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Erotismo en el arte romano antiguo

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez

 

 

Arte, erotismo y representaciones en la Roma antigua


El arte erótico romano no solo se inspiró en las relaciones legitimas e ilegitimas de los romanos, también en las perversiones de los emperadores, en algunas festividades religiosas y en la vida cotidiana.

La sociedad romana estaba regida por unas normas de conducta y ética determinadas, era muy promiscua y liberal, sobre todo durante el período del fin de la República y el Alto Imperio, donde las relaciones sexuales fuera de la pareja eran consideradas totalmente normales y donde, para los ciudadanos libres, existía una gran libertad sexual.

Sin embargo, un ciudadano romano podía mantener relaciones sexuales fácilmente y paralelamente con su mujer en casa, con un hombre en las termas, con una prostituta en un burdel, o obviamente también con uno o varios esclavos, y sólo ser criticado si no era capaz de mantener cada cosa en su sitio.

La homosexualidad tampoco era mal vista en la antigua Roma, y consentida por los hombres que asumieran una actitud activa en las relaciones sexuales. Estas relaciones mantenían unas reglas muy precisas, en la que siempre existía un amo y un sometido, siendo estos últimos casi siempre jóvenes de clase social inferior o esclavos.

Las prostitutas eran educadas para la conversación y el placer, debían llevar vestimentas diferentes, teñirse el cabello o llevar pelucas amarillas y eran inscritas en un registro. En I d.C. el registro contaba con 32.000 prostitutas inscritas. Los Lupanares eran las casas de citas de la época. Sus paredes exteriores eran decoradas con murales alusivos al sexo para ser visiblemente identificados. Además, durante la noche, eran identificados con un gran falo iluminado.

Uno de los rituales de la antigua Roma con más carga sexual y cuya finalidad era la exaltación de la fertilidad, era la festividad de los Lupercales, que cada 15 de Febrero se realizaban en torno al monte Palatino. Su nombre deriva de lupus (lobo), en referencia al Fauno Luperco, romanización del griego Pan, dios de los bosques, la agricultura y el pastoreo. Luperco era el dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina desenfrenada, dotado de una gran potencia y apetito sexual.


Escultura de mujer. Museo de Agen

Señales en las calles pompeyanas que dirigían al lupanar

Vaso romano-corintio IV ac

Mosaico. Mérida


Pene en una portada en Pompeya, con la inscripción "Hic habitat felicita", (aquí está la felicidad)

Amuleto s I aC.

El culto al falo


El culto al falo, tiene una antigua y considerable tradición en casi todas las culturas antiguas de cualquier punto del globo, ya que la supervivencia del grupo estaba muy ligada tanto a la fertilidad de la mujer como a la fertilidad de la propia naturaleza, por lo que el culto al falo era un medio de garantizar esta fertilidad.

El falo en la cultura latina fue venerado, además, como la personificación del dios Fascinus: las matronas lo adornaban con coronas de flores y su culto fue confiado a las Vestales romanas, que tenían como misión alejar el fascinum o mal de ojo, producir la germinación de las plantas secas y favorecer el alumbramiento de hembras estériles. Para ello, realizaban una procesión por el campo entre cánticos lujuriosos, que nos remite a su primigenia función agrícola; para después ser depositado en el templo situado en una de las colinas más antigua de Roma, la Velia.

El falo era símbolo de la fertilidad

En la mitología greco-latina existen numerosas divinidades representadas con el pene erecto. Dionisio (Baco), y su hijo Príapo (Fascinus), así como también Hermes (Mercurio) y su hijo Pan. Cada una de estas divinidades tuvo mayor o menor influencia según épocas y lugares. En la cultura romana destacan las imágenes de Príapo con su falo descomunal, que se situaban en la entrada de jardines y huertos, para ahuyentar a ladrones y alimañas.

En muchas bodas romanas, durante los ritos prematrimoniales, a la novia romana se le sentaba a horcajadas sobre la imagen de un falo, que representaba a Mutinus Tutinus, deidad fálica del matrimonio, como preparación para el coito y para prevenir la esterilidad.

