Adiós, Mr. Chips

Toda una vida dedicada a la enseñanza

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez

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El maestro en el cine Adiós, Mr. Chips (1939)

El maestro

Adiós, Mr. Chips (1969)

Profesor Holland

La sonrisa de monalisa

El maestro en el cine

Al maestro se le presenta con frecuencia en el cine como el paradigma de los valores, para quién los únicos problemas son sus alumnos. Hay magistrales películas que abordan así la cuestión y es conveniente darles un repaso. El maestro suele ser paciente y caritativo; supera el escarnio, incluso el racista, utiliza los métodos más protectores y maternales. Se presentan algunos film aunque la historia del cine está plagado de ellos, sobre todo el norteamericano. 


Adiós, Mr. Chips, Goodbye, Mr. Chips (1939)

Reino Unido. 1939. 114 min. B/N.

Director: Sam Wood.

Montaje: Freddie Young.

Guión: Claudine West, R.C. Sherriff, Eric Maschwit, James Hilton.

Música: Richard Addinsell.

Intérpretes: Robert Donat, Greer Garson.

Sinopsis: A la escuela de Brookfield, en el corazón de Inglaterra llega, a finales del siglo diecinueve, el joven profesor Mr. Chips. En ellas transcurrirá toda su vida profesional como maestro de varias generaciones.

Oscar. Mejor actor 1939

El maestro

España. 1957. 85 min.

Dirección: Eduardo Manzanos, Aldo Fabrizi

Reparto: Aldo Fabrizi, Mary Lamar Mahler, Felix Fernandez, Alfredo Mayo, Marco Paoletti

Sinopsis:

Don Juan, un maestro viudo, pide el traslado a la capital a fin de que su hijo, para el que vive pueda estudiar y hacerse un hombre con más posibilidades. Trae, entre sus proyectos, la creación de una escuela de pintura. Un coche atropella al pequeño y el mundo se le viene abajo a don Juan.


Adiós, Mr. Chips, Goodbye, Mr. Chips (1969)


EE.UU. 1969. 114 min. Color.

Director: Herbert Ross.

Intérpretes: Peter O'Toole Petula Clark Michael Redgrave.

Montaje: Oswald Morris.

Música: Leslie Bricusse, John Williams.

En el corazón de Inglaterra está enclavada la escuela de Brookfield. A ella llega, a finales del siglo pasado, el joven profesor Mr. Chips. En ellas transcurrirá toda su vida profesional como maestro de varias generaciones.


Profesor Holland


1995. 150 min.

Director: Stephen Herek.

Música: Michael Kamen.

Intérpretes: Richard Dreyfuss, William H. Macy, Alicia Witt.

Sinopsis: Glenn Holland ve como su trabajo actual como músico en fiestas privadas no da para mucho. Cuando se decide a cambiar de trabajo y se convierte en profesor, descubre su verdadera vocación, enseñar a entender la vida a través de la música. Una vida entera llena de satisfacciones para él y de servicios a la comunidad. La dedicación de Holland a la enseñanza le quitó tiempo para dedicarse a componer, y en el homenaje final que le rinden sus alumnos le dicen que ellos son las notas de su sinfonía.

«Profesor Holland comienza narrando la vida de un joven músico inmerso en la creación de su primera sinfonía, y que decide dedicar parte de su tiempo a impartir clases en un instituto como una forma para salir adelante mientras le llega su momento de gloria y fortuna a través de la composición. Cuando la película llega a su fin hemos experimentado en poco más de dos horas la vida de un profesor; la metamorfosis que experimenta el protagonista a través de su trabajo, su relación y progresiva implicación con las sucesivas generaciones de alumnos, con sus compañeros y con su familia son el eje central de esta historia, en la cual también el fondo tiene su peso específico en la forma de una revisión social y cultural de la Norteamérica de los últimos cuarenta años». (Ignacio Pérez en Spirit)


