Pecho rico, pecho pobre

Un análisis sobre los medios de comunicación y la solidaridad

 

Artículo publicado por Enrique Martínez-Salanova Sánchez e Ilda Peralta Ferreyra

en la Revista «Comunicar» nº 15, octubre 2000, pags. 71-78


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 Pecho rico, pecho pobre

Un análisis sobre los medios de comunicación y la solidaridad

Enrique Martínez-Salanova Sánchez

Ilda Peralta Ferreyra

 Los autores hacen en este artículo un recorrido por los nuevos problemas que se generan en el momento de percibir al mismo tiempo de manera unitaria, y por otra parte diversificada, los mensajes que proporcionan los medios de comunicación en relación con los valores, el respeto, la tolerancia y la solidaridad. Es responsabilidad de los medios, pero también de padres, educadores y de los mismos receptores, asumir con responsabilidad su papel, el que la influyente e indiscriminada variedad de imágenes y de opiniones sustente el nacimiento de nuevas opciones críticas y la estructuración cultural de una ética actualizada. 

 

«Cada uno de nuestros avances tiene una contrapartida; cada victoria sobre la naturaleza suscita una nueva tensión en nuestro entorno; cada paso cumplido hacia el bienestar se acompaña con un nuevo sufrimiento; cada libertad conquistada se paga con una nueva restricción. ¿Habrá que resignarse y creer que el hombre nunca será verdaderamente libre?». (Jean Guilaine, 1999) 

«Seis mujeres bangladesíes desfiguradas por sus pretendientes con vitriolo por haberse atrevido a tomar una decisión sobre sus propias vidas, rompiendo un compromiso matrimonial, a finales del siglo XX. Un soldado serbio decapitado lentamente con una sierra por una brigada de la ustacha croata, durante la II Guerra Mundial. Un anciano luchando contra la congelación de los pies de una niña en la travesía de los Pirineos, entre los miles de republicanos españoles que cruzaron la frontera a pie tras la guerra civil. Las listas de víctimas siempre son terribles, pero el terror es universal y crónico, y es asunto de los vivos. El terror sobrevive al asombro, a la ira, a la impotencia, al asco y hasta a la resignación; el reconocimiento de uno mismo como miembro de una raza de bestias, de torturadores, de asesinos. Por esos basta un escueto pie de foto. El terror es asunto de vivos. Si cierro los ojos, todavía puedo verlos. Cuando los cierre por última vez, podré verlos todavía.». (Almudena Grandes. El País, 1998) 

 

La necesidad de presentar una ponencia sobre la solidaridad y el tercer mundo, nos llevó hace no mucho tiempo a buscar entre una variada, y variopinta, colección de recortes de periódicos, publicidad, artículos y fotografías de revistas. El azar puso en nuestras manos, a la par, dos fotografías que presentamos en este artículo. La primera, de una valla publicitaria europea, en la que se ve un precioso niño de ojos azules, que mama del pecho de su madre, una ubre plena de alimento. La otra fotografía, en blanco y negro, representa los esfuerzos de un niño africano, esquelético, intentando extraer una imposible gota de leche del seno, pellejo hambriento y vacío, de su madre. Los grafismos se habían guardado por separado. El impacto visual sufrido al unirlos por casualidad, nos sirvió de reflexión inicial para plantear la exposición, y al mismo tiempo de recurso icónico para presentar la ponencia. Con aquellos elementos, y haciendo previa la reflexión sobre la solidaridad experimentada a partir de ellos, planteamos en este artículo cómo los valores pueden ser afectados para bien y para mal, por los instrumentos mediáticos. 



La imagen de las mil palabras, un fusilamiento y la mala costumbre del avestruz

Son necesarias más de mil palabras para explicar algunas imágenes. ¿Una imagen vale más que mil palabras?. Los que nos dedicamos a la docencia, nos lo planteamos con frecuencia. A veces, una imagen ilustra lo suficiente como para no tener que hablar más de la cuenta. Otras, como en el caso de las dos fotografías propuestas, el fuerte impacto visual producido al verlas juntas, nos incita a la reflexión. Los dos mundos, norte y sur, pobres y ricos, blancos y negros... Fueron guardadas por separado, pues son poderosas ‘en sí mismas’, cada una de ellas. La fuerza del golpe fue mayor al verlas juntas, ya que les dimos un contenido común, las relacionamos y así las presentamos. Más tarde hablaremos del efecto calidoscopio. Nuestras retinas están tan acostumbradas a disponer en todos los medios de comunicación de este tipo de imágenes, que somos incapaces de sumar dos y dos. Simplemente percibimos los mensajes icónicos como algo normal y rechazamos introducirlos en nuestras reflexiones, porque el antagonismo o la dialéctica que se produce en nuestro cerebro no encaja en nuestras pautas culturales. Las experiencias pasan inmediatamente y de forma inconsciente a formar parte (Baudrillard 1988), de esa indiferencia extasiada de la masa, anuladas las percepciones en ella, y por lo tanto incapacitadas para reaccionar ante cualquier estímulo que se salga da la norma prefijada por una cultura de alienación.

