Tolerancia social a la violencia y desigualdad estructural: Un análisis predictivo en una ciudad peruana

Social Tolerance to Violence and Structural Inequality: A Predictive Analysis in a Peruvian City

Larry Franklin Acencio Malpartida

Coordinador CEM Comisaria Amarilis. Universidad de Huánuco – Perú

VOL. 51. Número 189 (2025)

ISSN 0211-7339
http://dx.doi.org/10.33776/EUHU/amc.v51i189.9278

Resumen:

El presente estudio examina la tolerancia social hacia la violencia como una manifestación de desigualdad estructural en la ciudad intermedia de Huánuco, Perú. A partir de un enfoque sociopsicológico, se analizó una muestra probabilística de 503 personas mediante la Escala de Tolerancia Social a la Violencia (ETSV), evaluando su relación con variables sociodemográficas como sexo, edad, nivel educativo y estado civil. Los análisis revelaron que la tolerancia social presenta diferencias significativas en función del nivel educativo y la edad, mostrando una mayor aceptación de la violencia en grupos con menor escolaridad y en adultos jóvenes. El análisis de regresión multinomial identificó que la tolerancia social a la violencia fue un predictor significativo de la percepción de violencia, mientras que variables como el sexo y el estado civil mostraron asociaciones menos consistentes. Estos hallazgos aportan evidencia empírica sobre cómo la desigualdad social se reproduce en los imaginarios colectivos que normalizan la violencia, especialmente en entornos urbanos con brechas educativas y de género. Se discute la necesidad de políticas públicas con enfoque territorial, preventivo y de género.

Palabras claves:

Tolerancia social a la violencia; desigualdad estructural; psicología social; violencia urbana; Perú.

Abstract:

This study examines social tolerance toward violence as a manifestation of structural inequality in the intermediate city of Huánuco, Peru. From a socio-psychological perspective, a probabilistic sample of 503 individuals was analyzed using the Social Tolerance to Violence Scale (STVS), exploring its relationship with sociodemographic variables such as sex, age, educational level, and marital status. The findings revealed significant differences in tolerance levels based on education and age, with higher acceptance of violence among those with lower education and young adults. Multinomial regression analysis showed that social tolerance to violence was a significant predictor of perceived violence, whereas variables such as sex and marital status presented less consistent associations. These findings provide empirical evidence on how social inequality is reproduced in collective imaginaries that normalize violence, particularly in urban settings with educational and gender disparities. The study highlights the need for public policies with a territorial, preventive, and gender-sensitive approach.

Keywords:

Social tolerance to violence; structural inequality; social psychology; urban violence; Peru.

Fecha de recepción: 15 de octubre de 2025
Fecha de aceptación: 27 de octubre de 2025

Correspondencia: larry2fam@gmail.com

Introducción

La violencia se erige como uno de los flagelos manifiestos más cruentos a nivel de la sociedad, específicamente las principales manifestaciones de violencia en el espacio público han cobrado un protagonismo particular en los estudios sociopsicológicos de América Latina, especialmente en contextos urbanos marcados por la desigualdad estructural (Bourdieu, 1999; Rivera-Gonzales, 2011); pero esto es más que solo una actitud individual, representa un reflejo de dinámicas estructurales y simbólicas que legitiman jerarquías sociales (Bourdieu, 1999; Fraser, 2019), es decir se concretizan escenarios de diferencias sociales ante la pasividad de una aceptación de la realidad por parte de las personas que lo vivencian o espectan; esto es explicado por lo que indica Bandura (1977), donde señala que las normas sociales se aprenden por observación de modelos (familia, medios, comunidad). Según Gracia et al. (2015), esta actitud cultural facilita la impunidad y normaliza actos violentos cotidianos, especialmente contra mujeres y grupos vulnerables. En este sentido, la Teoría de la Dominancia Social (Sidanius & Pratto, 1999) explica que la aceptación de la violencia opera como un mecanismo ideológico para mantener desigualdades de poder. Además, explica cómo las jerarquías sociales se mantienen mediante ideologías que legitiman la desigualdad.

