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SOBRE LOS NOMBRES DE LOS NÚMEROS[1]

Suelo decir a mis estudiante para maestro que los aspectos relacionados con la lectura y escritura de los números están en el ámbito del lenguaje y la grafomotricidad, respectivamente, dado su carácter convencional.

Naturalmente no son aspectos del conocimiento lógico-matemático, pero están tan ligado a él que sus relaciones no pueden obviarse.

Cuando el niño ha adquirido la noción de número se enfrenta al que probablemente es el conocimiento aritmético clave en la educación primaria: el sistema de numeración posicional. Se trata de un sistema de carácter convencional y, por tanto, sometido a unas reglas elaboradas en base a dos principios: economía y eficiencia. La economía es apreciada por el niño desde los primeros compases de su aprendizaje (incluso fuera de la escuela) puesto que, aunque sólo sea implícitamente, toma conciencia de que tan sólo usa diez símbolos.

Los niños usan los nombres de los números y conocen la existencia de unos símbolos para ellos (aunque no siempre asocian una cosa con la otra) desde muy temprana edad. Usan también la secuencia numérica para números hasta cien e incluso mayores sin embargo tienen dificultades para nombrar o escribir simbólicamente el cardinal de grupos de más de diez objetos.

Los trabajos de Stigler et al. (1990), Murray (1996) y Askew (1998), entre otros, nos invitan a reflexionar sobre posibles causas de este problema:

            1. Solemos vincular lectura, escritura simbólica y cardinal sólo con cantidades pequeñas, cuando las primeras regularidades que evocan las reglas de nuestro sistema posicional comienzan en la mitad de la primera decena (diez y seis, diez y siete,...).

            2. Las decenas no evocan el sistema. Como señala Murray (1996), sería útil simular de forma lúdica una nueva nomenclatura donde las palabras de las decenas evocaran la unidad asociada (en inglés propone onety, twoty,...unificando además todas las decenas) y donde los elementos de todas las decenas mantuvieran la misma estructura (decena y uno, decena y dos,..., dos decenas y uno, dos decenas y dos,...), como sucede en el lenguaje japonés. Resulta interesante comprobar que, como señala Stigler (1990) las dificultades, en términos comparativos, de los niños japoneses en relación con el valor posicional son muy inferiores.

            3. Mantener la estructura del lenguaje en las centenas (normalmente ocurre) y cuidar de que no vinculen el sonido y escritura (tres cientos y veintidós es escrito a veces 30022).

            4. Disponer de la grafía de los 99 primeros símbolos en forma de tabla cuadrada donde se aprecie el cambio de decena y la regularidad de la construcción.

Todo ello, naturalmente, en relación con los otros aspectos vinculados al valor posicional, que como señala Askew (1998) son la consideración de que grupos de objetos pueden ser tratados como unidades y que la posición de los símbolos (que se repiten) indica el tamaño del grupo que representa.

 

Referencias

ASKEW, M. (1998). Teaching Primary Mathematics. A guide for newly qualified & student teachers. London: Hodder & Stoughton.

MURRAY, J. (1996). Megan’s trouble. The Mathematics Teacher, 157, 28-32.

STIGLER, J.W. et al. (1990). The mathematical knowledge of Japanese, Chinese and American Elementary Schoolchildren. Reston: NCTM.



[1]Sintetizado de Askew (1998) y Murray (1996).