Ante la mirada de la fotografía del niño africano, lo hemos oído, es frecuente que muchas personas sientan cierto rechazo, o que se escandalicen... ¡Qué desagradable, qué mal gusto...!, En vez de reaccionar pensando que son situaciones que ocurren, y que el medio, lo que hace es sacarlas a flote para conocimiento de ignorantes.... En una colaboración que hicimos para un libro hace pocos años, con el fin de explicar la diferencia entre realidad y ficción en el cine, pusimos el ejemplo de un fusilamiento en tiempo real, y tiempo ficticio. Los editores, ‘progres’ de toda la vida, cambiaron la expresión ‘fusilamiento’ mediante un eufemismo, porque les parecía muy fuerte el ejemplo. De la misma manera, como el avestruz, se niegan las evidencias que presentan los medios, entre ellas la dureza de las imágenes que se ven en el telediario. Lo mismo sucede cuando decimos, u oímos decir, que las noticias nos amargan la comida... 

Una niña, un buitre, un fotógrafo y muchas interpretaciones

Kevin Carter, fotógrafo sudafricano, fue a Sudán en 1993 a fotografiar el hambre, a exponer al mundo a través de los instrumentos a su alcance, el ojo de una cámara de fotos, el terror, la guerra, los campos de refugiados, y sobre todo la gran hambruna que dominaba el país. Kevin, mareado de tanto horror y miseria, salió al campo a airearse un poco, y ahí surgió su suerte y su desgracia. Encontró a una niña que más que caminar, se arrastraba de hambre hacia el poblado, y le hizo unas fotos, y regresó... Una cierta intuición le obligó a cambiar de parecer, volvió sobre sus pasos, y encontró a la niña, encogida en el suelo, mientras un buitre, también hambriento, la acechaba esperando la muerte... Kevin preparó su cámara, enfocó y realizó la foto que le catapultó primero a la fama, más tarde al Pulitzer.



Recordamos aquella fotografía, que impactó en su momento, que hizo reflexionar a muchas personas y que representó por sí sola la imagen del hambre en el mundo.

No quedó ahí la cosa. Cuando a Kevin le concedieron por aquella foto el Pulitzer, en 1994, la prensa internacional se hizo cargo de la noticia, y otra vez pudimos ver aquel buitre dispuesto a comerse a la niña. ‘Informe semanal’, en la primera cadena de Televisión Española, presentó en ocho minutos una entrevista a Kevin Carter. El fotógrafo contó la historia, parcialmente desarrollada más arriba, y algo más. Él no ayudó a la niña. Simplemente espantó al buitre y nunca más volvió a saber de ella. Y lo justificó: no se podía hacer nada por los niños en aquellas condiciones, ya iban ‘tocados’ de por vida por el hambre; era normativa de las organizaciones humanitarias, atender preferentemente a las personas mayores, porque tenían todavía posibilidades de sobrevivir sin excesivas secuelas.

También recordamos que en aquellos momentos, muchas personas, televidentes desde el sofá, se sintieron –o nos sentimos- escandalizadas por la actitud de Kevin. Nunca hubiéramos olvidado así a una niña hambrienta.

Un año más tarde, los periódicos nos dieron la noticia de que Kevin Carter, se había suicidado. Muchas personas lo interpretaron en relación con su culpabilidad. Sin más datos, juzgamos al fotógrafo, la situación, y por ende, dimos carpetazo al problema.

Es curioso, pero en los debates en los aquella situación provocamos y dirigimos, la mayor parte del tiempo lo pasamos juzgando la actitud de Kevin. En raras ocasiones se pasó a analizar la raíz del hambre en el Sudán, a cuestionar la guerra o los intereses que la hacen realidad, y menos todavía a extrapolar la situación a nuestra propia vida y responsabilidad.

