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La actualidad presenta a
la especie humana, en perpetuo cambio, algunos desafíos que pueden
transformar determinadas visiones, concepciones ideológicas y culturales. Un
mundo vertiginoso en su aplicación tecnológica causa impactos
medioambientales, de los que uno de los más importantes es el que tiene que
ver con los medios de comunicación y la sociedad informatizada; la especie
humana se encuentra entre la ansiedad que genera el futuro y el deseo
positivo de los nuevos avances sociales. La creatividad, individual y
social, es pieza clave para resolver los problemas que se plantean ya que se
pierde interacción personal y se crece en contactos tecnológicos
individuales. La adaptación de la especie humana al medio ambiente digital
será más positiva si se sustenta en un sistema de valores desde el que las
instituciones básicas de la sociedad promuevan la aceptación participativa y
crítica de los medios de comunicación y de información.
«Nuestros órganos sensitivos nos proporcionan datos sobre lo que nos rodea y
sobre nosotros mismos. Pero necesitamos, además, reconocer lo conveniente y
lo perjudicial, lo bueno y lo malo – lo que, resumiendo, llamamos valores-,
porque estamos forzados a actuar. No podemos no hacer nada. El dinamismo
vital nos condena a la acción».
Marina.
El efecto 2.000 en la socialización
Una de las psicosis que se produjeron al
finalizar el año 1999, fue la producida por el «efecto dos mil». Tal
situación se refería exclusivamente al cambio de fecha en los ordenadores y
a los desastres que se produjeran. Sin embargo, el ‘efecto dos mil’ lo
sufrimos todavía en nuestras neuronas, producto de una socialización
colectiva; lo arrastramos desde hace muchos años, en realidad desde que se
produjo la gran revolución digital. Como dice S. Jay Gould, «¿qué es un
milenio? Para un geólogo, el instante de un pestañeo, pero para la
experiencia humana es un lapso gigantesco, casi inconcebible». El chiste de
‘El Roto’, que ilustra este artículo lo explica icónicamente desde otro
punto de vista: «Durante cinco mil años se usó un arado, hoy cada cuatro
hemos de cambiar de coche». Podríamos añadir: «…y cada día debemos
actualizar el ordenador y cada segundo nuestras neuronas…»
Uno de los grandes
problemas que se le plantean hoy a la antropología, y cómo no a la educación
y a la sociología, es que los viejos trabajos de campo son ya obsoletos, que
las antiguas formas de investigar la cultura y la sociedad hacen agua por
todas partes, insistiendo en practicar el estudio de lo menos, de lo más
restringido, cuando hoy las culturas y las sociedades «ya no están en los
mismos lugares, debido a los desplazamientos físicos a lomos de la
tecnología o del mercado», Clifford, 1999. A los educadores, cuando nos
encontramos en acción de ‘educar’ se nos presenta el falso y ambiguo dilema:
¿investigamos y/o educamos?. Ya se han dado casos, y no pocos por cierto, en
los que por llevar adelante una investigación, hemos olvidado que los
sujetos de la misma pueden salir perjudicados. Los estudios del Dr. Itard, a
principios del siglo XIX, con Víctor, el niño salvaje de l’Aveyrón, un
pueblo francés, sirvieron para crear precedentes, afectaron a la opinión
pública y dejaron para al posteridad interesantes conclusiones. El niño, ya
adulto, murió sin socializar en el Hospital de Idiotas de París, en el que
se le internó al cesar las subvenciones… La parte positiva la reflejó
Truffaut en su preciosa e interesante película «L’enfant sauvage» (1972).
Los aspectos negativos se aprecian en otra investigación, comenzada en
Estados Unidos en 1972, justamente el año en que se estrenaba la película
citada, sobre una niña salvaje; infinidad de medios, un equipo
multiprofesional de calidad y gran entusiasmo, acabó también al mismo tiempo
que las subvenciones, con la niña, hoy adulta, en un centro de acogida.
«Parafraseando un viejo chiste soviético, podríamos decir que estas
situaciones son demostración viva de que la pedagogía no es una Ciencia,
porque si lo fuera, no se experimentaría con jóvenes sino con primates, como
hacen las ciencias serias». Bayón 1995.
Científicos actuales
Clifford, Gould, Bilbeny, aportan datos para cuestionar las formas actuales
de la investigación. Clifford afirma que no hemos entendido que la
investigación en ciencias sociales cambia de sentido en el momento en que el
mundo se globaliza, se actualiza, se hace más veloz el cambio cultural y se
alteran la mayoría de los patrones que los sociólogos y antropólogos
habíamos utilizado desde el siglo XIX.
