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Erotismo en el arte griego antiguo

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez

 

 

Arte, erotismo y representaciones en la Grecia antigua


Hay muchas interpretaciones sobre el erotismo en muchas de las representaciones griegas, sean en ánforas, esculturas, adornos o monumentos. Se le dan interpretaciones religiosas, de  incitación pornográfica, funeraria. En otros casos, con la mirada puesta en las escenas eróticas que aparecen en formas cerámicas relacionadas con el banquete, y por lo tanto, en el ambiente lúdico de la bebida en común, las imágenes de los vasos servirían como estímulo para la libido, algo similar a la pornografía actual. Hay quien pone el énfasis en las «humillaciones» sexuales hacia lo femenino y en una explicación plástica del deseo erótico.

Por otra parte, las prácticas homosexuales representaban más que un simple acto sexual. El joven adquiría de su maestro dotes que le servirían la vida entera. En la cultura griega, el placer carnal no se reducía a los discursos sexuales tradicionales, sino que se encontraba a través de muchos medios y bajo muchas circunstancias. El cuerpo se celebraba y se mostraba como algo hermoso, el hombre no sólo cultivaba su alma, sino también su físico, por lo que el gimnasio era parte fundamental de su vida, el propio Platón –uno de los más grandes filósofos de la humanidad–, participó en un par de ocasiones en las olimpiadas.

Sin embargo, no debe entenderse que los griegos lo tuvieran todo permitido en un sentido sexual, sus leyes eran muy claras respecto a la homosexualidad y el abuso sexual (hybris). El papel ocupado en el acto sexual era de principal importancia. Un hombre debía ser siempre activo, viril, poderoso, siendo muchacho podía jugar el papel pasivo, que de hecho era el que le correspondía en presencia de un maestro, más nunca como hombre maduro. Ser penetrado (pasivo) era símbolo de inferioridad, de falta de fuerza y vigor, sitio que correspondía sólo a las mujeres o a los más jóvenes. La mujer poco valía, poco sabía y de su sexualidad conocemos sólo lo que nos ha llegado a través de los ojos masculinos. Por otra parte, las narraciones literarias de Esquilo y otros poetas hablan de mujeres que se ven a escondidas con sus amantes, usando artimañas y engaños, de lo que es posible deducir que, a pesar de sus escasas libertades y el inferior grado que tenían como personas se las arreglaban para gozar de los placeres corporales.

Mito de la Argólide. Dánae recibiendo a Zeus en forma de lluvia de oro, de donde concebirá a Perseo.

 


Vasija de Samos

Civilización griega y erotismo


La civilización griega sobresalió en Europa hace ocho mil años y consiguió revolucionar muchísimos campos del conocimiento humano: filosofía, matemáticas, astrología literatura… La cultura griega está en la base actual del pensamiento del mundo occidental. Sin embargo, la cultura sexual es muy diferente a la actual occidental, si bien todo lo que los griegos hacían entonces, ha llegado a nuestros días, en muchos casos son considerados inmorales y promiscuos. Para los griegos sus formas sexuales tenían un origen infinito de placer, lo que les llevó a profundizar en el arte sexual y sus variantes.

Solían pintar escenas sexuales en su cerámica, incluidas algunas de las representaciones más antiguas de relaciones homosexuales y pederastia. Su arte refleja escenas de la vida diaria, algunas más sexuales que otras. Pueden verse falos esculpidos en lugares de culto tales como el templo de Dioniso en Delos, mientras un objeto doméstico cotidiano y protector era la herma, una estatua consistente en una cabeza sobre un pedestal cuadrado con un falo prominente delante. El ideal masculino griego tenía un pene pequeño, estética que más tarde adoptaron los romanos.


480 a 460 aC.

Plato ático de figuras rosas (Museo de Nápoles)

Copa de vino con escena erótica, Hetaria montando a hombre erecto. Grecia, Atenas. 480BC (circa)

Sátiro y ninfa, IV siglo aC. Museo Arqueológico Nacional de Jatta, Ruvo di Puglia

La sexualidad en Grecia


Es necesario entender la sexualidad en Grecia antigua desde contextos griegos, y olvidarse de los modelos actuales sobre el sexo. La diferencia entre homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad no estaba definida de manera tajante tal como lo está hoy en día. Un hombre podía tener por amante a un muchacho pero eso no le impedía disfrutar de su esposa o alguna mujer del prostíbulo; mientras que en las fiestas dedicadas a Dioniso la sexualidad se llevaba a cúspide y tenían lugar las orgías, en las que hombres como mujeres disfrutaban del placer sexual sin importar de dónde provenía éste y en la vida cotidiana la homosexualidad era una práctica pedagógica.

