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Biografía
Leni Riefenstahl nació en
Berlín el 22 de agosto de 1902. Falleció a los 101 años, en 2003. Rompió en
sus 101 años de vida infinidad de esquemas y
aportó al cine multitud de experiencias
innovadoras que es necesario destacarlas por su
brillantez a pesar de su vinculación y colaboración durante una
década con la ideología nazi y su cúpula de
poder.
De muy joven inició su carrera como bailarina. Una
lesión de menisco la alejó temporalmente de la escena. En 1924 se puso en
contacto con el Dr. Arnold Fank, tras ver una película suya sobre los Alpes
dolomitas. Con Fank, además de protagonizar varias películas, entre ellas
El Monte Sagrado, colaboró durante muchos años y aprendió a manejar la
cámara.
La película de Eisenstein El acorazado Potemkin,
le hizo decidir su vida dedicándola al cine. Poco a poco, arriesgando su
persona en escenas difíciles y su dinero en la producción de films, labró
una reputación con la que estuvo a punto de llegar a Hollywood.
Pero no quiso limitarse a la
subordinación de ser actriz: en 1932 dirigió su primera película, La luz
azul, filme situado en los Alpes, que tras
ser premiada en la Mostra Venecia, la lanzó a la fama internacional. Ella
interpretaba el papel
principal. Hitler, poco antes de llegar al poder, el 30 de enero de 1933,
quiso conocerla y le fue presentada.
Mientras otros cineastas se expatriaban, como
Fritz Lang y Robert Wiene,
Leni, gracias al doctor Goebbels, se convirtió
en «la cineasta número uno del nuevo régimen». Hitler causó gran impacto en
la actriz y directora, que aceptó la dirección de dos documentales sobre el
congreso del partido, La victoria de la fe (1933) y El triunfo de
la voluntad (1936). Esta obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía, la
medalla de oro en la Bienal de Venecia, y medalla de oro también en la
Exposición Universal de Paris en 1937.
Para acallar las críticas de algunos generales de
Hitler por la gran confianza que el Führer tenía hacia ella, filmó un corto
sobre la Wermacht. En ese tiempo viajó por España para rodar los exteriores
de Tierra Baja, que acabaría aparcada por falta de financiación.
Con Olimpíada, una epopeya sobre los Juegos
Olímpicos de Berlín de 1936, obtuvo no solamente el gran reconocimiento del
gobierno y pueblo nazi, sino que además fue premiada con gran éxito de
público y crítica con un León de Oro en el Festival de Venecia. Olimpíada
se estrenó el día del cumpleaños de Hitler en sesión privada, en dos partes
Fiesta de los pueblos
y Fiesta de la belleza.
Leni Riefenstahl tuvo a su disposición todo tipo de
recursos, tanto económicos como técnicos, en momentos en que la restricción
económica afectaba al resto de los cineastas.
Mientas tanto, siguió con el rodaje de Tierra Baja,
para la cual, construyó en Alemania una aldea de estilo español. La
contratación como extras de un grupo de gitanos le llevó posteriormente a
ser acusada de haberlos sacado de un campo de concentración y de haberlos
utilizado como esclavos.
Debido a los constantes bombardeos sobre Berlín se
trasladó a Kitzbühel (Austria), donde depositó todo el material de sus
películas, incluida Tierra Baja de la que tan sólo faltaba el trabajo
de sincronización y montaje.
Tras el final de guerra, fue detenida e interrogada por
el ejército norteamericano. Le fue confiscada la casa y todas sus
posesiones, ente ellas las copias de sus películas. Leni se defendió siempre
de sus acusaciones de nazismo diciendo que había pecado de ingenua pero no
de mala voluntad. Como tantos miles de alemanes de aquella época, negó
conocer el exterminio que estaba sucediendo en su país. No obstante, nunca
lo lamentó.
Tras ser liberada por los norteamericanos, una
guarnición francesa en El Tirol, la volvió a detener. Más tarde se le
confiscaron todos los bienes, incluyendo el material fotográfico. Vivió
varios meses en la miseria y su matrimonio fracasó. Se le
recluyó
durante
tres meses en un manicomio, en el
que se le aplicó electroshock para «desnazificarla»
En varios juicios sucesivos, a instancias
norteamericanas y francesas, salió con veredicto favorable, que reconocía su
no-implicación ni en el partido ni en ninguna otra de sus ramificaciones y
que su relación con Hitler y su partido era estrictamente profesional. Tras
un última apelación la calificaron solamente como simpatizante (no
perteneciente) del partido nazi.
Tras varios años de pleitos consiguió recuperar parte
de sus pertenencias, sobre todo sus rollo de
película. Veinte años después
de haber sido empezada, terminó el montaje y estrenó Tierra Baja.
Viajó por África, donde quedó prendada por unas
fotografías de los atléticos cuerpos de «Los Nuba». Se obsesionó con la idea
de filmarlos, y a pesar de los peligros y los consejos en contra (tenía ya
60 años), partió para el sur de Sudán en las más adversas circunstancias.
Las fotografías y filmaciones de «Los Nuba» dieron la
vuelta al mundo. Para lograrlas se integró en las costumbres de la tribu y
aprendió su lengua. Con su colaborador y cámara, Horst Kettner, en 1968, se
adentró en territorios desconocidos y filmó a varias tribus que nunca habían
tenido contacto con el mundo de occidente.
Su culto al cuerpo en forma de imágenes fotográficas y
filmadas, sirvió a sus críticos para indicar sus evocaciones de la ideología
nazi. En la última etapa de su vida profesional,
prefirió eliminar de sus
imágenes al ser humano. Desde mediados de los años setenta comenzó a
fotografiar arrecifes de coral, un tema que incluso le permitió filmar una
última película, ya absolutamente vaciada de contenido, Impresiones bajo
el agua, que realizó con 97 años y presentó en el 2000,
ya con 100 años. Aprendió
submarinismo a los 72 años y con más de 90 siguió lanzándose en paracaídas.
Falleció a los 101 años, en 2003.
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