Como expone Dean Rusk,
«Es tan rápido el ritmo de los acontecimientos que, a menos que encontremos
algún medio de mantener la vista fija en el mañana, no podemos esperar
mantenernos en contacto con el hoy». Es necesario estar al día, y para ello
es necesario investigar. No olvidemos, sin embargo, que mientras
investigamos los niños crecen, obligando a familias y profesores a
adelantarse a los acontecimientos, a crear situaciones educativas
arriesgadas.
Sin embargo, para ello
debemos reforzar y ajustar nuestro sistema de valores, ya que la inseguridad
se hace carne con nuestra propia responsabilidad como educadores. «Toda
heurística, es decir, todo sistema de búsquedas o de resoluciones de
problemas que no puede probar todas las soluciones, sino que tiene que
elegir atajos, dejar de lado caminos posibles, arriesgarse perdiendo
seguridad para conseguir rapidez, ha de contener forzosamente un sistema de
valores». Marina 1997.
La negación de la tecnología puede ser un mecanismo de defensa
Muchas veces he oído, e intentado
rebatir, la idea de que los nuevos medios informáticos y cibernéticos no
facilitan la creatividad, incluso que la impiden o deterioran. Ya lo
afirmaba el poeta y dramaturgo inglés Elliot «La
Humanidad no puede soportar mucha realidad».
¿Son los niños ahora menos creativos
porque ven más la televisión?. ¿Somos menos creativos los adultos porque
leemos menos?. El problema no es de los medios, sino tal vez de cómo se
enfrentan. «Temo a la obscuridad pero desconfío de la luz», dice Woody Allen.
Cuando el libro se hizo masivo, también se consideró un peligro para la
educación y la creatividad. ‘Este niño lee demasiado, y no estudia’, se
podía oír en los años sesenta. Tampoco debemos confundir creatividad con
poesía o pintura, ya que las llamadas «bellas artes», no son más que una
parte de la creación que a lo largo de la vida posee un individuo. No
olvidemos que Einstein (físico), Poincaré (matemático), o Newton y otros
muchos científicos son hoy día paradigmas y prototipos de personas
creativas; gracias a sus «intuiciones», hicieron posible el avance
científico. «Hay
un pasado que se fue para siempre, pero hay un futuro que todavía es
nuestro.» F. W. Robertson.
La responsabilidad de mantener la
dinámica evolutiva de la especie humana, está en nuestras manos. Mirando al
futuro, previendo situaciones, adelantando nuestra preparación a los
acontecimientos. Ibsen, el dramaturgo decía: «Yo sostengo que está en lo
justo la persona que más estrechamente está unida con su futuro».
Parece una perogrullada decir que el
futuro se crea en el presente afianzándose en el pasado, pero normalmente no
nos comportamos ni como ciudadanos ni como educadores conforme a aseveración
tan obvia. Casi siempre esperamos los acontecimientos para actuar a partir
de ellos, y muy pocas veces nos adelantamos a los hechos. Una de las
cualidades o características de la creatividad –está en todos los manuales-
es la previsión, la intuición, el adelantamiento de los sucesos. La
capacidad de predicción del futuro basándonos en las experiencias personales
y colectivas es uno de los distintivos más importantes de la especie humana,
y sobre todo de los individuos creativos. La previsión y la predicción,
conductas fundamentales ligadas a la actividad intelectual las confundimos o
equiparamos a las adivinaciones astrológicas. La capacidad de crear es la
que va a defender a la sociedad de los poderes fácticos, del poder de una
sociedad consumista y del dominio de los ‘mass media’, educando a los
individuos en el espíritu crítico. Tenemos en nuestras manos un futuro del
mundo lo suficientemente incierto como para tomarnos en serio la frase de
Peter de Vries «la mano que mece la cuna rige al mundo», que dio lugar al
nombre de una película.
El toro por los
cuernos
«Llega un momento en los asuntos de los
hombres en que hay que coger el toro por los cuernos y enfrentarse a la
situación». W.C. Fields. Los científicos de mediados del siglo pasado (siglo
XX), ya atisbaron, aún sin tener todavía los elementos técnicos de juicio
que poseemos actualmente, que los próximos cambios evolutivos de la
humanidad, tendrían que darse por la vía de la solidaridad creativa. Tanto
Theilard de Chardin, antropólogo y jesuita, como Jhon Lewis, filósofo y
antropólogo marxista, coincidían desde sus estudios e investigaciones en que
el próximo paso evolutivo de la especie humana podría ser, o la búsqueda
conjunta de soluciones o el autoexterminio. Hoy científicos de todo el
planeta avalan este pensamiento, fundamentándolo empíricamente con datos
posibles gracias a la nueva tecnología. Irónicamente lo expresa
Will Rogers «… no puede
decirse que la civilización no progrese, pues en cada guerra le matan a uno
de una nueva forma». Tal vez la carrera armamentística, las nuevas
tecnologías que provienen de la competitividad entre pueblos y poderes
económicos, puedan algún día dedicarse a mejorar los procesos sociales.
