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La historia del guión
©Enrique
Martínez-Salanova Sánchez |
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T. Harper. Ince

Griffith |
Historia del guión
El guión comenzó a partir de 1912,
cuando Thomas Harper Ince, el primer gran productor que
introduce las más modernas técnicas de producción,
exigió a sus directores unas normas en las que se imponía el
guión perfeccionista, elaborado hasta el detalle. Así se fue imponiendo el
guión y ganando prestigio el trabajo de los guionistas.
El guión comenzó pronto a tener
dos partes: el literario, en el que se expresaba todo el texto en términos
visuales, y el cinematográfico, que era desglosado en planos y secuencias. A
esta fase se le llamaba continuidad, porque era la que daba el verdadero
ritmo al relato. La mayor parte de las veces las realizaban dos guionistas
diferentes.
Griffith, sin embargo, en 1916, no
escribía ni una línea de sus guiones, y películas como Intolerancia,
se llevó directamente de la cabeza del director al rodaje y montaje. En las
películas cómicas tampoco se hacía guión, y era el ‘gagmen’, guionista
especializado en gags, quien pensaba las escenas y chistes visuales que
permitían el rodaje. Charles Chaplin, que era mucho más individualista que
todos ellos y se fiaba menos de la capacidad de invención de los guionistas,
no escribió sin embargo guiones detallados hasta el advenimiento del sonoro.
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Los guionistas de los
años 1930
La llegada del cine sonoro cambió
a toda la industria cinematográfica. El cambio lo sufrieron los actores, los
directores y los técnicos. El avance era imparable pues el público, una vez
probado el sonido, rechazó rápidamente el cine mudo. De todos los cambios
apresurados que hubo que hacer con motivo del advenimiento del sonoro, la
introducción de diálogos fue el más difícil y complicado. Los estudios se
lanzaron a la búsqueda de autores de teatro, y novelistas, que invadieron
los nuevos platós sonoros de Hollywood.
La tarea del guionista debe ser
realizada en dos etapas. La primera es el guión «literario», que consiste en
una descripción de la historia en términos visuales, sin detalles técnicos.
La segunda, que puede hacerla otro guionista, desglosa el guión anterior en
secuencias y planos. Es lo que se conoce como «continuidad».
Aunque el talento literario no
necesariamente supone que se hagan buenos guiones, las habilidades son
parecidas. Los escritores saben cómo manejar la palabra escrita, pero para
escribir guiones deben conocer también el funcionamiento de la cámara, las
labores de montaje y las posibilidades de actores y actrices. Grandes
escritores han sido, y son, magníficos guionistas. Otros no han logrado
hacer buenos guiones. Muchos buenos guionistas nunca han logrado hacer una
buena novela. Son trabajos y técnicas literarias diferentes, muy creativas,
ya que no existen reglas objetivas para escribir un guión.
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©
Enrique
Martínez-Salanova Sánchez
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