Los espartanos institucionalizaron las prácticas sexuales entre hombres como parte formal de la educación de los adolescentes. En Atenas, estas prácticas eran más “discretas”, pero tenían el mismo fin. No obstante, también hubo leyes que castigaban a los hombres que no contraían matrimonio, pues la procreación (sobre todo de varones) era de suma importancia para la sociedad. Para comprender mejor estas prácticas hay que señalar lo siguiente:

La homosexualidad, tal como fue practicada en Esparta y Atenas, no fue incompatible con la heterosexualidad y el matrimonio. Por el contrario en un sentido muy real el comportamiento homosexual era una preparación para la virilidad, incluyendo el matrimonio y la procreación. Ambas ciudades pusieron sanciones sociales y financieras a hombres que no se casaban.

La homosexualidad «educacional» se desarrolló en torno a la creencia y la fantasía de que la virtud y la fuerza del hombre más viejo se transmitían, a través del semen, al ano del joven. La areté del hombre estaba en su semen.

Como en todo lo griego, se esperaba modestia y moderación en el comportamiento homosexual. Había reglas para cortejar y ser cortejado. Las relaciones homosexuales demasiado obvias o demasiado promiscuas eran ridiculizadas.

Entre las clases superiores (en las que se escribió la mayor parte de la literatura) la homosexualidad masculina estaba unida a la educación cívica y a la exclusión de las mujeres de la vida pública y educacional.”

Tanto Platón como Sócrates plantearon la igualdad entre hombres y mujeres dentro del matrimonio, pero fracasaron. Aristóteles desarrollo la inferioridad de la mujer respecto al hombre. En esta época ateniense es cuando se desarrolla en todo su esplendor la prostitución, con la proliferación de las casas de citas, estando siempre abarrotadas de Hombres. Por otro lado, la homosexualidad se extendió muchísimo e incluso fue regulada por medio de la ley.

La principal función de la mujer era procrear y cuidar de sus hijos, sobre todo de los varones que serán los que darán continuidad al linaje familiar. La fórmula matrimonial decía “Te entrego a esta mujer para la procreación de hijos legítimos”. Se solían casarse a los catorce o quince años. Se les enseñaba a asumir el papel de madres y se les excluía de la educación formal. La mujer debe estar en casa, alejada de las miradas y sólo se le permitía asistir a funerales o a determinados festivales. Muchas mujeres aprendieron por su cuenta a leer y escribir y a tocar instrumentos musicales.



El desnudo masculino


El desnudo masculino en el arte aparece en Grecia en una fecha muy temprana, a finales del siglo VII a. C., exclusivo del varón (el desnudo femenino no aparece hasta siglos después); sólo los griegos se desnudan y sólo se presenta así el hombre que es bello, aquel que tiene un cuerpo bien articulado.

Si el desnudo se liga a la actividad, al deporte y a la acción, las primeras obras artísticas de hombres desvestidos representan a seres inmóviles: los kouroi o muchachos. Se trata de hombres jóvenes e imberbes, de la edad más bella, la efebía, que avanzan hacia nosotros con una pierna, el torso frontal y rígido, los brazos pegados al cuerpo, repitiendo una y otra vez el prototipo egipcio del Imperio Nuevo del que son deudores, pero con una importante novedad: están desnudos. Los primeros kouroi tienen un tamaño extraordinario, mucho mayor que el natural, que alcanza a veces más de tres metros de altura. Hallados en santuarios y necrópolis, su imponente presencia provoca temor y protege el espacio sagrado y la tumba. Estas primeras estatuas ponen de manifiesto el inquietante poder del desnudo que atemoriza y que Grecia y Roma conservarán bajo la forma del falo durante muchos siglos.

 Son cuerpos de atletas ejercitados cada día en la palestra. El pecho y la espalda son anchos, y las piernas y los glúteos fuertes. Los genitales, reducidos al mínimo tamaño, se construyen siempre igual: un pene delgado y corto, terminado en un largo prepucio y un escroto muy desarrollado, la imagen de un sexo infantil.

