Imagen fija

Los textos de esta son del libro «Nuevas y antiguas tecnologías en la formación profesional ocupacional» escrito por los profesores José Ignacio Aguaded y Enrique Martínez-Salanova y publicado en 1998


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Fotografía Lectura de imagen

 

Fotografía


 En poco más de un siglo de existencia, la fotografía se ha convertido en algo casi inseparable de nuestras vidas. Infinitas imágenes se cruzan a diario con nosotros, anunciando, informando y a veces también manipulando múltiples y variados mensajes. Pero también como ciudadanos, hacemos uso constantemente de esas universales cámaras de turismo y viaje, que casi están en todos los hogares del mundo «civilizado», cuando queremos hacer eterno un instante. Tanto como espectadores como protagonistas de estas cascadas de imágenes instantáneas, las «fotos» han entrado de lleno en nuestra atmósfera cotidiana.

Sin embargo, esta presencia social apabullante ha tenido poco reflejo en las aulas, puesto que mínimo ha sido su uso en la enseñanza. Aunque los alumnos ven miles de imágenes fotográficas diariamente, en contados casos han tenido la posibilidad de realizar tomas con fines pedagógicos. El «bolígrafo visual» no ha tenido aún oportunidad de entrar en los centros, a pesar de sus posibilidades creativas e investigadoras y sus potencialidades incentivadoras, de estudio del medio y de expresión personal.

La educación no ha sabido integrar ni explotar estos medios, por la inadecuación de su programas, la escasa preparación de los profesores, la incoherente distribución de los recursos, la rigidez de la organización de los espacios y los tiempos, la inflexibilidad de los agrupamientos de los alumnos y sobre todo la falta de toma de conciencia de la necesidad de una alfabetización audiovisual, como instrumento imprescindible para que los alumnos sean capaces de analizar críticamente el universo audiovisual al que cada día se enfrentan.

El medio fotográfico y el aula

Aunque desde la antigüedad se conoce el principio de la cámara oscura -que es la base de la fotografía-, hasta el siglo XIX no se consigue grabar la imagen a través de la exposición luminosa. Louis Jacques Daguèrre en 1826 consigue la primera toma que se conserva tras una exposición de ocho horas. El medio progresó rápidamente, hasta conseguir, dentro de su magia, una ferviente popularización. A lo largo de este siglo y especialmente en el XX, el fotógrafo se convierte en una prestigiosa profesión, símbolo del progreso de la civilización, además de instrumento de cultura y ciencia. Instantáneas familiares, bélicas, paisajísticas, urbanas... van a ir retratando la vida social y personal de todo el siglo. Con el desarrollo de las nuevas tecnologías a partir de la década de los cincuenta, la fotografía comienza a hacerse popular, con la aparición de cámaras fotográficas asequibles para el público, primero en blanco y negro y muy posteriormente en color.

Hoy día, la fotografía es un lenguaje audiovisual con características propias y muy arraigado en toda la población. Sólo la popularización de las cámaras videográficas ha comenzado a restar algunos adeptos a este medio, con la incorporación del movimiento y la economía del material fungible empleado. De todas formas, la fotografía sigue siendo un lenguaje peculiar de comunicación y expresión que también ha ido avanzando al compás de las nuevas tecnologías: cámaras de bolsillo, calidad de imagen, revelados casi instantáneos e incluso reducción de los costes de los equipos y las copias, han permitido que este medio audiovisual siga muy vigente en el entramado social.

La fotografía, por ello, constituye un buen recurso para el desarrollo de la actividad en las aulas, tanto en el ámbito de la investigación y experimentación, como en los niveles lúdicos y creativos.

En la actualidad, la fotografía está presente en los centros educativos sólo desde un punto de vista receptivo, a través especialmente de las imágenes contenidas en los textos, que en los últimos años han ido progresivamente incorporando a sus diseños instantáneas de mayor calidad y valor didáctico. Sin embargo, este limitado uso, debe dar paso también a un conocimiento directo de este medio, así como a una utilización creativa del mismo.

Utilización didáctica

El lenguaje fotográfico puede ofrecer en la planificación didáctica un recurso visual de amplias posibilidades educativas por su enorme popularización, unido a su fuerte carga motivacional, sus potencialidades para la investigación del entorno, el estudio del medio... La fotografía además emplea un código específico de interpretación y construcción de la realidad, de especial trascendencia en el proceso educativo. Es, al mismo tiempo, un documento de gran valor didáctico y una privilegiada herramienta de trabajo para los alumnos.