Por otro lado, Jost y Banaji (1994) sostienen que la justificación del sistema es un proceso cognitivo por el cual las personas legitiman estructuras opresivas como naturales o inevitables, lo que explicaría por qué en muchos entornos urbanos se tolera el acoso verbal o físico. La tolerancia social a la violencia se conceptualiza como la aceptación implícita o explícita de conductas violentas como mecanismos legítimos de interacción o control social, influenciada por factores como la desigualdad, el género, la educación y el acceso a derechos (Gracia et al., 2015). Este fenómeno no solo legitima la violencia, sino que debilita las respuestas sociales ante ella, normalizándola en el tejido cotidiano de la vida urbana (ONU Mujeres, 2022). en un afán de mantener el status quo que las personas encuentran formas de darle un sentido de equilibrio silencioso a esta problemática.

En América Latina, se los estudios promovidos por ONU Mujeres (2022) en Honduras o Colombia han evidenciado cómo las normas sociales de género naturalizan la violencia, legitimando incluso la violencia institucional contra mujeres y niñas (ONU Mujeres América Latina y el Caribe, s. f.). Estos marcos permiten comprender cómo la tolerancia social actúa como un reflejo de desigualdades estructurales en contextos urbanos con brechas educativas y de género.

A nivel empírico, en Perú, un estudio basado en la ENARES2019 concluyó que la tolerancia social hacia la violencia intrafamiliar era mayor entre personas de menor nivel educativo y residentes fuera de Lima, mientras que las mujeres y las personas más jóvenes expresaron menor tolerancia PubMed. Esta asociación sociodemográfica es coherente con lo que se propone en el presente estudio: explorar cómo el género, la educación y la edad afectan la percepción de violencia en una ciudad intermedia como Huánuco.

En el Perú, y particularmente en ciudades intermedias como Huánuco, el fenómeno de la tolerancia social hacia la violencia revela patrones culturales, educativos y relacionales que perpetúan prácticas de dominación y exclusión, situación similar que se viene replicando en Panamá (Araúz-Reyes., & Stanziola. 2025).

En este marco, resulta pertinente indagar cómo esta tolerancia se expresa y distribuye entre diferentes grupos sociodemográficos, y en qué medida se relaciona con estructuras desiguales de poder, género y acceso a recursos. La literatura indica que los niveles de tolerancia tienden a variar significativamente en función de variables como el sexo, el nivel educativo, la edad y el estado civil, lo que permite explorar los determinantes estructurales y subjetivos del fenómeno (Kearl, 2014; Vera-Gray, 2018).

Desde una perspectiva sociopsicológica crítica, este estudio propone analizar la tolerancia social hacia la violencia en una muestra representativa de ciudadanos y ciudadanas de Huánuco, a fin de identificar patrones de desigualdad perceptiva que contribuyen a la reproducción de prácticas violentas. Esta investigación se inserta en el debate actual sobre la transformación de los imaginarios sociales, el fortalecimiento de la ciudadanía y la necesidad de construir entornos más seguros e igualitarios en contextos urbanos de América Latina.

El objetivo principal del estudio es examinar cómo la tolerancia social a la violencia se configura como un reflejo de desigualdad estructural en la población de una ciudad intermedia peruana. Se espera que los resultados aporten a la comprensión crítica de los factores psicosociales que sustentan la legitimación de la violencia y permitan el diseño de políticas públicas sensibles al territorio y a la cultura local.

Material y Método

Se empleó un diseño no experimental, transversal, del tipo relacional, con una profundidad asociativa predictiva, que según Ato et al (2013), no se llega a manipular variables, y estos datos son recogidos n un solo momento, además s preocupa por explorar asociaciones y diferencias, y hace uso de una regresión logística multinomial para presentar diseños de predicción categórica respecto a la variable tolerancia social a la violencia y otros factores asociados para presentar modelos de predicción en la población urbana de Huánuco.

