No es fácil encontrar en las cercanías de la capital Hispalense un entorno de las características de las riberas del río Guadaíra a su paso por Alcalá de Guadaíra. Desde la Edad Media, las alusiones a las excelencias del entorno natural del río son frecuentes y los paseos de la nobleza sevillana hasta la localidad una práctica estival asidua.

Como parte esencial de estos parajes encontramos a los molinos harineros, que han llenado de actividad y trasiego la Alcalá hasta mediados del siglo XX, cuando dejó de moler las piedras del último molino activo, el del Algarrobo.

La segunda mitad del siglo XX ha sido un período difícil para el río y sus molinos, que ha visto degradarse continuamente, al primero por la contaminación, y a los segundos por el abandono y olvido.

En los últimos años se están llevando a cabo tareas encaminadas a su recuperación, especialmente difícil en lo que se refiere a la limpieza del río Guadaíra, por la industria de transformación de la aceituna y sus vertidos contaminante a sus aguas. En este sentido, todos deseamos una rápida solución de los problemas y que las obras de recuperación de los molinos y los paseos por el parque que los une puedan completarse con una imagen del río Guadaíra para el disfrute de todos.

Plano interactivo de ubicación de los molinos más cercanos
al casco urbano de Alcalá de Guadaíra

 

Desde el molino de la Aceña, el más al este de todos, hasta el molino de la Adufe, la Ruta de los Molinos constituye un paseo obligado para los visitantes de Alcalá.

 

   
             
   

 

Incluimos a continuación una lectura muy interesante de la obra Memorias Históricas de la Villa de Alcalá de Guadaíra, del Padre Flores, que enumera y comenta los numerosos molinos que existían en Alcalá a comienzos del siglo XIX y el origen de sus nombres:

 
§DOCEAVO
 
Se enumeran todos los molinos de cubo y río con alguna extensión
de noticias sobre ellos
 
 
Pasando ahora a tratar de los cuarenta molinos que hay  en la jurisdicción de esta Villa, lo haré según la numeración de Pedro Serrano, agregando algunas noticias más sobre ellos.

 

Molino de Cerrajas: parece haberse llamado así, por un moro que lo tenía, a quien llamaban Cejas Rajas, o Cejas Rasgadas; pertenece a la encomienda de Calatrava.
Pelay Correa de la casa de Santiago de la Espada de Sevilla. En la conquista de este pueblo constan acciones particulares del maestre de Euclés D. Pelagio Pérez Correa, y en la de Sevilla y su comarca fue como otro Josué, deteniendo el sol en su carrera, y cual otro. Moisés hiriendo con su lanza una peña, de que brotó una fuente para remediar la sed del ejército. De él hacen elogios grandes las historias y los privilegios concedidos por los Reyes a la Orden, movidos de las herói­cas hazañas de su Maestre 14.° Pelay Correa: su nombre se inserta en la calenda del archivo de Euclés, advirtiendo murió el 8 de Febrero de 1274. Obiit recolendae memorice Frater Pelagius Petri Corrígia.
Realage, del Marqués de Alcañices.
 
El Arrabal, de los propios de Sevilla: se dice en Alcalá estar des­tinado para la función del Corpus de dicha ciudad, y que en esta Villa se celebró, estando en élla S. Fernando antes que en la capital. Sobre lo primero, sólo he visto citada una orden del Rey D. Juan, que no se gasten los propios sino en las cosas necesarias, o en los gastos acostumbrados para la fiesta del Corpus Christi; y sobre lo segundo, teniendo presente que el Papa Urbano IV, instituyó esta fiesta el año 1264 y que la conquista de Alcalá fue en 1246 y la de Sevilla en 1248, mucho antes de establecerse la festividad, no parece podría celebrarse como se quiere presumir, aunque el Abad Gordillo en la historia Ecle­siástica de Sevilla dice, que en los primeros años después de la con­quista se hacía ya la procesión en dicha ciudad.
El Algarrobo y la Caja, del Convento de S. Gerónimo de Buenavista de Sevilla; en la torre del primero están las armas del león y sombrero cardenalicio que acostumbra esta orden, hasta las cuales llegó el agua en la riada de 1783 a 1784; y el segundo parece haber tenido rueda como para batán u otra fábrica. Desde este sitio, hasta el molino de San Juan, hay un paseo muy ameno y divertido por el río, en el barco que sólo tienen estos molinos del Algarrobo para pasar el trigo y harina cuando no se puede pasar por la azuda.

El de S. Juan es de la encomienda de esta Orden en Tocina; habiendo venido a la conquista con S. Fernando, entre otros Priores de Ordenes militares, el de San Juan, que ganó Lora, Alcolea y sus comarcas, tuvo en el repartimiento este molino, y otras heredades.

 
Benaharosa: parece nombre moruno, que corrompido llaman Benalosa; en 1475 correspondía medio molino a D. Diego Villafranca, fundador de capellanía en el Salvador de Sevilla; recayó en D. Alonso Fernández Santillán, y después en la Caridad de dicha ciudad; última­mente lo compró D. Nicolás Andrade y hoy lo tienen sus herederos.
 
Entre este molino y los de la Aceña hay ruinas, al sitio de Rabo de Zorra, que aún demuestran como cañería y cubo; es sitio de poco tránsito, que no han visto muchos y aún me parece sería molino o principio de él; mas no sí con que agua molería, a no ser que le aplicasen la de la huerta, o la del nacimiento de Sevilla, según tengo escrito en otra parte.
 