Servía como protección contra el mal de ojo

El mal de ojo (fascinación)  era una creencia muy extendida en la sociedad romana, era la influencia perniciosa, que una persona puede ejercer sobre todo lo que le rodea, sin recurrir a ninguna ceremonia ni fórmula mágica, a veces sin proponérselo o en contra, incluso, de su voluntad.  Los romanos eran muy supersticiosos y temían al mal de ojo casi tanto como a la muerte. Así que buscaron en la magia, en la brujería y en la superstición las causas y soluciones a todo aquello que la medicina tradicional no podía curar. Por lo que existía todo un repertorio de amuletos, hechizos y talismanes contra el mal de ojo,  donde destacaba, especialmente, el uso de los símbolos fálicos.

Amuletos fálicos (Fascinum), de uso muy extendido para niños, hasta la toma de la toga viril a los 17 años y para mujeres, especialmente entre las embarazadas. Estos amuletos eran de diferentes formas, tamaños y materiales, aunque normalmente eran pequeños y se colgaban al cuello mediante una argolla, suspendidos mediante una pequeña cadena o tira de cuero.

 El "amuleto del puño y el falo" era frecuente entre los soldados. Eran colgantes fálicos con la representación de un puño cerrado en la parte inferior del eje, en dirección opuesta al glande. Varios ejemplos muestran el puño haciendo el manus fica o "figa", símbolo de buena suerte. Gracias a las excavaciones de Pompeya y Herculano, hemos podido comprobar como el uso de representaciones fálicas también estaba muy extendido en negocios particulares, casas privadas, muros, calles, lugares públicos.

También podemos destacar el uso símbolos fálicos sobre elementos arquitectónicos de gran calibre como murallas, puentes, acueductos, etc. y siempre en lugares bien visibles, lo que indica la intencionalidad de no esconderlos, sino que se labraron para que fueran bien vistos.


Falo tallado en una piedra de sillería de la muralla de Mérida

Fauno autosodomizándose. Detalle del sepulcro de la Bacanal. II dC.

Sarcófago. Bacanal

Bacanal, reproducción

Las fiestas romanas


Las bacanales. Ritos báquicos

Por Tito Livio o Plauto sabemos que los ritos báquicos eran siempre un ejemplo de desorden y de juerga. En ellos actuaban bacantes, sacerdotes, maestros, ministros, magistrados y promagistrados.  Tras pasar una etapa de castidad y abstinencia, los iniciados en los cultos báquicos se integraban en sus orgías, en las que se bebía y se danzaba en un ambiente frenético, con gritos y posesiones rituales. Se nos describe como las mujeres casadas poseídas por el dios Baco corrían frenéticamente disfrazadas de Ménades. 

Para las mujeres, que vivían tradicionalmente bajo el mando de sus maridos, fueron una válvula de escape del tradicional poder de los hombres, una oportunidad para reunirse, lejos de las miradas de sus maridos y padres, rompiendo con algunas de las prohibiciones a las que estaban sujetas por su condición de mujer, como beber vino, exponer con libertad un lenguaje obsceno y quizá también disponer libremente de su cuerpo y de su sexualidad.

Las lupercales

Uno de los rituales de la antigua Roma con más carga sexual y cuya finalidad era la exaltación de la fertilidad, era la festividad de los Lupercales, que cada 15 de Febrero se realizaban en torno al monte Palatino.

Su nombre deriva de lupus (lobo), en referencia al Fauno Luperco, romanización del griego Pan, dios de los bosques, la agricultura y el pastoreo. Luperco era el dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina desenfrenada, dotado de una gran potencia y apetito sexual.

La Lupercalia es una fiesta de purificación colectiva, donde se usa la flagelación como símbolo para transmitir las energía fecundadora y la virilidad del macho cabrío, personificado en los jóvenes Lupercos, como portadores de una vitalidad relacionada con la naturaleza salvaje.

Las Floralias: La fiesta de las prostitutas

En la época imperial la principal atracción de las Floralia fueron las prostitutas, que según cuentan diversos autores, desfilaban en procesión y participaban de forma activa en los celebraciones. En época romana, ninguna mujer decente aceptaría aparecer desnuda en público, por lo que las prostitutas serían las únicas mujeres que aseguraban continuar con esta tradición.

