La limpieza de la caballa era una tarea que continuaba realizándose manualmente, pues era un proceso que prácticamente no se había mecanizado. Una vez limpio, el pescado se ponía en platos junto con una ficha con un número identificador de cada obrera.
Muchas de las mujeres de clase obrera de Ayamonte trabajaron alguna vez en su vida en estas fábricas, que fueron uno de los pocos ámbitos relacionados con la actividad pesquera donde han tenido cabida las mujeres.
La imagen pone de manifiesto las precarias condiciones, pues todas permanecen sentadas sin apenas espacio y frente a ellas se dispone, a muy poca distancia, la cinta transportadora, lo que conlleva el amontonamiento del pescado y un obstáculo para realizar correctamente la limpieza del mismo.