El secado de las bacaladillas constituía una actividad tradicional en Ayamonte, pues normalmente los marineros la apartaban para consumo propio o para la venta al por menor de manera informal. La bacaladilla es una especie muy poco valorada, consumida como acompañamiento de una bebida. En el documento fotográfico, estas aparecen colgadas en la zona superior de la entrada de una casa, expuestas al sol, tras haber sido limpiadas y abiertas, al tiempo que en unas cajas se ofrecen a la venta las que están listas.