Más de un siglo después, el ideal griego del cuerpo lo describe cómicamente Aristófanes: «el pecho fuerte, la piel brillante, los hombros anchos, la lengua corta, el culo grande, la polla pequeña».

El hombre superdotado no es sinónimo de virilidad en el mundo griego, al contrario. Un héroe como Heracles tendrá unos pequeños y civilizados genitales, como todos los hombres bellos. Con una pequeña y respingona nariz y un gran falo, los griegos dibujan la fealdad y la alteridad. Un pene enorme es ajeno a la belleza y pertenece a seres monstruosos como los sátiros, los centauros, los bárbaros o los viejos.

El curioso hecho de que los griegos practicaran deporte totalmente desnudos se ha explicado en ocasiones como una forma de testificar el poder de autocontrol del atleta, obligado a una abstinencia sexual de varias semanas antes de la competición. Aunque esta explicación es claramente insuficiente, tal vez tenga que ver con la exhibición de la moderación propia de un cuerpo entrenado y disciplinado, una curiosa costumbre relacionada con el mundo de los atletas en la Grecia antigua; la «preparación», antes del ejercicio, del pene, la infibulación o, tal vez, mejor que utilizar el término romano sea más apropiado referirse a esta práctica con uno de los términos griegos: kynodesmé o «lazo de perro».


Ligadura de prepucio. Crátera de cáliz ática de figuras rojas  atribuida a Eufronios, Berlín Antiken Museum.

 

Tondo de copa, de figuras rojas. Museo del Louvre

Creso, estatua funeraria, circa. 530 a. C., Atenas, Museo Arqueológico Nacional.

Los Tiranicidas, copia romana de un original de bronce de 480 a. C., Nápoles, Museo Arqueológico Nacional.


Afrodita de Cnido. Praxiteles. Existe una copia romana en los Museos Vaticanos

El desnudo femenino


Mientras el cuerpo desnudo del varón es algo cotidiano en la cultura griega, el cuerpo desnudo de la mujer conserva toda la fuerza de lo oculto, de la prohibición. El desnudo femenino tarda mucho en aparecer en el arte griego. El primer cuerpo femenino que se esculpió fue hecho en mármol por Praxíteles en el siglo IV a. C. Es el primer desnudo público.

Su primer atrevimiento y tal vez el más determinante, fue el de concebir la figura de Afrodita completamente desnuda. Nunca hasta entonces se había representado así el cuerpo femenino, no lo estaban las korés del periodo Arcaico y no lo estarán las figuras del Clásico, que como mucho se insinuarán sensualmente en trabajos de paños mojados, como en la Afrodita de Frejus de Kalimaco, pero nada más. Es precisamente esta nueva iconografía de Afrodita la que potencia su simbolismo erótico como una diosa que lo es del amor, pero entendido bajo su interpretación más sensual y menos platónica.

Proyectada originalmente para la isla de Cos, sus habitantes rechazaron la pieza precisamente por su indecencia, conformándose con una segunda versión en la que la diosa aparece vestida púdicamente. No pensaron lo mismo en la vecina ciudad de Cnido, que por el contrario valoraron como corresponde la primera versión hasta hacerse con ella, colocándola en un lugar de privilegio, en el centro de un templo monóptero, que precisamente por ello permitía la visión de la figura desde sus múltiples puntos de vista.

El cuerpo de la mujer, en las representaciones griegas del siglo VI y primera mitad del V a. C., es concebido como el de un hombre, pero incompleto.

El cuerpo desnudo de la mujer jamás tuvo en Grecia (y menos en Roma) las mismas connotaciones positivas que el dominante cuerpo masculino. Lo femenino es para los griegos lo que está más próximo a la naturaleza, en lo que ésta tiene de salvaje e irracional. Los cuerpos desnudos son eróticamente deseables, el de la mujer y el del varón, pero este último además tiene un carácter noble y heroico.

El cuerpo de la mujer, sin embargo, no representa más que a una diosa, la del amor. El objeto del deseo erótico se encuentra en el hijo de Afrodita y Hermes. En un hermafrodita se une la visión trasera del cuerpo de una mujer con el hombre como ser completo.