La aplicación didáctica de la fotografía en el aula, aparte del uso convencional como apoyo a textos, puede orientarse tanto en lo que se ha venido llamando lectura de imágenes, como en el conocimiento del medio en sí mismo, justificado no sólo por su notable influencia social sino por la necesidad de dotar a los alumnos de informaciones básicas sobre este lenguaje gráfico-visual, a fin de que sean capaces de interpretarlo. Según Matilla, la fotografía es por ello una herramienta, un documento y un objeto de trabajo que facilita las actividades creativas en el aula.

Cámaras, soportes fotográficos, principios básicos de la imagen, tipos de revelado, laboratorio y utensilios, técnicas artísticas de creación fotográfica... junto con elementos básicos de la imagen como la luz, color, ángulos, perspectiva, puntos de vista, etc. pueden iniciar de una forma innovadora -y no como una cascada de conocimientos técnicos apabullantes- a los alumnos en este apasionante mundo.

Por otro lado, no hay que olvidar la fácil y motivadora tarea de hacer fotos prácticamente casi de todo y para todo. El comodín «foto» puede ser un complemento utilísimo en la mayor parte de las materias o especialidades. Es posible además, montar un sencillo laboratorio, que sin excesivas complicaciones tecnológicas, descubra a los alumnos el proceso químico de la fotografía y haga posible la realización y producción inmediata.

Por tanto, podemos establecer diferentes niveles de utilización didáctica, entre los que podríamos destacar:

a) Lectura de imágenes, fomentando el contacto con el mundo icónico, a través de la interpretación lúdica y reflexiva de los mensajes visuales, mediante lecturas objetivas y subjetivas, así como recreaciones de los mismos. La imagen informa sobre la realidad, pero también tiene que ser una plataforma que potencie la imaginación y creatividad de los alumnos.

La lectura de imágenes fotográficas ya comercializadas o impresas en los libros, ya elaboradas por otros alumnos es un óptimo auxiliar didáctico para las distintas especialidades que junto a su fin instrumental, tiene que tener también una finalidad reflexiva.

b) Conocimiento del medio, a través de un estudio -más inductivo que teórico- del lenguaje fotográfico: cámaras (objetivos, diafragmas, visor, obturadores, accesorios...), soportes fotográficos (películas, negativos, diapositivas, emulsiones y líquidos...), tipos de revelado, laboratorios... además de los sistemas de información visual, técnicas de composición de la imagen, creatividad fotográfica, etc.

Estos conocimientos no deben tener fin en sí mismos, ni tender a una excesiva profesionalización de los alumnos en estos medios técnicos. Inicialmente lo que se pretende, fundamentalmente centrado en la práctica, es permitir que conozcan los mecanismos que este lenguaje visual pone en funcionamiento. El conocimiento del medio tiene por ello un fin instrumental y funcional, que no debe caer en una excesiva tecnificación, sobre todo si la actividad se plantea a un nivel general como materia común y no como una opcionalidad voluntaria.

c) Hacer fotos es una actividad tan sencilla como ignorada. Sólo requiere simples cámaras o incluso la posibilidad de elaborar manualmente «cámaras oscuras» por los propios alumnos. Sencillas cajas de cartón con orificios son los medios técnicos suficientes para poner en marcha estas rudimentarias cámaras. Pero además en los últimos años, se ha generalizado el uso de los carretes/cámaras que facilitan aún más la labor. Es cierto que los revelados en color aún tienen precios elevados, a veces prohibitivos para los escasos recursos con que se cuenta. En todo caso, no se trata de hacer tomas sin más. El uso creativo de la fotografía en el aula tiene que responder necesariamente a una planificación didáctica donde se recoja detalladamente cuál es la finalidad de las tomas y en qué casos se van a realizar. Las actividades previas y posteriores, así como el «planning» del proceso cobra aquí todo su valor.

d) El laboratorio consigue también adentrar al alumno de forma práctica a la «aventura» de manipular y revelar sus propias tomas fotográficas. Sin necesidad de sofisticados medios, es posible montar un laboratorio de blanco y negro de bajo coste y sencillo manejo en una pequeña sala aislada de la luz.

e) El taller de fotografía, ha de entenderse como elemento aglutinador de todas las actividades previas y como módulo activo y creador vinculado a todas las materias, para ofrecer el lenguaje visual como auxiliar didáctico, como objeto de estudio en sí mismo y especialmente como técnica creativa de trabajo en el aula.