Para el desarrollo de la propuesta se tomó la escala de Tolerancia Social a la Violencia (ETSV (Terrores & Lavado, 2023), de la cual se tiene antecedentes de uso nel contexto peruano y latinoamericano, asimismo cumple con rigor estadístico para medir su consistencia con un índice de alfa de Cronbach de α = 0.87, categorizado como alto, su validez de contenido fue valuado a través de una prueba de expertos y análisis formal exploratorio (KMO = 0.86; prueba de esfericidad de Bartlett, p < .001).

El muestreo probabilístico estratificado, consiste en dividir la población en subgrupos homogéneos o estratos, según variables clave como el sexo o la edad, para luego seleccionar aleatoriamente a los participantes dentro de cada estrato. Esta técnica permite garantizar una mayor representatividad, asegurando que las características específicas de cada subgrupo estén adecuadamente reflejadas en la muestra total. (Babbie, 2010), en mérito a ello la muestra estuvo conformada por 503 personas residentes en Huánuco. Los criterios de inclusión fueron: tener entre 18 y 65 años, residir en Huánuco por más de un año y brindar consentimiento informado.

Parte de los pasos cuidadosamente planificados, fue el rol que tendrían los encuestados al momento del levantamiento de datos, quienes en 2 oportunidades fueron internados para poder estandarizar el recojo de información, además que debían cumplir requisitos mínimos de formación, como ser estudiante de los últimos ciclos de la carrera de psicología, y además tener facilidad para l abordaje de campo en voluntarios participantes, a quienes se les solicitado la firma de un consentimiento informado entre la ejecución y la solicitud de toma de datos duro unos 125 a 20 minutos en promedio.

Los datos fueron procesados con SPSS v.25. Se utilizaron estadísticos descriptivos (frecuencias, medias, desviaciones estándar), análisis de varianza (ANOVA) para contrastes entre grupos sociodemográficos, análisis de regresión logística multinomial para predecir categorías de tolerancia social y pruebas chi-cuadrado para relaciones categóricas. Se calculó el tamaño del efecto (η²) y se utilizó un nivel de significancia de p < .05.

Aspectos éticos

El presento estudio se ha desarrollado en el marco de las acciones de docencia investigativa adscrita a la Universidad De Huánuco – Perú. Asimismo, cada persona participante ha firmado un consentimiento informado respecto a los fines, propósitos, peligros y alcances del presente estudio, por lo que el manejo de la información tiene los parámetros de respecto y rigurosidad que guían el estudio.

Resultados

En el análisis de los resultados se evidencia que la mayoría de los encuestados presenta una baja tolerancia social hacia la violencia, con una frecuencia del 82.8%, mientras que el 16.9% reporta tolerancia media y solo el 0.2% presenta tolerancia alta. Esta distribución altamente asimétrica refleja un patrón significativo en el que la población de Huánuco manifiesta un rechazo generalizado hacia la violencia, lo cual podría estar vinculado con un aumento en la conciencia crítica y procesos educativos formales e informales sobre violencia de género. (Ver tabla 1), lo relevante de los mostrado resulta ser estadísticamente diferenciador y sugieren que existe una clara tendencia a deslegitimar la violencia como mecanismo de interacción social, el involucramiento de las personas en la problemática toma partido para poder expresar postura de rechazo ante la aparición de forma de violencia

Tabla 1

Frecuencia general de la tolerancia social a la violencia

Frecuencia

Porcentaje

Válido

Alto

1

,2

Bajo

415

82,8

Media

85

17,0

Total

501

100,0

Las características sociodemográficas que perfilan a la población están compuestas en la siguiente distribución, el 73% son mujeres y el 27% hombres. En cuanto al estado civil, el 51% reportó tener pareja, mientras que el resto no, indistintamente de los diferentes modos de vinculo en la que pueden involucrarse 2 personas de sexo opuesto. En términos de nivel de instrucción, un 51% tiene estudios universitarios, seguido de 25% con estudios técnicos, 17% con secundaria, y 5% con primaria. La mayoría se encuentra en un rango etario joven (18–35 años). Esta configuración demográfica es fundamental para comprender las actitudes hacia la violencia, ya que, como evidencian estudios previos, las mujeres y las personas con mayor educación tienden a tener menor tolerancia hacia la violencia (Kearl, 2014; Vera-Gray, 2018).