«Las masas se sumen en la indiferencia extasiada, en la pornografía de la información; se sitúan a sí mismas en el corazón del sistema, en el punto inerte y ciego desde donde lo neutralizan y anulan: la masa aprovecha la información para desaparecer, la información aprovecha la masa para sepultarse en ella; maravillosa astucia de nuestra historia donde los sociólogos, políticos y masmediáticos solo ven fuego». Jean Baudrillard. 

Pasar al otro lado del espejo

En el sistema kantiano, la indiferencia se opone a la trascendencia. La imposibilidad de traspasar los límites de la experiencia posible, se enfrenta a la capacidad de admiración, de sensibilidad o de utopía. Los medios de comunicación apoyados por las nuevas tecnologías, la transparencia en la información, el acceso a la noticia y a la imagen inmediata, han franqueado el límite de lo ético, «convirtiendo lo social en masa, lo sexual en obsceno, la violencia en terror», la realidad en virtualidad (¿realidad virtual?), «lo verdadero en simulación, la belleza en moda» (Baudrillard, 1988) y en el final del proceso, la indiferencia... Entramos así en el círculo vicioso, en el que damos por hecho que la realidad que se escribe o filma es cierta, aunque manipulada, que la manipulación es engaño, que el engaño es rechazable, y rechazamos así la parte de realidad que permitiría nuestra reflexión, la toma de posiciones ante la realidad, la búsqueda de la misma, y por supuesto, la vinculación personal con esa realidad. Si confundimos realidad con imagen, al igual que Alicia en el país de las Maravillas, nos quedamos en el lado de aquí del espejo, en el que al mismo tiempo que nos vemos reflejados, sabemos que aquella imagen no es la real. Para encontrar la realidad hay que pasar al otro lado del espejo-pantalla, que en el fondo es nuestra propia realidad, e investigar, acceder, dudar...

Los medios de comunicación se convierten en el objeto, que nos seduce, como dice Baudrillard, por su indiferencia, mientras que el sujeto es, o debiera ser, libre, autónomo, responsable, diferente. El objeto es el cristal, la ventana por la que entramos en la sociedad de consumo, cerrados a apreciar la realidad manipulada, cayendo en la indiferencia, en la irresponsabilidad y en el sentido de falta de capacidad reflexiva.

En el espejo-pantalla, nos vemos a nosotros mismos, interpretando con criterios propios la ‘realidad’ que se nos presenta. Las imágenes, ya sean en directo o diferido, para el espectador siempre son en tiempo directo, en ese momento, con la circunstancia agravante de que nuestra interpretación es la de ese instante, la de nuestro estado de ánimo actual; no comparamos, ni cotejamos las propias reflexiones, ni con las nuestras en otro momento, ni mucho menos con las de otros. 

El calidoscopio mediático, la parcelación de la información y la visión global

Marshall McLuhan afirma que los medios de comunicación actuales tienen estructura de mosaico, más que lineal como los anteriores, sobre todo comparados con el libro impreso. Los periódicos poseen un sinfín de información, de opciones, de publicidad, de fotografías y gráficos, de entretenimientos, que se presentan en espacios y tiempos muy reducidos, todo a la vista, como en un escaparate, en una sola página. La velocidad a la que trabaja Internet o el mando a distancia de la televisión hacen el mismo efecto calidoscópico. Estas suertes de mirar han estimulado formas de pensar-mosaico (Murray 1999). Nadie las ha cuestionado y casi nadie las ha investigado. Son dadas por hechas, sin más, ya que asimilamos información múltiple de una sola mirada. Aunque Murray lo trabaja el tema en relación con la narrativa, no podemos olvidar que el cine o el cómic, narrativas visuales, intercalan infinidad de procesos en uno, en mosaico, volviendo atrás (flash-back), ralentizando, mezclando situaciones e imágenes, diversificando los fundidos y saltos de acción, etc.