El taller de fotografía no tiene por qué ser concebido exclusivamente como un espacio físico, sino más bien como marco de referencia, como modelo teórico que puede ser compartido por diferentes profesores y alumnos del centro. Con esto no queremos rechazar la ubicación del taller en un lugar concreto. Sin embargo, hay que desprenderse ya de la concepción tradicional que ha asociado el empleo de los medios audiovisuales en los centros, como obligatoriamente vinculado a unos compartimentos (normalmente blindados), donde sólo era posible emplear los medios. Una organización espacial y temporal más flexible permite otras alternativas más creativas y menos uniformes. Los medios han de entrar en las aulas, en función de una planificación previa que no debe supeditarse exclusivamente a ciertos espacios.

La fotografía debe estar en el aula, en definitiva, pues aunque su finalidad primordial no es la de convertir a los alumnos en profesionales o técnicos de la fotografía, puede en un futuro próximo derivar en el interés por otra profesión más. No obstante, los alumnos, en cualquier caso, aprenderán a expresarse mediante la imagen, comprendiéndola, interpretándola y recreándola conscientemente. La introducción en la enseñanza de este medio tan conocido y popular no es costosa, ni requiere sofisticados recursos técnicos; sí, en cambio, es necesario que responda a una reflexiva planificación didáctica del equipo docente, con una especificación clara de los objetivos educativos y las finalidades de su uso, porque -no lo olvidemos- la fotografía, como cualquier otro medio audiovisual no es más que un simple medio que debe y tiene que estar supeditado a una programación del proceso de enseñanza-aprendizaje. 

 

 

Lectura de imágenes


 «La lectura de la imagen es cosa de tres: de su productor, del texto icónico y de su lector» Roman Gubern.

Santos Guerra (1984), en uno de sus primeros libros, afirmaba «que la escuela está invirtiendo cada vez más tiempo en preparar para un mundo que no existe». Nuestra sociedad está sometida a una avalancha tal de información, que ante tal cúmulo de mensajes de la cultura de masas, el semiólogo Umberto Eco (1985) plantea una doble postura vital: la de los «integrados» (que creen optimistamente que estamos viviendo la generalización de la cultura para todos) y la de los «apocalípticos» (que consideran los medios como sistemas represivos de la ancestral cultura dominante). En todo caso, el propio Eco alude a la complementariedad de las posturas y a la «necesidad de una intervención activa de las comunidades culturales en la esfera de las comunicaciones. El silencio no es protesta, es complicidad; es negarse al compromiso».

La aspiración hacia una «cultura democrática» exige necesariamente el funcionamiento de los mecanismos de alerta y reacción de los ciudadanos, comenzando con un conocimiento de los medios desde el aula para desarrollar los necesarios mecanismos críticos y creativos que permitan actuar libre y responsablemente.

La necesidad de educar desde las aulas hacia un «lenguaje total» se ve reforzada en nuestros días por la importancia que la imagen tiene ya en la vida de cualquier ciudadano contemporáneo. El carácter complementario y secundario que tradicionalmente se le ha otorgado a la imagen y a toda la comunicación audiovisual en el aula ha traído como consecuencia nuestra escasa y nula preparación para interpretar los múltiples mensajes audiovisuales del entorno e incluso para desarrollar nuestra propia expresividad con estos medios.

La iniciación a la comunicación audiovisual tiene su principal aliado en el análisis de las múltiples imágenes que nos rodean a diario. Por ello la lectura de imágenes se nos presenta como un sistema fácil, global, sencillo e incluso económico para comenzar a trabajar con los alumnos en la lectura de los códigos audiovisuales de la sociedad.

El código escrito, durante siglos, se ha erigido en monopolio dentro de las instituciones educativas -desgraciadamente, con muy escasa fortuna- y prueba de ello es el reducido número de lectores que siguen leyendo una vez que se abandona la escuela en nuestro país. Es tiempo ya de que la imagen, que tanta trascendencia tiene ya en nuestra sociedad, tenga su tratamiento educativo.

