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Cine y derecho a la equidad en la educación.

 

© Enrique Martínez-Salanova Sánchez


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 El cine, con frecuencia se introduce en el mundo de la educación denunciando las carencias referidas al derecho de mujeres y hombres a educarse y a la necesidad de que no se excluya a nadie del sistema educativo. En los países más pobres es prioritario el derecho de la mujer a la escolarización mientras que en el cine occidental se hace hincapié en el tratamiento a una enseñanza orientada al pleno desarrollo de la personalidad humana de mujeres y hombres, del sentido de su dignidad, que favorece la creación de una sociedad libre, la equidad entre géneros, y la comprensión y la tolerancia entre grupos étnicos o religiosos.

Palabras clave

Género, cine, derecho, coeducación, exclusión


Profesora: Todas las alumnas deberían llevar uniforme negro y pañuelo blanco. Noqreh, ¿Por qué llevas un vestido de color?

Noqreh: Señorita, si llevara uniforme mi padre no me dejaría venir.

Profesora: ¿Por qué?

Noqreh: Piensa que las chicas no deberían estudiar.

(De la película A las cinco de la tarde, realizada en 2003 por la directora iraní Samira Makhmalbaf) 


El cine ha filmado con mucha frecuencia los problemas educativos, y dentro de ellos, el derecho a la educación, en todas sus formas, y el de las niñas especialmente, no podía ser menos. El cine es, además, un lenguaje vivo que avanza en la misma medida que la sociedad, que se hace imprescindible en el debate social que se crea en torno a la educación y sus derechos.

El derecho a la escolarización de las niñas

La Declaración Universal de Derechos Humanos desarrolla en el artículo 26 que toda persona tiene derecho a la educación. Todo niño o niña que nace en cualquier lugar del mundo tiene derecho a recibir una educación que le permita vivir con dignidad. El Informe de Seguimiento de la Educación para todos en el Mundo (UNESCO, 2000) evalúa cada año los progresos realizados hacia la consecución de los seis objetivos que se fijaron los 164 países participantes en el «Foro Mundial sobre la Educación», celebrado el año 2000 en Dakar. En el Objetivo 4 del Marco de Acción de Dakar se hace un llamamiento a los países para «aumentar de aquí al año 2015 los niveles de alfabetización de los adultos en un 50%, en particular tratándose de mujeres, y facilitar a todos los adultos un acceso equitativo a la educación básica y la educación permanente».

El derecho de las niñas (de la mujer) a la educación. Buda explotó por vergüenza. Irán

La educación de las niñas es uno de los Derechos Humanos fundamentales y está vinculado a todos los demás derechos. La mejor calidad de vida que brinda la educación se traduce en enormes beneficios para toda la sociedad. Por ello, la educación es esencial en el desarrollo de todos los países. Sin embargo, a las niñas se les excluye con mucha frecuencia de este proceso. Si esto sigue así, nunca se lograrán estos progresos.

En Buda explotó por vergüenza, de 2007, dirigida por la iraní Hana Makhmalbaf, se trata con realismo y dureza la marginación de las niñas en algunas culturas.

Bajo la estatua del Buda que destruyeron los talibanes en Afganistan aún viven miles de familias. Baktay, una niña afgana de seis años, es incitada a ir a la escuela por el hijo de sus vecinos, que lee los alfabetos y cuenta interesantes historias frente a su cueva, por lo que ella le admira y desea hacer como él. El problema inicial es que Baktay no tiene cuaderno ni lápiz. Para el cuaderno debe buscarse la vida vendiendo huevos en el mercado. Como lápiz, lleva el pintalabios de su madre, lo que provoca que unos niños, que juegan a ser talibanes, decidan apedrearla. Para sus juegos utilizan palos que simulan fusiles y cometas que representan cazas de combate. Pero no todo es de mentira. En este juego, las piedras son de verdad. Cuando atrapan a Baktay, ya tienen a otras tres niñas encerradas en una cueva. Los motivos para retenerlas varían entre los que opinan que una niña no debería ir a la escuela o que las pequeñas tienen los ojos demasiado bonitos. Reflejan la sociedad violenta en que viven sus mayores.

Es una película muy dura, que refleja la violencia de una cultura que discrimina a los débiles, sobre todo a las mujeres. Es una reflexión sobre la necesidad de la educación para todos. El cine de los países más pobres, donde la mujer todavía no accede con regularidad a la educación, trata con frecuencia este tipo de situaciones.

