Los ismos

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez

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Realismo en 1950 Expresionismo alemán

Modernismo

Surrealismo Anécdotas

El realismo en 1950. Fotografía versus montaje

Hacia 1950 se produjo la vuelta al realismo. André Bazin, «el cine selecciona la realidad pero no la transforma», insistió en que el cine tenía como base la fotografía. Era necesario volver a descubrir las capacidades de la fotografía más que huir de sus limitaciones. La mayor virtud de la fotografía es que representa la realidad. Bazin defendió el proceso automático y mecánico de reproducción de imágenes de la cámara al que se había opuesto la teoría ortodoxa. El carácter mecánico de la fotografía era la garantía de su objetividad y fidelidad a la naturaleza. Para Bazin, el montaje al estilo de Griffith, de Eisenstein y de otros muchos, interrumpía la continuidad natural del tiempo y el espacio con el fin de recrear el mundo y darle formas simbólicas y conceptuales.

En un nuevo estilo de filmación se abogaba por la cámara móvil que se dedicaba más a seguir que a analizar los acontecimientos en tomas largas (a diferencia de lo que ocurría con el montaje), y con profundidad de campo (a diferencia de lo que ocurría en los primeros planos), y que representaba siempre la acción en su contexto. Bazin se opuso al punto de vista de Eisenstein de que el montaje ofrecía al espectador un papel activo y creador en la comprensión de la película. Según Bazin los que ponían el énfasis en el montaje conseguían imponer un significado unívoco al espectador, privándole de la capacidad de pensar por su cuenta, de recrear sus propias imágenes. Se obligaba al público a aceptar pasivamente el punto de vista de la película. Por el contrario, mediante la toma larga rodada con profundidad de campo se abarca toda la acción de una escena sin cortes o posiciones de cámara diferentes, no se necesita apenas montaje y el espectador por lo tanto es más libre para apreciar la relación entre la imagen y la historia que se cuenta. 

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El expresionismo alemán

El «expresionismo» es el intento de presentar la vida interior de la humanidad en lugar de su apariencia externa. Como movimiento artístico, el expresionismo alemán duró desde 1914 a 1924, pasando al cine desde la pintura, la poesía y el teatro. En pintura, se utiliza el tipo de pintura en la que prima la «expresión subjetiva» sobre la representación de la objetividad, y recurría a colores hirientes y ritmos lineales muy fuertes. Arraigó fundamentalmente en Alemania, de donde surgió el movimiento Die Brücke (el puente), fundado en 1905 por unos estudiantes de arquitectura.

En el cine, la utilización casi exclusiva de interiores, los grandes efectos de sombras mediante iluminación artificial, los ángulos de cámara arriesgados y extraños, las perspectivas distorsionadas, los grandes decorados arquitectónicos realzados por un uso creativo de la iluminación que sustituyen a los fondos pintados y las composiciones estilizadas, son algunas de las características del expresionismo alemán.

 

El gabinete del Dr. Caligari. Das Kabinett des Dr. Caligari

Alemania. 1919

Director: Robert Wiene

Intérpretes: Werner Krauss, Conrad Veidt, Lil Dagover

Sinopsis: Dos amigos visitan una feria. En ella, un tal Dr. Caligari anuncia a alguien que es capaz de adivinar el futuro. Uno de los dos amigos le pregunta al vidente hasta cuando va a vivir, a lo que el adivino le contesta que no pasará de esa misma noche. Efectivamente, el joven amanece apuñalado en su propio cuarto. El otro amigo comienza a investigar al adivino y al siniestro doctor para averiguar la verdad sobre lo ocurrido.


Friedrich Wilhelm Murnau

Comenzó a dirigir películas en las que tratará de expresar su subjetividad con el máximo respeto por las formas reales del mundo. Nosferatu (1922), es un ejemplo de ello, película que cuenta el mito del vampiro, una de sus obras cumbres. Hizo uso del movimiento acelerado y del ralenti y empleó película negativa para marcar el paso del mundo real al ultrarreal.