Copa ática de figuras rojas, circa. 500 a. C., Malibú, J. Paul Getty Museo

Afrodita Calipigia, Nápoles, Museo Arqueológico Nacional

Estatua de Hermafrodita en el Pergamonmuseum, Berlin

Hermafrodita dormido, París, Museo del Louvre

Agdistis, hermafrodita


El culto visible al falo


En la cerámica arcaica griega de "figuras negras",  sólo los sátiros aparecen con el falo en erección, generalmente en escenas religioso-rituales dionísiacas, pero las ninfas aparecen siempre pudorosamente vestidas desde el cuello a los tobillos; en la cerámica clásica de "figuras rojas", incluso los personajes masculinos que participan en orgías y en actos sexuales explícitos tienen a veces un marcado aspecto "satírico": personajes medianamente calvos y de mediana edad, con cierto aspecto de "sátiros" mitológicos, pues en general parece que no se pretendía retratar en esas escenas pornográficas ocasionadas en banquetes a tal o cual comensal específico, sino más bien a un prototipo genérico más o menos caricaturizado.

La fuerza vital vegetal y generadora del falo lo lleva a convertirse en el mundo clásico en un objeto de uso cotidiano. Colgados como amuletos del cuello de los niños, de las honradas matronas, esculpidos en las calles y en las casas, la vida cotidiana de las gentes de Grecia y Roma estaba rodeada de falos. En el ánfora de la columna de la derecha, una mujer riega unos curiosos vegetales/penes que brotan con alegría.

En Grecia, con mucha frecuencia, los amuletos que se colgaban en el cuello de los niños son falos. Su fuerza mágica la da el poder del sexo en su representación masculina. Los falos en erección a la entrada de las casas, en los cruces de caminos, en el interior del hogar, o como amuleto en un anillo o en un colgante servían de protección, invocar felicidad y abundancia y, sobre todo, conjurar el mal de ojo. La forma de estos amuletos itifálicos consigue que el transitorio estado de erección sea permanente e irreversible. El amuleto imita no sólo la forma del falo sino también su consistencia y textura en bronce o terracota. Estos objetos no se utilizaban para propiciar la fecundidad, o para favorecer la reproducción o la sexualidad. En latín, al órgano sexual masculino (y a veces al femenino) se le llamaba fasrinus (engaño, fascinación), igual que al demon que intenta combatir. Elfasdnus es la capacidad de atraer el mal que se atribuye a los ojos que tienen efecto nocivo, esto es, el mal de ojo. Aristóteles señalaba que la esencia del falo radica en su movilidad, en la manera en que crece y decrece de volumen. Es usado como amuleto precisamente por su cualidad móvil y efímera.

El éxito del pájaro-falo fue tal en el imaginario de la Antigüedad que a lo largo de los siglos perdura su nombre, no sólo en latín, sino también en italiano, incluso en español; «pájaro», «gorrión» o «pajarito» son algunos de los nombres con que se conoce el órgano masculino.

Detalle de un vaso de figuras rojas del pintor de Hasselmann, circa 430-420 a. C., Londres, British Museum.


Cerámica roja.

Detalle de una  crátera ática de figuras rojas del pintor de Pan, segundo  cuarto  del siglo V a. C., Berlín, Staatliche Museen zu Berlín.

 

Esculturas de falos en el templo de Dionisos y Pan,  300 aC. , Delos, Grecia

Vaso de terracota en forma de falo, de hace entre 2500 y 2550 años. Metropolitan Museum of Art in New York City

 

Cuerno de terracota en forma de falo. Período clásico. 400 aC.

Vaso procedente de Cámiros (Rodas, Grecia), segundo cuarto del siglo iv a. C., Londres, British Museum.

 


Leda y el cisne.

Museo Arqueológico de Atenas

Sarcófago romano con la representación de Leda y el cisne, procedente de Pérgamo (Turquía).

 

 

Leda y el cisne


Leda y el Cisne es un motivo de la mitología griega, según el cual Zeus descendió del Olimpo en forma de un cisne hacia Leda, mientras la doncella caminaba junto al río Eurotas. De acuerdo con la mitología griega, más tarde Leda dio a luz a dos parejas de hijos: por un lado, a Helena y a Pólux, que serían hijos de Zeus y, por lo tanto, inmortales; y, por otra parte, a Clitemnestra y a Cástor, considerados hijos de Tíndaro, rey de Esparta, y en consecuencia, mortales. Según la historia, Zeus tomó la forma de un cisne y violó o sedujo a Leda en la misma noche en que ella se había acostado con su esposo, el rey Tíndaro, de ahí que las dos parejas de hijos tuvieran distintos padres.


