Si en la actualidad las marismas son ecosistemas protegidos y muy valorados por su gran riqueza ecológica, hasta hace muy poco tiempo se trataba de espacios marginales, inhóspitos por sus condiciones físicas. Si bien no han sido lugares idóneos para vivir, en cambio, sí han tenido una gran Importancia económica para la población del litoral onubense, que aprovechaba los múltiples recursos que ofrecían (recolección, caza, ganadería, pesca).
Las características de este ecosistema, la combinación de agua y tierra permite, aunque con una gran dificultad, el acceso y la pesca en estos parajes sin necesidad de poseer embarcación alguna; este hecho, unido a la gran riqueza económica de las marismas, y su titularidad pública, le ha otorgado la misma función que a las tierras comunales de las zonas agrícolas. En los momentos de penurias los grupos más desfavorecidos acudían para el aprovechamiento de sus múltiples recursos.
Las técnicas de marisqueo y pesca en las marismas o zápales, han sido muy variadas, algunas eran las mismas que las de ríos y playas, y en cambio, otras eran exclusivas. Muchas de ellas apenas necesitaba de medios técnicos ni conocimientos; sin embargo, algunas, dadas las dificultades del terreno, requerían una gran especialización.
Prácticamente la totalidad de las técnicas pesqueras utilizadas en estos espacios se encuentran hoy desaparecidas por razones diversas. En primer lugar, por el carácter marginal que siempre han tenido, por la contaminación de gran parte de este terreno (Marismas del Odiel), pero sobre todo, por el control oficial, pues al tratarse de parajes naturales protegidos su acceso y uso es limitado.
En la imagen observamos el sistema de tapaesteros, que Cáceres Feria define así: Un sistema más complicado, en vigencia hasta hace unos años, era el llamado tapaesteros. Después de elegir el lugar más idóneo, se rodeaba un estero con una serie de palos largos, palancas, alrededor de los mismos se colocaba una red ciega que se enterraba en el fango fijándola con pequeñas estacas; en la última palanca se colocaba una cuerda, peaña, que iba amarrada a la red. Una vez montado este mecanismo, los hombres se retiraban y esperaban que subiera la marea; cuando estaba alta, con una pequeña embarcación se tomaba la peaña y se iba levantando la red; mientras un hombre tiraba de la misma otro la iba enganchando en las palancas. Al bajar la marea los peces quedaban encerrados y se recogían con las manos.
Dentro de los tapaesteros, o independientemente en la boca de un caño, se colocaban las denominadas mangas, mecanismo consistente en una serie de aros de madera que van unidos con una red ciega y que forma una especie de cilindro de un par de metros de longitud. Uno de los extremos se cierra mientras que por el otro, la boca, se va estrechando a modo de embudo. La boca de la manga se coloca en la entrada de un caño, y al baja r la marea los peces se van introduciendo en su interior.
También en la marisma se suele usar una pequeña red rectangular, redisca o red camaronera, de no más de un metro de longitud que en los extremos lleva dos palos, y en su parte central un pequeño copo. Sujetando la red por los dos palos se va caminando por el agua con la red extendida y en ella van entrando los camarones, que se deposita en una bolsa que el camaronero lleva a la cintura.
Además, Cáceres Feria añade que existían otras formas de explotación, añadiendo que aunque de forma marginal, en las marismas también se mariscaba .Normalmente a ojo, se recogían algunas almejas y pirulos (Tapes aeurus). Un carácter más especializado tiene la captura de bocas. Se denomina boca a la pinza de los cangrejos conocidos como caballetes o jinetes (Gelassimus tangen). Se puede buscar del día, a ojo, localizando los orificios o cuevas donde viven, distinguibles porque por ellos asoma la punta de la pinza de este animal. Una vez localizado, se tacha, es decir, se mete el brazo, se saca el cangrejo y se le arranca la boca que se deposita en un canasto, mientras que el animal se devuelve a la marisma. Otro procedimiento consiste en extender una red fina en la zona donde se encuentran las cuevas de los caballetes, al sacar la pinza del agujero, se quedan enganchados a la red. Por la noche se suelen coger con ayuda de una luz. Una persona va iluminando a los cangrejos que se encuentran fuera de la cueva; con la luz quedan paralizados, mientras que otra los recoge, les quita la boca y las depositan en el canasto.