Tras Nosferatu dirigió El último (Der letze mann), historia del portero de un lujoso hotel que es trasladado de puesto de trabajo debido a su edad. El hombre no se conforma con la pérdida de su uniforme y lo roba cada día para regresar con él a su casa, hasta que es descubierto. Esta obra supone la transición clara del expresionismo al realismo social, aunque está narrada en un lenguaje plástico lleno de prototipos expresionistas. Utilizó, para dar agilidad al relato, una cámara muy dinámica, atada al pecho de este último, para realizar travellings subjetivos circulares, e imitarán los movimientos de una grúa, situando la cámara en el extremo de una escalera de incendios.


Fritz Lang

Fritz Lang fue otro de los maestros de la escuela expresionista. Alcanzó el éxito y el reconocimiento con Der mude Tod (1921), que narra la lucha entre el amor y la muerte. Esta obra causó un impacto muy importante, y decidió la vocación del director español Luis Buñuel. En su siguiente obra, Los Nibelungos, tuvo ocasión de poder demostrar toda su madurez. Esta exaltación aria en la que los hunos son presentados como seres de raza inferior, parece premonitoria de los tiempos que vienen.

Metrópolis (1926) fue su obra definitiva.  Sus imágenes han pasado a la historia del cine: su opresivo mundo subterráneo, el relevo de turno de los obreros, la inundación, el pánico en la ciudad, etc... Metrópolis representa el apogeo de del expresionismo de orden arquitectónico como Caligari lo fue en el pictórico. Tras realizar El testamento del doctor Mabuse, en 1933, película prohibida en la Alemania de la época por constituir un alegato contra el nacionalsocialismo, huyó a Estados Unidos, donde prosiguió con su obra. Falleció en 1976.

 

El gabinete del Dr. Caligari


Nosferatu

Los Nibelungos

Metrópolis

Georg Wilhelm Pabst (1885-1967)

Director cinematográfico austriaco. Es uno de los directores más importantes del cine expresionista, aunque pasó más tarde a dirigir el cine alemán hacia el realismo social. Con experiencia como actor y director teatral, se trasladó a Alemania y realizó allí su primer filme, Der Schatz (El tesoro, 1923), film innegablemente expresionista. Tras su primera gran película, Die freudlose Gasse (Bajo la máscara del placer, 1925), que iniciaría una filmografía realista y crítica dentro de esquemas expresionistas, produjo Die Liebe der Jeanne Ney (El amor de Jeanne Ney, 1927), Die Büchse der Pandora (La caja de Pandora, 1928), Westfront (Cuatro de infantería, 1930), Die Dreigroschenoper (La comedia de la vida, 1931) y Kameradschaft (Carbón, 1931), que le situaron en un lugar relevante dentro del cine mundial. Buscó asilo en Francia tras el acceso de Hitler al poder y, de regreso a Alemania y ya en plena decadencia, supo evitar su inserción en el aparato propagandístico nazi. Aún realizó filmes como Der Prozess (El proceso, 1947), Der Letzte Akt (El último acto, 1955) y Rosen für Bettina (Rosas para Bettina, 1956).

El Modernismo en el cine de 1920

Las tendencias dadaísta, surrealista, cubista y futurista se interesaron pronto por el cine. En Europa surgieron, tras la Primera Guerra Mundial, varios movimientos modernistas que invadieron las artes. De ellos cabe destacar el dadaísmo, que pretendía sobre todo escandalizar, y el surrealismo, que ponía el énfasis en lo irracional y lo subconsciente. El cine les llamó la atención pues al expresarse mediante el movimiento de imágenes era una innovadora y moderna forma de comunicación artística, acrecentada con la utilización de técnicas que permitían satisfacer las inquietudes de los interesados por los nuevos inventos.

Mediante algunos procesos cinematográficos, como los rodajes fotograma a fotograma para lograr composiciones efectistas, o las fotos puramente científicas que les permitieron comprender mejor la naturaleza del movimiento, los pintores aprendieron y lograron «dar vida» a sus imágenes. Picasso se había planteado hacia 1912 la posibilidad de una pintura móvil proyectada sobre una pantalla de cine que nunca realizó.