Escultor Timotheos (360 aC.)

Museo s Capitolinos

Cerámica roja (350-340 aC)

Museo Paul Getty


Sátiros, Ménades, Dionisos


Los sátiros son criaturas masculinas que en la mitología griega acompañaban a Pan y a Dionisos vagando por bosques y montañas. En la mitología están a menudo relacionados con un desaforado apetito sexual. Junto con las Ménades forman el «cortejo dionisíaco» que acompaña al dios Dionisos o a Pan.

En los comienzos, los sátiros se caracterizaban por su bestial anatomía, de un instinto sexual desmesurado. El cambio comienza a producirse a finales del siglo V a. C., cuando aparecen las representaciones de Dioniso acompañado por erotes y sátiros, iniciando así el camino que continuará en el helenismo y en el mundo romano, que gusta de representar el triunfo de Dioniso-Baco junto a sátiros y erotes a partes iguales. Este cambio, la inclusión de Eros junto a Dioniso y Ariadna, connota el amor heterosexual que parece empezar a reivindicarse a finales del siglo V a. C., frente a la presencia del dios alado en los contextos homosexuales propios del arcaísmo y principios del clasicismo en Grecia.

A las compañeras de los sátiros, las ménades o bacantes, se las imagina como simples mujeres. Los sátiros, acompañados de ménades, conforman las imágenes más abundantes de los vasos griegos. A veces llevan los cabellos sueltos, a diferencia de las mujeres honradas que suelen representarse con el pelo recogido o convenientemente oculto tras un casto tocado. Las compañeras de los sátiros bailan o tocan instrumentos musicales como crótalos o tímpanos, a veces copulan (sobre todo en época arcaica), y las más de las veces son perseguidas, raptadas o sorprendidas por sus compañeros en permanente estado de erección. Al decoro propio de lo femenino no son ajenas las ménades en sus representaciones visuales. Casi siempre vestidas, contraponen sus cuerpos cubiertos al desnudo masculino de los sátiros y se resisten a ellos. En las imágenes las mujeres aparecen como algo vulnerable, que se ataca, que se persigue, que se rapta, lo cual forma parte de ellas mismas y de la propia esencia femenina en el pensamiento griego.

Dionisos es uno de los dioses más antiguos, más complejos e inquietantes del panteón clásico. Ménades y sátiros son su cortejo. Dionisos es también una fuerza del erotismo. En un ritual celebrado en Atenas en las fiestas de las Antesterias dedicadas a él, se realiza una especie de parodia de ceremonia matrimonial, que no deja de ser un adulterio, entre Dioniso (tal vez encarnado en su sacerdote) y la basilina, la esposa del arconte basileus, el más alto magistrado religioso de la ciudad.

Falos erectos de mármol coronan su templo en Délos, y las procesiones fálicas en los festivales dionisíacos eran comunes en las campiñas griegas. Había también procesiones en las que se incluía una imagen del dios en un carro-barco. La palabra latina carrum navale con que se designaban estos barcos transportados sobre ruedas está en el origen de nuestro «carnaval».

En la región del Ática se celebraban dos festivales anuales en su honor: Las Dionisias Rurales celebradas en Diciembre y las Grandes Dionisias celebradas en Atenas durante el mes de marzo.

Fiestas dionisíacas

Durante estas fiestas, famosas por sus representaciones teatrales, se realizaba una procesión donde se portaba la imagen del dios hasta su templo. En este desfile participaban tanto hombres como mujeres, y durante la procesión se portaban algunos de sus elementos más representativos como jarras de vino, hojas de vid, hiedras, cestos con serpientes y ramas de sarmiento. Siguiendo a este grupo iban los falóforos y los italóforos, los primeros portaban en procesión un gran falo mientras entonaban cantos explícitos, los segundos vestidos como mujeres imitaban los pasos de los borrachos. Cerrando la comitiva estarían las bacantes, mujeres ataviadas como las míticas ménades, cubiertas solamente con pieles de animales, ciñendo una corona de vida o de hiedra y portando varas con una piña en su punta.

Las conocidas orgías se celebrarían por la noche, donde matronas y doncellas iban en procesión a montes solitarios o a algún claro escondido entre los agrestes bosques, donde durante varios días, sin contacto con hombre alguno, se lanzaban a un desenfreno místico sostenido por la ingesta de alcohol y/o plantas alucinógenas.