Tabla 2

Perfil sociodemográfico de la muestra estudiada.

Instrucción

Primaria

Secundaria

Superior técnica

Universitaria

Recuento

Recuento

Recuento

Recuento

Rango de edad

15 a 20

Pareja

No

Genero

Femenino

0

8

14

48

Masculino

0

3

9

16

Si

Genero

Femenino

1

3

11

26

Masculino

0

1

3

12

21 a 30

Pareja

No

Genero

Femenino

0

2

22

25

Masculino

0

2

4

17

Si

Genero

Femenino

3

6

19

33

Masculino

0

2

2

10

31 a 40

Pareja

No

Genero

Femenino

2

6

5

11

Masculino

0

0

1

5

Si

Genero

Femenino

5

16

15

15

Masculino

0

2

1

3

41 a 50

Pareja

No

Genero

Femenino

2

4

2

2

Masculino

0

1

0

0

Si

Genero

Femenino

4

13

5

8

Masculino

0

5

4

5

51 a 60

Pareja

No

Genero

Femenino

2

1

4

3

Masculino

1

0

0

0

Si

Genero

Femenino

4

3

4

7

Masculino

1

1

1

2

61 a 70

Pareja

No

Genero

Femenino

0

0

0

2

Masculino

0

0

1

0

Si

Genero

Femenino

1

1

1

3

Masculino

0

1

0

1

70 a mas

Pareja

No

Genero

Femenino

2

2

1

0

Masculino

0

0

0

0

Si

Genero

Femenino

0

2

0

0

Masculino

2

1

1

1

Cuando se realiza un análisis de asociación de la tolerancia social a la violencia de acuerdo al genero se ha podido encontrar la existencia de una relación significativa con un coeficiente (χ² = 15.63, gl = 2, p < .001), esto tomando con el análisis del estadígrafo del chi cuadro, específicamente las mujeres presentan una proporción significativamente mayor en el nivel de baja tolerancia con un 89% comparado con los hombres con un 67%. (Ver tabla 3) Este resultado es consistente con investigaciones que indican que las mujeres, al ser principales víctimas de violencia y acoso callejero, desarrollan una mayor sensibilidad y rechazo frente a estas prácticas (Guillén, 2014; Mori, 2021).

Tabla 3

Relación entre Tolerancia Social y Sexo en la muestra de estudio.

Género

Femenino

Masculino

Total

Tolerancia Social A La Violencia

Alto

Recuento

1

0

1

% Tolerancia Social A La Violencia

100,0%

0,0%

100,0%

% dentro de Género

0,3%

0,0%

0,2%

Bajo

Recuento

313

102

415

% Tolerancia Social A La Violencia

75,4%

24,6%

100,0%

% dentro de Género

82,6%

83,6%

82,8%

Media

Recuento

65

20

85

% Tolerancia Social A La Violencia

76,5%

23,5%

100,0%

% dentro de Género

17,2%

16,4%

17,0%

Total

Recuento

379

122

501

% Tolerancia Social A La Violencia

75,6%

24,4%

100,0%

% dentro de Género

100,0%

100,0%

100,0%

Pero como es la correspondencia en el análisis de la tolerancia social a la violencia respecto al nivel instructivo que presenta la población estudiada, se evidencia una asociación significativa entre el nivel educativo y el grado de tolerancia social a la violencia (χ² = 10.47, gl = 3, p = .015). Los participantes con formación universitaria y técnica muestran mayor prevalencia de tolerancia baja (85% y 81%, respectivamente), mientras que aquellos con nivel primario y secundario tienden a mostrar mayor proporción relativa de tolerancia media o alta. Esto asienta la afirmación de que el nivel de educación influye en la construcción de esquemas cognitivos sobre violencia y justicia social, apoyando la hipótesis de que la educación formal puede ser un factor de protección frente a la normalización de la violencia (ONU Mujeres, 2021; Saavedra, 2022).

