Gaby, una historia verdadera

 

Educación normalizada para los discapacitados

 

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez

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Gabriela Brimmer y Florencia Sánchez Morales La película Luis Mandoki. El director
Lectura: la muerte de Gaby Brimmer

Elena Poniatowska. Biógrafa

Gaby Brimmer, mujer de lucha y tenacidad
Poemas de Gabriela Brimmer

Frases de Gabriela Brimmer sobre su parálisis cerebral

Imágenes de la secuencia en la que Fernando y Gaby reivindican una educación normalizada

¿Igual Derecho a la Vida, a la Dignidad, a la Justicia?.  Por Gabriela Brimmer con la colaboración de Alda Facio

Gabriela Brimmer y Florencia Sánchez Morales


Es la historia de dos mujeres, una, Gabriela Brimmer, poetisa mejicana nacida con una parálisis cerebral tetrapléjica grave de origen perinatal que le impedía cualquier movimiento o expresión menos su pie izquierdo. La otra, su nana, Florencia, una indígena mejicana que descubrió sus posibilidades comunicativas y que le sirvió de apoyo, de voz y de cuerpo.

Gabriela lucha por la libertad, por estudiar en centros de estudios normalizados y por acceder a un nivel máximo en los estudio, pues ingresó a las carreras de sociología y periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Florencia Sánchez Morales, un personaje entre humilde y huraño, aprendió a leer y escribir, a conducir un coche, a soportar las discriminaciones de una sociedad injusta con las mujeres indígenas y con los discapacitados para lograr las pretensiones de Gabriela y durante 50 años la sostuvo, ayudó y habló por ella.

Se sale esta película de la tónica general, visibilizando a una mujer como persona de interés social, luchadora por los derechos de los discapacitados, al mismo tiempo que la presenta como mujer libre, que supera el peor maltrato que sufren los discapacitados en el cine: el no ser vistos, salvo excepciones, como a cualquier persona. A pesar de su severa discapacidad se hizo visible en su sociedad, se convirtió a partir de los años ochenta en un ejemplo de lucha para el movimiento por los derechos de las personas con discapacidad, publicó libros e hizo guiones para el cine, y el mismo cine reprodujo su existencia.

Este film, es de suma importancia para quienes quieren saber cómo el cine trata la educación, la educación de discapacitados, y el papel de la mujer en el mundo, pues presenta una situación, un drama humano real, está realizado con objetividad informativa, es respetuoso con la biografía de la poetisa, ella misma fue asesora de la película y colaboró en el guión, y ha sido capaz de hablar con voz propia al hacer llegar a la sociedad un mensaje normalizador sobre la discapacidad, presentando a la protagonista con sus dificultades, las barreras sociales y arquitectónicas que padeció, sus amores frustrados por circunstancias diferentes pero sin silenciar el problema suyo ni el del resto de personas discapacitadas que se mueven a su alrededor.


Gaby, una historia verdadera. Gaby, a True Story. La película


Gaby, una historia verdadera. Gaby, a True Story

EE.UU. y México. 1987. 105 min. Color

Director: Luis Mandoki

Productor: Pinchas Perry

Guión: El primer guión lo realizó Elena Poniatowska, que no aparece en los créditos por su falta de entendimiento con el director. Finalizaron el guión Martin Salinas y Michael James Love, con la ayuda de Gabriela Brimmer.

Fotografía: Lajos Koltai

Música: Maurice Jarre, Johann Sebastian Bach, Ludwig Van Beethoven

Montaje/Edición: Lajos Koltai

Interpretes: Interpretes: Rachel Levin ─su actual nombre como actriz es Rachel Chagall─ (Gaby Brimmer), Liv Ullmann (Sari, madre de Gaby), Norma Aleandro (Florencia), Robert Logia (Michel, padre de Gaby), Robert Beltran (Luis, el amigo de la universidad), Lawrence Monoson (Fernando, discapacitado, el primer amor de Gaby), Paulina Gómez (Gaby, 3 años), Beatriz Sheridan (madre de Fernando), Tony Goldwyn (David), Danny de la Paz (Carlos).