Las bacantes bailaban danzas frenéticas al amparo de la noche, completamente desnudas, al son de flautas y timbales, entrando en salvajes trances y éxtasis. Las oficiantes más antiguas ofrecerían vino a sus compañeras y posiblemente también les proporcionaban placer a las más jóvenes, por lo que seguramente estas explosiones dionisíacas acababan con orgías femeninas, ya que el sexo es una poderosa fuerza primigenia, salvaje, llena de fuerza y locura, de magia.


Banda decorativa de una copa de vino, del taller Nikosthenes (siglo VI aC) en la que se ven ruidosos y alegres sátiros copulando entre ellos y con esfinges aladas

Sátiro de la colección Carapanos. Atenas

Sátiro y ménade en una vasija en torno al 500 a. C. en el museo del Louvre, París

Crátera con escena dionisíaca IV a.C.

Museo Archeologico Nazionale Jatta

Pan y Daphnis, 470 aC. Museum of Fine Arts

Del Pintor de Nicóstenes, c. 525-510 a. C. Museum of Fine Arts, Boston

Aphrodite, Eros y Pan. Estatua dedicada a Dionisos de 100 aC. Museo Nacional de Arqueología de Atenas

Dancing Satyr, 500-475 BC, Greece, Boeotia, 5th-Cent.BC, Terracotta

Ofrendas a Dionisos. Museo Cívico Arqueológico de Bolonia


Hetaira con olisbos. Cerámica encontrada en una urna funeraria egipcia, de entre 600 a 300 aC.

Olisbos/consoladores


En la Antigua Grecia, las mujeres solteras usaban el olisbos un sustituto del pene hecho de madera lubricado con aceite. El término «olisbo», del griego olisbos, resbalar o deslizar, es el nombre que en la antigua Grecia se le daba al artilugio de piedra, cuero o madera con forma fálica que las mujeres impregnaban en aceite de oliva para practicar el arte del amor propio. Generalmente el término se refiere a los consoladores de apariencia realista que incluyen testículos.

Las muestras de restos arqueológicos así como en escritos se han encontrado pruebas de su uso por las culturas más adelantadas en su tiempo, incluyendo los egipcios, griegos, romanos y chinos. Los romanos hacían objetos semejantes a enormes penes con velas.

En el siglo VI a. C, los egipcios utilizaban consoladores. En un vaso griego del siglo VI a.C., se ve una mujer inclinada para realizar sexo oral a un varón, mientras otro varón le introduce un consolador en el ano. En otro vaso griego del siglo V a.C., se ve una mujer utilizando un consolador.

Existen documentos indicando que durante la época griega se vendían los olisbos, que estaban hechos tanto en piedra, como cuero y a veces de madera.


Posturas eróticas en Grecia antigua


En el mundo griego, las imágenes eróticas aparecen casi exclusivamente sobre vasos de bebida, sobre todo copas, o en cráteras,  vasijas cerámicas de gran capacidad destinadas a contener una mezcla de agua y vino. En ellas se observan todo tipo de actitudes y posturas sexuales, incluso orgías en grupo, muy escasas de encontrar en otras culturas.

La sala de banquetes (andrón) era un espacio restringido a los hombres, pocos generalmente, pues tenían muy en cuenta la conversación entre ellos y verse los rostros. Otra cosa era el simposio, acto colectivo, en el que se comía y bebía, se discutía de política y en donde podía darse el sexo en común. Estas fiestas eran sin duda de la clase más poderosa.

Entre el 525 y el 475 a. C. es cuando se encuentran casi todas las escenas de sexo explícito en el mundo griego. Imágenes de orgías en las copas y en algunos frisos. Algunas escenas más explícitas se encuentran en los medallones interiores de las copas, a las que los bebedores tienen acceso al asomarse, algunas de índole homosexual y otras de crudas escenas sexuales.

En la copa de figuras rojas de la izquierda se ve a una mujer penetrada a tergo por un hombre que al mismo tiempo empuja su cabeza para obligarla a practicar una felación a su compañero. En el centro, otra mujer en cuclillas parece solicitar algo, tal vez compasión, del hombre que la amenaza con una zapatilla. A la derecha, otro hombre transporta en brazos, en pleno coito, a una tercera mujer mientras otro personaje vestido, tan viejo que sólo puede mirar, se ilumina con una lucerna. Resulta algo recurrente en este tipo de imágenes el que la hetaira, que es el estatus que conceden los investigadores a estas mujeres que comparten el espacio masculino de la sala de banquetes, se encargue de satisfacer a más de un hombre, mientras que jamás veremos dos mujeres con un solo hombre ni en las escenas de Grecia ni en las de Roma. Hay una constante en el pensamiento visual, la mujer es el objeto sexual, el juguete multiuso, la prostituta debe esforzarse por satisfacer a varios clientes a la vez.