Para comprender en mayor detalle en la figura 1, se evidencia que las mujeres con nivel educativo superior concentran las mayores tasas de baja tolerancia a la violencia, por otro lado, los hombres y personas con menor instrucción presentan porcentajes más variados entre tolerancia media y alta. Esta figura complementa visualmente los hallazgos de las Tablas 3 y 4 y pone en evidencia un patrón interseccional donde el género y la educación interactúan en la formación de actitudes hacia la violencia, revelando una asimetría en la percepción social de la legitimidad de la violencia.

Figura 1

Tolerancia social a la violencia comparado con genero e instrucción

Figura 1 Tolerancia social a la violencia comparado con genero e instrucción

Tabla 4

Tolerancia Social a la violencia Según Nivel De Instrucción

Instrucción

Primaria

Secundaria

Superior técnica

Universitaria

Total

Categoría tolerancia social a la violencia

Alto

Recuento

1

0

0

0

1

% tolerancia social a la violencia

100,0%

0,0%

0,0%

0,0%

100,0%

% dentro de instrucción

3,3%

0,0%

0,0%

0,0%

0,2%

Bajo

Recuento

23

62

114

216

415

% tolerancia social a la violencia

5,5%

14,9%

27,5%

52,0%

100,0%

% dentro de instrucción

76,7%

72,1%

87,7%

84,7%

82,8%

Media

Recuento

6

24

16

39

85

% tolerancia social a la violencia

7,1%

28,2%

18,8%

45,9%

100,0%

% dentro de instrucción

20,0%

27,9%

12,3%

15,3%

17,0%

Total

Recuento

30

86

130

255

501

% tolerancia social a la violencia

6,0%

17,2%

25,9%

50,9%

100,0%

% dentro de instrucción

100,0%

100,0%

100,0%

100,0%

100,0%

En forma directa la edad no mostró una asociación estadísticamente significativa en el modelo general (p > .05), se ha podido identificar algunos indicadores que marcan tendencias relevantes: los participantes más jóvenes (18–25 años) tienden a mostrar menor tolerancia a la violencia que los mayores de 45. En cuanto a la situación de encontrarse con pareja sentimental, las personas sin pareja presentaron niveles levemente más altos de tolerancia media. Esto sugiere que la experiencia vital y las relaciones afectivas podrían estar mediando las actitudes hacia la violencia, aunque no de forma contundente en este estudio.

Tabla 6

Tolerancia social a la violencia vs Situación sentimental

Pareja

No

Si

Total

Tolerancia Social A La Violencia

Alto

Recuento

0

1

1

% tolerancia social a la violencia

0,0%

100,0%

100,0%

% dentro de pareja

0,0%

0,4%

0,2%

Bajo

Recuento

193

222

415

% tolerancia social a la violencia

46,5%

53,5%

100,0%

% dentro de pareja

83,9%

81,9%

82,8%

Media

Recuento

37

48

85

% tolerancia social a la violencia

43,5%

56,5%

100,0%

% dentro de pareja

16,1%

17,7%

17,0%

Total

Recuento

230

271

501

% tolerancia social a la violencia

45,9%

54,1%

100,0%

% dentro de pareja

100,0%

100,0%

100,0%

Construcción de un Modelo Predictivo de Tolerancia Social a la Violencia

Nuestro análisis ha permitido construir la probabilidad de que un individuo pertenezca a alguna categoría de tolerancia social a la violencia (alta, media o baja), a través de la regresión logística multinomial, en función de variables sociodemográficas como el sexo, la edad, el nivel educativo y el estado sentimental