Sinopsis: es la adaptación de la biografía de Gabriela Brimmer, poetisa y escritora que nació con una parálisis cerebral que le impedía cualquier movimiento o expresión, salvo su pie izquierdo. Gaby era hija de una acaudalada familia de europeos judíos, refugiada en México tras la persecución nazi. Gracias a la ayuda de una empleada mejicana analfabeta, Florencia, que aprendió a leer y escribir junto a la niña, Gabriela accedió a toda su educación, incluida la universitaria. Su comunicación con los demás la realizaba con el dedo gordo del pie sobre una máquina de escribir. La película, rodada en gran medida junto a discapacitados ─los actores principales no lo son─ de Cuernavaca (México), es un canto reivindicativo a la normalización educativa, sexual y social de los discapacitados. A pesar de la parálisis cerebral que sufre desde su nacimiento, Gabriela Brimmer revela tener una inteligencia sobresaliente que le permitió normalizar sus estudios, acceder a la universidad y convertirse en una aclamada poetisa.

Premios. Norma Aleandro, la actriz argentina que interpreta el papel de empleada indígena, fue nominada por su papel en esta película al Oscar como Mejor Actriz de Reparto en 1987. Tanto Raquel Levin, la actriz que representa a Gaby, como Norma Aleandro, fueron nominadas  a los Globos de Oro de ese año.


El director: Luis Mandoki


Luis Mandoki nació en 1954 en la Ciudad de México.

Es un director de cine de gran versatilidad, que participa tanto en México como en Hollywood. Ha sido galardonado con varios premios y nominaciones importantes. Debutó en 1976 con el largometraje Silent Music. Se ha comprometido con la política mexicana produciendo dos documentales acerca de las elecciones presidenciales de México de Julio de 2006 (las cuales plantea como no válidas): ¿Quién es el señor López? (2006) y Fraude: México 2006 (2007).

Entre sus películas como director se pueden destacar Voces inocentes (2007), de la también fue guionista, Atrapada (Trapped, 2003), Mensaje en una botella (Message in a Bottle, 1999), Cuando un hombre ama a una mujer (When A Man Loves A Woman, 1994), Nacida ayer (Born Yesterday, 1993), Pasión sin barreras (White Palace, 1991), Gaby: una historia verdadera (Gaby: a true story, 1987), y Mirada de ángel (Angel eyes)


Lectura: La muerte de Gaby Brimmer 

Elena Poniatowska  

Lo más admirable de Gaby Brimmer era su voluntad absoluta para vencer su enfermedad. Nació el 12 de septiembre de 1947. Hija de Miguel y de Sari Brimmer, pesó tres kilos 100 gramos. Era una niña rubia de delicadas facciones. Sari y Miguel habían tenido un hijo perfectamente sano dos años y medio antes, David. Cuando la llevaron a la casa, David se puso de puntitas junto a la cuna para ver qué regalo le habían traído, qué sorpresa yacía tras el velo de tul. Al apartarlo vio que la niña se hacía arco de la cabeza a la punta de los pies. Entonces Sari descubrió junto a su hijo algo totalmente desconocido para ambos: los espasmos de la parálisis cerebral.

De muy niña, cuando Gaby deseaba ir de un lugar a otro y no había nadie junto a ella, se arrastraba en el piso hasta sacarse ampollas. Luego vino Florencia Morales Sánchez y a partir de los cinco años Gaby vivió parapetada tras Florencia, su nana, quien la protegió de las miradas de los curiosos envolviéndola en su abrazo. Así, envuelta en los fuertes brazos de Florencia, ¿quién podría hacerle más daño a Gaby que su propia enfermedad? Pocas tan terribles, tan minimizantes como la parálisis cerebral. Pocas con mayor poder en contra del espíritu del hombre. El cuerpo es una cárcel, un manojo de nervios, células y tejidos entreverados que no responden. El cerebro ordena, la mano no obedece, y si lo hace es en una forma tan patética y descontrolada que más valdría que no se hubiese movido. Por eso es fácil para un paralítico cerebral pasársela en duermevela, dejarse ir, flotar.

Gaby Brimmer, la gaviota, escogió la lucha. Con el único miembro de su cuerpo que le respondía, el pie izquierdo, siempre descalzo, aprendió a señalar en un tablero colocado a los pies de su silla de rueda las letras del alfabeto y así formar palabras que se convertirían en ideas. Así pudo comunicarse con los demás, y lo más importante y notable, imponerse a los demás. Tan es así que logró hacer su primaria, su secundaria y asistir a la UNAM.