Durante los ludi florales no sólo se celebraba el florecimiento de las plantas, sino también fue una fiesta relacionada con el deseo sexual, por lo que las meretrices romanas identificaron estas fiestas con su profesión. A última hora de la tarde, los ciudadanos acudían a las inmediaciones del Templo, cerca del Circo Máximo, donde asistían al desfile de las cortesanas, donde se desnudaban y realizaban toda clase de gestos obscenos. Estos desfiles eran enormemente populares, y acudían gentes pertenecientes a todas las clases sociales, en un ambiente de cierto libertinaje y chanza cómica.


La expansión de las figuras eróticas en el Imperio Romano


Esculturas romanas encontradas en Grecia, esculturas griegas en Roma, la influencia griega en el arte etrusco, el comercio tenía mucha importancia en aquellos tiempos y uno de los comercios tenía que ver con los objetos y arte erótico. El negocio del arte griego quedó finalmente en manos romanas, que pasearon las obras eróticas por todo el imperio, para venderlo o simplemente para enseñarlo.

Ánforas, objetos de adorno, amuletos, esculturas, bajorrelieves, llegaron a todo el Imperio Romano y se contagiaron a los artistas locales qye reprodujeron las obras.


Lucerna procedente de Chipre. Cunnilingus y fellacio

Ágata del siglo I aC.

Fragmento de camafeo

Pareja en el lecho. Venus péndula

Lucerna con postura "more ferarum"

Vaso monocromo hallado en Arezzo. Museo arqueológico de Barcelona. Foto de Enrique Martínez-Salanova

Reverso de espejo de bronce. Roma, 69-96 dC.

Molde encontrado en Nimes, Francia, 98-118 dC.

Copa Warren. Museo Británico, 15-30 dC.

Balsamario de vidrio, de camafeo, precedente de Estepa, España

Herculano, siglo I, mujer y asno

 


Pompeya y Herculano


Cuando las excavaciones a gran escala de Pompeya se emprendieron en los años 1860, gran parte del arte erótico de los romanos salió a la luz, conmocionando a los victorianos, que se veían a sí mismo como herederos intelectuales del Imperio romano. No supieron qué hacer con las representaciones sexualmente explícitas y procuraron esconderlas de todos los que no formasen parte de la elevada clase de investigadores clásicos. Los objetos transportables fueron encerrados en el Gabinete Secreto del Museo Arqueológico de Nápoles, y los que no podían moverse fueron cubiertos o acordonados para que no corrompieran la sensibilidad de los visitantes, sobre todo de mujeres, niños. Las primeras leyes inglesas (y mundiales) criminalizando la pornografía fueron promulgadas con la aprobación de la Obscene Publications Act de 1857. A pesar de su ocasional represión, las representaciones de temas eróticos han sido comunes durante miles de años.

Dentro de los restos descubiertos en las excavaciones de estas ciudades, se han hallado numerosas piezas de arte denominado "erótico", las cuales forman una colección de más de 300 piezas, pertenecientes al Museo Arqueológico de Nápoles (Italia). En su mayoría corresponden al período romano y las restantes al griego y etrusco junto con representaciones traídas de otros sitios. Son numerosas las representaciones de escenas de sexo explícito en la que participan desde hombres y mujeres hasta seres mitológicos y animales. Los "juegos" eróticos de Júpiter y Zeus, y de hermafroditas, ninfas y sátiros son reflejados en pinturas y relieves, mientras el falo -un amuleto protector, según la idea de los romanos- aparece como elemento decorativo en lámparas, vasos y adornos de jardín.

Son célebres las pinturas eróticas de las Termas Suburbanas de Pompeya. Los frescos del vestuario (apodyterion), decorado con estuco y concebido para hombres y mujeres, es todo un «catálogo erótico» de la época. Representan las prácticas sexuales de los romanos del año 79 en que Pompeya fue sepultada por las cenizas del Vesubio. Las escenas de las pinturas fueron sacadas a la luz entre 1985 y 1987 por la arqueóloga Luciana Jacobelli.


Dos hombre y una mujer en los vestidores de las Termas de Pompeya. 79 aC.