Cuando una niña carece de los conocimientos y la destreza para enfrentar la vida que pueden aprender en la escuela hay efectos a inmediato y largo plazo, afirman expertos de la UNICEF, una niña de un país con carencias importantes se expone a muchos más riesgos que sus homólogas educadas y las consecuencias son transferidas a la generación posterior. Cuando una niña recibe una educación de calidad, el resultado casi siempre es el de toda una familia con educación y formación. Por eso, numerosos estudios inciden en que no existe instrumento más efectivo para el desarrollo que la educación de las niñas. Si no se actúa con urgencia, (UNICEF, 2007) para incrementar la cantidad de niñas que tienen acceso a la educación básica, los objetivos globales para reducir la pobreza y el mejoramiento de las condiciones de vida humanas no se podrán cumplir.

La película es una metáfora político-social en la que los niños reproducen en sus vidas las actitudes aprendidas de los mayores se advierte una dosis de denuncia a la intransigencia, al machismo o a la violencia de un régimen dictatorial. Pero también se critica el dominio americano posterior que les impide mantener su propia idiosincrasia y tradición. Es el fracaso talibán y también americano, dos maneras de imponerse y sojuzgar la inocencia de una infancia que quiere ir a la escuela para le cuenten historias sencillas.

Todo el film es una alegoría sobre la vida de las mujeres en esas comunidades, la guerra y la ausencia de libertad. Cada una de las frases que pronuncian los protagonistas es una crítica a la actitud belicosa e irresponsable: «No me han enseñado nada, he aprendido sola». «Baktay, muérete, si no te mueres, no serás libre». «No quiero jugar a apedrear». «No me gusta jugar a la guerra».

Durante la Conferencia Mundial para la Educación para todos (Jontiem, 1990), cien gobiernos señalaron el acceso a una educación de calidad para las niñas y las mujeres como «la más urgente prioridad». En los «Objetivos de desarrollo del milenio 2015, la enseñanza primaria para las niñas se establece también como un objetivo básico: Velar por que, para el año 2015, los niños y niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria. En el caso de las niñas, especialmente en algunos países, existen todavía grandes barreras socioculturales que llevan a la discriminación por motivos de género, que permiten una repercusión negativa sobre la educación, en especial sobre la educación de las niñas, del concepto persistente de que la educación es un servicio y no un derecho humano. Se insiste por ello en el acceso, en toda circunstancia, de las niñas a todos los niveles de la educación. Algunos obstáculos que aun quedan son los matrimonios y los embarazos precoces, el trabajo infantil (en especial el trabajo en el hogar) y los conflictos armados.

Un grupo de niñas afganas fueron atacadas el 12 de noviembre de 2008 por un grupo de talibanes que les lanzó ácido de batería cuando se dirigían a la escuela, dejando ciegas a dos de ellas y provocándoles graves cicatrices a otras, en la ciudad de Kandahar. Los ataques fueron llevados a cabo porque las niñas iban a la escuela, algo que estuvo prohibido en el país varios años. En Afganistán, un país sacudido por la guerra, se ha trabajado duramente para superar la violencia y otros obstáculos que puedan impedir, especialmente a las niñas, acudir a la escuela. A pesar del dificultoso entorno, la matriculación infantil ha seguido aumentando. Más de 6 millones de niños y niñas de Afganistán acuden ahora a la escuela, en comparación con 3 millones en 2002. UNICEF mantiene que las escuelas deben proporcionar un espacio seguro para la infancia y que es preciso que se ponga fin a los ataques a escuelas y a quienes enseñan y aprenden.

La película que comento no está basada en una exageración ni en una ficción desmesurada. La educación es una pieza clave para que la mujer salga de estas situaciones. A pesar de las metas marcadas por los Objetivos de la Declaración del Milenio, todavía la población femenina representa dos tercios de la población analfabeta. Por otra parte, de las evaluaciones realizadas sobre el cumplimiento de los compromisos con las mujeres suscritos en Beijing en 1995, se concluye que «en todas las regiones del mundo hay muchas mujeres que están realmente peor ahora de lo que estaban diez años atrás» (WEDO, 2004).

 El derecho a una educación digna y de calidad: Los diarios de la calle. EE.UU.

Diarios de la calle es una película dirigida por Richard LaGravenese en 2007. Está inspirada en una historia real, la de una profesora de instituto, Erin Gruwell y en los diarios de un grupo de adolescentes, chicos y chicas, «Los escritores de la libertad», de Long Beach, California, Estados Unidos, tras los disturbios de 1992 por conflictos interraciales. Presenta la fuerza creativa y didáctica de una mujer, que deja sus prejuicios y técnicas tradicionales para ejercer con métodos creativos su tarea con un grupo marginal.