La admirable Florencia la acompañó en todo momento. La cargaba, la sacaba del automóvil, la sentaba en la silla de ruedas y asistía a clases con ella. Hasta aprendió a manejar un automóvil para poder llevar y traerla. Gaby se enojaba cuando alguien decía que era Florencia quien hacía las tareas, la que resolvía los problemas. Florencia no tuvo vida propia por vivir la vida de Gaby. Su entrega fue absoluta. Y cuando Gaby decidió adoptar a una niña, Alma Florencia, la nana se hizo cargo no sólo de Gaby sino de la recién nacida Alma.

Muerta a los 52 años de un paro cardiaco, Gaby conoció días de gloria, primero con un libro autobiográfico, Gaby Brimmer, que publiqué en la editorial Grijalbo, y luego con la versión fílmica de este libro realizada en Hollywood, dirigida por Luis Mandoki, con la sueca Liv Ulmann, la argentina Norma Aleandro ­maravillosa actriz de Historia oficial­ y la estadunidense Rachel Levin, que incluso llegó hasta a parecerse físicamente a Gaby. La película fue filmada en Cuernavaca con la participación de varios miembros, hombres y mujeres, de APAC, la Asociación por Parálisis Cerebral fundada por Carmelina Ortiz Monasterio, quien ha llevado a cabo una tarea titánica y le ha hecho el bien no sólo a los discapacitados sino a sus madres, a las que saca de su desesperación y su marasmo, al crear para ellas talleres de baile, gimnasia, costura, cocina... oficios diversos que han hecho que familias enteras recuperen su alegría de vivir y sobre todo no escondan ni se avergüencen de sus discapacitados.

Con el título de Gaby Brimmer. A true story as toold to Luis Mandoki, el director filmó su historia, pero el título resulta una falacia, porque Mandoki se enteró de la vida de Gaby mediante el libro y la mayor parte de las escenas están tomadas directamente de éste. Era difícil que Gaby se inventara otra biografía. De por sí la historia de su vida es lo suficientemente impactante.

Cuando apareció el libro de México en diciembre de 1979, de la noche a la mañana Gaby conoció un éxito espectacular y a su casa ubicada en la calle de Las Flores acudieron muchísimas personas en busca de su ejemplo y de su fortaleza. Jóvenes y viejos, mujeres y ancianas, madres de familia con niños problemáticos... Una verdadera corte de los milagros se instaló a las puertas de su casa para verla y recibir sus enseñanzas, y sobre todo contagiarse con su inquebrantable tenacidad. Gaby empezó a dar conferencias, asistir a congresos médicos, inaugurar actos en centros culturales, encabezar grupos de discapacitados, apadrinar obras de teatro, planear guiones de posibles películas, crear centros de lectura y talleres literarios. Un club de fans se formó en torno de ella. Hasta viajó a Cuba, invitada por admiradores.

Sin embargo, nada más efímero que la celebridad. Al cabo de los años, Gaby volvió a encontrarse a solas con su extraordinaria nana, Florencia, y su hija, Alma Florencia. Publicó un libro de cartas, también en Grijalbo, y otro de impresiones y poemas que no conoció el éxito del libro anterior. Gaby Brimmer consta de tres largas entrevistas que sostuve con la madre, Sari Brimmer; la nana, Florencia Sánchez Morales, y la propia Gaby, que quiso incluir en el volumen su poesía escrita a lo largo de los años:

«Me gustaría poder decir al final de mi vida,

que estuve agradecida de haber vivido

y luchado por una causa noble

como "la libertad del hombre".

Yo que estoy encadenada a esta silla

yo que estoy presa dentro de un cuerpo

que no responde.

Haber amado al hijo y al amigo

y cantado canciones cuando se va la tarde».