El pasar de un lado a otro, la facilidad de entrar en escenarios, tiempos, épocas, lugares diferentes en poco tiempo nos obliga a percibir y pensar de forma diferente. También puede dar lugar a trastocar o confundir los hechos, pues la información de lo que sucede, el contraste de opiniones, se aprecia de forma muy rápida. Hace poco tiempo, en televisión veíamos las noticias en las que un pueblo, El Ejido, o parte de él, se revolvía de manera violenta contra los magrebíes, en razón de varios hechos sangrientos que personas nativas de esos lugares habían perpetrado. Vimos las noticias en todos los telediarios que pudimos, apreciando las grandes diferencias al dar la noticia, las imágenes recogidas, el modo y tiempo de tratamiento de la información. Un grupo neonazi había, incluso, creado una página Web para que sus huestes acudieran a ‘matar moros’. Por las noches, en programas debate de la tele, en los que prima el morbo y la exaltación de las intervenciones, los contertulios pudieron expresarse sin que nadie oyera a nadie. En los mismos días, nativos celtíberos habían perpetrado hechos tan sangrientos o más, y no se levantaron las masas. El calidoscopio. Con sus más y sus menos, sus pros y sus contras. El mosaico de iconos y opiniones que se perciben da información, pero hay que cribarla, analizarla, unir a otras fuentes de información y de opinión, y al final, personal y colectivamente tomar partido, optar, asegurar la propia reflexión y actuar en consecuencia.

Uno de los grandes problemas de la visión-mosaico es que nos fijamos predominantemente en elementos minúsculos, cuando nuestra mente está preparada para apreciar globalmente; vemos partes, cuando podemos acceder a la totalidad. Ninguna situación se da por que sí, ni queda sin relacionar con su entorno. Hay quien culpa de todos los problemas sociales a la globalización. Puede ser que ahí esté la raíz, pero no necesariamente es la causa. Los que cuestionan la globalización, lo hacen siempre desde el punto de vista del dominio económico, pero es innegable que el mundo ya era un pañuelo antes de la mundialización de la economía. La ‘aldea global’ de McLuhan lo explica relativamente. Los nuevos movimientos ‘antisistema’ son necesarios para el debate mundial, pero la solución de los problemas de hambre, guerra, violencia o discriminación radica en el mismo sistema. 

Nuevas formas de narrar crean nuevas formas de percibir y nuevas formas de pensar

La narración mosaico, producto de la era digital, engendra un acercamiento ficticio entre lo que se percibe y la realidad. Vemos, oímos, sentimos, realidades que no están cercanas ni en el tiempo ni en el espacio. Este fenómeno, presente ya en los medios electrónicos, se agudiza en la era digital. Podemos percibir imágenes sin distancia de tiempo, en directo, pero a miles de kilómetros –o años luz- de distancia en el espacio. Esta situación nos crea ambivalencia, esquizofrenia, desorientación, y en la mayoría de las ocasiones, indiferencia. Podemos compatibilizar la congelación de imágenes, producto de nuestras experiencias ante los medios, que el cerebro produce inconscientemente y la percepción-mosaico, multi-icónica. Ambas percepciones pueden considerarse como complementarias siempre que nos permitan ser al mismo tiempo perceptores de detalles e integrarlos globalmente al acervo cultural. La solidaridad, el respeto, sentir lo que sienten los otros, decidir posiciones ideológicas, son productos elaborados del pensamiento y de la voluntad, que dependen cada día más de la percepción-mosaico que provocan los medios de comunicación. Dicho de otra manera: las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación tienen una gran responsabilidad en la educación selectiva de los valores. ¿Seremos capaces de educar para convertir la percepción múltiple en un pensamiento integrado?. 

La diversidad cultural, la cocacola y el cine norteamericano

Ciertos axiomas, ya repetidos, pero que es conveniente recordar: No hay culturas idénticas; no hay una cultura mejor que otra; no significa democratizar la cultura el que esté Internet al acceso de todos; la globalización es un hecho, aunque existen detractores y defensores de su aplicación real.

Luchar por una igualdad de derechos o de oportunidades no puede ser sinónimo de destrucción de culturas. La cocacolonización, (Sequeiros 1997), la vivimos en nuestra infancia por defecto, es decir, ansiando aquello que veíamos en las películas. Llegó la cocacola al mismo tiempo que la colonización norteamericana, el tabaco rubio, los vaqueros, etc... No hay que demonizar productos, sino tal vez detenerse a pensar en la situación del colonizado. Lo que gana y lo que pierde, lo que pierde y lo que gana. O el pago que debe hacerse por acceder a determinados bienes. La igualdad de acceso a los productos no significa igualdad de oportunidades. Muchas veces los productos son virtuales, construidos a imagen de los que detentan el poder, económico y mediático. Son productos que no se tocan, ni se comen, pero que se integran inconscientemente en una ideología cada vez más homogénea. 

