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El derecho a la educación como lo ha tratado el cine.

Representaciones cinematográficas sobre el Derecho a una educación obligatoria, sin exclusiones, digna y solidaria

He corregido y aumentado lo publicado en el libro «El cine y los derechos de la infancia» de Varios. María José Bermuz Beneitez (coordinadora). Valencia. Tirant lo Blanch.

© Enrique Martínez-Salanova Sánchez


El puntero de don Honorato/Bibliografía

 

El cine, que desde su nacimiento lo ha filmado casi todo, documento o ficción, muestra con frecuencia dramas humanos e invita a la reflexión y al conocimiento. En infinidad de ocasiones se ha introducido en el mundo de la educación, ha sugerido ideas y denunciado carencias, sobre todo aquellas que tienen que ver con los derechos fundamentales de las personas. En este artículo se presenta una panoplia significativa y variada de filmes de diferentes países y culturas que reflejan problemas y situaciones que tienen que ver con el derecho a educarse, a la escolarización, a la alfabetización, a la calidad de la enseñanza o a la necesidad de que no se excluya del sistema educativo a nadie ni para nada. Generalmente son los países más pobres los que tratan como prioritario el tema del derecho a la enseñanza primaria, a la alfabetización y a la escolarización de la mujer. En el cine occidental, sin embargo, se hace más fuerza en el tratamiento a una enseñanza de calidad, orientada hacia el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad, que favorece la creación de una sociedad libre, la comprensión y la tolerancia entre grupos étnicos o religiosos.

 

Profesora: Todas las alumnas deberían llevar uniforme negro y pañuelo blanco. Noqreh, ¿Por qué llevas un vestido de color?

Noqreh: Señorita, si llevara uniforme mi padre no me dejaría venir.

Profesora: ¿Por qué?

Noqreh: Piensa que las chicas no deberían estudiar.

(De la película A las cinco de la tarde, Panj é asr, realizada en 2003 por la directora iraní Samira Makhmalbaf)


Daniel Lefevre, el director de la escuela irrumpe en el Ayuntamiento para hablar con el Alcalde y explicarle los graves problemas de atención social en el barrio:

Alcalde: Que los padres sean responsables

Daniel Lefevre: ¿Y qué hacemos con los niños?

(De la película Hoy empieza todo, Ca commence aujourd'hui, realizada en Francia en 1999 por Bertrand Tavernier)


«Si hoy no es culpable, lo habría sido mañana. Esa gente no tiene remedio» (Rachin, el director del internado de la película Los chicos del coro, Les Choristes, realizada en 2004 por Christophe Barratier, al reconocer su error tras castigar a un inocente)

 

El cine ha sido siempre eminentemente temático, ha diversificado sus contenidos hasta el límite, ha tratado todos los temas y se ha filmado casi todo. Es difícil encontrar aspectos generales, o cotidianos, o legales, o científicos, o filosóficos, que el cine no haya enfocado de alguna forma. A partir del cine debe buscarse la realidad que existe tras la ficción o la ficción que se da tras la realidad. El interés que entraña el cine, su magia y su belleza, la versatilidad de sus técnicas y la infinita gama de contenidos es, en muchas ocasiones, la clave de la investigación sobre otras épocas, historias, relatos o documentos, o sobre el mismo cine, su lenguaje y su tecnología. Desde sus comienzos, el cine ha introducido entre sus contenidos la profunda temática del Derecho, en ocasiones en películas de ficción, argumentales, en otras como documental de una situación o época determinada. En la actualidad es muy común lo que se ha dado en llamar docu-ficción, una mezcla en lo que lo real predomina con el sustento de un argumento ficticio, filmado en lugares reales y, en ocasiones, con actores no profesionales, que expone a la luz pública algunos de los graves problemas que aquejan a la Humanidad a partir de la carencia de los Derechos fundamentales. El derecho a la educación, en todas sus formas, no podía ser menos.

El cine es, además, lenguaje, lenguaje vivo, que avanza en la misma medida que la sociedad, con la que es interactivo y la enriquece, de la que sus cambios sociales y tecnológicos le aportan argumentos y técnicas, y que el cine devuelve con otros argumentos imaginativos, críticos, que hacen posibles nuevas reflexiones e ideas. El cine, por ello, se hace imprescindible en el debate social que se crea en torno a la educación y sus derechos y se convierte en inexcusable vehículo para mostrar los principales problemas y situaciones concretas que se dan en todo el mundo, pues no solamente cuenta dramas humanos cercanos sino que trae a nuestros cines y nuestros domicilios, a través del DVD o la televisión lo que ocurre a los niños en los lugares más alejados del planeta.

El derecho de que la educación primaria debe ser gratuita para todos está contenido principalmente en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, ratificado por una mayoría de los países del mundo, que en su artículo 13 reconoce el derecho de toda persona a la educación, y no solamente hace referencia al derecho  a la escolarización, a la obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza primaria, sino que expresamente afirma que debe orientarse hacia el pleno desarrollo de la personalidad humana y del sentido de su dignidad, debe fortalecer el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales, capacitar a todas las personas para participar efectivamente en una sociedad libre, favorecer la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales, étnicos o religiosos, y promover las actividades de las Naciones Unidas en pro del mantenimiento de la paz. Para la enseñanza secundaria y la superior, en sus diferentes formas, incluso la enseñanza secundaria técnica y profesional, debe ser generalizada y hacerse accesible a todos, e implantar progresivamente la gratuidad. Pero además se aboga por un sistema adecuado de becas, la mejora de las condiciones materiales del cuerpo docente y el respeto a la libertad de los padres para que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

El cine puede acercarnos a imaginar, conocer y reflexionar sobre todo ello. «Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible». (Galeano. 1998).

En este artículo presento, propongo y analizo con brevedad diversas películas de interés y calidad que de una u otra forma tratan el tema del Derecho a la Educación en sus múltiples facetas.

 

El derecho a la escolarización. Padre Padrone. Italia


Padre Padrone es una película italiana filmada en 1977 por los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, que se basa en el relato autobiográfico, real, de Gavino Ledda, un joven pastor que se liberó de la tiranía de su padre, desde que lo arrancó violentamente de la escuela, comenzó tras hacer el servicio militar sus estudios y actualmente es uno de los más renombrados lingüistas italianos. Presenta al hijo como objeto, posesión del padre y la relación padre-maestro/hijo-esclavo. «Tu no eres el patrón de nadie», le dice rabioso Gavino al padre. Hay en la película una terrible secuencia en que se muestra al padre que entra furioso en el aula de su hijo y se lo lleva a la fuerza a la montaña para convertirlo en pastor. En los primeros momentos del film, Gavino Ledda (el real, que actúa en el film como presentador de la historia), avanza hacia el decorado donde el actor que interpreta al padre (Omero Antonutti) está a punto de hacer su entrada y, dándole una rama pelada, le dice: «Toma, mi padre también tenía esto». El actor que interpreta al padre de Gavino atraviesa la puerta del decorado que conduce al aula de clase (en ese momento la realidad se convierte en film) y exige a la maestra que le dé a su hijo porque tiene que cuidar a las ovejas. Entra en el aula como un padre brutal que aterroriza a los otros niños de la clase y al profesor. Gavino, de miedo, se orina en el suelo y los demás niños se ríen. El padre, vuelve y les dice a los otros niños: «Hoy le ha tocado a Gavino, mañana os tocará a vosotros».