Elena Poniatowska, biógrafa


Periodista y narradora, nacida en París, Francia, el 19 de mayo de 1933. Radica en México desde 1942. Fue becaria del Centro Mexicano de Escritores, de 1957 a 1958; ingresó al Sistema Nacional de Creadores Artísticos, como creador emérito, en 1994. Nació en París, hija de una mexicana, Paula Amor, y un noble polaco, Jean Poniatowska.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial hizo que su madre tomara una decisión que cambió sus vidas. Madre e hija partieron para México mientas su padre luchaba con el Ejército francés y participaba en el desembarco de Normandía. La guerra los separó durante cinco años. Fue francesa hasta que casó y se nacionalizó mexicana. Su carrera se inició en el ejercicio del periodismo y ha publicado una obra muy amplia que incluye varios géneros.

Entre sus textos destacan: las novelas Hasta no verte Jesús mío (1969), Querido Diego, te abraza Quiela, (1978), La flor de Lis (1988), Tinísima (1992) y La piel del cielo (2001); los ensayos: Todo empezó el domingo (1963), La noche de Tlaltelolco (1971), Gaby Brimmer (testimonio,1979), Fuerte es el silencio (1980), El último guajolote (1982), ¡Ay vida, no me mereces!, (1985), Nada, nadie. Las voces del temblor (1988), Juchitán de las mujeres (testimonio, 1989); las colecciones de cuentos: Lilus Kikus (1954), De noche vienes (1979), Métase mi prieta entre el durmiente y el silbatazo (1982) y los libros de entrevistas: Palabras cruzadas, Era, (1961), Domingo 7 (1982), Todo México (1990 ) y Todo México, vol. II (1994).

Ha recibido múltiples premios entre los que pueden citarse: Premio Mazatlán, 1970, por Hasta no verte Jesús mío, Premio Xavier Villaurrutia, 1970 (rechazado), por La noche de Tlatelolco. Premio Nacional de Periodismo (fue la primer mujer que recibió esta distinción) por sus entrevistas, (1978), Premio Manuel Buendía (otorgado por varias universidades de México), por méritos relevantes como escritora y periodista (1987), Premio Mazatlán de Literatura, (1992), por Tinísima y, el más reciente, Premio Alfaguara de Novela 2001, por La piel del cielo.


Gaby Brimmer, mujer de lucha y tenacidad


por Guadalupe Esquivias

«Algo que me ha servido mucho a lo largo de mi existencia, es estar consciente de las cosas que puedo hacer y de las que no, por ejemplo, sé que no puedo correr, pero con mi pensamiento puedo volar en fracción de segundos al mas distante de los lugares; que se me dificulta hablar, pero mis libros, mis cartas y mis poesías hablan mucho por mí; mis manos tal vez no puedan hacer una caricia y sin embargo he sabido amar como mujer, como madre y como amiga».

Esto es tan sólo un fragmento de la auto-semblanza de Gaby Brimmer, mujer que a través de los años ha dejado huella por su gran ímpetu, desarrollo intelectual y por la lucha de la integración de las personas con discapacidad.

Gaby Brimmer nació en 1947, «La parálisis cerebral me impide valerme físicamente por mí misma, sin embargo, con el leve movimiento del pie izquierdo escribo todo lo que se me cruza por la mente».

A los ocho años Brimmer ingresó a la Primaria del Centro de Rehabilitación Músculo Esquelético, donde encontró la maestra Margarita Aguilar, quien supo impulsarla hacia las letras.

Al transcurrir el tiempo se adentró en la literatura; en 1964 ingresa a la Secundaria 68, una escuela regular, donde tuvo como profesor de lengua española a Jorge Aguilar Mora, quien también era poeta, el cual influyó para que Gaby leyera más poesía. En este año empieza a escribir poemas que guarda como un tesoro; «recuerdo cuando mi madre descubrió uno de ellos, lo  leyó y con lágrimas me instó a seguir escribiendo y comenzar la recopilación de cada escrito, ya que fuera de la escuela o personal, porque ella pensaba en un libro mío».

En 1967 ingresa a la Preparatoria 6 y por ese tiempo murió su padre; «esta perdida fue traumante para mí pues además del amor que me daba, era mi guía en varios aspectos de mi existencia».

A Gaby Brimmer le tocó vivir momentos cruciales del país; relata el movimiento estudiantil del 68; «a pesar del trágico e injustificado 2 de octubre, la existencia de miles de mexicanos no fue la misma, al menos yo no sería lo que era antes y en mi poesía lo reflejo todo».