Un premio ‘Goya’, el desconcierto de algunos indígenas y las posibilidades del cine

En 1999, un premio Goya al mejor cortometraje documental se lo llevó una película de Silvia Munt, ‘Lalia’, sobre la vida del pueblo saharaui en los campos de refugiados en Argelia. En infinidad de ocasiones, ciertos países del tercer mundo, nos sorprenden con la filmación de su existencia. A veces son películas de muy buena calidad, realizadas con precariedad de medios indiscutible, pero que no se exhiben en salas comerciales, por lo que su difusión es mínima. Pueden ser proyectadas en la televisión en las madrugadas de ‘la dos’ o en cadenas de pago. Nos aportarían visiones muy completas de la manera de vivir y dificultades de otros pueblos, etnias y culturas, diferentes a la europea o norteamericana. Continúa el dominio del cine norteamericano.

Veíamos hace poco en un documental, a occidentales que llegaron a tomar contacto con una tribu amazónica y a los indígenas desconcertados la pregunta: ¿de quién es esta tierra?. La tierra no es de nadie en las antiguas culturas, todos la defienden, y en ello radica la solidaridad. No existe el concepto de propiedad de la tierra. Si entendiéramos la solidaridad como ellos, evitaríamos la colonización sobre el medio-ambiente y nuestros patrones culturales podrían ser más comunales. Una película magnífica para entender este concepto es ‘La selva esmeralda’.

El cine ha tratado, y sigue tratando, temas ligados a los derechos humanos con profusión y dignidad... ‘Un lugar en el mundo’ (1991), de Aristaráin, sobre el derecho a luchar por la tierra y a manifestarse en conciencia, ‘Pena de muerte’ (1995), De Tim Robins, sobre el derecho a la vida y la lucha contra la pena de muerte, ‘La lista de Schindler’ (1993), de Spielberg, sobre el derecho a un trato digno, la denuncia del genocidio y la valoración del riesgo en la defensa de la vida..., ‘Bwana’ (1996), de Imanol Uribe. El derecho a la igualdad de las etnias y a un trato justo y digno a emigrantes y minorías, ‘El color púrpura’ (1985), de Spielberg, sobre los derechos de la mujer, sobre todo a un trato digno y a la educación. Y otras muchas, desde el comienzo del cine hasta nuestros días...  

La ciencia, la conciencia, el puzzle de los medios y la defensa del planeta

Hace unos veinte años, estábamos convencidos, y así lo avalaban investigaciones de grupos de profesionales, que en el año 2.000, prácticamente, el papel desaparecería de las oficinas, de la comunicación, del correo. Es cierto que muchas de nuestras cartas son digitales, que gran parte de la información se traslada por las redes telemáticas... pero ¿y nuestros buzones? ¿Y la administración, que exige cada vez más papeleo?. En contra de las previsiones científicas, que auguraban un beneficio para la especie humana y para alegría de bosques, naturalistas y ecologistas, cada día se cortan más árboles, se fabrica más papel. La informática ha beneficiado en ello a los inconscientes e irresponsables, a los que facilitan el acceso a bases de datos, lo que permite personalizar mejor las cartas, los mailings, las cuentas y extractos bancarios... Mientras podemos acceder a nuestros datos simplemente estando conectados a la red, al mismo tiempo toda la información se envía por correo, en el que se incluye reiterada publicidad, y lo que podía ser una línea de texto en una pantalla, se convierte en un sobre con varias hojas de papel. ¿Vamos a peor? Estamos siempre rondando la idea del ‘pecho rico, pecho pobre’. La conciencia que provoca en la humanidad el desarrollo tecnológico pide a gritos la génesis de una nueva ética, el consenso en la utilización equilibrada de los medios, entre ellos los de comunicación, para desarrollar de verdad un mundo en armonía, equilibrado y solidario. Como ya citamos en otra ocasión, «es preciso impulsar el diálogo entre las culturas, resistirse a que la homogeneización (Cebrián 1998) sea el resultado de la victoria de unas civilizaciones sobre otras». 