La responsabilidad del género humano ya
no es la misma, pues hoy, gracias a la democratización de la información, a
las infinitas posibilidades comunicativas y a los progresos técnicos, la
sociedad es –o debiera ser- consciente de responsabilidades hacia el
mantenimiento y salvación del planeta, tanto en lo biológico, físico,
sociológico o ideológico.
Situaciones nuevas, soluciones creativas.
Según Aristóteles «No hay respuestas
sencillas para los problemas complejos». Un desafío más para políticos,
educadores y ciudadanos. El problema es complicado, pero no podemos, como el
avestruz, esconder la cabeza, dejar las responsabilidades en manos de otros,
o echar balones fuera. «Condenar la tecnología ‘in toto’ es el olvidar los
vergeles que la desalinización del agua del mar ha hecho posibles, mientras
que idealizar la tecnología es olvidarse de Hiroshima», dice Stuart Chase.
La memoria del género humano es
colectiva, los individuos se socializan –aprenden- por mecanismos
inconscientes en su gran parte. Sin embargo, el aprendizaje es individual, o
lo que es lo mismo, cada persona aprende lo suyo. Las relaciones
interpersonales logran una mayor capacidad de aprendizaje individual y
colectivo. La historia acumula cada día más productos en su haber, aunque
muchos de ellos no queden reflejados en los libros. «Marguerite Duras decía
que el saber era lo que hemos aprendido en la escuela y el conocimiento lo
que aprendimos por nuestra cuenta», afirma Carrière.
En primer lugar hay que tener en cuenta
que, a más memoria, hay más posibilidades de creatividad, ya que existen
mayores medios para establecer sinapsis, conexiones entre las neuronas, y
por lo tanto, relaciones creativas en el mismo cerebro, los saltos
intuitivos que explica Bruner, o lo que los creativos publicitarios llaman
el fenómeno ¡ajá!. Si a la memoria de nuestro cerebro, la liberamos mediante
sistemas informáticos, lo que cabe en un ordenador de información y la
rapidez de acceso al mismo, aumentamos nuestras propias capacidades; el
ordenador se convierte en un instrumento más de nuestro cerebro, y por lo
tanto aumentamos nuestra creatividad.
Creatividad e informática
«Sabemos que existe, según Thomas J.
Watson, una generación silenciosa, más interesada en la seguridad que en la
integridad, en la conformidad que en la actividad, en la imitación que en la
creación».
Es necesario que
pedagogos, psicólogos, biólogos, neurólogos y sociólogos, informáticos y
otros expertos, realicen experiencias para relacionar las nuevas tecnologías
informáticas y mediáticas con la creatividad. La gran cantidad de
información, textos, iconos, gráficos y modelos, proporcionan mayores y
mejores posibilidades de asociación de ideas.
Esta realidad, unida a la
facilidad en los recursos, dibujos, etc. y a la rapidez de recuperación,
imposible para el cerebro humano, hace factible una mayor aptitud creativa,
nuevas conexiones entre ideas, iconos y situaciones, que van a facilitar el
recorrido informativo entre las neuronas. No se crea de la nada.
Vertiginosidad en la percepción
Por otra parte, los que
han nacido ya con la informática en sus casas, y desde pequeños se han
iniciado en los juegos por ordenador, en los teclados y en la velocidad de
la información, no solamente no tienen miedo a entrar creativamente en el
mundo de la nueva tecnología sino que, además, han generado unas
habilidades, en la mayoría de los casos a nivel neuronal, que les permiten
lograr aprendizajes que no podemos conseguir los que nos hemos formado en la
era del libro y la imagen fija. Quien ha entrado en los vertiginosos juegos
por ordenador, se ha acostumbrado a tomar decisiones en fracciones de
segundo (o aterrizo o me estrello), que les permiten congelar mentalmente
imágenes imposibles para otras generaciones. En las películas con imágenes
analógicas, más reposadas y tranquilas, el cine tradicional, nuestros
adolescentes aprecian más los detalles que los mayores, son capaces de leer
con más fidelidad las imágenes y comprenderlas en el contexto de la historia
y mensaje. El cine actual, generalmente realizado con vista a pasar pronto
al vídeo, utiliza técnicas de guión y montaje infinitamente más veloces. Los
primeros planos, el ritmo de vídeo-clip, los efectos especiales digitales,
la rapidez de los planteamientos y desenlaces, se asemejan cada vez al mundo
de los videojuegos. Son películas para entretener, para mantener al
espectador en vilo en sus asientos, acompañadas de sonidos y vibraciones, a
las que les falta en muchas ocasiones el reposo del relato. A los nuevos
espectadores tal vez les falte madurez y capacidad crítica, pero nunca
podremos decir que estén incapacitados para tomar decisiones con rapidez y
para apreciar informaciones que el ojo, y el cerebro, de los mayores no
percibe.
