Ir a erotismo en el arte

 

Erotismo en el arte mexicano antiguo

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez

 

 

Personaje masculino con enorme miembro viril, que  se anuda a su pecho en  una clara alusión a la fertilidad. Encontrado en Campeche. Museo Nacional de Antropología, México

Homosexualidad en Nah Tunich (Casa de piedra) en el Petén, Guatemala


La civilización maya se desarrolló dentro del área cultural mesoamericana, del norte de México hacia el sur en América central, Mesoamérica fue una de las seis cunas de la civilización en el mundo, y dio origen a un desarrollo cultural que incluía la formación de sociedades complejas, agricultura, monumentos, escritura, calendarios y astronomía.

La dualidad maya, presente en distintas culturas mesoamericanas, concebía al erotismo como un principio organizador del mundo, lo mismo que ocurre en otros aspectos de la vida, tan amplios como los puntos cardinales, los colores o el día y la noche.

Para los mayas, la masturbación era un acto sagrado vinculado con la fertilidad; de la misma forma que el agua favorece a la tierra y hace brotar vida.

Entre los vestigios históricos que dan cuenta de la vida y el pensamiento prehispánico, los hallazgos de esculturas y objetos fálicos con fines rituales y masturbatorios, demuestran que el placer y descubrimiento del propio cuerpo era una práctica aceptada antes de la conquista. Objetos sexuales parecidos a los consoladores modernos, tallados en madera y relieves con escenas sexuales demuestran la apertura sexual.

El culto fálico sin lugar a dudas como en la mayoría de los pueblos estuvo presente en la cultura maya, testimonio de esto son las múltiples representaciones escultóricas que se han encontrado en Uxmal, Tulum, Xcaret, Oxkintok, Chichen Itza y otras muchas, además de otros muchos sitios, en donde además han sido descubiertas piezas referentes al tema, muchas de ellas en el Museo Nacional de Antropologia de la Ciudad de México.

En Chichen Itza, uno de los principales sitios arqueológicos de la península de Yucatán, en una parte no abierta al público de encuentra el denominado Templo de los Falos, en el que se rendía culto fálico relacionado con rituales de la lluvia, ya que consideraban a la lluvia como representación del semen divino que fertilizaba a la tierra que por su parte simbolizaba lo femenino. En casi todo los sitios de hecho se distinguen tres tipos de representaciones fálicas: los falos monumentales, los falos portátiles y los falos adheridos.

Los primeros son elaborados en piedra, como si fueran dólmenes, de grandes dimesiones y fuera de toda proporción humana, pueden encontrarse en Uxmal, Oxkintok y Chichen donde sirvieron como monumentos colocados en las plazas para marcar eventos cosmológicos o míticos antiguos. Los mayas yucatecos los llaman xkebtunich de los que en la actualidad se encuentran registrados alrededor de cuarenta y siete, la mayoría de estos localizados en los sitios de los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Suelen compartir dos características principales, una el material con que fueron construidos, y la segunda que son representaciones de un falo en erección donde se aprecia la anatomía masculina, de glande, frenillo y meato urinario.

Homosexualidad en la cultura maya

La homosexualidad en estas culturas se ha llegado a conocer gracias a elementos arqueológicos como cerámicas y otras artesanías, pero sobre todo gracias a las múltiples crónicas de los colonizadores europeos.

Los mayas eran bastante tolerantes con la homosexualidad. Se conoce la existencia de rituales sexuales que incluían relaciones homosexuales, aunque, jurídicamente la sodomía estaba condenada a muerte. No obstante la sociedad maya era muy diferente, ya que se consideraba preferible la homosexualidad al sexo prematrimonial. Se sabe que muchos nobles mayas requerían los servicios de esclavos sexuales para sus hijos.

Pese a que los roles masculino y femenino estaban perfectamente establecidos como en toda sociedad existieron sus variantes de preferencias sexuales. Pocos o nulos registros se tienen de la homosexualidad entre los mayas pero un hallazgo reciente ha puesto en debate este tema. En las cuevas de Nah Tunich (Casa de piedra) en el Petén, Guatemala , donde se encontró en sus paredes una imagen de dos hombres mayas abrazados de frente en un preludio de acto sexual; aunque se sabe que el sexo sodomita era castigado con la muerte por horno ardiente.