En 1971 se inscribió en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de México, en la carrera de Sociología, en donde curso tres semestres, pero por decisión familiar la tuvo que suspender, después regresó a la Facultad, pero ahora en la carrera de Periodismo; «por motivo de la barrera arquitectónicas y humanas de la UNAM de nuevo sólo estudié dos o tres semestres, además que en ese momento adopté a una niña; era mayo de 1997e iba cumplir mis 30 años».

Brimmer cuenta cómo su madre siguió juntando cada escrito; «los leía y los criticaba muy duramente, con esto me ayudó a entender lo que la gran poeta Rosario Castellanos recomendaba; para escribir bien, hay que ser claros y precisos». 

En 1979 con ayuda de Elena Poniatowska editó su primer libro que era su biografía. En 1980 se publicaron sus libros de poemas y cartas, en ese mismo año conoció al cineasta Luis Mandoki, quien llevó a la pantalla grande la vida de Gaby Brimmer; «poco después escribí los cuentos de mujeres que viven distintas situaciones, pero con un común denominador, que es la soledad y la falta de alternativa; cuentos que recopilé después de la muerte de mi madre».

Gabriela Brimmer habló a «Somos hermanos» de su incursión en el altruismo. «En un deseo por ayudar a quienes tienen el cuerpo en mil pedazos y la mente libre, o por ocuparme en otros asuntos más terrestres, no lo sé aún; fundé con uno de mis amigos la Asociación para los Derechos de Personas con Alteraciones Motoras (ADEPAM), IAP., en 1989, en ella damos servicio de trajo social, médico, psicológico, fisioterapia, terapia ocupacional, alfabetización, primaria y secundaria a través del Sistema Abierto de Enseñanza, así como preparatoria abierta, intermediación para el trabajo, también brindamos actividades recreativas y culturales».

Hoy en día Gaby Brimmer ha perdido la movilidad de su pie izquierdo, sin embargo pronuncia sonidos guturales que le permiten comunicarse con las personas. Con gran esfuerzo, Gaby dijo a «Somos hermanos»: «mi mayor satisfacción es ver un avance entre todos los niños que se atienden en la institución».

A través de un cuestionario que fue contestado en computadora con ayuda de su inseparable Nana, Brimmer afirmó: «Soy una mujer alegre, sociable, muy creyente en las causas nobles de la humanidad. Soy apolítica y no estoy con ningún partido político en especial, aunque me gusta saber de todo un poco, me encanta estar en contacto con la naturaleza, amo la música y el cine. Me da mucha tristeza ver cómo el hombre es el peor enemigo del hombre mismo, eso lo digo por todo lo que está pasando en Chiapas».

Al comentar ¿qué problemas tienen actualmente las personas con limitaciones físicas?, aseguró que los problemas son los mismos de siempre, con la diferencia de que actualmente hay más apertura para estas personas; «es innegable, pero de esto a que nuestros problemas sean satisfechos, falta mucho todavía».

¿Cuáles son tus retos?: «Para mí toda mi vida ha sido un reto. Actualmente mi reto más grande es mi hija».

¿Cómo dar incentivos a las personas con discapacidad para que no se depriman y emprendan cosas positivas en su vida y pueden aportar como tú, mucho a la sociedad?: «Yo no tengo una receta para motivar a las persona con discapacidad; creo que cada uno de nosotros tenemos nuestras propias motivaciones, primero en la familia y amigos, pero lo más importante es tener la fuerza y la voluntad en nosotros mismos, porque de nada sirve el apoyo de la familia y de los amigos, si uno mismo no quiere o no puede hacer nada».

¿Cómo ves todos los logros en materia legislativa para personas con discapacidad?: «Aunque estas leyes para personas con discapacidad actualmente se están revisando, espero que ya se pongan en práctica y que no queden sólo en el papel»

Gabriela Brimmer mujer de lucha, entrega y pasión es para muchos un ejemplo de vida que ha trascendido, es una prueba más de que las necesidades especiales no limitan ni los sentimientos, ni la intelectualidad de cada ser.