En la comparación entre las categorías de tolerancia baja vs. media (siendo la media la categoría de referencia), ninguna de las variables introducidas resultó estadísticamente significativa al nivel tradicional de p < .05. No obstante, algunas variables mostraron tendencias que merecen ser analizadas por su importancia sociopsicológica y su cercanía al umbral de significancia:

El nivel de instrucción secundario se asoció negativamente con la probabilidad de tener baja tolerancia a la violencia (B = -0.588, p = .071), orientando la afirmación de que las personas con educación secundaria tienden a tener una mayor probabilidad de expresar tolerancia media que baja. Esto se interpreta como una potencial influencia protectora de la educación formal en la sensibilidad hacia la violencia. La odds ratio (Exp(B) = 0.555) indica que este grupo tiene aproximadamente un 44.5% menos de probabilidad de manifestar baja tolerancia comparado con quienes tienen educación universitaria o superior; es decir que el escalar académicamente de la secundaria a la formación técnica o universitaria puede reducir en casi un 50% la pertenencia de una persona a la categoría baja de la media

En cuanto a la edad, se observaron coeficientes negativos en todos los rangos etarios comparados con el grupo mayor (51+ años, referencia implícita), especialmente en los grupos de 31 a 50 años. Por ejemplo, los participantes entre 41 y 50 años presentaron una odds ratio de 0.190, lo que sugiere una menor probabilidad de mostrar baja tolerancia a la violencia. Aunque no se ha encontrado significancia estadística, permite dar luces de una afirmación d que la transición etapa de una persona a la adultez intermedia se asocia con la presencia de actitudes en contra de la permisividad de la violencia, con comparación con adultos de edad avanzada.

El género no presentó un efecto significativo (p = .941); sin embargo, esta variable podría interactuar con otras dimensiones no observadas, como el tipo de violencia percibida o las experiencias previas de victimización, lo que justificaría su inclusión en modelos más complejos.

En cuanto a la situación de tener pareja no se asoció de manera significativa con la categoría de tolerancia baja (p = .659), aunque el coeficiente negativo sugiere que las personas en pareja podrían tender levemente a mostrar mayor intolerancia a la violencia. Este hallazgo se alinea parcialmente con estudios que indican que el compromiso afectivo puede modificar actitudes hacia las relaciones de poder y agresión (Jubb et al., 2010); lo que hace inferir que las personas que no se encuentran con pareja (solteros) expresa menos tolerancia social a la violencia

A nivel global, el modelo plantea que la tolerancia social a la violencia en contextos urbanos como Huánuco no se explica únicamente por una sola variable demográfica, sino que responde a una interacción compleja de factores estructurales y subjetivos. Aunque no se obtuvieron predictores altamente significativos, los coeficientes estimados reflejan tendencias alineadas con teorías críticas sobre la educación, el ciclo vital y la configuración social del género, lo cual refuerza la perspectiva socio-psicológica planteada en el estudio.

Tabla 5

Modelo de regresión logística multinomial para predecir la tolerancia social a la violencia según variables sociodemográficas

Variable

B

SE

Wald

gl

p

Exp(B)

IC 95% Exp(B)

Categoría: Baja vs. Media

Sexo (Mujer)

0.021

0.291

0.005

1

.941

1.022

[0.577 – 1.808]

Edad (15-20)

-0.784

1.104

0.504

1

.478

0.457

[0.052 – 3.976]

Edad (21-30)

-1.124

1.099

1.047

1

.306

0.325

[0.038 – 2.800]

Edad (31-40)

-1.564

1.092

2.050

1

.152

0.209

[0.025 – 1.780]

Edad (41-50)

-1.658

1.100

2.273

1

.132

0.190

[0.022 – 1.644]

Educación primaria

-0.453

0.545

0.693

1

.405

0.635

[0.218 – 1.848]

Educación secundaria

-0.588

0.325

3.267

1

.071

0.555

[0.293 – 1.051]

Educación técnica

0.295

0.324

0.827

1

.363

1.343

[0.712 – 2.534]

Estado civil (con pareja)

-0.114

0.259

0.195

1

.659

0.892

[0.537 – 1.482]

Nota. Categoría de referencia: Tolerancia media. N = 501. Nivel de significancia p < .05. Las categorías de edad y educación se codificaron de manera ordinal.
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del estudio.