Utilización didáctica

El trabajo con la imagen en las aulas, entendiendo por ésta todo los sistemas comunicativos que emplea el lenguaje audiovisual, ha de convertirse en un eje central del proceso de enseñanza y aprendizaje. Los alumnos tienen que saber necesariamente interpretar el contenido y las intenciones de los mensajes audiovisuales, para evitar la homogeneización cultural, la colectivización pasiva del ocio y la cultura. Una educación comprometida con la realidad social ha de ofrecer un conocimiento creativo del lenguaje audiovisual, una pedagogía comunicacional que ofrezca resortes de interpretación y recreación de los nuevos códigos.

a)  Lectura crítica de imágenes. Es una propuesta que hemos reiterado insistentemente en todos los medios de comunicación que hasta ahora hemos analizado. La realidad es interpretada de manera subjetiva a través de la imagen; por ello el lector ha de recorrer el proceso contrario: de la imagen a la realidad, analizando los contenidos, las intenciones y los valores sociales que el emisor de la imagen ha querido transmitir.

Aparici y otros (1987a y 1987c) proponen diferenciar en la lectura de las imágenes una fase objetiva, dedicada al análisis de los elementos básicos de la imagen (línea, punto, forma, luz, color, tono, encuadre, movimiento, tiempo, sonido...), una descripción conceptual de la misma (objetos, personas, localizaciones, ambientes) y un estudio descriptivo global de las imágenes en función de sus características elementales (iconicidad o abstracción, simplicidad o complejidad, monosemia o polisemia, originalidad o redundancia...). Este análisis global permite comprender de forma sistemática los elementos presentes, así como el conjunto de interrelaciones que establecen para transmitir un mensaje global al receptor. Simultánea o posteriormente, es necesario realizar una «lectura subjetiva» de la imagen, basada en el nivel de connotaciones, de sugerencias y de sus potencialidades interpretativas.

Alonso y Matilla (1990) proponen también una interesantísima reflexión para el análisis integral de imágenes, centrada en la búsqueda de sistemas, relaciones significativas y códigos simbólicos. La lectura de imágenes se explica esencialmente desde dos teorías: la tipográfica, que sigue un método similar a la lectura de textos verbales, comenzando con el ángulo superior izquierdo, descendiendo franja a franja; y la lectura gestáltica que de la impresión global obtenida por el primer golpe de vista, va centrándose en los diferentes núcleos de interés. En todo caso, el proceso de interpretación y reinterpretación de la imagen ha de fundamentarse en descubrir diferentes códigos, para desvelar el sentido múltiple y connotativo que ésta generalmente tiene. «Espacialidad, gestualidad, escenografía, simbología, luz y color, mediación instrumental y relaciones entre los elementos representados determinan el resultado último de la comunicación, matizados por el contexto informativo más o menos próximo.»

 

 Rejilla para la exploración de la codificación de mensajes

(Alonso y Matilla (1990) 

 Descripción y Reconocimiento

 

 Código espacial

 

 Código gestual

 

 Código escenográfico

 

 Códigos gráficos

 

 Código lumínico

 

 Código simbólico

 

 Relaciones

 

 Síntesis

 

Siguiendo muy de cerca las aportaciones de Aparici y García Matilla (1987a y 1987c), podemos establecer también otra metodología de análisis de imágenes en el aula. En todo caso, cada imagen se presta a múltiples particularidades que profesor y alumno han de descubrir.

La lectura de imágenes puede ofrecer múltiples dinámicas de trabajo en el aula. Comparar imágenes, lecturas colectivas, análisis en profundidad de campañas multimedia a través de diferentes soportes, trabajos creativos sobre las imágenes, recreación de imágenes con cambios de fotos, textos, invirtiendo roles... Aparici y Matilla (1987a) proponen que esta actividad no debe convertirse en un ejercicio más. «Sólo con una formulación lúdica suficientemente atractiva para profesores y alumnos podrán conseguirse los resultados buscados», esto es, capacitar a los alumnos en la lectura crítica de la imagen para crear los mecanismos de defensa que les permitan eludir la tergiversación y manipulación que desde los medios de comunicación, invaden constante y machaconamente sus conciencias y también sus subconscientes.

b) Escritura de imágenes. La técnica de alfabetización icónica exige la presencia del doble proceso de lectura y escritura. No es suficiente con que los alumnos sepan interpretar las imágenes, puesto que la mejor fórmula para descubrir sus mecanismos y complejos procesos de manipulación, consiste en seguir de cerca las fases para su producción: escribir imágenes, esto es crear y recrear individual y colectivamente el medio icónico, siguiendo los procedimientos y técnicas de los medios, adaptados a las posibilidades que la educación ofrece. Fotografías, diapositivas, vídeos, carteles, fotomontajes, publicidad, cine, prensa... nos ofrecen los medios para poner en práctica este proceso de producción. Una simple imagen, ya original ya adaptada, puede ser el punto de partida para una amplia campaña de mentalización sobre la necesidad de la ineludible alfabetización audiovisual.