Poemas de Gabriela Brimmer


I

Yo no sé caminar

sé volar

Yo no sé hablar

sé escuchar

la música

y las palabras

de Joan Manuel Serrat

Yo no sabré subir

sé escalar

y no sabré andar

pero me sé sentar

a contemplar

una puesta de sol

en la montaña

y en el mar

Yo no sabré ver

pero sí mirar

los ojos de mi perro

que no pueden hablar.

 

II

Quiero morir en un día de invierno

gris, feo y frío,

para no tener tentación de seguir viviendo.

Moriré en esa época del año,

porque de todo el mundo he recibido frío.

Quiero morir en invierno

para que los niños hagan sobre mi tumba

muñecos de nieve.

III

Cuando me vaya

no quiero que me lloren ni se aflijan.

Cuando me vaya

la tierra me recibirá con música

de río desbocado y mi cuerpo

será devorado por los gusanos

y estos servirán de abono

porque así es esto, un círculo vicioso.

Mi alma se irá andando

por caminos no andados

y me dará un poco de miedo

cruzar el universo.

A los seres que he amado

los veré en su exacta dimensión

puesto que el río ya habrá lavado

los espejismos y la ilusión.

Nada se me hará desconocido

me iré como he venido, desnuda,

sin metas ni sentido

y los golpes se habrán extinguido.

Al irme, quiero hacerlo

con manos limpias de rencor,

sin odios, sin ambiciones, sin amor.

Esto se lo dejo a los vivos

que necesitan de todos estos juegos (absurdos).

Cuando me vaya, respiraré con alivio

y pasaré al otro mundo

dejando una ruta de triunfo.

Y sin embargo, extrañaré la flor...


Frases de Gabriela Brimmer sobre su parálisis cerebral


«¿Sabes lo que es tener parálisis cerebral? Es tener tanta inteligencia, tantos anhelos y sueños como cualquier persona, pero dentro de un cuerpo que no responde, manos que no obedecen, piernas que no quieren caminar, lengua que no puede expresar los pensamientos y también, con frecuencia, es sentir el rechazo de las personas que no la tienen, ni entienden. Es soñar con ser amada como mujer y enfrentarse a lo que casi es imposible: desear un hijo y abrazar y amar, y llorar mucho pero no alcanzar lo que otras mujeres tienen sin apreciarlo».

«¿Saben? Mi mente genera muchas ideas, acumulo conocimientos, apilo deseos, alegrías, tristezas; todo se aprieta sin encontrar cómo escaparse, sin poder compartir mis tesoros. Ser muda es lacerante, es lo más difícil para mí de tener parálisis cerebral».  

«En mi memoria revolotean como bellas aves unas palabras dichas por mi padre, un día que salimos de Tepotztlán: Hija, no te apenes porque la gente te mire, tú vales igual que ellos, vales por ti misma y ellos te miran quizá con admiración porque nunca han visto a una persona en tus condiciones salir y comportarse como ellas».


Imágenes de la secuencia en la que Fernando y Gaby reivindican una educación normalizada



 

¿Igual Derecho a la Vida, a la Dignidad, a la Justicia?


Por Gabriela Brimmer con la colaboración de Alda Facio

Del libro Declaración Universal de Derechos Humanos: texto y comentarios inusuales, editado por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer y del Programa Mujer, Justicia y Género del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito. Compilación de la jurista costarricense Alda Facio

 

Leo el periódico y entiendo que mi humanidad está puesta en duda por haber nacido mujer, por haber nacido en el tercer mundo, por haber nacido en un cuerpo inmóvilizado por la parálisis cerebral. Siento la indiferencia de la mayoría y mi alma rebelde de poeta se conmueve al comprobar que no sólo vivo en un mundo en donde cotidianamente se viola el artículo 2 de la Declaración Universal, sino que ni siquiera hemos logrado que los seres humanos nos veamos unos a otros como iguales. ¡Iguales en dignidad, en la

capacidad de sentir dicha, dolor, hambre, furia ante la injusticia! Por eso, todas las personas tenemos igual derecho a tener derechos!

En nuestro México, según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 10% de la población (10 millones de personas) presenta algún tipo de discapacidad. Lamentablemente, sólo se nos ve en hospitales, en escuelas especiales o casas hogar. Muy pocos logramos la oportunidad de la total integración social que nos corresponde como humanos/as.