La Aceña Trapera y el Cajus de la Cartuja de Sevilla. En 1786 hubo pleito contra Juan González Rasgado, maestro de los molinos de Marchenilla, por haber echado un tablón real en el de la Torrecilla que detenía las aguas para la Aceña; se ganó primero por Cartuja y en apelación a la Audiencia se sentenció a favor del Marqués de Gandul. El del Cajus fue del Venerable Varón, Diego López de Cortesana año 1506. Este sitio y molinos, huerta y casa de recreo con habitaciones y capilla, sus alamedas y aguas que de tres rumbos distintos vienen a él, lo hacen todo apacible y ameno; en la citada arriada de 1783, llegó el agua hasta la puerta de la capilla, donde hay un azulejo que lo demuestra.
 
El Rincón y la Torrecilla del Marqués de Gandul, pagaban cincuenta arrobas de harina el hospital de San Lázaro de Sevilla. Son también de dicho Marqués los tres de Gandul, y en Marchenilla tiene Traga hierro o Taja hierro, Pared alta, Cañaveralejo, la Pasadilla, El Granadillo, El Hornillo, la Boca o Fortuna, Pared blanca es de la Santa Iglesia de Sevilla, arrendado al Marqués; y el molino nuevo es del Marqués de Alventos. El de la Mina en la calle principal; se habló de él largamente en el § 10.
 
El Zacatín del Marqués de Gelo; con el agua que nace por encima de él muele éste y los cuatro siguientes.
 
El Alamo: parte de la Marquesa de la Motilla y parte de los herederos de Juan León. que testó en Sevilla ante Juan García de Neira el 21 de Marzo de 1806.
 
El Fraile de los Trinitarios calzados de dicha ciudad.
 
EL Adufe del Conde del Aguila, con casa, huerta y capilla. Esta voz Adufe es griega, según Rodrigo Caro, y significa tímpano o pandero, instrumento musical del dios Pan, cuya historia fabulosa pueden ver los curiosos en el Teatro de los Dioses. D.ª Catalina de Guzmán, viuda de Fernán Arias de Saavedra, intentó autos sobre que la ciudad de Sevilla le restituyese el molino del Adufe que le había derribado y el agua que le pertenecía para la molienda. Posteriormente se han dado varios informes y proyectos sobre que la ciudad comprase estos molinos e introdujese sus aguas en el acueducto que va a élla por esta montaña.
 
El Aguila, del mismo Conde; D. Felipe V. en 1729, hizo merced de este título a D. Francisco Espinosa Maldonado y Saavedra, Regidor perpetuo de Sevilla que fue el primer Conde.

 

El Rodete: no se si hablaría Pedro Serrano de un molino que parece hubo junto al matadero y puente, de que se ven algunos fragmentos junto al vallado de la huerta de las Eras o de un rodete que hay en Pelay Correa; mas según el orden, parece hablo de éste.
 
Los Angeles. Está perdido en la huerta de este nombre.
 
Los dos de los Vadalejos o Guadalejos, sobre cuya voz árabe se tendrá presente lo que se escribió en el § del río. Pertenecen a los Beneficiados de San Juan Bautista (vulgo de la Palma) de Sevilla, entre los cuales, y en el monasterio de Cartuja ha habido muchos plei­tos sobre las aguas, citándose en particular uno del año 1755 por el Sr. D. José Domingo de Rivero y Quijano, Inquisidor de Sevilla y con­servador de la Cartuja, quien despachó letras inhibitorias a las justicias de Alcalá, y a los Sres. de la Real Audiencia, donde según otros autos de dicha conservaduría, principiados años de 1723, habían ocurrido los Beneficiados, quejándose que Cartuja les usurpaba las aguas, y ésta de que los molinos querían despojar a su monasterio de un manantial de agua con brocal de argamasa muy antiguo, que tenía en uno de tres huertos de su propiedad.
 
La Tapada, del Convento de San Juan de Dios.
 
Las Eras, de la fábrica de Santa María.
 
Los dos de Oromana que otros dicen Oromama por lo mucho que se gastan en ellos y lo poco que producen; del vínculo que fundó el Capitán de esta Villa, D. Leandro de Cosío, y el 2 de Abril de 1708, se le adjudicó a D. Juan, su hijo, como poseedor del vínculo después de la vida de D.ª Isabel Cosío, monja en Santa Clara; hoy es de D. Hilario Fernández, heredero de D. Celedonio Alonso, y se previene que antiguamente eran dos molinos; se inutilizó el uno, y se le dio más peso al otro, levantando más la atajea sobre un arco.
 
El Asembril y la Aljavara de los propios de Sevilla. Sobre éstos, y los demás que siguen ya en término de Sevilla y muelen con el agua que va a los caños de Carmona, se habló largamente en el § 10. Y volviendo a los citados de Alcalá, dice Pedro Serrano, tienen cien piedras molientes, que con ciento cincuenta de tahonas que hay dentro de la Villa, molerán cada día mil quinientas fanegas de trigo, que darán hasta cuarenta y cinco mil hogazas de pan cocido, que hacen ciento treinta y cinco mil libras, siendo el pan de Alcalá como es notorio, en amasijo y cochura, no tener segundo.