Michael Kamen

Michael Kamen. La música de la película

El motivo principal de la «Sinfonía americana», es expuesto durante los títulos de crédito -Mr. Holland Begins- de un modo que refleja como pocos el funcionamiento de la música en una película. El protagonista está tocando su piano a altas horas de la madrugada, definiendo la melodía con diferentes variaciones; escuchamos los primeros acordes del tema principal al piano, mas pronto se incorpora paulatinamente a la melodía el resto de la orquesta. Hemos pasado a escuchar la música que el personaje de Richard Dreyfuss tiene en su mente, totalmente acabada, y dirigida en su imaginación a lo largo y ancho de su apartamento. No volveremos a escuchar esta versión acabada en estructura sinfónica hasta el concierto final, 30 años después en la ficción, si bien diferentes esbozos de la misma servirán como puente para las diversas elipsis temporales que va experimentando la trama.

Si el tema principal es el que cierra la "Sinfonía Americana", la melodía con la que arranca es una fanfarria que desemboca tras los primeros compases en una elegía de tintes dramáticos, dentro del estilo de Kamen. En realidad, dicho tema tiene su génesis en la relación entre Glenn Holland y su esposa -Iris and Glenn-, una relación que pasará durante toda la película por diferentes altibajos; de ahí el carácter agridulce del tema que les abarca, capaz de pasar de la dulzura del piano a la gravedad de la sección de metales.

La especial naturaleza de esta película, en la cual la música juega un papel preponderante, hacen de su banda sonora un entramado realmente complejo en el que es bastante sencillo perderse por la profusión de temas musicales.


La sonrisa de Mona Lisa. Mona Lisa Smile

EE.UU.. 2003. 117 min.

Director: Mike Newell

Guión: Lawrence Konner & Mark Rosenthal

Intérpretes: Julia Roberts, Kirsten Dunst, Julia Stiles, Marcia Gay Hardem, Maggie Gyllenhaal, Dominic West.

Sinopsis: Katherine Watson (Julia Roberts) viaja desde California al campus de la prestigiosa y estricta universidad de Wellesley en Nueva Inglaterra, en otoño de 1953, para enseñar historia del arte. En la era de posguerra, la joven profesora espera que sus estudiantes, las mejores y las más brillantes del país, aprovechen las oportunidades que se les presentan. Sin embargo, poco después de su llegada, Katherine descubre que el entorno de la prestigiosa institución está estancado en la conformidad. Ella se encargará de cambiar las cosas no sin dificultades.


La sonrisa de Mona Lisa es una suerte de popourrí de todas las películas recordables que enfrentan a profesores con alumnos. Al igual que éstas, refleja el típico dilema que surge cuando un docente se enfrenta a la cerrazón de un colegio conservador.

En el caso de esta película, Julia Roberts es una bohemia profesora, educada en la libertad californiana de Berkeley. Ella es una enamorada de la libertad individual, el arte moderno y las ideas políticas liberales. La singular profesora ha dejado atrás una vida con un tranquilo novio maduro, un afable futuro matrimonial y una vida confortable para impartir clases de Historia del Arte en un centro para hijas de familias privilegiadas en Nueva Inglaterra.

En la película se dan todos los estereotipos de una sociedad puritana. Alumnas rebeldes, enconadas enemigas de la profesora, la reprimida profesora de protocolo y buenas maneras, la enfermera liberal que da consejos sexuales a las internas, y que es despedida por facilitarles un método anticonceptivo.

Picasso, Van Gogh, Jackson Pollock y la Mona Lisa de Leonardo da Vinci se convierten en símbolos de las aspiraciones de libertad y amor al arte de Watson y en elementos recurrentes de la metáfora de la experiencia de una profesora vivaz, carente de la exagerada sofisticación burguesa de unas alumnas que parecen acudir diariamente antes de clase a un servicio de peluquería y maquillaje. A la nueva profesora, por su forma de impartir enseñanza y filosofía de vida, se le acusa de liberal y de apartar a sus educadas de la prioridad absoluta del matrimonio y la procreación, su forma de vestir y su vida amorosa, y es pronto el centro de cotilleos y envidias.

©Enrique Martínez-Salanova Sánchez
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