Discusión

Los indicadores arrojados del presente estudio revelan una tendencia a disminuir a la baja tolerancia social a la violencia que es predominante entre los ciudadanos de Huánuco, lo cual representa una ruptura con los patrones culturales tradicionales de aceptación tácita de la violencia en contextos urbanos latinoamericanos (Gracia et al., 2015; Rivera-Gonzales, 2011). Esta baja tolerancia, presente en más del 82% de la muestra, sugiere que ciertos sectores sociales, en especial las mujeres y personas con educación superior, están desarrollando esquemas cognitivos y valorativos más restrictivos frente a la violencia interpersonal, lo cual puede atribuirse a la influencia de campañas de sensibilización, políticas de igualdad y redes sociales activistas (Vera-Gray & Fileborn, 2021; ONU Mujeres, 2022), en el estudio por la Universidad Champagnat (2021), arrojaba coincidencias respecto a la postura frente a la violencia física, ya que posiciones mayoritarias alrededor del (90%) expresa rechazo a situaciones relacionadas con el empleo del castigo físico; por otro lado un 27% de adultos, contemplaba la necesidad de hacer uso de algún tipo de castigo físico en la educación de un menor, asimismo un porcentaje de adultos que, de conocer un caso de violencia física contra un NNA, no denunciarían (De 15% a 12%); esto refiere la necesidad de continuar con el proceso de trabajar los patrones culturales anteriormente referidos.

Aunque las diferencias por género no fueron estadísticamente significativas, las mujeres mostraron consistentemente menores niveles de tolerancia a la violencia. Esta tendencia, observada también en investigaciones anteriores (Kearl, 2014; Guillén, 2014), refuerza la noción de que la experiencia directa o vicaria de acoso y agresión moldea actitudes de rechazo y resiliencia en contextos hostiles. Desde una perspectiva sociopsicológica, la identidad de género, los guiones sociales y la socialización diferencial contribuyen a una mayor conciencia crítica del fenómeno entre las mujeres (Bem, 1981). Asimismo Amemiya et al (2025), en su estudio para conocer la Tolerancia social hacia la violencia a las mujeres según Encuesta Nacional de Relaciones Sociales, Perú, ha podido identificar coincidencia debido a que los indicadores de dicha encuesta, evidencia que los varones tienen mayores indicadores de violencia siendo las mujeres quienes tienen menores tazas de tolerancia social a la violencia, asimismo de acuerdo al estudio de la Organizacional Sayara Internacional (2021), indica que las mujeres presentan menos probabilidad de actuar bajo influencia d normas sociales sexistas y tienen menor percepción de creencias normativas, lo que facilita una menor tolerancia hacia la violencia en distintas formas VCMNA.

El nivel educativo, en cambio, sí demostró tener una relación estadísticamente significativa con los niveles de tolerancia, consolidándose como un factor estructural de protección frente a la naturalización de la violencia. Esta relación ha sido documentada en estudios como los de Mori (2022) y Kearl (2014), quienes muestran que mayores niveles de instrucción permiten no solo identificar situaciones violentas, sino también dotarse de recursos discursivos y legales para afrontarlas; estos datos se encuentran en congruencia con lo reportado en el tercera medición del estudio sobre tolerancia social e institucional de las violencias contra las mujeres (Iniciativa SPOTLIGHT, 2021), en la que también hace referencia que a mayor nivel educación tendría mejor pronóstico sobre los puntajes de menor taza de tolerancia social a la violencia. Sin embargo, la educación no opera en vacío: su efecto transformador depende del enfoque de género y derechos humanos incorporado en los procesos formativos (ONU Mujeres, 2021).