 

Fresco en Pompeya, en la casa Centenario

Villa del Vetti, Pompeya, amantes en la cama

Pompeya, fresco en las Termas

 


Fresco de Pompeya.

Fresco de Pompeya

Fresco de Pompeya

Fresco en un lupanar de Pompeya

Fresco en la casa de los Vetti

Relieve de vaso pompeyano


Fresco de Príapo en casa de los Vetti, en Pompeya

 Príapo en Pompeya y Herculano


Príapo era una antigua divinidad grecoromana que se representaba como un pequeño hombre barbudo, normalmente un viejo, con un pene desproporcionadamente grande. Su mayor presencia estaba en el mundo rural, puesto que era el símbolo del instinto sexual, de la fecundidad masculina, y el protector de las huertas y jardines. En este sentido, la población rústica empleaba este deidad y sus representaciones como fórmula mágica para neutralizar el mal de ojo contra la envidia de las personas y para potenciar la sexualidad.

En general, tanto en Grecia como Roma antiguas, los falos grandes eran motivo de burla entre las clases altas y los artistas del periodo. «Ciegos humanos, semejantes a la hoja ligera, impotentes criaturas hechas de barro deleznable, míseros mortales que, privados de alas, pasáis vuestras vida fugaz como vanas, sombras o ensueños misteriosos», se burla de los cuerpos desproporcionados Aristófanes, autor de obras de teatro, en una de sus obras. No obstante, en otros grupos sociales, sobre todo en las regiones rurales, se destilaba la adoración a un dios grotesco de un enorme falo: Príapo, el dios que fue maldecido por los pecados de su madre.

Según la mitología griega, Príapo era hijo de Dionisio, dios del vino y el éxtasis, y de Afrodita, diosa de la belleza, el amor y el deseo. Esto es, el resultado de los dioses más desinhibidos del panteón clásico. No en vano, otras leyendas le achacan su paternidad a Hermes, Pan, Zeus e incluso Adonis. En esta versión, la diosa quedó embarazada de su antiguo amor durante uno de sus viajes a la India, sin que Dionisio lo supiera nunca. Como castigo por engañar al ingenuo de Dionisio, Hera –hermana y esposa del dios Zeus– castigó su falta de compromiso maldiciendo al fruto de su relación extramatrimonial.

A causa de los celos de Hera, Príapo fue condenado a tener su falo siempre en erección y, lo que es más grave para el dios del instinto sexual, a no poder reproducirse (otras versiones dicen que su maldición era a no ser amado por ninguna mujer). Hoy, de hecho, se denomina priapismo a la dolorosa enfermedad que provoca la permanente erección del pene sin apetito venéreo.


Lupanar de Pompeya. Príamo bifalico

Príapo-Mercurio en el Museo nacional de Nápoles, Gabinete Secreto

 

Priapo casa de los Vetti

 

Timgad, siglo I aC.

 

Hércules orinando, S. I aC.

encontrada en Herculano


Escena de flíaco. Crátera de campana apulia de figuras rojas, segundo cuarto del siglo IV a. C.

Nacimiento de Helena de Troya. Crátera Apulia, c. 375-350 a.C.

La farsa flíaca. Comedia griega en el sur de Italia


Llamada también farsa fliácica, farsa fliax o farsa phlyax, también conocida como hilarotragedia, fue una comedia dramática burlesca que se desarrolló en las colonias dóricas de la Magna Grecia, sobre todo en el sur de Italia, en el período helenístico, entre los siglos IV y III a. C.

Su nombre puede derivar del griego antiguo phlyakes, o «chismosos», del verbo «charlar», en dialecto dórico, que indicaba los actores o mimos que protagonizaban estas representaciones o del verbo phlein, «hincharse», por las prendas abultadas que vestían mediante relleno. Además, solían levar también máscaras grotescas, medias y túnica corta que les daban un aspecto ridículo u obsceno. Probablemente recitaban sobre el escenario y no en la orchestra.

Era un tipo de teatro muy especial, tal vez originado en el mismo sur de Italia, aunque gracias a las influencias de Grecia. De los títulos que han sobrevivido, parece que son una suerte de farsa burlesca mitológica donde se satirizan y mezclan los personajes del panteón griego como Zeus, Dioniso o Heracles con personajes y situaciones cotidianas de la Nueva Comedia ática. Influyó en el nacimiento del teatro latino.