Con 18 años Gavino dejó a su familia y el campo y se enroló en el ejército. Allí estudió y se licenció como sargento experto en electrónica. En 1961 consiguió terminar la enseñanza media, y entró en la universidad de Roma. Hoy día es uno de las grandes lingüistas italianos, autor de numerosos textos. La grandeza de esta película pasa porque el personaje del padre, padre déspota (Ledda, 1977), está absolutamente consciente de que no es lo óptimo privar a su hijo de la educación para enviarlo a cuidar ovejas «quieren que entreguemos a nuestros hijos a la escuela obligatoria cuando la pobreza es la obligatoria».

La película narra una situación dura y real, pero deja una puerta a la reflexión. Los hechos, a la hora de verlos, son universales, se dan en todos los lugares, con mayor o menor fuerza. El conflicto entre Gavino y su padre es el pretexto para entrar en otros elementos: el silencio, la falta de educación, la dependencia, no son temas que se circunscriban a un personaje, y ni siquiera a un lugar determinado del mundo, esa Cerdeña donde transcurre la acción de esta película. Da lugar a que se piense, como estimula a hacer la Comisión Europea, sobre el derecho a la educación, la importancia de la escuela y del conocimiento, la igualdad de oportunidades, la necesidad de la formación de cara a la socialización y a la búsqueda de un trabajo, el maltrato de padres a hijos, la dependencia de muchos niños de padres y maestros y la posibilidad de salvar las barreras mediante segundas oportunidades (Delors, 1998).

 

El derecho a la alfabetización. La pizarra. Irán.


La Pizarra (Takhté siah/Blackboards), es una película iraní realizada en 2000, premio del Jurado en el Festival de Cine de Cannes 2000, que se desarrolla en el Kurdistan iraní, cerca de la frontera con Irak. Para la directora de la película Samira Makhmalbaf, «las pizarras son lo único que tras la guerra, un objeto concreto, casi un símbolo gráfico de lo que se consiguió salvar, sinónimos de ese nuevo comienzo en una región vapuleada por la guerra y la revolución, un nuevo comienzo que ha de pasar infaliblemente por la pizarra de una escuela». En esta película, se observa una situación desde dos puntos de vista diferentes. Por un lado, la alfabetización, por la que los profesores caminan por las montañas enseñando a quien quiera aprender y por otra la vida de los maestros que se buscan la vida, que utilizan las pizarras, tanto para escribir en ellas como para resguardarse de la lluvia de balas.

La película se convierte en la metáfora de una situación límite en un país asolado, sin escuelas, en la que una de las pocas esperanzas es que las cosas cambien por medio de la educación, mientras la impiden la guerra y la violencia, en un entramado en el que se mueven multitud de personas, entre ellas infinidad de niños, cultural y económicamente desheredadas, víctimas de la ignominia representada por dictadores que exterminan cualquier vestigio de humanidad y manipulan conciencias y creencias.

Los profesores buscan a los alumnos, ocultos de la guerra entre las agrestes montañas, con la pizarra a la espalda. A la pregunta a gritos de un profesor: « ¿quién quiere aprender?», contesta el silencio, pues los niños están buscando comida en otro lugar, ya que antes que la alfabetización están el hambre y la soledad. Cuando el profesor se encuentra a unos niños que hacen contrabando, cargando a sus espaldas como mulas el sustento de sus familias, les repite el abecedario para que algo aprendan.

La Declaración Universal de Derechos Humanos desarrolla en el artículo 26, de forma inapelable, que toda persona tiene derecho a la educación. Todo niño o niña que nace en cualquier lugar del mundo tiene derecho a recibir una educación que le permita vivir con dignidad. Existen miles de zonas del Planeta donde este derecho no llega nunca a ejercerse, en donde no existen escuelas o cuando existen carecen de los medios más precarios. Hay niños que deben desplazarse muchos kilómetros para asistir a la escuela y los sueldos y las condiciones de vida de los maestros son todavía miserables. En esta película los maestros suplen con heroicidad (siempre bajo la amenaza de las balas), estas carencias, aunque ellos sean los primeros necesitados.

El Informe de Seguimiento de la Educación para todos en el Mundo (UNESCO, 2000) evalúa cada año los progresos realizados hacia la consecución de los seis objetivos que se fijaron los 164 países participantes en el «Foro Mundial sobre la Educación», celebrado el año 2000 en Dakar. En el Objetivo 4 del Marco de Acción de Dakar se hace un llamamiento a los países para «aumentar de aquí al año 2015 los niveles de alfabetización de los adultos en un 50%, en particular tratándose de mujeres, y facilitar a todos los adultos un acceso equitativo a la educación básica y la educación permanente». Junto al derecho universal a la educación ha de situarse la gratuidad y la obligatoriedad. El artículo 26.1 expone que la educación debe ser gratuita y obligatoria, al menos en la instrucción elemental y que los adolescentes tengan acceso a estudios superiores en función de su capacidad y de sus méritos en lugar de, como sigue sucediendo, en función de pertenecer a una minoría privilegiada, a la etnia dominante o al sexo masculino. Una curiosidad de esta película es que las niñas no aparecen por parte alguna.

 

El derecho a una educación digna y de calidad: Los diarios de la calle. EE.UU.


Diarios de la calle (Los escritores de la libertad/Freedom writers) es una película dirigida por Richard LaGravenese en 2007. Está inspirada en una historia real, la de una profesora de instituto, Erin Gruwell y en los diarios de un grupo de adolescentes «Los escritores de la libertad», de Long Beach, California, Estados Unidos, tras los disturbios de 1992 por conflictos interraciales. Presenta la fuerza creativa y didáctica de una mujer, que deja sus prejuicios y técnicas tradicionales para ejercer con métodos creativos su tarea con un grupo de adolescentes marginales.

En la película se ve cómo, a sus 23 años, todavía con aspecto de estudiante, la idealista Erin Gruwell (Hilary Swank) hija de un activista de los Derechos Humanos que de pequeña quiso ser abogada para defender a los pobres y excluidos, parece dispuesta a comerse el mundo el día que entra en el instituto Wilson para estrenarse como profesora. Pero su clase es un grupo multiétnico de adolescentes de los más variados orígenes. Lo único que tienen en común es el odio que se profesan entre sí y la intuición de que el sistema educativo se está limitando a almacenarlos en cualquier lugar antes de que tengan edad para morir en las calles de una cuchillada. Erin se empeña día tras día en ganarse a sus estudiantes pese a su obstinado rechazo a toda forma de participación en las clases.

Sin embargo, la actitud optimista de la maestra es una bofetada para los endurecidos alumnos, quizá peor que el cinismo o la indiferencia de los otros profesores. Un día la profesora intercepta un dibujo donde se insulta a un joven negro mediante la exageración de rasgos físicos. En un momento de inspiración, compara el dibujo con las caricaturas que los nazis hacían de los judíos y les menciona el Holocausto. Para su sorpresa, la gran mayoría de sus alumnos desconoce la historia de la «solución final» nazi. A partir de ese momento, la maestra modifica el plan de estudio, y cambia «La Odisea» por «El Diario de Anna Frank».

