Rafael Azcona

guionista de cine y escritor

© Enrique Martínez-Salanova Sánchez

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Una gran figura del cine

Biografía

Guionista


Rafael Azcona, una gran figura del cine


Azcona escribió las mejores historias del cine español, con una gran imaginación, rigor intelectual y brillantez.

Siempre quiso quitar importancia a su labor de guionista con su humor: « ¡Bah! Yo soy una puta, trabajo con quien me paga». Según Azcona, las películas que llevan su firma son de los directores solamente: «Lo primero que entendí al entrar en el cine es que no tenía que tener amor propio. Estoy al servicio del director». Una vez terminado el guión, lo entregaba y allí acababa toda su colaboración.

Su formación fue autodidacta. Explicaba así su técnica para escribir guiones: «Yo trabajo por asociación. Me dicen la edad que tiene un personaje, si ha estudiado o no y entonces me siento a escribir y dice «Coño», pero no porque yo se lo haga decir, sino porque lo dice él. Yo no pienso. Si pienso, me da vértigo».

Escritor, que hizo más guiones para el cine que novelas, que llevó el arte y la técnica del guión a los lugares más altos, que recibió numerosos premios, que trabajó para directores de alto nivel, sobre todo españoles e italianos, que pocas veces apareció en los medios de comunicación pues para él, el guionista era imprescindible para una película pero no debía notarse su presencia.

Sostenía que los personajes en sus diálogos deben ir por un lado y el argumento de la película por otro. La historia tiene que tirar del espectador a base de imágenes y situaciones mientras los personajes expresar su personalidad.

De humor socarrón  e inteligente, de pluma sencilla y concisa, que reflejaba lo que veía, que hacía hablar a sus personajes con el idioma común que descubría a su alrededor. Fue muy crítico con las imposiciones del poder y de la moral impuesta.


«Las películas son de los directores, mientras que el guión es como el encofrado de un edificio, que tiene que estar pero no se puede notar».

«Una vez terminado el guión, se lo entrego al director y ya no quiero saber más de la película, porque un guionista en un rodaje es un alienígena que sólo estorba».

«Escribo guiones porque me resulta más fácil que escribir novelas».


Rafael Azcona, biografía


Logroño, 24 de octubre de 1926 - Madrid, 24 de marzo de 2008

Llegó a Madrid en la víspera de su 25 cumpleaños y pasó medio años disfrutando de «los encantos de eso que llaman vida bohemia, aunque sin dinero ni para un café». Sus primeros pasos los dio como poeta, pero pronto se dio cuanta de su incapacidad y se dedicó al humor.

En julio de 1952 publicó por primera vez en «La Codorniz», la histórica revista de humor gráfico y literario que burló al franquismo y la censura. «Me encuentro estupendamente haciendo esas cosas: tirarle de la barba a la severidad, a la tristeza, a la melancolía y a la estupidez es una delicia». Rafael escribió artículos, cuentos, chistes e inventó a su popular personaje «El repelente niño Vicente», crítico con la moral de la época.

Rafael compaginó su producción en «La Codorniz» con la escritura de novelas. La primera es «Cuando el toro se llama Felipe». Luego siguieron «Los muertos no se tocan, nene», «Los ilusos» y «Los europeos», entre otras. Cuatro de ellas firmadas con el pseudónimo de Jack O'Relly. Ya demuestra las condiciones que marcará como guionista: el tratamiento coral, la soledad y el aparente caos dentro de la meticulosa planificación de la obra. No volvió a escribir novelas desde 1960 aunque sí las corrigió y reeditó.

En 1958 colaboró con el director italiano Marco Ferreri en la adaptación de su novela El pisito. Entró  así en el mundo del cine, que ya nunca abandonaría. Según contó Ferreri: «Yo convencí a Azcona de que se hiciera guionista y Azcona me persuadió a mí de que me dedicara a la dirección». «El pisito» (1958) fue su primer guión para cine con el que iniciaría su primer gran tándem creativo.

La filmografía de Azcona está unida a cuatro directores en cuatro etapas de su trabajo: Marco Ferreri, Luís García Berlanga, Carlos Saura y José Luís García Sánchez. El hecho de trabajar con pocos directores (estos cuatro dirigieron la mitad de sus 97 guiones para el cine) le dio la posibilidad de ser uno de los guionistas más personales del cine español.