De nuevo las piezas del puzzle, el subconsciente y una nueva ética de cooperación

Las imágenes, como las opiniones y las modas, penetran directamente en el subconsciente, sin intermediarios, profesor, padres ni animadores. Un lenguaje, para que redunde eficaz y libremente en beneficio de una cultura, debe tener vuelta atrás, evitar ser lineal, promover el feedback. La nueva tecnología permite la retroacción de los sistemas, aunque en la mayoría de los casos no se valora y se utiliza escasamente. Los realizadores de radio, televisión, cine o juegos informáticos, analizan el gancho que va a permitir que el usuario se conecte mentalmente, inconsciente y afectivamente, a su producto. Normalmente la conexión afectiva es subconsciente (Babin). Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la emisión de sus mensajes a la hora de crear cultura. Una cultura racista, o antirracista, no se crea solamente dando mensajes directos. La forma de encarar los temas, las imágenes elegidas, la profusión o carencia de mensajes, pueden servir en el marco de la cultura-mosaico, para engendrar unas u otras actitudes. El término raza, por ejemplo, tan utilizado por los medios, no se sustenta científicamente, aunque no lo podemos evitar en el lenguaje popular. Los medios podrían utilizar otra terminología, especie humana, etnia diferente y, sobre todo que, en ocasiones, la diferencia está en los diversos puntos de vista.

Las masas exacerbadas de El Ejido se lanzaban igualmente contra los magrebíes que contra los periodistas, como todo fanático. Sin embargo la comunicación no siempre es científica, el lenguaje de los medios de comunicación es pobre, limitado, y a veces sesgado y parcial, los mensajes son, con frecuencia, limitados y sensacionalistas. La cultura mosaico, puede entresacar uno a uno los elementos del puzzle, tanto para analizarlos como para perder la visión global y todas las relaciones con los demás elementos. Una imagen de la pobreza, de la inadaptación, de la guerra, no es nada si no se relaciona con el resto del puzzle: relaciones internacionales, colonización, barbarie, genocidio, racismo, tolerancia, educación, etc. Acceder a la síntesis creativas es aglutinar los elementos del rompecabezas. Es la opción personal y social la que afectivamente los aglutina, la actividad de las acciones la que los hace eficaces, y la intervención de la sociedad la que puede solucionar los problemas. 

El mosaico digital, el mosaico cultural, el mosaico étnico, el mestizaje y la solidaridad

En la antigüedad era el rumor el vehículo más rápido de comunicación. Los rumores no confirmados, interesados, creados con maldad, han sido causantes de desmanes, linchamientos y matanzas de inocentes, porque los rumores corren que vuelan. Hoy, los medios informativos, son más rápidos aún, pero pueden ser igualmente peligrosos, sin confirmar, e interesados.

Una pregunta y una reflexión que nos hacemos: ¿Por qué los radioaficionados, en general, utilizan sus equipos y conocimientos para ayuda de personas en situación de necesidad, y gracias a ellos se han salvado muchas vidas? Además, hacen gala de ello. ¿Por qué los navegantes de Internet, salvo excepciones, viven su vida, chatean disimulando edad, sexo y condición, se convierten en seres individuales, cuando tienen en su poder la mayor fuerza comunicativa que ha existido desde el comienzo de los tiempos?. Es cierto que hemos participado en cadenas de solidaridad a través de las redes; en ellas hemos manifestado nuestro pensamiento, contrario a la tortura, al maltrato a la mujer, a la pena de muerte... Es un desafío para el futuro, el que la televisión, los medios de comunicación en general, y las redes telemáticas en particular, pongan su capacidad de acceso vertiginoso a millones de usuarios, su fuerza publicitaria y su estructura sináptica, al servicio de la salvación del planeta, de la igualdad entre los pueblos, de la defensa de la libertad, de la ideología solidaria...

La cultura digital, decíamos más arriba, es producto del pensamiento provocado por una percepción-mosaico. Los antropólogos, los educadores, los pensadores, reivindicamos igualmente una cultura mosaico interétnica. Valoramos y defendemos el mestizaje, tanto biológico como cultural. Además y en clave de humor, ¿quién, a pesar de poder acreditar biológicamente su ‘raza pura’, (¡ya es difícil, ya!), puede demostrar que no ha tenido un antepasado truhán o pirata, o explotador, o emigrante, o pobre, o esclavo?.

 «El mero hecho de ver la televisión se desprecia como inferior por necesidad a la actividad de la lectura, independientemente de los contenidos. Pero la belleza narrativa no depende del medio. La narrativa oral, las historias ilustradas, los teatros, las novelas, las películas y los programas de televisión pueden oscilar todos entre lo pobre y sensacionalista y lo maravilloso y revelador. Necesitamos todas las formas de expresión disponibles y todas las que podamos aprender para entender quiénes somos y qué estamos haciendo aquí.» Janet H. Murray.

 

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