Cuando los directivos de la escuela se niegan a pagar los nuevos libros y otras actividades que Gruwell planea, la profesora toma dos empleos adicionales para financiar su proyecto, lucha contra superiores y parientes, para quienes su nivel de compromiso resulta exagerado e inapropiado. Los jóvenes, en cambio, reaccionan positivamente al desprendimiento de la mujer, y se integran por completo.

Sabiendo que cada uno de sus estudiantes tiene una historia que contar, Erin les anima a que escriban un diario con sus pensamientos y experiencias. Los diarios de los chicos pronto dejan de ser deberes de clase y se convierten en un instrumento de afirmación vital. Cuando Gruwell les regala cuadernos para que hagan anotaciones diarias sobre su vida y pensamientos, los cuadernos se convierten en un remedio y pronto se llenan con el dolor y la angustia de los jóvenes.

La verdadera Erin Gruwell (Gruwell, 2007) hizo llegar a los estudiantes periódicos, para que los tomaran como ejemplo y escribieran sobre noticias pasadas, presentes o futuras, sobre buenos tiempos, o malos. Cuando leía lo que los alumnos habían escrito se quedaba maravillada, por la calidad y el fondo de los artículos. Les dio unos cuadernos para que se expresaran como quisieran, por medio de dibujos, poemas o un diario escrito. Los resultados fueron asombrosos: por primera vez aquellos chicos y chicas comprendieron el lugar que ocupaban en el mundo y vieron que había alguien dispuesto a escuchar lo que tenían que decir, se sintieron unidos por algo y, si antes no se soportaban entre sí, comenzaron a considerarse como una gran familia que les proporcionaba identidad y orgullo, y empezaron a llamarse a sí mismos «Los Escritores de la Libertad».

Lo que Erin Gruwell hizo en las aulas es lo que la antropología social se ha ocupado de indagar a la educación, tanto a la llamada Educación formal, la escuela, como a los procesos de enseñanza o a los resultados de dichos procesos en el marco de la socialización educativa, pues garantizar el derecho a la educación, va mas allá de conseguir la inscripción a una institución educativa, sea esta de la calidad que sea. Los centros educativos deben no sólo abogar porque los alumnos tengan acceso al estudio, sino por que lo hagan con la mejor calidad (Jomtiem, 1990), en igualdad y solidaridad, al alcance de sus posibilidades y contribuir para elevar dicha calidad tanto en su trabajo de los profesores con sus alumnos como en la interacción con las entidades de educación y formación.

 

El derecho a una educación en valores. La lengua de las mariposas. España


La lengua de las mariposas, 1999, es una película de José Luis Cuerda, realizada a partir de un guión de Rafael Azcona sobre un cuento de Manuel Rivas. La tarea del maestro es distinta en los diferentes contextos sociales y geográficos de un país. No es lo mismo trabajar en el centro de una ciudad que en la periferia, no es lo mismo trabajar en contextos sociales relativamente estables que en lugares en donde se viven las tensiones propias de la violencia; no es lo mismo trabajar con alumnos que cuentan con todos los recursos que hacerlo en condiciones de enorme pobreza.

El maestro republicano de un pequeño pueblo español en los últimos meses anteriores a la Guerra Civil, recuerda al poeta Antonio Machado y a sus explicaciones sobre el lenguaje de las mariposas. La película plantea, como muchas otras, esa especial relación que une a un adulto y a un menor. Don Gregorio -Fernando Fernán Gómez- maestro ya viejo, y su alumno, Moncho -Manuel Lozano- el niño que gusta de aprender y descubrir. El maestro, con sus buenas artes, se esfuerza por entrar en un mundo en el que aporta sus experiencias como maestro y sus ideas como republicano. Su trabajo se ve en la última secuencia, en esa cara de frustración del maestro al ver a su alumno que le lanza piedras cuando va, camino del fusilamiento, detenido por los falangistas en los comienzos de la rebelión franquista contra el Gobierno republicano en 1936.

La película trata de muchos temas: de la amistad, la escuela, la infancia, la iniciación a la vida, pero también del miedo, del terror, de las miserias de la condición humana, de la historia de un momento concreto y de sus acontecimientos, que determinan claramente la vida de los personajes, tal y como queda claro al final. Durante toda la cinta se observa un aire de nostalgia por la libertad, la esperanza y el cambio social que supuso la Segunda República española, («Gracias a la República podemos votar las mujeres», dice la madre de Moncho) y una denuncia de la bestialidad irracional de los que la derrocaron.

La tarea del maestro debe partir de un diálogo abierto y permanente entre los mismos maestros y entre ellos y su entorno social. La escuela de hoy tiene que abrirse más a sus contextos, que inevitablemente entran a ella, y ello exige replantearse el oficio del maestro tanto en el aula como en la comunidad. El apartado 2 del artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948, afirma que el objeto de la educación es el pleno desarrollo de la personalidad humana, principio en el que las escuelas pedagógicas progresistas, desde finales del siglo XIX, conocidos por el maestro republicano de la película, han venido insistiendo incansablemente. Pero junto al pleno desarrollo de la personalidad humana el apartado 2 incluye el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales. Esto incluye poner en marcha experiencias de educar para la paz, la tolerancia, la solidaridad y la cooperación y sobre todo tomar conciencia de la necesidad de que se incluyan de forma destacada en los proyectos curriculares de ciclo y de etapa la situación de los Derechos Humanos y los Derechos Humanos como valores fundamentales para la convivencia y para el desarrollo de una personalidad comprometida con los principios democráticos.

 

El derecho a una educación solidaria e integral. Hoy empieza todo. Francia


La película Hoy empieza todo (Ca commence aujourd'hui), fue realizada en Francia en 1999 por Bertrand Tavernier a partir de un guión de Dominique Sampierom, maestro durante más de veinte años en Hernaing, una localidad del norte de Francia y cuyas experiencias transmite en el film.

El mensaje central es que la escuela tiene responsabilidades sociales. No solamente aquellas que la ley le asigna o las que antropológicamente le corresponden como uno de los pilares de la cultura de los pueblos. La administración educativa, por ello, debe proponer en serio la adaptación, competente y honesta del profesorado, basada en su eficacia didáctica y pedagógica, que implique a toda la comunidad educativa (Mz-Salanova, 2008). La escuela asume ante la sociedad el compromiso de educar, por supuesto, pero también tiene un compromiso con la comunidad y con la Humanidad, pues es parte de un proyecto que va más allá de las normas administrativas, de las necesidades de aprendizaje de unas edades concretas. La escuela debe asumir la responsabilidad de ayudar a modificar actitudes básicas y mejorar la vida en la comunidad en la cual está ubicada, preocuparse por el bienestar social de los alumnos sin olvidar el de sus familias, acoger a niños de diferentes culturas y características, aceptar la integración y las diferencias en lo étnico y en lo médico, procurar la eliminación de barreras físicas y culturales para padres y alumnos, promover buenas prácticas ambientales, ayudar y educar a las familias a que tomen sus propias responsabilidades educativas y exigir (y educar) a las administraciones públicas que asuman sus propias responsabilidades sociales. Aunque la Escuela no es responsable de todo ello hasta sus últimas consecuencias, sí es el centro de la Comunidad Educativa y debe convertirse en su motor de cambio.

