilidad de toda esta zona.
FAUNA.
Las condiciones
ambientales de Timanfaya resultan
extremas tanto para la vegetación como para la fauna local. El agua
escasea, la temperatura registra fuertes oscilaciones y la insolación es
muy intensa. Debido a esto, la fauna vertebrada del Parque Nacional de
Timanfaya es muy reducida, quedando limitada a muy pocas especies: 3
especies de mamíferos y 2 de reptiles. Considerado cual reliquia faunística, el lagarto de Haria (Gallotia atlantica) ha sabido adaptarse exitosamente a las condiciones del entorno volcánico. Las hembras realizan cada año una o dos puestas de uno a tres huevos cada una. esto, unido a que prácticamente carece de enemigos naturales, hace que su número sea realmente abundante dentro de los límites del Parque Nacional de Timanfaya. De color negruzco o gris uniforme, se alimenta de insectos y de la escasa materia vegetal que encuentra, al igual que el perenquén rugoso o salamanquesa (Tarentola angustimentalis), especie junto con la que integra la muy breve nómina de reptiles de Timanfaya. Entre los mamíferos, apenas cabe destacar la presencia de por sí escasa del conejo (Oryctolagus cuniculus), un animal que vino a la isla de mano de los repobladores y colonos castellanos, allá por los siglos XV-XVI. No hay que olvidar la presencia de la rata negra (Rattus rattus) y de la musaraña canaria (Crocidura canariensis). Mucho más numerosa, la avifauna de Timanfaya está condicionada por dos factores: la situación geográfica del Parque Nacional (dista 125 km de la costa africana) y la escasez de recursos tróficos aportados por los medios marino y terrestre de la zona. Tales condiciones han convertido este desierto volcánico en una zona de paso eventual durante la primavera y el otoño para numerosas especies migrantes, entre las cuales solamente una pequeña porción (en torno a las 22 especies) pasan la estación invernal en la zona protegida. Por
otro lado, similar resulta -en cifras- la avifauna nidificante: 20
especies pertenecientes a 16 familias. A saber: el petrel de Bulwer (Bulweria
bulwerii), la pardela cenicienta(Calonectris diomedea), el paiño
de Madeira (Oceanodroma castro), el alimoche (Neophron
percnopterus) -llamado guirre por los lanzaroteños, es el único
buitre nidificante en Canarias-, el cernícalo vulgar (Falco
tinnunculus), la perdiz maruna (Alectoris barbara), la gaviota
argentea (Larus argentatus), la paloma bravía (Columba livia),
la tórtola común (Streptopelia turtur), la lechuza común (Tyto
alba), la abubilla (Upupa epops), el caminero (Anthus
berthelotii), la curruca tomillera (Sylvia conspicillata), el
alcaudón real (Lanius excubitor), el cuervo (Corvus corax),
el pardillo común (Carduelis cannabina), el camachuelo trompetero
(Bucanetes githagineus), el alcaraván (Burhinus oedicnemus),
el águila pescadora (Pandion haliaetus) -llamada guincho en
Lanzarote- y el halcón de Berbería (Falco pelegrinoides). FLORA. Una aridez
extrema caracteriza la geografía de Timanfaya, y no podía ser de otro
modo pues las lavas arrasaron todo vestigio de paisaje fértil. No
obstante, cabe señalar que la colonización vegetal del territorio hoy
declaradp Parque Nacional se inició desde el momento mismo en que las
llamas fenecieron sobre las coladas lávicas; hoy día, este proceso
resulta visible en la mayor parte del espacio protegido, y constitute la
avanzadilla de una cubierta vegetal que dentro de cientos o miles de años
habrá difuminado por completo la faz cenicienta de las erupciones volcánicas,
como ha ocurrido en tantos otros parajes del planeta. Y es que nada
permanece incólume en la Naturaleza: todo muda, todo fluye hacia el
cambio. Respecto al desarrollo por sucesión, inician este proceso algas, musgos y líquenes. Los líquenes, formados por un hongo y un alga, son plantas muy sufridas, capaces de resistir condiciones ambientales extremas, que han colonizado las lavas desnudas aprovechando la humedad ambiental aportada por los vientos marinos (ninguna corriente fluvial surca el territorio de Timanfaya) y los residuos orgánicos (por ejemplo, los detritus de animales). Además, los líquenes transfroman el suelo, creando las condiciones de posibilidad para la posterior instalación de plantas superiores que precisan sustratos más desarrollados (caso de los juncos de las Montañas del Fuego, las malvarrosas de las laderas de Timanfaya, etc.). En el Parque Nacional de Timanfaya hay catalogadas 150 especies diferentes, de las 1.005 especies distintas existentes en el conjunto del Archipiélago Canario.