En la película se ve cómo, a sus 23 años, todavía con aspecto de estudiante, la idealista Erin Gruwell (Hilary Swank) hija de un activista de los Derechos Humanos que de pequeña quiso ser abogada para defender a los pobres y excluidos, parece dispuesta a comerse el mundo el día que entra en el instituto Wilson para estrenarse como profesora. Pero su clase es un grupo multiétnico adolescente de los más variados orígenes. Lo único que tienen en común es el odio que se profesan entre sí y la intuición de que el sistema educativo se está limitando a almacenarlos en cualquier lugar antes de que tengan edad para morir en las calles de una cuchillada. Erin se empeña día tras día en ganarse su confianza pese a su obstinado rechazo a toda forma de participación en las clases.

Sin embargo, la actitud optimista de la maestra es una bofetada para los endurecidos alumnos, quizá peor que el cinismo o la indiferencia de los otros profesores. Un día la profesora intercepta un dibujo donde se insulta a un joven negro mediante la exageración de rasgos físicos. En un momento de inspiración, compara el dibujo con las caricaturas que los nazis hacían de los judíos y les menciona el Holocausto. Para su sorpresa, la gran mayoría desconoce la historia de la «solución final» nazi. A partir de ese momento, la maestra modifica el plan de estudio, y cambia «La Odisea» por «El Diario de Anna Frank».

Cuando la dirección de la escuela se niega a pagar los nuevos libros y otras actividades que Gruwell planea, la profesora toma dos empleos adicionales para financiar su proyecto, lucha contra superiores y parientes, para quienes su nivel de compromiso resulta exagerado e inapropiado. Los jóvenes, en cambio, reaccionan positivamente al desprendimiento de la mujer, y se integran por completo.

Sabiendo que todo el mundo tiene una historia que contar, Erin les anima a que escriban un diario con sus pensamientos y experiencias. Los diarios pronto dejan de ser deberes de clase y se convierten en un instrumento de afirmación vital de su propia vida y de su género. Cuando Gruwell les regala cuadernos para que hagan anotaciones diarias sobre su vida y pensamientos, los cuadernos se convierten en un remedio y pronto se llenan con el dolor y la angustia de las experiencias juveniles.

La verdadera Erin Gruwell (Gruwell, 2007) hizo llegar al alumnado periódicos, para que los tomaran como ejemplo y escribieran sobre noticias pasadas, presentes o futuras, sobre buenos tiempos, o malos. Cuando leía lo que habían escrito se quedaba maravillada, por la calidad y el fondo de los artículos. Les dio unos cuadernos para que se expresaran como quisieran, por medio de dibujos, poemas o un diario escrito. Los resultados fueron asombrosos: por primera vez aquellos chicos y chicas comprendieron el lugar que ocupaban en el mundo y vieron que había alguien dispuesto a escuchar lo que tenían que decir, se sintieron unidos por algo y, si antes no se soportaban entre sí, comenzaron a considerarse como una gran familia que les proporcionaba identidad y orgullo, y empezaron a llamarse a sí mismos «Los Escritores de la Libertad».

Lo que Erin Gruwell hizo en las aulas es lo que la antropología social se ha ocupado de indagar a la educación, tanto a la llamada educación formal, la escuela, la coeducación, como a los procesos de enseñanza o a los resultados de dichos procesos en el marco de la socialización educativa, pues garantizar el derecho a la educación, va más allá de conseguir la inscripción a una institución educativa, sea esta de la calidad que sea. Los centros educativos deben no sólo abogar porque se tenga acceso al estudio, sino por que lo hagan con la mejor calidad (Jomtiem, 1990), en equidad de género y solidaridad, al alcance de sus posibilidades y contribuir para elevar dicha calidad tanto en su trabajo de los profesores con sus alumnos como en la interacción con las entidades de educación y formación.

Derecho a la normalización educativa de las personas con discapacidades. Gaby, una historia verdadera. México, EE.UU.

Este film, Gaby, una historia verdadera, 1987, del director mexicano Luis Mandoki, es de suma importancia para quienes quieren saber cómo el cine trata la educación de quienes tienen discapacidades y el papel de la mujer en el mundo. Presenta un drama humano real, la vida de la poetisa mejicana Gabriela Brimmer. Está realizado con objetividad informativa y es respetuoso con su biografía. Gabriela Brimmer nació con una parálisis cerebral tetrapléjica grave de origen perinatal que le impedía cualquier movimiento o expresión menos su pie izquierdo. Ella misma fue asesora de la película, colaboró en el guión, y ha sido capaz de hablar con voz propia al hacer llegar a la sociedad un mensaje normalizador sobre la discapacidad, presentando a la protagonista con sus dificultades, las barreras sociales y arquitectónicas que padeció, sus amores frustrados por circunstancias diferentes pero sin silenciar el problema suyo ni el del resto de personas discapacitadas que se mueven a su alrededor. La película narra la historia de ella y la de Florencia, una indígena mejicana que descubrió las posibilidades comunicativas de Gabriela y le sirvió de apoyo, de voz y de cuerpo.

