La imagen muestra a un grupo de mujeres con su delantales y hombres con sus gorras en una «charanga». Localizada en la barriada Puente Carreras de de Isla Cristina creada entre 1918 y 1927 («otro lado del puente», en la salida norte hacia la N-341), la propiedad de la charanga de la fotografía se adjudica a una de las familias isleñas de larga tradición conservera: los Columé (actual marca comercial Ficolumé).
La charanga (también conocida en otras partes de Andalucía como chanca) es un local destinado a la preparación y distribución de conservas de pescado. Es el antecedente de la fábrica conservera, con la que llegaría a convivir en Ayamonte e Isla Cristina. Como se puede adivinar en esta instantánea, estos locales disponían de tornos para el prensado, infinidad de barricas (cajas de madera) y de pilas para salar las sardinas, más una oficina que solía situarse en un altillo al que se accedía por una pequeña escalera.
Según el Diccionario Marítimo Español de 1831, charanga es el nombre que se daba en el bajo Guadalquivir al «sitio de amarradero de los changueros, o al trato o tráfico que se hace en ellos» (un changuero era «barco costanero de Andalucía» que carece de cubierta y provisto de un único palo). En la actualidad, en algunas zonas de España como el País Vasco o Valencia, el término txaranga (o fanfarria) hace referencia a un grupo reducido de músicos de viento y percusión que, en pasacalles jocosos, animan las fiestas más populares.
Las charangas y las posteriores fábricas empleaban a numerosas mujeres de las localidades pesqueras, un nicho de empleo para hijas y esposas de marineros con el que complementaban la precaria renta familiar. Estas trabajadoras eran conocidas como «estibadoras». En el argot marinero, estibar (antes «estivar») es la acción de distribuir la carga y ordenarla por su peso en la bodega de una embarcación. Por extensión se aplicaría a la labor de acomodar y apretar las piezas de pescado en una barrica o, más tarde, en una lata de conservas como hacen las «estibadoras».