Cabría establecer paralelismos entre los oasis del desierto y los islotes de Timanfaya, entre los que destacan los islotes de Hilario, Timanfaya, el islote El Chinero, el islote de la Montaña Bermeja, el silote de la Montaña Tremesana y el islote de la Montaña Halcones. Están situados en las zonas occidental y meridional del Parque, sobre su suelo no hollado por la lava se aposentan las especies vegetales originales y más importantes del área protegida, caso de la tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera), la tabaiba salvaje (Euphorbia obtusifolia) -planta venenosa muy peligrosa para los ojos-, la julaga o aulaga majorera(Launaea arborescens) -mata espinosa muy abundante en la zona, que se suele cortar para hacer demostraciones de cremación a los turistas que llegan al islote de Hilario-, el tomillo, la hierba de risco y el bobo (introducido por el hombre). El clima es el principal factor que limita o condiciona la colonización vegetal del Parque. Esto es así tanto por el papel que juega en el desarrollo de la vegetación como por su influencia en los procesos de disgregación y meteorización de los materiales rocosos. La zona viene caracterizada por la inexistencia de estación húmeda, con una pluviometría que no rebasa los 200 mm y una amplitud térmica día-noche considerable. Además, los vientos alisios desempeñan una función trascendental para la expansión de la flora de Timanfaya. Sus corrientes dispersan las esporas vegetales hacia barvolento (es decir, en dirección sureste), sobre las zonas recubiertas por coladas lávicas. Condenadas a terreno tan hostil, las plantas han desarrollado una serie de mecanismos de supervivencia, tales como la extensión radicular superficial, la pelosidad foliar, la transformación de hojas en espinas y la suculencia de tallos u hojas. Tras diferentes estudios botánicos, los biólogos han catalogado en el Parque Nacional de Timanfaya 239 taxones vegetales, englobados en 53 familias y 169 géneros, cifras que representan un 37% del total de las especies conocidas en la flora lanzaroteña. Ocho de estos taxones son endémicos de Lanzarote, 7 de Lanzarote y Fuerteventura, 13 de las islas Canarias y 6 de la zona macaronésica. Endemismos lanzaroteños presentes en el Parque son: Aeonium lancerottense, Allium subhirsutum ssp. obtusitepalum, Echium lancerottense var. lancerottense, Nauplius intermedius, Orobanche cf. gratiosa, Polycarpaea robusta, Reichardiax sventenia y Sonchus bourgeauix oleraceus. Y propios de Lanzarote y Fuerteventura son: Aichryson tortuosum, Asparagus nesiotes ssp. purpuriensis, Crepis canariensis, Helianthemum thymiphyllum, Lotus lancerottensis, Micromeria varia ssp. rupestris y Volutaria bollei. No se debe dejar sin mención la flora marina presente en las costas y fondos acuáticos del Parque Nacional de Timanfaya. Estas aguas, ubicadas en uno de los pasos descendentes de la corriente del Golfo e influenciadas por la riqueza orgánica de las costas africanas, tienen suelos basálticos y alojan hasta 105 especies de vegetales marinos, lo cual representa el 21% del total de la flora bentónica de las islas Canarias. ACTIVIDADES
SOSTENIBLES QUE SE PUEDEN REALIZAR:
-Recuperación
de cultivos tradicionales: El Parque Nacional de Timanfaya cuenta con un
importante recurso cultural como son los cultivos agrícolas
tradicionales, entre los que merece
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1996 |
1997 |
1998 |
1999 |
2000 |
2001 |
2002 |
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1.575.135 |
1.606.638 |
1.691.347 |
1.742.087 |
1.800.000 |
1.866.000 |
1.768.566 |
-Oficinas de la Administración del Parque Nacional
Director-Conservador: D. Aurelio Centellas Bodas
C/ La Mareta, 9, 35560-Tinajo (Lanzarote)
Tfno:928.84.02.38/02.40
Fax: 928.84.02.51
e-mail: timanfaya@mma.es
Horario: 8:00-15:00 h, de lunes a viernes.
-Museo-Punto de Información "Echadero de Camellos"
Ctra. LZ-67, km 4,
35570 Yaiza, Lanzarote
Horario: 8:00-16:00 h, de lunes a viernes.
-Centro de Visitantes e interpretación de Mancha Blanca
Ctra. de Yaiza a Tinajo (LZ-67), km 11,50,
35560 Tinajo, Lanzarote
Tfno/Fax: 928.84.08.39.
Horario: 9:00-17:00 h, todos los días.
Servicios: salas de exposición permanente, sala de simulación, sala de
proyecciones, biblioteca, miradores, tienda, aparcamiento.
MONTAÑAS DE FUEGO
Teléfono de información: 928.84.00.56/00.57
Horario: 9:00-18:00 h