Uno de los principales desafíos con los que se encuentra la sociedad de la información es el deterioro de la participación ciudadana. La sociedad del bienestar, la absoluta dependencia del estado para conseguir cualquier beneficio, la delegación total de responsabilices en los representantes populares, que piensan y deciden en nombre de todos, el gran cambio producido en el mercado de trabajo y la rapidez con la que se suceden los movimientos culturales y sociales, ha logrado en pocas décadas que los individuos nos consideremos a la espera, en actitud distante y despreocupada ante el futuro inmediato que vendrá, sin duda, aportando beneficios, y ante un futuro lejano, que se pinta oscuro, contra el que no se puede luchar y que otros tendrán que encarar. Con estas perspectivas, a pesar de las facilidades de comunicación, el ciudadano se enclaustra en su pequeño entorno familiar y social, dando la espalda a los problemas del mundo y volviéndose cada día más solitario. (Mz-Salanova 2008)

Hoy empieza todo es una película de cine social, rodado con técnica documental, con algunos actores profesionales y otros tomados directamente del medio educativo. Es una crítica de la indiferencia y burocratización del sistema de asistencia social, de las autoridades que miran a otra parte, de los ciudadanos que piden que todo se les de hecho, de un sistema pasivo, despreocupado de la realidad y más interesado en informes y tecnicismos que en los problemas diarios. Por otra parte, es una película optimista, que llama a la responsabilidad de todos los integrantes de la comunidad, que muestra la posibilidad de mejorar el sistema desde dentro.

Voy a hacer una breve sinopsis de la película: En un pequeño pueblo del norte de Francia, el 30% de los 7.000 habitantes está en paro a causa de la crisis de la minería; Daniel, de 40 años, director y profesor de la escuela infantil, sin eludir sus propios problemas personales, asume su pertenencia a una larga cadena de hombres y mujeres que han luchado durante siglos por sobrevivir en esa lejana y dura región minera. Y decide que no puede hacer otra cosa que seguir esa lucha. Un día, la madre de una de las alumnas llega borracha a la escuela, sufre un colapso y deja allí a su bebé y a su hija de cinco años. El profesor decide tomar cartas en el asunto, y solicita la ayuda de la comunidad y de los padres de sus alumnos. Su trabajo como docente será cuestionado. Refleja toda la problemática de una pequeña comunidad industrial: paro, alcoholismo, desestructuración familiar, abusos... y sobre todo la falta de esperanza en el futuro que aflora de cada uno de estos problemas. Los agentes sociales se lanzan la responsabilidad educativa de unos a otros y algunos de los maestros afirman que no tienen por qué suplir el trabajo de la familia.

El director de la escuela no duda en ponerse firme para defender sus convicciones. La ingente cantidad de problemas que se ciernen sobre él le harán flaquear en su contienda cotidiana para sacar adelante a sus pupilos y su vida personal, que también atraviesa por diversas dificultades. Cansado de cargar con semejante peso, Daniel llega a plantearse la posibilidad de dejarlo todo y claudicar, algo a lo que finalmente renunciará gracias al apoyo de la familia y de los amigos.

El compromiso de la escuela de hoy no puede ser solamente con el alumnado, sus familias y el entorno que la rodea, y va más allá de lo puramente académico, pues está inserta en una problemática global que lucha contra cualquier forma de manifestación violenta (racismo, sexismo...) dentro y fuera de sus aulas. Una Escuela comprometida con los valores democráticos fomenta la participación de las familias implicándolas en el objetivo de hacer una Escuela para todos y aspira a trasmitir modelos de vida, valores, desde un punto de vista sociológico.

El profesorado tiene que buscar los medios que permitan la participación consensuada de los miembros de la comunidad escolar, y la creación de un clima de bienestar y seguridad en el centro. Dicha comunidad escolar, en colaboración con otros agentes sociales deben crear una conciencia colectiva en favor de una cultura de Paz, entendida como el proceso de realización de justicia en los distintos niveles de relación humana: afrontar y resolver los conflictos de forma no violenta, de manera armónica. Un nuevo estilo de vida y una nueva estrategia para transformar la sociedad de hoy, la sociedad del conocimiento.

La escuela es uno de los instrumentos de transmisión de los valores democráticos y la educación, en conjunto con el resto de la sociedad, el agente más importante para el cambio cultural y el progreso social, ya que permite el desarrollo integral de la persona, la conciencia sobre los problemas sociales y la búsqueda y puesta en práctica de soluciones adecuadas.

Si se sitúa esta reflexión en el terreno de lo que debe ser una escuela en su entorno, la escuela, la comunidad educativa, se convierten en un actor más en la sociedad, en la que la responsabilidad es de todos, familias, administración, medios de comunicación, servicios sociales y sanitarios, agentes sociales, gestores de medio ambiente, empresas, etc. Aún así, de la misma manera que la familia no puede excusar su responsabilidad, tampoco la Escuela, pues en torno a ella se mueven las familias y la comunidad, ni los profesores la suya, pues son profesionales no solamente para la instrucción de sus alumnos sino también para su educación.

En gran medida el futuro de los Derechos Humanos va a depender del impulso y de la orientación que asuma la educación. La educación ayuda a que los niños y niñas se entiendan a si mismos, comprendan el mundo en que viven y sus dificultades y se sientan capaces de emprender acciones para modificarlo en pro de la justicia y de la solidaridad. La educación dota a los alumnos de un sentido crítico y debe actuar para que la formación de la personalidad se fundamente en unos valores éticos y cívicos y en un sentido humanista de la existencia. La educación forma para la libertad y favorece el nacimiento y desarrollo de los lazos que unen a otras personas y a otros pueblos. Todavía se está lejos de lograr que la educación consiga esos deseables efectos. Por eso, es necesario trabajar cada uno desde sus responsabilidades para convertir lo posible y deseable en práctica cotidiana, y evitar en primer lugar que el sistema educativo siga fabricando un porcentaje, nada desdeñable, de analfabetos funcionales o que una visión unilateral olvide la importancia de los valores.

La institución escolar, tal y como se concibe actualmente, debe proponerse como objetivo esencial combatir la crisis del vínculo social y fomentar la corresponsabilidad colectiva y la participación en la toma de decisiones. Jaques Delors (1998) ha formulado con precisión los cuatro principios fundamentales que deben conformar un proyecto educativo liberador. Estos cuatro principios no son otros que: aprender a conocer; aprender a hacer, entendiendo por aprender a hacer adquirir capacidades y destrezas para hacer frente a situaciones nuevas; aprender a vivir juntos; y aprender a ser, es decir, a desarrollar al máximo las capacidades y potencialidades y a adquirir gradualmente autonomía y responsabilidad personal. Una comunidad educativa que asuma estos principios y articule los mecanismos para desarrollarlos no solamente estará apostando por un modelo de formación integral sino sentando las bases para que el compromiso con los derechos humanos y la solidaridad y cooperación internacional sea un compromiso individual y colectivo que tenga la oportunidad de manifestarse cotidiana y responsablemente en nuestra convivencia como miembros de una comunidad y en la planificación y orientación de nuestro ocio y tiempo libre.