Gabriela luchó por la libertad, por estudiar en centros de estudios normalizados y por acceder a un nivel máximo en los estudio, pues ingresó a las carreras de sociología y periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Se sale esta película de la tónica general, visibilizando a una mujer como persona de interés social, luchadora por los derechos de los discapacitados, al mismo tiempo que la presenta como mujer libre. A pesar de su severa discapacidad se hizo visible en su sociedad, se convirtió a partir de los años ochenta en un ejemplo de lucha para el movimiento por los derechos de las personas con discapacidad, publicó libros e hizo guiones para el cine, y el mismo cine reprodujo su existencia.

Gaby era hija de una acaudalada familia de europeos judíos, refugiada en México tras la persecución nazi. Gracias a la ayuda de Florencia, Gabriela accedió a toda su educación, incluida la universitaria. Su comunicación con los demás la realizaba con el dedo gordo del pie sobre una máquina de escribir. La película, rodada en gran medida junto a discapacitados -los actores principales no lo son- de Cuernavaca (México), es un canto reivindicativo a la normalización educativa, sexual y social de las personas discapacitadas. A pesar de la parálisis cerebral que sufre desde su nacimiento, Gabriela Brimmer revela tener una inteligencia sobresaliente que le permitió normalizar sus estudios, acceder a la universidad y convertirse en una aclamada poetisa.

«Tenemos derecho a los programas regulares de educación en todos sus niveles, y sin embargo es común que se rechace nuestra incorporación a ellos, creyendo equivocadamente que todos somos sujetos de los programas de Educación Especial, que son buenos, sí, pero para un determinado tipo de población con discapacidad». (Brimmer, 2001)

Excluir a un ser humano, no garantizar el derecho a la educación, es negarle su derecho a desarrollarse plenamente como ser individual y social, aunque este desarrollo pleno no depende exclusivamente de la educación sino que a ella deben sumarse un conjunto de políticas públicas y de experiencias de interacción en los ámbitos familiar, comunitario y social.

Bibliografía/Referencias


Brimmer, G. y Facio, A. (2001): ¿Igual Derecho a la Vida, a la Dignidad, a la Justicia?, en Declaración Universal de Derechos Humanos: texto y comentarios inusuales, Alda Facio (comp.). Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer y del Programa Mujer, Justicia y Género del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito.

Conferencia Mundial sobre Educación para Todos (1990). Satisfacción de las necesidades Básicas de aprendizaje: Una visión para el decenio de 1990. Nueva York. WCEFA.

Declaración Universal de los Derechos Humanos, (1948). Nueva York

ENABLE (1991). Los derechos y la dignidad de las personas con discapacidad. Informe del Relator de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos y Discapacidad. Naciones Unidas.

Grupo Comunicar (1998): «El cine en las aulas», tema monográfico en Comunicar 11. Huelva,

Gruwell, E. (2007): Diarios de la calle. Barcelona. Elipsis.

Jomtiem (2001). Tercer Congreso de la Internacional de la Educación, 25 al 29 de julio de 2001, Jomtien, Tailandia

Martínez-Salanova, E. (1997): La enseñanza de los valores, la ética y la conducta desde el cine en Comunicación educativa y nuevas tecnologías, coord. Ferrés Prats, J. y Marqués Graells, P., Editorial Praxis, Barcelona. Pgs. 454/9-454/19

Martínez-Salanova, E. (2001): ¿Cómo utilizar el cine para la educación en valores?, en Actas del encuentro de grupos de trabajo, Páginas 31-54. Málaga. Centro de Profesorado.

Martínez-Salanova, E. (2002): Aprender con el cine, aprender de película. Una visión didáctica para aprender e investigar con el cine. Huelva. Grupo Comunicar. 400 pp.

Martínez-Salanova, E. (2007): Medios de comunicación y nuevas tecnologías para la cultura de la paz, en Sociedad de la Información, Educación para la Paz y Equidad de Género, Páginas 5-13. La Coruña. Netbiblo.

Martínez-Salanova, E. (2010): Cine y el Derecho a la Educación. Consulta 06/02/2010. http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/temasderechoalaeducacion.htm

UNESCO (2000). Informe final del foro mundial sobre la educación. Dakar 2000 En: www.unesco.cl/medios/biblioteca/documentos/ept_dakar_informe_final_esp.pdf

UNICEF, 2007: Informe anual del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia

WEDO-Social Watch, 2004: Beijing Traicionada. Informe América Latina y El Caribe. Montevideo.

© Enrique Martínez-Salanova Sánchez

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