
A estas alturas hablar de Web 2.0, de entornos colaborativos, pues no tiene gracia. Está tan asumido, tan implantado y difundido que poco o muy poco se puede aportar. Todos (permítaseme la generalización) formamos parte de alguna red social, contactamos con nuestros amigos por Facebook, vemos videos por Youtube, oímos música con Spotify, …Slideshare, Google Docs, Flicker, Google Reader, Del.icio.us, etc… y tantos otros, hasta han creado nuevos vocablos (¿no twiteais?), en definitiva, multitud de herramientas y tecnologías que, no sólo han venido a quedarse, sino que toman una parte muy importante de nuestras pautas actuales de comunicación.
Hoy quiero destacar LinkedIn.
Todos separamos claramente nuestra vida privada de la pública, nuestros clientes, proveedores y compañeros de nuestros amigos y familiares. Distintos entornos y ambientes que requieren distintos lenguajes, distinto vocabulario, mayor profesionalidad y seriedad en un lado, distensión y relajación en el otro.
Y la mezcla de ambos ambientes en un cocktail que suele dar mal resultado. No parece adecuado que nuestros clientes vean nuestras fotos de vacaciones…
Si para el ámbito más privado, Facebook es la herramienta más usada, LinkedIn se convierte en la más apropiada para esas redes de contactos necesarias en el mundo profesional. Personalmente, me parecen la evolución en su vertiente social de los Grupos de Interés, hasta ahora propios de Yahoo Groups o Google. O de Infojobs o Monster si nos centramos en su vertiente de busqueda de empleo. Si en Yahoo Groups se establece un canal de comunicación, un ‘hub’ único entre múltiples personas con un mismo interés, el concepto explota en múltiples dimensiones cuando hablamos de LinkedIn.
Para los que no la conozcan, LinkedIn es la mejor lanzadera de la que cualquier profesional puede disponer a la hora de establecer relaciones laborales a nivel mundial, algo que ningún portal de empleo al uso es capaz de ofrecerle. Proporciona a sus miembros un escaparate virtual, en continuo crecimiento, donde plasmar su recorrido profesional, sus logros, intereses y objetivos, conformando un ‘personal brand’, una marca, clave en las relaciones que hoy en día se entablan en internet. Como dice Juanma Roca, autor del libro «Revolución LinkedIn. La red profesional del management 2.0 del siglo XXI», «en LinkedIn, el negocio eres tú».
Enrique Dans afirma que LinkedIn “ha logrado mantener un crecimiento muy fuerte pero combinándolo con una calidad media de los contactos muy elevada: uno, en su LinkedIn, no da de alta a cualquiera. [...] Sin embargo, parece evidente que el nivel de éxito y crecimiento de la red social previene prácticamente cualquier discusión acerca de su funcionamiento: el ostracismo parece cada día una opción menos recomendable.”
En el ámbito universitario, creo que el uso de esta red podría servir de facilitador para el proceso de transferencia de resultados, para la búsqueda de partners en convocatorias de proyectos, como incentivador de proyectos de colaboración al amparo de los contratos derivados de art. 68 y 83 LOU, para relaciones con investigadores de centros de fuera de Andalucía o España, etc…, todos ellos aspectos cada vez más valorados y requeridos en nuestro trabajo. Incluso como apoyo y seguimiento de la entrada en el mercado laboral de nuestros egresados.
Pero no todo son ventajas. Ojo, no hay que caer en el error de confundir fin con medio. Este tipo de redes pueden hacerte visible para quien busca un perfil de unas características determinadas, pero no hacen milagros. Si tu perfil no es interesante, la red no hace que lo sea.
Y hay que tener cuidado con la inflación (Dans dixit) que se produce cuando mantener actualizada tu información y responder a tus contactos en todas las redes sociales en las que participas empieza a amenazar con convertirse en un trabajo en sí mismo.
En cualquier caso, si las herramientas 2.0 y las redes sociales os siguen produciendo ‘grima’, no os preocupeis, probadlas que siempre teneis la posibilidad del suicidio… 2.0.