De la guerra de las galaxias a la moda ‘retro’. La confusión del tiempo.
Es necesario destacar, no
obstante, que al mismo tiempo que nacen fenómenos icónicos de culto, naves
espaciales, ciencia-ficción, que crean una nueva mitología cinematográfica y
narrativa, «Star trek» y «La guerra de las galaxias» crean escuela, adicción
e ideología popular, se generan productos ligados a la estética de
principios de siglo o ambientados en épocas pasadas. «Indiana Jones» o «The
Mummy», en aventuras y otras muchas películas de gansters, románticas,
vuelven a estéticas o ambientaciones de los años treinta o cuarenta. En
música, igualmente, se vuelve a la primera mitad del siglo XX. La misma
publicidad utiliza los recursos estéticos, icónicos y sonoros, de spots de
los primeros años de la televisión. A este fenómeno, Jameson lo llama
‘retrospección estilística’, que todos los pueblos necesitan para aunar su
historia cultural en el pasado, el presente y el futuro. La ‘mòde retro’,
según Jameson, desprecia la ficción futurista y tiende a evocar el tono
sentimental que sitúa acciones y narraciones en unos parámetros concretos en
cuanto a tiempo y espacio se refiere. No olvidemos en el cómic a Hugo Pratt
y a su personaje Corto Maltés. Clifford afirma que la función de tales
productos icónicos más que a denigrar el presente o a desvalorizar la
ficción futurista, tiende a recrear de manera idealizada el pasado, a fin de
confundir las fronteras de tales conceptos (pasado, presente y futuro), y
los distintos periodos en la misma ficción cinematográfica. Representamos
así nuestra propia visión actual de otras épocas. «…La significación que
pierde su significado queda transformada en imagen».
El anacronismo
cinematográfico al que he hecho referencia en artículos anteriores, se pone
de manifiesto constantemente en las representaciones actuales, en las que a
pesar de que se cuidan con mimo las puestas en escena y las ambientaciones
históricas, se entreveran conscientemente los recuerdos y relatos del pasado
con las ambientaciones del futuro. «The Matrix» o «Abre los ojos», son
buenos ejemplos de confusión de tiempos, de ruptura de lo cronológico, de
negación de la diacronía y sincronía, y de mezcla de formas de hacer
tradicionales con las últimas posibilidades de la nueva tecnología.
Nueva tecnología y desafíos para la educación
El desafío que las nuevas tecnologías de
la imagen y de la comunicación, presenta a la sociedad en general y al
sistema educativo en particular, debe responsabilizar en la utilización de
los medios, proponiendo en la familia y en las aulas formas de presentación
diferentes a las tradicionales, incitando al uso de las nuevas tecnologías
en la presentación de trabajos, en la creatividad, en la iniciación a la
investigación, en la producción de nuevos materiales, transparencias,
presentaciones, dinamización mediante el dibujo y el movimiento. La
dificultad que hace años teníamos para lograr fotografías y diapositivas, se
nos reduce actualmente con la utilización del escáner a partir de
fotografías, revistas, documentos y de la misma memoria del ordenador. La
transparencia y las presentaciones de trabajos se hacen cada vez con mayor
facilidad, proporcionando más tiempo para aprendizajes de mayor nivel
cognoscitivo, incitando a la síntesis creativa, a las estrategias
intelectuales, a la motivación y afecto hacia el trabajo y a la producción y
utilización de todos los sentidos corporales en el intento psicomotor de la
creatividad.
El mito del miedo a la nueva tecnología
La sociedad, los padres y
el sistema educativo, tienen un gran miedo a que hijos-alumnos se sumerjan
en las nuevas tecnologías. El temor a lo desconocido, no saber qué hacer
cuando los adolescentes pasan mucho tiempo ante el ordenador, falta de
alternativas a los medios, sumergen a la sociedad en un mar de dudas,
guiadas en el mayor número de casos por el desconocimiento, por no adaptarse
a las circunstancias o por carecer de tiempo para una puesta a punto. Un
estudio publicado en septiembre de 1999 por Market Data Retrieval muestra
que el 61% de los profesores norteamericanos se encuentran mal preparados
para asumir en sus aulas la tecnología. Según otro estudio publicado por el
Higher Education Research Institute, de la Universidad de California, la
dificultad de mantenerse al día es una de las principales fuentes de estrés
para los profesores. No dispongo de datos parecidos sobre los profesores
españoles.
