En Ayamonte, como en buena parte de la costa andaluza y a diferencia de otras regiones de España, las mujeres estuvieron alejadas de todos los trabajos vinculados a la pesca. La industria conservera y, en ocasiones, la venta de marisco o pescado fueron su vinculación laboral con el sector pesquero. Una de las principales causas la hallamos en que el puerto, lejos de ser un espacio abierto y compartido por hombres y mujeres, fue un lugar exclusivamente masculino. Así, mujeres y niños quedaban confinados a las orillas de las playas, donde mariscaban con el fin de obtener algunas almejas o coquinas para el autoconsumo. De hecho, tampoco era muy frecuente que las mujeres de los pescadores comercializaran la producción; esta situación solo se daba en algunos puertos y de forma ocasional, como se aprecia en la fotografía, donde una de las esposas de los mariscadores aparece vendiendo pequeñas cantidades de coquinas o almejas.
El documento es muy revelador, puesto que refleja la situación socioeconómica a la que estaba sometida la población femenina ayamontina: por un lado, la mujer no tenía acceso al trabajo en alta mar en un enclave donde, precisamente, la pesca demandaba mano de obra y, por ello, debía debatirse entre permanecer encerrada en las insalubres fábricas de conserveras o bien ganarse el sustento a pie de calle, sirviéndose de una silla y un cesto, como testimonia la fotografía. Por otro, se coartaban todas sus aspiraciones, quedando para los hombres los trabajos que más fortuna reportaban y con ello, haciendo más dependientes e inestables a las mujeres, a las que se tenía en baja consideración cuando estaban implicadas en las labores relacionadas con el pescado. Si bien la explotación del sector pesquero abrió nuevas oportunidades laborales para las mujeres, estas fueron precarias y sirvieron para ahondar aún más en las diferencias de género y social.