Aunque presenta la misma afinidad del traje cómico que la comedia, la farsa dórica megarense, del sur de Italia, que más tarde, con Rintón de Siracusa (sobre el 300 a.C.) adquirió formas más o menos literarias como Hilarotragodia, fue en mayor medida que la comedia política de los áticos, una representación de figuras típicas con Heracles como personaje predilecto. Autores como Epicarmo, Aristóxeno de Selinunte, Dinóloco de Siracusa o Acragas, forman parte de la estipe de poetas de la Magna Grecia de los que, por desgracia, apenas nos han llegado nada de sus obras o solo fragmentos de los títulos a ellos adjudicados. “La cerámica suritálica está llena de reminiscencias y de citas teatrales, que trascienden el marco del escenario”

Este tipo de farsa, en el sur de Italia, vemos como mitos, ritos y política, están absolutamente entrelazados y unidos en la Comedia griega que, sin duda alguna, formaba uno de los núcleos educacionales de sus gentes, rehace el mito de la cultura antigua con cierta visión que entenderíamos por barroca de reírse de lo antiguo utilizando su propia tradición y el sexo explícito ligado a la fuerza apotropaica de lo obsceno.

Sprintia, moneda de pago en los prostíbulos romanos


Una spintria (spintriæ en plural) es una ficha romana, normalmente representando actos o símbolos sexuales, Suelen estar acuñadas en latón o bronce, y rondar los 20 mm de diámetro.

Las spintriae pudieron haber sido usadas para pagar prostitutas, que a veces hablaban un idioma diferente. Aunque esto es objeto de debate, los números que incluyen coinciden con los precios conocidos para las prostitutas romanas. Hay quien teoriza que eran fichas para jugar, y pudieron haber sido producidos solo durante un periodo corto, probablemente en el siglo I.

Tal vez fueran una tasa o precio público regulando durante un tiempo el ejercicio de la prostitución. La teoría más extendida sobre la creación de la sprinta fue para el uso en burdeles y prostíbulos. Dichas monedas eran usadas para romper las barreras idiomáticas. El idioma oficial del imperio romano era el latín, pero gran parte de las prostitutas provenían de otros países, así como los extranjeros que visitaban diferentes ciudades tampoco lo conocían. Se evitaba así el uso de monedas corrientes donde apareciera la efigie del emperador, evitando mancillar la figura ilustre de este personaje.

Hay otras hipótesis para explicar su uso, que fueran fichas donde el/la cliente  elegía el servicio que le iban a prestar, con lo cual pagaba anticipadamente, y que servían para comunicar esto entre clientes de paso y esclavos que podrían ser de variadas lenguas. Posiblemente son del periodo de Tiberio, aunque no se da con precisión el lugar en el se encontraron, aunque parece ser que ninguna se encontró en burdeles, a no ser que algunas de las casas de Pompeya o Herculano en las que se encontraron, lo fueran.

Otra posible teoría también atribuida al emperador Tiberio, fue que creó dichas monedas con el objetivo del  pago a los soldados que formaban las legiones, para evitar el  pago con la moneda imperial  y premiarles de este modo los servicios prestados al imperio. En este contexto aparecen los burdeles móviles, acompañando a las legiones en sus recorridos. Suetonio relata la historia de un ecuestre noble condenado a muerte por haber pagado los servicios de un burdel con una moneda en la que aparecía el rostro del emperador acuñado en ella.

En el anverso aparecen representados gran cantidad de actos sexuales, siendo tan explicitas que no dejaban lugar a la imaginación. Mientras que en  el reverso aparece representada  una numeración la cuál indiciaba el precio del tal servicio, que variaba desde I hasta XVI ases, el cuál era  el  máximo valor. Se ha especulado también que la numeración del reverso pudiera indicar el número de las habitaciones del prostíbulo donde se realizaba dicho servicio. De todos los servicios, la felación era uno de los servicios más caros, debido a que esta práctica se consideraba como una de las más indignas.

Brithis museum

 

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