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De:
Date: 09 de November de 2006
Time: 19:02:49
Remote Name: 61.88.251.46
De: Peña López Palacios 2º Educación Social
Date: 14 de December de 2005
Time: 12:04:24
Remote Name: 172.17.11.178
Como he podido leer en los comentarios de mis compañeros, todos estamos de acuerdo en que, las imágenes tienen un gran poder que nos lleva a ser los principales personajes del consumismo. Las imágenes en la actualidad, son la fuente primordial de las que se valen las grandes multinacionales de la comunicación para atraer a toda persona (de cualquier edad). Estas fábricas de consumo tienen mucho poder, por ello nosotros deberíamos prestar cuidado a las fuentes de información que dramatizan y deforman las situación, enfatizando determinados aspectos del problema, y de esta manera, acentuando un cierto malestar en todo aquel que lo observe. Ligado a ésto, puedo mencionar unas palabras que he cogido del texto "Mujer, ¿La sal de la tierra, la luz del mundo?" de Ramón Ignacio Correa García, donde apuntaba que "El lenguaje y las imágenes nos instruyen sobre el modo de ver la realidad, no sobre la realidad en sí". Otro aspecto que quiero tratar, es que muchos estamos convencidos que "porque lo diga la televisión...", eso "va a misa", decir también que "No es más fuerte la razón porque se diga a voce", o sea, que no son más creibles las imágenes e informaciones que nos presentan, por el hecho de que nos la enseña la televisión o los distintos medios de comunicación. Me gustaría acabar con una frase que personalmente, la utilizo en distintos contextos de la vida y he copiado de una revista cuya autora es Pilar López de Ayala y decía "La Felicidad es mirar lo que tienes enfrentre y darte cuenta de que lo que necesitas NO es crearte grandes objetivos, sino valorar tu entorno". En este caso puedo interpretarlo pensando que no porque compremos o poseamos las marcas publicitarias más caras, vamos a ser más felices, sino que podemos y deberíamos conformarnos con lo que tenemos, es decir, valorar nuestro entorno más cercano y ser más originales sin dejarnos llevar por la impersonalidad de aquellos que forman parte de un consenso.