 

Propuesta para la lectura de imágenes

1. Ficha técnica

1.1. Tipo de imagen

1.2. Género

1.3. Soporte

1.4. Formato

1.5. Superficie

1.6. Tipo de plano

1.7. Angulación

1.8. Elementos predominantes

2. Lectura objetiva

2.1. Elementos compositivos y distribución del formato

2.2. Centro óptico y centro geométrico de la imagen

2.3. Puntos fuertes de tercio y sección áurea

2.4. Líneas de fuerza y líneas e interés. Guías   de observación

2.5. Tratamiento de la luz

2.6. El color: análisis y combinaciones

2.7. Tipo de plano

2.8. Angulaciones

3. Características principales de la imagen

3.1. Originalidad/redundancia

3.2. Iconicidad/abstracción

3.3. Monosemia/polisemia

3.4. Simplicidad/complejidad

3.5. Denotación/connotación

4. Relación texto-imagen

4.1. Funciones del texto (anclaje, relevo, oposición....

5. Lectura subjetiva

5.1. Grado de significación

5.2. Connotaciones emocionales y valorativas de la imagen

5.3. Ideologías y patrones de conducta: sociedad, mujer, familia...

 

Pistas para una lectura de imagen


1. Ficha técnica

Tipo de imagen: fotográfica con montaje gráfico en la zona inferior

Género: publicitario

Soporte: papel (anuncio de revista, originariamente en color)

Formato: vertical, aunque la fotografía con tendencia al cuadrilátero

Superficie: original: 27´5 x 21 cms.

Tipo de plano: plano americano o de tres cuartos

Angulación: normal, con ligero contrapicado

Elementos predominantes: líneas de interés y colorido

2. Notas para la lectura de la imagen

Esta imagen puede dividirse en dos zonas claramente diferenciadas: por un lado, la fotografía que incluye el escenario con un lema en su parte superior y por otro, la leyenda gráfica y el logotipo del producto anunciado, acompañados a su izquierda con el montaje fotográfico (icónico) de los mismos, en la zona inferior.

En la fotografía central, encontramos dos personajes (uno masculino y otro femenino) que centran a la altura de sus ojos, el punto neurálgico de la imagen. Los elementos compositivos básicos de esta imagen son, por tanto, los dos personajes y las relaciones que se establecen entre ellos a través de la mirada, especialmente contextualizada por medio de las vestimentas -que determinan sus roles- y el escenario de fondo -una habitación de hotel, desvelada a través del número que se marca en la puerta.

Los personajes constituyen el centro óptico de la imagen. El hombre aparece cubierto exclusivamente por una pequeña toalla blanca que cubre parcialmente sus dos piernas y que contrasta con su bronceado cuerpo. Presenta la cara cubierta de espuma de afeitar -producto anunciado-, portando en la mano una maquinilla manual y un bote de espuma con el logotipo del anuncio. Su postura de inclinación hacia delante, como muestra la posición de sus dos piernas y de su pecho y cabeza, indica una cierta intencionalidad de inicio de una acción de acoso sexual hacia la señorita, materializada por la fijeza de sus ojos en el personaje femenino. Su segundo brazo desaparece mágicamente por detrás de la bandeja que porta el personaje femenino, sin saber sí éste desaparece en el montaje o se pliega hacia su propio cuerpo, para realzar ese impulso de ofensiva antes indicado. La señorita aparece con un traje negro ajustado al cuerpo y con un mandil y guantes blancos -contraste banco/negro-. La bandeja que porta y su vestimenta denotan que se trata de una chica del servicio del hotel que lleva el desayuno a la habitación, donde el «señor» se aloja.

Mientras que la instantánea recoge la mirada de ella, centrada en los ojos del personaje masculino con una boca entreabierta, prototipo de deseo; el hombre mira el pecho de la mujer, con un gesto en la cara, que manifiesta el deseo de conquista.