 

Derecho a un trato digno en las aulas. La piel dura. Francia


Los niños que en sus familias son olvidados, relegados o maltratados, por lo menos debieran encontrar en el sistema educativo una respuesta a sus necesidades, ser tratados con dignidad, detectar sus problemas y, si fuera necesario, procurar la solución de sus problemas recurriendo a la administración y a la Justicia. En La piel dura, L'argent de poche, realizada por el director francés François Truffaut  en 1976, se denuncia la actitud de los adultos que no son capaces de percibir a los niños como personas: o son autoritarios o les ignoran; les inculcan el miedo y también la culpabilidad. En la versión literaria del film, Truffaut escribe: «La piel dura quisiera plantear esta pregunta: ¿Por qué se olvida tan frecuentemente a los niños en las luchas que emprenden los hombres?».

El mundo de los niños ha sido fuente de inspiración para Truffaut, en numerosas ocasiones. Su ingenio, imaginación, vulnerabilidad y fuerza, vuelven a quedar reflejados en esta deliciosa historia que aúna drama, comedia y fantasía. Las experiencias de un grupo de niños, de diferentes edades y situaciones familiares, todos ellos de la pequeña ciudad de Thiers, Francia. Patrick vive con su padre inválido, tan sólo quiere encontrar el amor y pronto recibirá su primer beso. Julien vive en un hogar desbaratado, su madre, alcohólica, lo maltrata, el director del colegio lo califica de «caso especial» y termina convertido en ladrón, mentiroso y delincuente. Es en definitiva, un superviviente. Alrededor de estos dos personajes gira la vida de otros tantos niños, de los que se irán conociendo sus historias.

Es conveniente recordar una secuencia, central en el film. El profesor se dirige a los alumnos después de que Julien es llevado por la asistencia pública: «Profesor: Sé que todos estamos pensando en Julien Leclou. Lo leyeron en los periódicos, oyeron a sus padres hablar de eso entre ellos o con ustedes. Antes de que nos vayamos de vacaciones quiero hablarles de Julien. Para empezar no sé mucho más que ustedes ignoren pero les diré lo que pienso. Cómo me siento. Primero, la beneficencia pública cuidará de Julien. Lo colocarán con alguna familia. Y les aseguró que a donde vaya, estará mejor que con su familia que lo maltrataba tanto, donde en sus propias palabras: lo golpeaban. Su madre perderá sus derechos maternales. Para Julien, pasarán muchos años antes de que esté en libertad de ir y venir a donde quiera». El director de la película lo comenta: «El caso de Julien es tan terrible que no podemos evitar el comparar nuestras vidas con la suya. Mi infancia no fue tan trágica pero créanme estaba ansioso por crecer. Me daba cuenta que los adultos tenían todos los derechos. Son dueños de si mismos, pueden vivir sus vidas como quieran. Un adulto que no es feliz puede comenzar su vida en otra parte, desde cero. Pero un niño que no es feliz esta condenado a la impotencia. Sabe que es infeliz pero no puede expresar esa infelicidad con palabras y lo que es peor algo dentro de él le impide poder dudar de sus padres o de los que lo hacen sufrir. Si un niño no es amado y sufre, él cree que es culpable y ¡Eso es lo terrible! De todas las injusticias de la humanidad, la injusticia hacia los niños es la peor, la más despreciable. La vida no siempre es justa y nunca lo será».

Cuando ocurre el accidente de otro niño, Gregory, un niño de dos años que cae desde el noveno piso de un edificio, y que sale totalmente ileso, la conversación entre el profesor Richet y su esposa es sorprendente: «Es pavoroso pensar en cómo los niños están en peligro constantemente, dice Richet. Eso no es verdad del todo, contesta su esposa, un adulto hubiera muerto por el impacto, pero un niño no; los niños son como una roca. Tropiezan por la vida sin quedar lastimados. Ellos se encuentran en estado de gracia y eso les permite tener la piel dura. Son mucho más resistentes que nosotros». Es necesario reflexionar sobre estas actitudes de los adultos hacia los niños: ¿Tienen los niños la piel tan dura?

 

El derecho de las niñas (de la mujer) a la educación. Buda explotó por vergüenza. Irán


La educación de las niñas es uno de los Derechos Humanos fundamentales y está vinculado a todos los demás derechos. Todos los niños y las niñas tienen derecho a recibir una educación, ya que este servicio les proporciona el conocimiento y las aptitudes que necesitan para alcanzar su potencial y protegerse contra el peligro. Y la mejor calidad de vida que brinda la educación se traduce en enormes beneficios para toda la sociedad. Por ello, la educación es esencial en el desarrollo de todos los países. Sin embargo, a las niñas se les excluye con mucha frecuencia de este proceso. Si esto sigue así, nunca se lograrán estos progresos.

En Buda explotó por vergüenza, Buda az sharm foru rikht/Buddha collapsed out of shame, de 2007, película dirigida por la iraní Hana Makhmalbaf, se trata con realismo y dureza la marginación de las niñas en algunas culturas.

Bajo la estatua del Buda que destruyeron los talibanes en Afganistan aún viven miles de familias. Baktay, una niña afgana de seis años, es incitada a ir a la escuela por el hijo de sus vecinos, que lee los alfabetos y cuenta interesantes historias frente a su cueva, por lo que ella le admira y desea hacer como él. El problema inicial es que Baktay no tiene cuaderno ni lápiz. Para el cuaderno debe buscarse la vida vendiendo huevos en el mercado. Como lápiz, lleva el pintalabios de su madre, lo que provoca que unos niños, que juegan a ser talibanes, decidan apedrearla. Para sus juegos utilizan palos que simulan fusiles y cometas que representan cazas de combate. Pero no todo es de mentira. En este juego, las piedras son de verdad. Cuando atrapan a Baktay, ya tienen a otras tres niñas encerradas en una cueva. Los motivos para retenerlas varían entre los que opinan que una niña no debería ir a la escuela o que las pequeñas tienen los ojos demasiado bonitos. Reflejan la sociedad violenta en que viven sus mayores.

Es una película muy dura, que refleja la violencia de una cultura que discrimina a los débiles, sobre todo a las mujeres. Es una reflexión sobre la necesidad de la educación para todos. El cine de los países más pobres, donde la mujer todavía no accede con regularidad a la educación, trata con frecuencia este tipo de situaciones.

Cuando una niña carece de los conocimientos y la destreza para enfrentar la vida que pueden aprender en la escuela hay efectos a inmediato y largo plazo, afirman expertos de la UNICEF, una niña de un país con carencias importantes se expone a muchos más riesgos que sus homólogas educadas y las consecuencias son transferidas a la generación posterior. Cuando una niña recibe una educación de calidad, el resultado casi siempre es el de toda una familia con educación y formación. Por eso, numerosos estudios inciden en que no existe instrumento más efectivo para el desarrollo que la educación de las niñas. Si no se actúa con urgencia, (UNICEF, 2007) para incrementar la cantidad de niñas que tienen acceso a la educación básica, los objetivos globales para reducir la pobreza y el mejoramiento de las condiciones de vida humanas no se podrán cumplir.