 

Semillas de vida/la sexualidad en occidente


 Estuve hace un tiempo en el templo Mayor de la Ciudad de México, en una exposición itinerante, de la que e traje su belleza, muchos interrogante y un montón de fotos. A partir de ahí seguí buscando e investigando.

Como sociedades agrícolas, las culturas de Mesoamérica, y en particular las de esta región, vivían en un mundo donde lo natural y lo sobrenatural se entrelazaban. la concepción del cuerpo y la sexualidad de los pueblos prehispánicos de los actuales estados de Michoacán, Colima, Jalisco y Nayarit, región que formó parte del antiguo occidente mesoamericano.

Como consecuencia de la observación del Universo, lo femenino se asociaba con la germinación, el agua, el frío, la oscuridad, la debilidad y la muerte, mientras lo masculino con la maduración, el fuego, el calor, el cielo, la fuerza y la vida.

La exposición muestra una concepción de la sexualidad en la cual lo opuesto sirve de complemento. Está compuesta por acervos de los museos regionales de Guadalajara, Colima y Michoacano así como del Soumaya, que a través de figuras de barro, piedra y concha cuenta del pensamiento de los artistas mesoamericanos.

Las piezas reflejan sus roles como elementos sociales, al diferenciar las relaciones entre lo femenino y lo masculino. Las representaciones de mujeres se da frecuentemente con vientres y pechos prominentes, en ocasiones decorados; acuclilladas para dar a luz o amamantando.

En el caso de figuras masculinas, algunas presentan ausencia intencional del falo, ya que fueron encontradas por personas que se los destruían por considerarlo obsceno. Otras son una metáfora de la penetración de la tierra, en las que la masturbación buscaba ofrendar el flujo vital: el semen; tal acto y la punición del pene para sangrarse eran actos rituales que simbolizaban la fecundación.

La exposición, con representaciones hechas por las primeras sociedades del Occidente prehispánico, como las de "El Opeño" y "Chupícuaro", siguiendo con las piezas de la Tradición de Tumbas de Tiro, realizadas entre 200 a.C. y 400 a 600 de nuestra era, época en que las imágenes se caracterizaron por mostrar el cuerpo de manera natural.


Cerámica policromada de Colima


Xochiquétzal aparece desdoblada. A la izquierda, vestida con quechquémitl y falda, toma por los cabellos a un hombre cuyo sexo se identifica por la serpiente entre las piernas. A la derecha, Xochiquétzal, semidesnuda y con quechquémitl, es tocada por el hombre. Códice Borgia, lám. 59.

Xochiquétzal y Tlazoltéotl. Diosas mexicas del amor y la sexualidad


De un artículo de Silvia Trejo. Silvia Trejo. Historiadora de arte prehispánico e iconografista y doctora en antropología. Fue coordinadora de las Mesas Redondas de Palenque del INAH. .Artículo completo en la edición impresa. Si desea adquirir un ejemplar: http://raices.com.mx/tienda/revistas-cultura-olmeca-AM087

Xochiquétzal es una metáfora de la joven que da placer sexual a los jóvenes y que representa la tentación que hace caer a los hombres castos; es naturalmente hermosa, joven y alegre. Tlazoltéotl en cambio era diosa de la pasión y de la lujuria, la barredora de la transgresión sexual, del adulterio.

 La mayor parte de la información que ha llegado hasta nosotros sobre los dioses que adoraban los mexicas, pueblo politeísta como todos los mesoamericanos, nos viene de las crónicas de los evangelizadores que llegaron al Nuevo Mundo después de la Conquista. De entre ellos, los que más abundaron sobre las divinidades –sus mitos y ritos– fueron fray Bernardino de Sahagún y fray Diego Durán. Es a partir de sus investigaciones y las de otros cronistas, obtenidas de sus informantes indígenas, que nos es posible conocer a dos de sus divinidades femeninas relacionadas con el amor y la sexualidad: Xochiquétzal y Tlazoltéotl.

 Xochiquétzal

 A Xochiquétzal se le conoce como diosa del amor y a Tlazoltéotl, como diosa de la sexualidad. Sin embargo, ambas son diosas de la sexualidad desde dos distintos puntos de vista y ninguna parece ser diosa del amor, estrictamente hablando, ya sea porque sobre este sentimiento no profundizaron los cronistas españoles o porque el amor es culturalmente muy reciente. Mediante sus historias y algunos datos que nos proporciona Sahagún se podrá llegar a un acercamiento sobre la sexualidad entre los mexicas y cómo la vivían.

