A veces los suizos tienen dificultad en describir los rasgos que los unen con sus compatriotas de las otras regiones lingüísticas. En este contexto, los suizos suelen invocar el mito de la «nación-voluntad» (término acuñado por Renan), al afirmar que el Estado suizo es el producto de un pacto perpetuo de la comunidad política.
Este mito es el credo político de los suizos y expresa la razón de ser de este país. En otras palabras, la nación suiza es, a diferencia de otras naciones europeas, las llamadas «naciones-Estado», un país que ha sido formado por la propia voluntad de sus habitantes, o sea, desde abajo y no impuesto desde arriba; una voluntad no étnica de la comunidad política pluricultural. Esa «comunidad de voluntad» exprime, además, la voluntad o el deber cívico de cada uno de los conciudadanos de ser y permanecer independientes, soberanos y libres con respecto al mundo exterior.
«Las razones de un miembro del grupo alemán, francés o italiano para preferir permanecer siendo suizo a integrarse en la nación que habla su lengua son muy importantes. En primer lugar, el suizo no sufre traba alguna en las relaciones culturales que desee mantener con Berlín, París o Roma. En segundo lugar, goza de un nivel de autonomía y participación políticas de los que no puede disfrutar en Francia, Italia y Alemania –y esto es especialmente cierto respecto de períodos recientes de la historia de Alemania–. En tercer lugar participa de importantes ventajas desde un punto de vista estratégico y económico en razón de su pertenencia a un Estado neutral en la intersección de las más importantes rutas comerciales con la prosperidad que ello implica.»
Juan José Solozábal Echavarría, «Nacionalismo y federalismo en sociedades con divisiones étnicas», en Revista de Estudios Políticos, n. 10, 1979

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