Hacia el 480 a. C., tras las guerras médicas, las imágenes de sexo en grupo desaparecen y se tiende a mayor moderación.

 

 

Escarabeo procedente de Tripolitsa en Grecia,  hacia el siglo IV a.c.-  Museo de finas artes de Boston.

Exterior de una copa ática de figuras rojas del pintor  de Brygos, 480  a. C., Florencia, Museo Arqueológico


Espejo de bronce. Corinto, mitad siglo IV a C

Crátera griega. S. IV aC. Museo de Amsterdam


Homosexualidad, pederastia, lesbianismo


El otro aspecto de la sexualidad griega se centró en la homosexualidad, muy extendida en toda Grecia. Sus inicios aparecen hacia fines del siglo VII aC. El comportamiento sexual de los griegos se fue modificando poco a poco, y en ciertas épocas se produce un fuerte interés por los efebos y por las prostitutas, mientras que la heterosexualidad y la homosexualidad eran prácticas habituales

Desde Alejandro, pasando por Julio César y otros famosos hombres de la Historia, la homosexualidad, muchas veces se ha refugiado en la milicia. En Esparta, el encuadramiento militar, sumado a la separación de los hombres de sus madres y esposas logró que los ejércitos ejercieran sin prejuicios la homosexualidad.

En la antigüedad clásica escritores como Heródoto, Platón, Jenofonte, Ateneo y muchos otros exploraron los aspectos del amor homosexual en la Antigua Grecia. La más extendida forma de relación sexual homosexual se daba entre hombres adultos y jóvenes adolescentes, pederastia.

En cuanto al lesbianismo, es necesario destacar que salvo excepciones, existe un silencio sobre la homosexualidad femenina, reflejo de la inquietud masculina hacia esta cuestión. Había ciertos temas, como la homosexualidad femenina que eran tabú entre los griegos y que la mayoría de los autores decidieron ignorarlo.

A esto hay que añadir que los textos que aluden a las relaciones lésbicas tienen, todos ellos, una visión muy negativa de este tipo de relaciones. Artemidoro de Éfeso en su clasificación de los sueños eróticos (Onirocrítica I 78-80), al lesbianismo lo incluye en las prácticas contra natura. La misma consideración le da Platón  (Leyes 636c), que a las uniones de «machos con machos y hembras con hembras», el filósofo las considera también contra natura.

Los antiguos griegos, en el contexto de las ciudades-estado, fueron los primeros en describir, estudiar, sistematizar y establecer la pederastia como institución social y educativa. Era un elemento importante de la vida civil, militar, filosófica y artística. Existe cierto debate entre los expertos sobre si la pederastia se daba en todas las clases sociales o si estaba mayoritariamente limitada a la aristocracia.

Crátera en el Museo de Amsterdam

Crátera. Dos mujeres en el baño, atribuido a Douris,  470 aC - Nueva York, Museo Metropolitano


Escena de cortejo pederasta en una ánfora griega del siglo V a.C.

Olisbos

Hombre orina en una jarra mantenida por el esclavo.

Sátiro. Museo Paul Getty

 

Detalle de copa ática (510 AEC). Dos heteras que amenizaban banquetes (simposios).

Museo Arqueológico Nacional Madrid

Lesbianas. Plato Griego, S. IV a.C.

 

Museo del erotismo. París

Referencias


Calame, Claude. Eros en la Antigua Grecia. Editorial Akal, España, 1992.

Diógenes Laercio. La vida de los filósofos más ilustres, en: https://logica1.wikispaces.com/file/view/Diogenes,+Laercio%3B+Vida+de+los+fil%C3%B3sofos+ilustres.pdf consultado el 20 de enero de 2016.

Dover, K.J. Homosexualidad griega. El Cobre Ediciones, España, 2008.

Mossé, Calude. La mujer en la Grecia clásica. Editorial Nerea, España, 2011.

Simon, Bennett. Razón y locura en la antigua Grecia. Editorial Akal, España, 1984.