Según la teoría de los derechos humanos, tener una discapacidad no es razón para que no podamos gozar del derecho a la salud. Talvez no podamos gozar de la misma salud que una persona que no tiene una discapacidad, pero sí tenemos el derecho a que el Estado nos brinde la oportunidad de gozar del máximo de salud al que podamos aspirar. Sin embargo no existe la cobertura suficiente para brindar un mínimo de servicios a toda la población que lo demanda, y aún menos, a la gente con discapacidad. Peor, se da la ironía de que en muchos hospitales e instalaciones para este fin, existen infinidad de barreras arquitectónicas y humanas difíciles de franquear por nosotros.

Tenemos derecho a los programas regulares de educación en todos sus niveles, y sin embargo es común que se rechace nuestra incorporación a ellos, creyendo equivocadamente que todos somos sujetos de los programas de Educación Especial, que son buenos, sí, pero para un determinado tipo de población con discapacidad.

Tenemos derecho a la capacitación y al trabajo, pero injustamente se nos considera ineptos para ello, negándonos sistemáticamente la oportunidad de poder demostrar lo contrario.

Tenemos derecho a la cultura y la recreación, pero simplemente no existen programas que nos permitan practicar estas actividades, en igualdad de oportunidades.

Tenemos derecho a transitar por las calles con libertad y seguridad en nuestras sillas de ruedas, con muletas y bastones, queremos hacerlo con la tranquilidad y regularidad de cualquier ciudadano, pero parece que los influyentes o inconscientes que estacionan sus automóviles sobre las banquetas no saben que existimos y quizá pase lo mismo con los urbanistas o funcionarios que construyen nuestras ciudades, avenidas y edificios públicos.

Tenemos derecho al transporte, pero simplemente no se hace nada al respecto, o se nos toma el pelo poniendo logotipos de reservado cuando ni siquiera podemos subir adecuadamente al vehículo y el lugar apartado dista mucho de ser el adecuado.

Puedo afirmar esto, porque me he pasado la vida luchando por mis derechos, y el de personas que como yo, tienen el cuerpo roto en mil pedazos pero el alma libre como el viento. Esto no ha sido fácil: recuerdo muy bien la batalla que mi madre tuvo que enfrentar para que me aceptasen en la secundaria oficial. Hoy después de tanto tiempo transcurrido, me duele darme cuenta de que aun seguimos siendo rechazados en los planteles escolares regulares, nada más por ser personas con discapacidad.

También siento la frustración de no tener un compañero a mi lado, ya que como mujer puedo dar y recibir amor, es decir que también tenemos el derecho de amar y ser amados.

Algo muy importante es poder expresar los pensamientos que llevamos dentro. Por ello, uno de los derechos básicos es el de la libre expresión, al cual me uno por saber muy bien lo que cuesta publicar un libro, lo que cuesta hablar sin tapujos, lo que cuesta decir la verdad.

Tenemos muchos otros derechos que tradicionalmente se nos han negado.

Ahora bien, mientras en el mundo existan millares de personas con hambre debido a la codicia de unos pocos, mientras existan desempleados o subempleados, mientras existan personas que estén luchando y siendo apresadas por tener ideologías distintas y siendo torturadas o marginadas por esta causa; mientras existan prejuicios hacia ciertas etnias o credos religiosos, o mientras un sistema político y económico ajeno pueda imponer su modelo de vida a otros países y lo hace por todos los medios a su alcance, violando hasta el más mínimo respeto que debe existir entre las naciones, los derechos de las personas con discapacidad seguirán siendo pisoteados. Mientras el medio ambiente esté siendo destruido por unas cuantas transnacionales y la negligencia de todos nosotros; cuando ya nadie apoye las causas nobles de la humanidad y si lo hacen es porque están de moda, nuestros derechos seguirán negados.

Por ello nuestra voz debe alzarse sobre las de los demás, para reclamar justicia y respeto por las personas con discapacidad. Pero debemos luchar juntos, no sólo por nuestros derechos específicos, sino por los de todas las personas. En otras palabras, debemos luchar porque el artículo 2 de la Declaración Universal sea una realidad. Sólo así tendremos un mundo en paz. Sin igualdad, todos los discursos a favor de los derechos humanos se quedarán en los archivos para siempre como mudos testigos de la historia del hombre.

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez  
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