El miedo a lo desconocido
no debe impedir la utilización de la nueva tecnología en las aulas. En mis
clases a profesores he apreciado en bastantes ocasiones que aquellos que más
critican la «frialdad» o «deshumanización» de la utilización de los
ordenadores son quienes más miedo tienen a ellos. Una vez realizada la
experiencia, reducida la ansiedad y eliminado el miedo, se produce el efecto
creativo deseado.
No debemos cerrar ninguna
entrada al sistema educativo. Los medios son, además, posibles vías de
trabajo futuro. «Debemos mantener abiertas todas nuestras percepciones hacia
lo desconocido», dice Clifford comentando a Feyerabend. Las nuevas
tecnologías proporcionan mayor democratización en la información y la
comunicación y son sustento de habilidades diferentes que pueden ser la base
de aprendizajes diversificados ligados a la creación de nuevas situaciones y
procesos. Internet, y las redes que de ellas dependen, democratizan la
información; abren mundos antes imposibles de acceder a ellos.
¿A
dónde vamos a llegar?
Según Einstein, la perfección de medios
y la confusión de los fines parece ser la característica de nuestro tiempo.
Los medios ocultan o enmascaran a los fines; las circunstancias, la
vertiginosidad de la vida nos impide apreciar con claridad a qué lugar
queremos llegar. Ya le decía el conejo blanco a Alicia, de Lewis Carroll, en
‘Alicia en el país de las maravillas’: «Si no sabes a dónde vas acabarás en
otra parte».
En la base de la creatividad está el
conocimiento, el esfuerzo, la memoria y las aptitudes previas. Todo ello
puede ser más fácil debido a la nueva tecnología. El salto intuitivo (Bruner),
o fenómeno estrictamente creativo, se da hoy día con más celeridad que
antaño, debido a las experiencias más veloces que tiene el cerebro,
provocadas en gran medida por la destreza informática y los apoyos y ayudas
que esta provee. En la fase final de verificación y de producción de
procesos creativos, el mundo de la nueva tecnología igualmente facilita
habilidades y recursos, dibujo, textos, proporciones, formulaciones, etc., a
personas a las que antes estaban negadas por sus carencias o falta de
experiencia.
¿Una ética diferente?
La sociedad debe
enfrentar estos problemas adelantándose a las generaciones que nos siguen en
el uso de la nueva tecnología y sus posibilidades creativas. Como asegura
Hallman, «todo acto de creación comienza preguntando». O Roger Lewin, «con
demasiada frecuencia damos a los niños soluciones que recordar en vez de
problemas que resolver». Los valores morales son afectados igualmente por la
sociedad digital, pues como dice Bilbeny, pasamos de una ética de
interrelación personal, de proximidad, a una ética en la que la interacción
es virtual o se desarrolla a distancia, con texto pero sin gesto; con
imágenes pero sin cuerpos.
Es la ética, los valores
morales que deseamos imponer a nuestros sucesores, lo que posiblemente
debieran ser revisados. Los jóvenes no están exactamente contra aquellos
valores en los que la sociedad se reconoce y se identifica. Simplemente
están en otra parte: en un sistema cultural que, progresivamente y de manera
peculiar (Babin, 1983) se está constituyendo en una verdadera cultura,
distinta de la anterior. Es preciso impulsar el diálogo entre las culturas,
resistirse a que la homogeneización (Cebrián 1998) sea el resultado de la
victoria de unas civilizaciones sobre otras. Es necesario utilizar en lo
posible todo lo que tenemos. Una de las cosas más tristes que pueden ocurrir
a nuestra sociedad es que utilicemos solamente una parte pequeña de las
posibilidades que se nos brindan.
ARRIGHI, HOPKINS Y
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CABRERA, J. (1999):
«Cine: 100 años de filosofía». Barcelona. Gedisa
CARRIÈRE, J.C., DELUMEAU,
J., ECO, U., JAY GOULD S.: (1999): «El fin de los tiempos».
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«La red. Cómo cambiarán nuestras vidas los nuevos medios de comunicación».
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«El imperio de lo efímero. La moda y su destino en las sociedades modernas».
Barcelona. Anagrama.
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