A diferencia de Tlazoltéotl, de Xochiquétzal se cuentan muchos mitos. Se dice que su belleza era inigualable, que era “preciosa como una flor”. Representa los encuentros juveniles, espontáneos, pero sobre todo libres, los cuales no eran sancionados entre los varones.

Xochiquétzal, “flor preciosa”, nació de los cabellos de la diosa madre. En los mitos de creación se menciona que fue mujer de Piltzintecutli, hijo de la primera pareja de hombres: Cipactónal y Oxomoco. Con Piltzintecutli tuvo un hijo, Cintéotl, dios del maíz, y en otros mitos se cuenta que también engendraron a Nanahuatzin, quien se sacrificaría en el fogón divino para convertirse en el Quinto Sol, y a Xochipilli, dios de las flores y también conocido como dios del amor.

Tuvo varios consortes y amantes. Primero habitaba en Tamoanchan, “cerro de la serpiente”, uno de los paraísos situado en el primer cielo, el Tlalocan, el cual se localizaba en la cumbre del Cerro de la Malinche. Esta morada era una región llena de deleites y pasatiempos agradables en donde había fuentes, ríos, florestas y lugares de recreación. En este sitio había un árbol florido, y el que alcanzaba a coger una de sus flores o era tocado por alguna de ellas sería dichoso y fiel enamorado. Xochiquétzal era atendida por otras diosas y estaba acompañada y guardada por mucha gente, de tal manera que ningún hombre la podía ver. Los que la cuidaban eran enanos, jorobados, payasos y bufones, que la divertían con música y bailes, y que también desempeñaban el oficio de embajadores cuando mandaba mensajes a los dioses que ella cuidaba.

Tomado de Trejo, Silvia, “Xochiquétzal y Tlazoltéotl. Diosas mexicas del amor y la sexualidad”, Arqueología Mexicana núm. 87, pp. 18-25.


Tlatilco


Tlatilco fue una civilización del valle de México, una de las primeras en asentarse en el Anáhuac, en las orillas del lago de Texcoco, al Noroeste de la Ciudad de México. Su ubicación histórica se encuentra entre 1500 aC. y 500 aC.

Por los restos encontrados, se sabe que los habitantes de Tlatilco conocían y dominaban la alfarería (de fuerte influencia olmeca) y la cerámica. Además, practicaban la deformación craneana y la mutilización dentaria.


Estatuilla cerámica de Tlatilco

Estatuillas eróticas de Tlatilco

Estatuilla erótica de Tlatilco


Xipe-Totec (el Desollado), dios de la fertilidad, con su órgano sexual muy destacado. Museo de América. Madrid

Mujer desnuda. Estela huasteca

Diosa desnuda. Michoacán, México, 300-100 aC.

Figuras de mujeres desnudas de barro. Museo Nacional de Arqueología de México- Cultura huasteca,

Referencias


Códice Madrid estuvo dividido en dos partes desde muy temprano en su historia europea, y por lo tanto viajó a través de caminos diferentes en Europa hasta 1880, cuando el francés Léon de Rosny dedujo que las dos partes eran un solo códice, ahora comunmente llamado el "Madrid", o el "Tro-Cortesianus". Las dos partes han sido llamadas el “Troano” (nombrado por el primer dueño, Don Juan Tro y Ortolano, un profesor de paleografía española) y el “Cortesanius”. El Troano comprende páginas 22-56, 78-112 y el Cortesianus páginas 1-21, 57-77 del Madrid. Como las páginas 77 y 78 estuvieron siempre al revés dentro del códice por alguna razón, se pensaría que la página 78 estaría antes que la 77. Ambas partes se unieron en 1888, y el Códice Madrid está ahora en el Museo de América, en Madrid, España.

Catálogos y otras informaciones recogidas por mí en el Museo del templo Mayor. Las fotografías son realizadas por mí.

Trejo, Silvia, “Xochiquétzal y Tlazoltéotl. Diosas mexicas del amor y la sexualidad”, Arqueología Mexicana núm. 87, pp. 18-25.