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Fecha: 04/12/2001
Hora: 9:01:33
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Parece una cuestión meridiana, por las aportaciones vertidas en el Foro, que es la Universidad de Huelva la que debe y tiene que asumir una oferta de formación igual o similar a la que propone la profesora Guzmán en sus planteamientos.
Sin embargo, y a pesar de reincidir en el tema, quisiera puntualizar de nuevo la importancia crucial que tiene en la época histórica en que nos movemos la aportación de capital financiero privado en los contextos educativos. Y quisiera hacer notar eso a nuestros invisibles y distinguid@s contertulios virtuales porque ejemplos no están faltando. Y creo sinceramente que ahí está la clave de una cuestión que se torna en un dilema casi irresoluble.
Nos explicamos: un plan de formación, concebido como una acción permanente, ambicioso en sus pretensiones y extensivo a todo el profesorado de la Universidad necesita recursos humanos y técnicos suficientes y necesarios. Es muy difícil sustraerse al «apoyo» económico que supone la entrada de euros en las arcas universitarias maltrechas por la escasa financiación pública que apenas da de sí para pagar los salarios también escasos de sus trabajadores docentes y no docentes.
En esta semana (3 de Diciembre de 2001), el Gobierno de la nación en la persona de su Presidente el Sr. Aznar, el Presidente del Consejo de Administración del Banco de Santander, Don Emilio Botín y la empresa multinacional Microsoft, representada por el Sr. Bill Gates han firmado un acuerdo mediante el cual Microsoft proveerá de software a bajo precio a las Universidades públicas españolas en un programa de equipamiento de los centros universitarios españoles e iberoamericanos (casi 300 universidades) que financia el banquero y sanciona el político.
El hecho no debía tener más trascendencia de la que en un principio se le podría suponer. A nuestro humilde modo de entender, supone un paso más de la invasión lenta pero segura del capital privado en el terreno de lo público. Porque la solución no pasa por dedicar más presupuesto a la enseñanza pública sino en buscar otros «aliados» que suplan la carencia allí donde más duele: la escasez endémica de recursos.
Hace casi una década, en los colegios e institutos norteamericanos la empresa mediática Channel One logró establecer una emisión diaria de quince minutos de programación televisiva aderezada con publicidad dirigida a adolescentes hipercosumistas a cambio de una completa dotación de medios audiovisuales que entraban a formar parte del inventario del Centro. Las «generosas» aportaciones de firmas como McDonald’s, Coca Cola o Nike a la enseñanza pública USA lleva el sesgo implícito de captación de un mercado que estaba exento de la influencia publicitaria, al menos mientras estuvieran entre las cuatro paredes del recinto académico.
En el contexto universitario la búsqueda de financiación privada forma ya parte de las «habilidades sociales» de catedráticos, equipos de investigación y departamentos. Estas alianzas estratégicas condicionan de algún modo la docencia y la investigación en a Universidad (recuerdo haber leído un caso de la Universidad de Berkeley en 1998 que se comprometía a ceder todos los hallazgos de sus investigaciones en el Departamento de Biología Vegetal a la empresa multinacional Novartis, especializada en alimentos transgénicos.
La industria farmacéutica es otro sector privado que en ocasiones ha «presionado» para minimizar efectos secundarios o maximizar las supuestas bondades de algún producto que se tiene necesidad de comercializar y que ha tenido su origen en la investigación académica.
Quizás estos ejemplos no sean comparables con nuestra realidad a primera vista, pero considero que sí están en la misma línea de actuación. Chomsky titula un capítulo de uno de sus libros con un dicho popular: «Quien paga a los músicos decide que música se ha de tocar». Y ya hacen falta menos argumentos para comprender las consecuencias de una Sonata en Sí Señor.
Por otra parte, y viendo como está el patio, ¿qué Departamento universitario o grupo de investigación está en condiciones de rechazar un «desinteresada» aportación económica del sector privado que financie sus proyectos? Ahí radica la ambivalencia y el peligro que encierra esa hipotética simbiosis (a la larga se convertirá en comensalismo).
Y todo esto es más o menos lo que tenía necesidad de expresar y que lo considero prioritario porque va a condicionar en gran medida el resto de los planteamientos o cuestiones que nos hace la profesora Guzmán. La antigua libertas scolastica está mediatizada por el poder del dinero, pero eso es algo que ya se asume de entrada en una sociedad donde lo económico y un concepto sui generis de la rentabilidad orientan toda actividad o proyecto.
Quisiera darle las gracias a la profesora Guzmán en nombre de los participantes en este Foro telemático por su amable invitación a formar parte de él y tener la oportunidad de manifestar libremente nuestras opiniones, aunque a veces, como en mi caso, se trate de un ciberpataleo.
También quisiéramos manifestarle nuestro incondicional apoyo a su iniciativa investigadora que la consideramos pionera en su ámbito y preñada de un futuro prometedor y la animamos para que continúe en esa misma línea de docencia e investigación (si el dios de la pequeñas cosas quiere, al margen de Fujitsu, Sony, Coca Cola, IBM, AIQB, El Corte Inglés... y hasta Bill Gates).