La importancia de los decorados teatrales pintados aproxima el cine expresionista alemán a la pintura en El gabinete del doctor Caligari o a la vanguardia francesa con la película de Marcel L’Herbier, La inhumana (L'inhumaine, 1924), con sus estilizados decorados art-decó y el especial decorado «cubista» para el laboratorio.

Le sang d'un poéte (La sangre de un poeta, 1930), de Cocteau, a pesar de que el director se consideraba antisurrealista, es considerada hoy como cercana al «auténtico» surrealismo de Salvador Dalí y Luis Buñuel o del surrealismo de las primeras películas cómicas de René Clair, como París dormido (Paris qui dort, 1923) y Entreacto (Entr'acte, 1924).

Los intelectuales iniciaron un acercamiento al cine, relegado hasta esos momentos a las barracas de feria, que desarrolló nuevas formas expresivas, experimentando en el campo del documental, un género que iba a evolucionar más tarde con eficacia. Abel Gance con Napoleón (1927), y Buñuel con Un perro andaluz (1929), plasman suficientemente las líneas creativas que había en aquellos años en los países europeos.


Cocteau, por Modigliani

Jean Cocteau. 1889-1963

Nació en Maisons-Laffitte (Seine-et-Oise), tuvo tiempo de cultivar el cine, la música y la pintura. Maestro por igual en todas estas artes, no obstante, habría de ser la literatura la que le llevara a la Academia Francesa en 1963. Referencia obligada en la nómina de todas las vanguardias, Jean Cocteau -quien nunca llega a adherirse por completo a ninguna de ellas- es uno de los grandes nombres de la heterodoxia francesa del pasado siglo. Promotor de los primeros conciertos de jazz que se organizaron en París, fue amigo de Picasso, Stranvinski y Apollinaire. Tras darse a conocer como poeta lírico, lo hace como dramático en «Antígona» (1927), primera de sus distintas interpretaciones escénicas de los mitos clásicos. En tanto que el Cocteau ensayista se puso en marcha con un volumen dedicado a Picasso aparecido en 1924, el novelista lo había hecho un año antes con la publicación en 1923 de «Thomas el impostor», fascinante fábula acerca del revés de la impostura. Su obra maestra, en cuanto a su actividad novelística se refiere, data de 1929. «Los niños terribles» es su título y su propuesta, la crónica de un incesto entre unos hermanos caprichosos e insoportables que ejercen un especial magnetismo en cuantos se acercan a ellos.

Fue pionero de las técnicas modernas del cine con filmes tales como Le sang d'un poète (1930) y Orphée (1949), con una gran carga ideológica.

El surrealismo

Ver Luis Buñuel en este sitio

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El surrealismo (en francés, surréalisme, sobre, por encima) o superrealismo es un movimiento artístico y literario surgido en Francia en el primer cuarto del siglo XX, en torno a la personalidad del poeta André Breton.

El surrealismo tomó del dadaísmo algunas técnicas de fotografía y cinematografía así como la fabricación de objetos. Extendieron el principio del collage (el «objeto encontrado») al ensamblaje de objetos incongruentes, como en los poemas visibles de Max Ernst. Este último inventó el frottage (dibujos compuestos por el roce de superficies rugosas contra el papel o el lienzo) y lo aplicó en grandes obras como Historia Natural, pintada en París en 1926.

En la vertiente cinematográfica, el surrealismo dio lugar a magníficas obras, como La estrella de mar (1928), de M. Ray, o La concha y el clérigo (1926), de G. Dulac. Luis Buñuel, en colaboración con Salvador Dalí, realizó las obras más revolucionarias: Un perro andaluz (Un chien andalou, 1928), y La edad de oro (L'âge d'or, 1930).

Anécdotas

El novelista inglés George Orwell, acusaba a Buñuel de tener una «mente enferma». Todavía hay controversias sobre si fue él, o Dalí, quien mató a los asnos y robó la mano cortada de un cementerio para las secuencias de Un perro andaluz. Lo cierto es que los cuadros de Dalí cobran vida en el surrealismo de la película.

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©Enrique Martínez-Salanova Sánchez

 
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