Una historia del cambio cultural en Occidente respecto a los usos de la playa, la costa y el mar entre 1750 y 1840.
CORBIN, A: Le territoire du vide, Paris, Aubier, 1988.
(Hay edición en castellano: Mondadori, 1993).
«A principios del siglo XVIII, las furias del océano intensifican la repulsión que inspiran las playas desiertas y sombrías.
En ninguna parte, excepto en la obra de unos pocos individuos, se expresa la admiración por el espacio infinito de las olas; en ningún lado se manifiesta el deseo de enfrentarse a la fuerza de las olas, de sentir la frescura de la arena.
Es entre 1750 y 1840 cuando despierta y luego se desarrolla el deseo colectivo de la orilla. La playa pasa entonces a formar parte de la rica fantasmagoría de las zonas limítrofes; se opone a la patología urbana. Junto al mar, mejor que en cualquier otro lugar, el individuo se enfrenta a los elementos, disfruta de la sublimidad del paisaje.
A lo largo de las costas septentrionales, la alternancia de mareas vivas y muertas, el espectáculo de una población de «pequeños pescadores», sencilla, heroica y formidable, favorecen el deambular y la meditación. En la intensidad de la inmersión, que mezcla placer y dolor de la asfixia, se forja una nueva manera de experimentar su cuerpo.»