En Buda explotó por vergüenza, una metáfora político-social en la que los niños reproducen en sus vidas las actitudes aprendidas de los mayores se advierte una dosis de denuncia a la intransigencia, al machismo o a la violencia de un régimen dictatorial. Pero también se critica el dominio americano posterior que les impide mantener su propia idiosincrasia y tradición. Es el fracaso talibán y también americano, dos maneras de imponerse y sojuzgar la inocencia de unos niños que sólo quieren ir a la escuela y que les cuenten historias sencillas.

Todo el film es una alegoría sobre la vida de las mujeres en esas comunidades, la guerra y la ausencia de libertad. Cada una de las frases que pronuncian los dos niños protagonistas es una crítica a la actitud belicosa e irresponsable: «No me han enseñado nada, he aprendido sola». «Baktay, muérete, si no te mueres, no serás libre». «No quiero jugar a apedrear». «No me gusta jugar a la guerra».

Durante la Conferencia Mundial para la Educación para todos (Jontiem, 1990), cien gobiernos señalaron el acceso a una educación de calidad para las niñas y las mujeres como «la más urgente prioridad». En los «Objetivos de desarrollo del milenio 2015, la enseñanza primaria para las niñas se establece también como un objetivo básico: Velar por que, para el año 2015, los niños y niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria. En el caso de las niñas, especialmente en algunos países, existen todavía grandes barreras socioculturales que llevan a la discriminación por motivos de género, que permiten una repercusión negativa sobre la educación, en especial sobre la educación de las niñas, del concepto persistente de que la educación es un servicio y no un derecho humano. Se insiste por ello en el acceso, en toda circunstancia, de las niñas a todos los niveles de la educación. Algunos obstáculos que aun quedan son los matrimonios y los embarazos precoces, el trabajo infantil (en especial el trabajo en el hogar) y los conflictos armados.

Un grupo de niñas afganas fueron atacadas el 12 de noviembre de 2008 por un grupo de talibanes que les lanzó ácido de batería cuando se dirigían a la escuela, dejando ciegas a dos de ellas y provocándoles graves cicatrices a otras, en la ciudad de Kandahar. Los ataques fueron llevados a cabo porque las niñas iban a la escuela, algo que estuvo prohibido en el país varios años. En Afganistán, un país sacudido por la guerra, se ha trabajado duramente para superar la violencia y otros obstáculos que puedan impedir a los niños, y especialmente a las niñas, acudir a la escuela. A pesar del dificultoso entorno, la matriculación de alumnos ha seguido aumentando. Más de 6 millones de niños y niñas del Afganistán acuden ahora a la escuela, en comparación con 3 millones en 2002. UNICEF mantiene que las escuelas deben proporcionar un espacio seguro para la infancia y que es preciso que se ponga fin a los ataques a escuelas, maestros y alumnos.

La película que estamos comentando de Hana Makhmalbaf no está basada en una exageración ni en una ficción desmesurada. La educación es una pieza clave para que la mujer salga de estas situaciones. A pesar de las metas marcadas por los Objetivos de la Declaración del Milenio, todavía la población femenina representa dos tercios de la población analfabeta. Por otra parte, de las evaluaciones realizadas sobre el cumplimiento de los compromisos con las mujeres suscritos en Beijing en 1995, se concluye que «en todas las regiones del mundo hay muchas mujeres que están realmente peor ahora de lo que estaban diez años atrás» (WEDO, 2004).

 

Derecho a la normalización educativa de las personas con discapacidades. Gaby, una historia verdadera. México, EE.UU.

Este film, Gaby, una historia verdadera. Gaby, a True Store, de 1987, del director mexicano Luis Mandoki, es de suma importancia para quienes quieren saber cómo el cine trata la educación de los discapacitados y el papel de la mujer en el mundo. Presenta un drama humano real, la vida de la poetisa mejicana Gabriela Brimmer. Está realizado con objetividad informativa y es respetuoso con la biografía de la poetisa Gabriela Brimmer, nacida con una parálisis cerebral tetrapléjica grave de origen perinatal que le impedía cualquier movimiento o expresión menos su pie izquierdo. Ella misma fue asesora de la película, colaboró en el guión, y ha sido capaz de hablar con voz propia al hacer llegar a la sociedad un mensaje normalizador sobre la discapacidad, presentando a la protagonista con sus dificultades, las barreras sociales y arquitectónicas que padeció, sus amores frustrados por circunstancias diferentes pero sin silenciar el problema suyo ni el del resto de personas discapacitadas que se mueven a su alrededor. La película narra la historia de ella y la de Florencia, una indígena mejicana que descubrió las posibilidades comunicativas de Gabriela y le sirvió de apoyo, de voz y de cuerpo.

Gabriela luchó por la libertad, por estudiar en centros de estudios normalizados y por acceder a un nivel máximo en los estudio, pues ingresó a las carreras de sociología y periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Se sale esta película de la tónica general, visibilizando a una mujer como persona de interés social, luchadora por los derechos de los discapacitados, al mismo tiempo que la presenta como mujer libre. A pesar de su severa discapacidad se hizo visible en su sociedad, se convirtió a partir de los años ochenta en un ejemplo de lucha para el movimiento por los derechos de las personas con discapacidad, publicó libros e hizo guiones para el cine, y el mismo cine reprodujo su existencia.

Gaby era hija de una acaudalada familia de europeos judíos, refugiada en México tras la persecución nazi. Gracias a la ayuda de Florencia, Gabriela accedió a toda su educación, incluida la universitaria. Su comunicación con los demás la realizaba con el dedo gordo del pie sobre una máquina de escribir. La película, rodada en gran medida junto a discapacitados -los actores principales no lo son- de Cuernavaca (México), es un canto reivindicativo a la normalización educativa, sexual y social de los discapacitados. A pesar de la parálisis cerebral que sufre desde su nacimiento, Gabriela Brimmer revela tener una inteligencia sobresaliente que le permitió normalizar sus estudios, acceder a la universidad y convertirse en una aclamada poetisa.

«Tenemos derecho a los programas regulares de educación en todos sus niveles, y sin embargo es común que se rechace nuestra incorporación a ellos, creyendo equivocadamente que todos somos sujetos de los programas de Educación Especial, que son buenos, sí, pero para un determinado tipo de población con discapacidad». (Brimmer, 2001)

 

Derecho a no ser excluido del sistema educativo. El color del paraíso. Irán.


El camino que marcan las Naciones Unidas y la UNESCO para la educación en el futuro, pasa por la construcción de la paz, la ciudadanía, el cuidado del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y el hambre, el respeto de los Derechos Humanos, la diversidad, la no discriminación y la potenciación de los valores que sustentan la solidaridad. Y todo ello, sin excluir a nadie.

