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Fecha: 24/11/2001
Hora: 7:58:52
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Supongamos que disponemos de la infraestructura telemática adecuada y de los recursos humanos y económicos necesarios, que hemos configurado un proceso formativo perfectamente estructurado y coherente, que tenemos todas las garantías de éxito... ¿Qué puede ocurrir entonces? Pues dentro de lo posible, después de tanto esfuerzo y empeño, habría que contar con una respuesta mínima por parte del profesorado para participar activa y libremente en el proceso formativo on line.
Este riesgo debe estar presente y tiene asignada su cuota de probabilidad de ocurrencia desde el mismo momento en que se comienza a proyectar la experiencia. La profesora Guzmán creo que ha introducido esta variable de forma inteligente porque sabe que la participación del profesorado puede llegar a ser un elemento crucial a favor o en contra, del éxito o del fracaso de la experiencia que tratamos.
Claro que caben otro tipo de consideraciones. Por ejemplo, suponer que la calidad del producto es mediocre y no aporta sustancialmente nada innovador al profesorado con vistas a abrir nuevas expectativas a su forma de enseñar. Sin embargo, la respuesta ha sido masiva y hay un número desbordante de profesores y profesoras que demandan participar en este proceso formativo on line. Luego en la Memoria del Curso se glosaría el éxito rotundo de la experiencia puesto que en ella habrían accedido un volumen de profesorado tal que superaron todas las expectativas.
¿Qué tendríamos entonces? Pues que el dilema cantidad-calidad se resolvería a favor de la primera alternativa en beneficio de proclamas y autoalabanzas de la gestión académica, en una especie de ofrenda floral a lo bueno que somos y lo bien que hacemos todo.
No resulta de recibo admitir que en el proyecto de formación on line han participado, por ejemplo, cuarenta profesores y profesoras porque ese número no encaja con la inversión que se ha realizado. En cambio si se afirma que cuatrocientos profesores y profesoras han pasado por la experiencia, ésta es catalogada como positiva y rentable, aún cuando ninguno de esos cuatrocientos haya quedado preñado de nuevas ideas y sigan ofreciendo a sus alumnos y alumnas «más de lo mismo», aunque ahora aderezado con el aditamento tecnológico del gadget de turno que es Internet.
De aquellos cuarenta, que volvieron a sus aulas con la semilla de la innovación y que pusieron en práctica junto con sus alumnos y alumnas experiencias educativas de trabajo cooperativo on line con otras comunidades y que llegaron a convertir el ciberespacio en la auténtica aula sin muros, nada se supo. Entre otras cosas, porque los gestores que mandan decidieron suprimir el proyecto de formación on line debido a la escasa participación del profesorado.