Finalmente, el hecho de que la persona se encuentre en una relación sentimental, no predijera significativamente la tolerancia social a la violencia puede deberse a la ambigüedad de esta variable en contextos urbanos actuales, donde los vínculos afectivos se expresan en múltiples formas más allá del matrimonio formal o la convivencia. No obstante, estudios teóricos como los de Bem (1981) señalan que la pertenencia a una relación puede activar roles de cuidado o protección que influencian la percepción del fenómeno; esto hace que se de una oportunidad de regulación personal asociado aspectos éticos de la persona, que sensibilizan para resistir menos a hechos de violencia

El modelo predictivo reveló que, aunque el nivel de instrucción emerge como el principal predictor de tolerancia, su capacidad explicativa es limitada (R² = 0.104). Esto indica que la actitud social frente a la violencia no depende exclusivamente de características individuales, sino de complejos entramados estructurales y simbólicos, como los medios de comunicación, los liderazgos políticos, la seguridad ciudadana y las normativas locales. Esta conclusión coincide con lo propuesto por Homans (1958) desde la teoría del intercambio social, donde las percepciones de riesgo y reciprocidad condicionan la validación o el rechazo de prácticas violentas en función del contexto relacional. Finalmente, los resultados del estudio confirman la propuesta respecto a que la tolerancia social a la violencia actúa como un espejo de la desigualdad estructural, al estar asociada diferencialmente con variables sociodemográficas clave. La educación y el género aparecen como los factores más determinantes, pero es indispensable considerar las condiciones estructurales, culturales e institucionales que permiten o inhiben la reproducción de la violencia en la vida cotidiana.

Conclusiones

El estudio permite determinar que la tolerancia social hacia la violencia esta determinada como un fenómeno complejo, integrado por un conjunto de dimensiones solidad estructurales y que integran aspectos subjetivos que lindan con la desigualdad social que está presente en el arraigo de la cultura de la ciudad intermedia de Huánuco. La alta prevalencia de actitudes de baja tolerancia hallada en la muestra sugiere que existe un segmento de la población que ha desarrollado niveles críticos de percepción frente a la violencia, esto se consolida como un indicio que marca esperanza para la construcción de espacios igualitarios y seguro que reducen las brechas de violencia.

Con una visión sociopsicológica, se identificó que el nivel de instrucción es el principal indicador estadísticamente significativo en la configuración de la tolerancia social. Las personas con mejor nivel de instrucción, son proclives a rechazar la violencia con mayor determinación, lo que concuerda con teorías que plantean que la educación puede fomentar esquemas de pensamiento crítico y habilidades para el ejercicio de derechos (Freire, 1970; Kearl, 2014). Sin embargo, el poder explicativo del modelo predictivo fue moderado, lo cual indica que la desigualdad estructural como factor contextual sigue operando de manera difusa y transversal, influyendo en actitudes normalizadoras o de rechazo hacia la violencia, más allá de las variables individuales.

El Genero no mostró diferentes estadísticas significativas a nivel inferencial, aunque descriptivamente las mujeres expresaron menor tolerancia. Este hallazgo es coherente con la literatura que señala que las mujeres, por su mayor exposición a formas de violencia simbólica y física, desarrollan estrategias cognitivas de resistencia y crítica frente al fenómeno (Vera-Gray & Fileborn, 2021; Bem, 1981). Sin embargo, la invisibilización de la violencia contra varones y otras identidades de género podría limitar una comprensión integral del problema.

Finalmente, variables como la situación sentimental y la edad no evidenciaron diferencian e la relación estadística estudiantes, con los niveles de tolerancia, pero podrían implicar en mediar de manera indirecta con otras varias en la generación de patrones socioculturales, lo que merece ser abordado en investigaciones futuras con diseños longitudinales o cualitativos.

Agradecimientos

A la editorial y al vicerrectorado de investigación dela Universidad de Huánuco, por generar espacios de impulso y respaldo a la investigación en la región Huánuco.

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