En El color del paraíso, Rang-e khoda/The color of paradise, una película iraní realizada en 1999 por Majid Majidi, se narra la vida de Mohammad, un chico ciego de ocho años de edad que ha aprendido a ver con el tacto y el oído y que estudia braille en un instituto especial en Teherán. Cuando llegan las vacaciones de verano regresa a su pueblo natal con su padre, sus dos hermanas y su abuela. Es un muchacho muy sensible y gran amante de la naturaleza. A pesar de ser una persona increíblemente adorable, se siente solo y rechazado, pues su generosidad, su amor sincero y su afán por aprender contrastan con la vida temerosa y egoísta de su padre, un carbonero enviudado cuya obsesión por casarse de nuevo y asegurarse a alguien que le cuide en su ancianidad le llevan a buscar cómo desprenderse de su hijo, al que considera un estorbo y una maldición de Dios.

El alejamiento de su padre marca las vacaciones de Mohammad en la preciosa aldea perdida en las tierras altas del norte de Irán. El niño intenta ganarse a su padre, mientras disfruta de los parajes naturales y del cariño de sus dos hermanas y de su abuela, una mujer trabajadora, vitalista y religiosa.

La pedagogía de la exclusión debe quedar en la historia de la educación como una etapa del pasado. Hoy no se discute que es necesaria una atención educativa de calidad para todos, sin excluir niños más difíciles y conflictivos, que no permita que la marginación mantenga disgregados a personas discapacitadas o de integración complicada, de etnias o grupos minoritarios o de características diferentes sea cual sea su situación. Se propone una actitud ética y política, sin ningún tipo de exclusión, ni por pobreza, ni por familia no estructurada, ni por religión ni pensamiento, ni por su lengua ni procedencia, ni por las dificultades de aprendizaje.

Excluir a un ser humano, no garantizar el derecho a la educación, es negarle su derecho a desarrollarse plenamente como ser individual y social, aunque este desarrollo pleno no depende exclusivamente de la educación sino que a ella deben sumarse un conjunto de políticas públicas y de experiencias de interacción en los ámbitos familiar, comunitario y social.

El protagonista del film, Mohammad, dice: «Nadie me quiere ¿sabe? Ni siquiera mi abuela. Todo el mundo se aleja de mí porque soy ciego. Si pudiera ver podría ir a la escuela del pueblo con los otros niños. Pero como no puedo ver tengo que ir a la escuela para niños ciegos en el otro extremo del mundo. Nuestro profesor dijo que Dios ama a los ciegos porque no pueden ver y yo le dije que si fuera así no nos habría hecho ciegos, para que pudiéramos verlo a Él. Él me contestó, Dios no es visible está en todas partes, puedes sentirlo cerca, lo ves a través de la punta de los dedos. Ahora tiendo las manos por todas partes buscando a Dios hasta que pueda tocarlo y pueda contarle todos los secretos de mi corazón». Su condición de ciego le permite una habilidad especial para escuchar y leer la naturaleza. Así oye hablar a al pájaro carpintero con su pico, lee con las puntas de su dedos en las piedras del río y en las espigas.

Unos 40 millones de los 115 millones de niños que no asisten a la escuela son niños con discapacidad. La gran mayoría tiene impedimentos moderados que no suelen ser evidentes a simple vista ni de fácil diagnóstico, e incluyen aquellos con dificultades de aprendizaje, problemas de dicción, físicos, cognitivos, sensoriales y emocionales. Es muy común que los niños discapacitados no hayan asistido nunca a la escuela. Al menos una de cada 10 personas en la mayoría de los países vive con una limitante física, cognitiva o sensorial (sordera o ceguera).  (ENABLE 1991) y se cree que menos del 5 por ciento cumple con la meta de la iniciativa «Educación para Todos» en cuanto a completar la educación primaria. Acercarnos al cumplimiento total de esta meta requerirá nuevas estrategias para llegar a estos niños. (Peters, 2006)

 

Derecho a una vida en sociedad. El enigma de Gaspar Hauser. Alemania.


El hombre es un ser naturalmente social. El estado social es el estado natural del hombre. En todas las épocas, en todos los lugares, el hombre aparece siempre viviendo en sociedad. De esta vida en sociedad resulta la solidaridad o dependencia mutua entre los miembros que constituyen el grupo social. La solidaridad social determina las relaciones de los hombres entre sí, es decir, las influencias que ejercen unos sobre otros. Por el solo hecho de vivir en sociedad, el hombre goza de las ventajas de la vida social: seguridad, protección, desarrollo físico, intelectual, moral, etc.; el hombre adquiere derechos, pero también debe participar en las cargas comunes: él contrae deberes. En sociedad adquiere las normas de convivencia y las perfecciona (Leyens, 1991).

Gaspar Hauser, fue la sensación de los medios a principios del siglo XIX. Criado en una cueva oscura, y sabiendo decir sólo una frase, llegó un día de 1824 a un pequeño pueblo alemán, convirtiéndose en una curiosidad científica: un humano casi adulto, unos 16 ó 17 años, sin lenguaje, sin influencias externas, una hoja de papel en blanco para que la sociedad escribiera con impunidad. Sus circunstancias y su leyenda se extendieron por toda Europa. Aseguraba que estuvo encerrado en una pequeña celda oscura la mayor parte de su vida. Su ropa con restos de seda, había sido buena en alguna ocasión. Sus piernas estaban casi paralizadas por la falta de movimiento. Los doctores que lo examinaron informaron que el joven ni era loco ni imbécil, pero que la separación por la fuerza y con crueldad del contacto con los seres humanos desde su más tierna infancia le habían influido en su desarrollo.

El muchacho se transformó en una atracción pública. A las seis semanas hablaba con fluidez y podía leer y escribir, y al cabo de un tiempo pudo realizar una completa declaración acerca de sus primeros años de vida. Se supo por él mismo que siempre estuvo prisionero en un calabozo, desde que tenía tres años, durmiendo sobre un colchón de paja, sin sonidos y con alimento que alguien le llevaba mientras dormía. Tiempo antes de su partida, un hombre se introducía en la celda y le enseñaba a escribir su nombre y las frases que debía decir cuando lo encontraran.

Hauser siguió educándose y adquirió conocimientos de filosofía, latín y ciencias. La creencia popular sostenía que Kaspar era hijo ilegítimo de la casa real de Baden, apartado y mantenido encerrado a favor de otro heredero. Tampoco se ha llegado a saber sobre su evolución en sociedad a más largo plazo, pues falleció cinco años después de ser encontrado, el 17 de diciembre de 1833, víctima de un asesinato. Al contrario que el niño salvaje Víctor de l’Aveyron, Gaspar no llegó a estar enteramente aislado. Aunque nunca acertó a ver la cara de su cuidador sí oyó su voz y recibió una mínima comunicación y enseñanza.

Se han cumplido 175 años de la muerte de Kaspar Hauser y aún no se ha resuelto en Alemania el enigma de quien, según creen muchos, fue, desde su mismo nacimiento, víctima de conspiraciones políticas que lo mantuvieron en mazmorras durante casi tres lustros y culminaron con aquel asesinato. Los príncipes de Baden se niegan a abrir el panteón donde descansan los despojos del supuesto heredero sin nombre con el fin de hacer las pruebas de ADN que solucionarían algunos enigmas. (El País, 21/12/2008)

El caso de Gaspar Hauser fue llevado al cine como El enigma de Kaspar Hauser, Jeder Für Sich Und Gott Gegen Alle, en 1975, por Werner Herzog, que intentó darle la mayor veracidad al personaje  a partir de los datos que constaban en las actuaciones judiciales a las que dio lugar su caso.

