
A través de Barrapunto, he llegado a una fábula genial, escrita por Rodrigo Corral (a pesar de que sea MVP de Microsoft), que habla muy a las claras sobre que ocurre cuando el Jefe de un proyecto no tiene formación específica en proyectos informáticos.
Me permito repetirlo aquí y recomendar su pausada lectura:
Paseaba un día un jefe de proyectos por el campo. Tras años de rayos catódicos era su primer paseo por el páramo castellano en mucho tiempo. Lo necesitaba. La ocasión merecía los pantalones y las botas que estrenaba, recién compradas en la tienda de Timberland del aeropuerto. Iba pensando en lo bucólico del paisaje y la paz que se respiraba y lo lejos que estaba ahora de las reuniones ‘tressesenta’ , cuando vio, en la lejanía, para un informático 350 metros son la lejanía, un pastor de ovejas con rebaño de discreto tamaño. No más de cincuenta recursos eran los que el pastor gestionaba.
En ese preciso instante el modesto pastor vio al ‘pimpollo’ y pensó… vaya, otro que estrena botas, mañana con ampollas… mientras arrancaba un lasca de queso con su navaja. En esto el ‘pinpollo’ ya estaba a su lado. El pastor levanto la cabeza, miro a nuestro jefe de proyecto y le tendió un trozo de queso. Ya se sabe, que en la castilla profunda, la hospitalidad se muestra más de gesto que de palabra.
El jefe de proyecto cogió el queso, sin poder evitar pensar: ‘que uñas más negras’. Y se sentó junto al pastor. La botas le estaban matando. Degusto el queso, que le supo como le sabía el queso cuando tenía forma de queso y no forma de triángulo metido en un plástico. Y ya se sabe, un buen queso puede tener efectos tan alucinógenos como el LSD. Sobre todo si no se ha probado en años… y no sale de la máquina de la sala de café después de poner dos euros y pulsar sesenta y siete.
Así que embriagado por los aromas de aquel queso, el jefe de proyecto no pudo evitar decir: ‘señor pastor, lo suyo si que es vida’. El pastor le miro, sin decir nada. ‘Todo el día dedicado a usted mismo, con sus fieles recursos que nunca se oponen a su voluntad, que saben lo que deben hacer sin que nadie se lo diga, que no están todo el día exigiendo y pensando en irse a su hora a casa. Lo que daría yo por estar en su situación… ‘ continuó el jefe.
El pastor le miró y con la simpleza que solo da la verdadera sabiduría dijo: ‘no sabe usted de lo que habla, amigo’. Y tiro un largo trago de bota. El jefe de proyecto no se iba a amilanar, así que espetó: ‘Usted si que no sabe nada de lo duro que es mi trabajo, seguro que yo cuidaría mejor de sus ovejas que usted de mi equipo de desarrolladores’. El pastor le miró fijamente y dijo ‘hecho, escriba aquí la dirección de su empresa y avise de que voy’. Le tendió la bota al jefe, en un gesto que decía claramente que si bebía, el trato estaba cerrado. Y claro, el jefe bebió mientras pensaba, ‘que cojones, aquí el que tiene el MBA soy yo’.