Fue recompensado con el Premio Nacional de Cinematografía en 1981 y cinco Goyas como mejor guionista,  El bosque animado (1988), Ay, Carmela! (1991) Belle Époque (1993), Tirano Banderas (1994) y La lengua de las mariposas (2000), además del Goya de Honor en 1998. Recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes.


Azcona, guionista


El último medio siglo del cine español está escrito por Rafael Azcona. En total, 97 guiones de películas para la gran pantalla y otros cinco para televisión, donde mezcla adaptaciones de novelas y ficción. Algunas de las películas en las que hizo, o colaboró, en el guión.

El pisito, de Marco Ferreri (1959)

Narra una historia real de un hombre que consintió casarse con la vieja que le realquilaba el cuarto para poder heredar el piso y así cumplir el sueño dorado de casarse con su novia de toda la vida.

El cochecito, de Marco Ferreri (1960)

La historia de don Anselmo, un jubilado que vive con su hijo yse considera un estorbo. Su obsesión es tener un cochecito como su amigo Lucas, para acompañarlo al cementerio, y ser libre, pues se siente en soledad. Llegará a robar a su hijo, envenenar la comida y huir en su cochecito.

Plácido, de Luís García Berlanga (1961)

Una crítica feroz sobre la sociedad pazguata del momento. En una pequeña ciudad de provincias, unas señoras se inventan la campaña navideña «siente a un pobre a su mesa», para que los más necesitados disfruten por una noche del calor y el afecto que no tienen, sentados a la mesa de las familias pudientes. Plácido, un trabajador que está pagando su motocarro, se ve en el medio de todo el enredo y es vapuleado por unos y por otros. Fue nominada al Oscar a la mejor película extranjera.

El verdugo, de Luís García Berlanga (1963)

La película se desarrolla en la España franquista de los años 60. Cuenta la vida de José Luís, un joven que trabaja en una funeraria y se ve en la obligación de casarse con la hija de un verdugo cuando éste les sorprende en la cama. El suegro, encarnado por José Isbert, está a punto de jubilarse y decide que su yerno herede el oficio. De esta manera la joven pareja podrá conseguir la vivienda que necesitan. José Luis es incapaz de matar a una mosca y se encuentra con un oficio que nada le agrada. Reza cada día para que no le llamen a ejecutar a nadie y sueña con que indulten a todos los condenados a muerte. La figura del verdugo se muestra en esta película como una víctima de la sociedad, y se tratan temas tan variados como la frustración, el destino, la insolidaridad, la diferencia entre clases sociales y la agresión. El alegato contra la pena de muerte es la clave de su argumento.

La gran comilona (La gran bouffe), de Marco Ferreri (1973)

Recalca la progresión suicida en que se introducen cuatro hombres pertenecientes a la alta burguesía; un día deciden retirarse a una mansión aislada para organizar lo que eufemísticamente llaman un Seminario Gastronómico. Abandonan sus actividades para entregarse a una trágica competición que se inicia como un juego infantil, lejos de las represiones impuestas a los adultos y llegan a la desesperante comprobación de que los sueños de satisfacción son imposibles.  Fue premiada en el Festival de Cannes de 1973, obteniendo el Premio de la Crítica Internacional.

El anacoreta, de Juan Estelrich (1976)

Un hombre de cierta edad decide cierto día vivir en el cuarto de baño, que ha modificado de forma que parezca un pequeño apartamento y no salir nunca de él. Es un hombre que ha renunciado a todo, excepto a su vanidad y sus contactos con el mundo se reducen a las visitas de los amigos y a los mensajes que envía encerrados en una botella, por el retrete, con la esperanza de que alguien lo reciba y sepa así que él existe.

La escopeta nacional (1978) , Patrimonio nacional  (1981), Nacional III, de Luis García Berlanga (1982)

Una trilogía en la que se representa críticamente a la sociedad burguesa española.