Al eminente jurista Anselm von Feuerbach, que estudió el caso de Gaspar Hauser y defendió la teoría del heredero suplantado, confirma que el «hijo adoptivo de Nuremberg» se convirtió en tema de discusión y debate tanto desde el ángulo filosófico y psicológico como político y moral. El punto de vista importante, desde un punto de vista filosófico es el que destaca el «delito contra el alma», que Feuerbach subraya en su escrito y que constituye una figura delictiva ausente, y al tiempo nueva, cuyas consecuencias psicopatológicas no pueden pasarse por alto. El autor echa pronto de menos la mención de un delito hasta entonces nunca registrado: el que atenta a fondo contra el alma de un hombre. En el estudio de Feuerbach se constatan dos delitos perpetrados en la persona de Gaspar, el de detención ilegal y el de abandono. El «delito contra el alma – según Feuerbach- es separar a un hombre de los otros seres racionales y de la naturaleza, dificultar su acceso a un destino humano y privarle de alimentos espirituales. Es el más criminal de los atentados puesto que va dirigido contra el patrimonio más auténtico del hombre, su libertad y su vocación espiritual».

En el caso de Gaspar, Feuerbach defiende que fue la privación de la lenta forja educativa, a causa de la soledad, el motivo de su retraso evolutivo. Convencido de que el hombre no nace sino que se hace, se esfuerza en restituir a su pupilo los bienes espirituales sustraídos durante la infancia, para devolverle íntegro y desarrollado a la ciudad.

 

El derecho a la reinserción. Los chicos del coro. Francia.


En Los chicos del coro, Les Choristes, realizada en 2004 por Christophe Barratier sobre hechos reales, se aprecian tres claros temas: La infancia marginada en un internado, la música y los métodos de enseñanza. La acción trascurre en un internado/correccional, en 1949, tras la guerra mundial, en una Francia llena de conflictos sociales y de pobreza, en que muchos niños eran huérfanos de guerra, y otros de familias de precaria economía. Se presentan dos antagónicos modos de ver la realidad, y por lo tanto dos visiones de la enseñanza, que permiten comprobar las ventajas del diálogo educativo sobre la imposición del castigo. El educador, Mathieu, es un paradigma del educador que intenta llegar a las personas y desde ahí sacar lo mejor de ellas mismas. La música se convierte en un medio privilegiado para cambiar a las personas y transformar el mundo.

«Esto es lo que más me gusta del cine, y lo que tienen en común mis películas preferidas: ¿cómo puede contribuir un individuo a mejorar el mundo? Sé que el cine no puede cambiar las cosas, pero puede despertar las ganas de intentarlo. Me gusta salir de ver una película con ganas de identificarme con el personaje principal». Barratier

En 1949, Clément Mathieu, profesor de música en paro, empieza a trabajar como vigilante en un internado de reeducación de menores. Especialmente represivo, el sistema de educación del director Rachin apenas logra mantener la autoridad sobre los alumnos difíciles. El mismo Mathieu siente una íntima rebeldía ante los métodos de Rachin y una mezcla de desconcierto y compasión por los chicos. En sus esfuerzos por acercarse a ellos, descubre que la música atrae poderosamente el interés de los alumnos y se entrega a la tarea de familiarizarlos con la magia del canto, al tiempo que va transformando sus vidas para siempre.

Dice Barratier: «... el tema de la infancia es el más universal. Proyectarse en el pasado permite escapar de las contingencias de la actualidad para concentrarse en lo más universal: el sentimiento de injusticia y de abandono en un niño cuyos padres están ausentes o han desaparecido, y la rebelión o la inhibición que genera. Con independencia del origen social de los niños que he elegido para la película, desde el momento en que se vistieron con la ropa de la época ya no fueron nada más que niños con los mismos miedos, los mismos deseos y las mismas penas»

«Situar la película en esa fecha no es casual. Después de la guerra se constituyeron los famosos centros de reinserción llamados comúnmente correccionales. En esa misma época se creó en Francia la Protección Judicial de la Juventud (PJJ), que confirió a los niños de un estatuto jurídico distinto del de los adultos. Eran los comienzos de una especie de psiquiatría infantil oficial, con todos los errores que eso lleva consigo. Por ejemplo, se definían perfiles psicológicos con una preocupación, que se pretendía loable, de observación; métodos que evoco en la película y que ahora nos parecen lamentables. El final de los años cuarenta es una época traumatizada: se acababa de salir de la guerra y, como en todos los períodos de crisis, los padres tenían otras prioridades que la educación de los hijos. En ningún momento se nos ocurrió adaptar la historia a nuestra época: en primer lugar habría que abordar el universo de las ciudades, de la reinserción, de la integración, de la delincuencia, y además, hoy Clément Mathieu sería un educador con otras prioridades: no tendría nada en común con un profesor de música de los años cincuenta». Barratier

 

Otros films que tratan el Derecho a la educación


Son muchos los films que podrían servir para continuar un análisis sobre el derecho universal a la educación: En La espalda del mundo (2000), un documental de Javier Corcuera, un grupo de niños se levantan a las cuatro de la mañana para trabajar en las canteras cercanas a la capital limeña y así aportar algo más, poco, a la economía familiar. Niños que no van a la escuela pero que piensan como adultos. En la película En el mundo a cada rato, realizada por la productora «Tus ojos» en colaboración con UNICEF, como una contribución del cine a la protección de los derechos de la infancia en el mundo se cuentan cinco historias de niños que abordan las cinco prioridades de UNICEF, la educación de las niñas, el desarrollo integrado en la primera infancia, la inmunización, la lucha contra el VIH/SIDA y la protección contra la violencia, la explotación, y la discriminación: El secreto mejor guardado, dirigido por Patricia Ferreira y rodado en la India. La vida efímera, dirigido por Pere Joan Ventura y rodado en Guinea Ecuatorial, Las siete alcantarillas, dirigido por Chus Gutiérrez y rodado en Argentina, Hijas de Belén, dirigido por Javier Corcuera y rodado en Perú y Binta y la gran idea, nominado al oscar al mejor documental, dirigido por Javier Fesser y rodado en Senegal, en el que se aborda el derecho de las niñas a la educación.

En Ni uno menos (Yi ge dou bun eng shou/Not one less), realizada en China en 1999 por Zhang Yimou, se narra la historia de una niña de trece años que se ve obligada a sustituir durante un mes a su maestro, por orden del alcalde, en un pequeño y aislado pueblo de las montañas. El profesor le deja un trozo de tiza para cada día y la promesa de que le dará 10 yuan si ningún estudiante ha abandonado la escuela a su regreso. Sin embargo el revoltoso Zhang Huike abandona la clase para ir a la ciudad en busca de trabajo y la abnegada Minzhi se conjurará para traerlo de vuelta.

 

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© Enrique Martínez-Salanova Sánchez