La imagen fotográfica se ve complementada con un texto en la parte superior con grandes cuerpos en los que se especifica y ancla el sentido de la imagen: «¡No te cortes!», ofreciendo la posibilidad de una doble interpretación, a través del juego semántico y la ambigüedad que en el léxico español tiene actualmente el verbo «cortar», en su doble acepción de «herirse físicamente» o «ser tímido socialmente». En la parte inferior, aparece al mismo tiempo un recuadro en negativo sobre fondo azul -negro en la reproducción-, que frente a la interpretación unilateral que se ha buscado a través de la imagen -la timidez en la provocación amoroso/sexual-, se vuelve de nuevo a la ambigüedad del verbo cortar.

El formato del anuncio es el propio de los medios de comunicación escritos, vertical, aunque la fotografía tiende hacia el cuadrilátero, siendo el montaje fotográfico de los productos y su logotipo en el recuadro invertido los que «estiran» el formato.

Las líneas de interés de este anuncio publicitario giran en torno a la recta que recorre la mirada de los dos personajes, las horizontales que recorren la vestimenta y el porte de cada uno de ellos y las que suben al lema superior y a la literatura e iconos de los productos en la inferior. Estas guías de observación establecen el recorrido de lectura de la imagen, imponiendo unas pautas de captación de la misma.

El tratamiento de la luz reviste en esta imagen una gran trascendencia por los contrastes entre tonos claros y oscuros -los blancos de la toalla, el mandil y la sábana de la cama- y los oscuros del ajustado traje y el bronceado del hombre, junto con la «masa» de la literatura inferior.

El color de la imagen, el tipo de plano intermedio de la fotografía y la ligera angulación contrapicada, refuerzan el sentido interpretativo que este anuncio publicitario pretende transmitir a los lectores del mismo.

Respecto a las características de la imagen, ésta ofrece poca originalidad respecto a la situación que plasma -el servicio de desayuno en un hotel-. Parece que se ha pretendido recoger una situación cotidiana, llevada a sus extremos de idealización: una chica atractiva y un hombre atractivo que, sin conocerse, fortuitamente se encuentran en una situación de intensa intimidad, junto a un lecho y en la familiaridad de una habitación. La acción, por tanto, dentro de su cotidianidad, presenta la idealización de sus componentes, en los términos que el anunciante sabe que se reflejan en el subconsciente de los lectores que potencialmente pueden usar este producto. Se redunda, por tanto, en la situación de conquista amorosa, de deseo sexual -tan presentes en la sociedad actual-, jugando con la ambigüedad que supone el empleo del verbo «cortar».

Las relaciones entre texto e imagen revisten por ello aquí una gran trascendencia, en cuanto que por un lado parecen anclar el sentido, pero por otro impregnan al anuncio de importantes tintes de ambigüedad y connotación. Parece como si se pretendiera que la plurisignificatividad del verbo «cortar» se impusiera, identificado con la espuma de afeitar que se anuncia.

Subjetivamente, el anuncio consigue efectos intencionadamente buscados por los responsables de la publicidad. El anuncio de una espuma de afeitar tiene una población muy específica como destinatario: hombres que emplean un sistema manual de afeitado. A ellos especialmente se dirige este anuncio que utiliza como reclamo el atractivo de una chica, que se plasma desde el punto de vista laboral, en una señorita de servicio de un hotel, con una ceñida vestimenta, poco usual para ejercer este trabajo.

Es evidente que en el trasfondo de este anuncio publicitario se están mostrando unos roles que publicitariamente «venden» en nuestra sociedad: la conquista masculina, el atractivo sexual, la mujer-objeto, el «macho-jefe», el lujo, el consumismo, la supravaloración de los cuerpos... En definitiva, un modelo de mujer, de hombre y de sociedad se dibujan veladamente, pero con bastante nitidez en esta publicidad.

Desgraciadamente, ante esta realidad, la mayoría de los lectores realizan la lectura que los publicistas pretendidamente han buscado a través de sus estudios psicológicos de mercado. Pocas veces se ofrece la posibilidad de reflexionar sobre las imágenes, objetiva, subjetiva y semióticamente, analizando qué lectores se buscan, cuáles son los sistemas de persuasión que se emplean, qué valores se desprenden...

Leer imágenes es, por ello, una asignatura pendiente de una formación que quiera adentrarse en el apasionante mundo de enseñar al alumno de hoy a ejercer su libertad, su consciencia y su responsabilidad como ciudadano libre.

© Enrique Martínez-Salanova Sánchez

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