La vaquilla, de Luis García Berlanga (1985)

En un frente de trincheras durante la Guerra Civil Española, ya no se dispara un solo tiro y los soldados dormitan, o escriben, o juegan. Pero la tranquilidad se interrumpe cuando el altavoz de la zona franquista anuncia que, con motivo de la Virgen de Agosto, van a celebrar en el pueblo cercano varios festejos, entre los que destacan una gran comilona, seguida de baile y un festival taurino. Cinco combatientes de la zona republicana deciden raptar a la vaquilla. Con esta acción conseguirían la comida que escasea en este frente, desbaratarían la fiesta del enemigo y levantarían la moral de sus compañeros..

El año de las luces, de  Fernando Trueba (1986)

En 1940, dos hijos de caídos en la contienda civil, son llevados por su hermano mayor, teniente del ejército, a un preventorio para niños tuberculosos situado en la frontera con Portugal. Allí conocerán la vida, la dureza de la subsistencia y el amor, rodeados de personas que reflejan la sociedad de aquellos años.

El bosque animado, de José Luís Cuerda (1987)

Personajes tiernos y humanos se pasean por este bosque animado y componen una telaraña de historias que se entrecruzan: un bandido, un pocero, una niña que trabaja, un chico que no quiere trabajar, una muchacha que emigra, un fantasma que busca compañía... Ganó cinco premios Goya

Soldadito español , de Antonio Giménez-Rico (1988)

Un joven, hijo y nieto de militares, se niega a cumplir el Servicio Militar, lo que provoca una gran conmoción en toda la familia. Finalmente, las presiones sociales, ambientales y familiares forzarán al joven a tomar una decisión que tendrá consecuencias imprevisibles.

¡Ay, Carmela! , de Carlos Saura (1990)

Después de que el ejército republicano les asignase la misión de entretener con su espectáculo de variedades a la tropa de primera línea, Carmela y Paulino regresan, junto a Gustavete, un joven mudo, a Valencia. Pero en el camino se pierden y entran en zona nacional, donde son detenidos y encerrados en un colegio donde se hacinan los prisioneros. Todo parece indicar que van a ser fusilados, pero al enterarse un oficial italiano de que son cómicos les hace una oferta para que trabajen como actores del bando nacional.

Belle époque, de Fernando Trueba (1992)

Fernando, un joven desertor que recorre los campos, conoce a Manolo, un viejo pintor, sabio y escéptico, retirado de la pintura y del mundo, que le ofrece ayuda y cobijo. Y sobre todo, su amistad. Pero llega el día en que Fernando debe irse, pues las cuatro hijas de Manolo vienen de Madrid a pasar unos días con su padre. Cuando Fernando ve descender del tren a... Clara, Violeta, Rocío y Luz no es que decida volver a casa de Manolo, sino que sus pies le conducen directamente a ella. La película es la crónica y pintura de los días que Fernando vivirá en compañía de Manolo y sus cuatro hijas. Días de amor y amistad, de alegría y tristeza, de placer y dolor, que serán los mejores de su vida, que serán su «belle époque». Ganó el oscar a la mejor película extranjera

La niña de tus ojos, de Fernando Trueba (1998)

Huyendo de la guerra civil, un grupo de artistas de cine españoles van a rodar una película «de folclore español» a los estudios de la UFA nazi. El contraste de ideologías entre españoles y alemanes es bastante marcado, y ello no tarda en hacerse notar a través del choque de la protagonista, la hija de un preso republicano, y el mismísimo Goebbels.

La lengua de las mariposas, de José Luís Cuerda (1999) (ampliar)

Finales del invierno de 1936. En un pequeño pueblo gallego, Moncho, un niño de ocho años, se incorpora a la escuela tras una larga enfermedad. A partir de ese momento comienza su aprendizaje del saber y de la vida de la mano de su amigo Roque y de su peculiar maestro que les inculca conocimientos tan variados como el origen de la patata o de la necesidad de que las lenguas de las mariposas tengan forma de espiral. El 18 de julio todo se romperá. En este nuevo marco, los valores y principios inculcados quedarán relegados y la relación entre aprendiz y maestro se verá truncada.

El cochecito

Plácido

El verdugo

La gran comilona

Belle epoque

Ay, Carmela