La leyenda de Molly Malone se encuentra profundamente incrustada en la memoria colectiva e identidad nacional de Irlanda. Molly Malone es un personaje legendario y unos dicen que existió y otros que no, que sólo es la protagonista de una canción compuesta a finales del siglo XIX y que hizo fortuna convirtiéndose en un tema cantado por todo el mundo y que ya ha pasado a considerarse una canción tradicional y para muchos el himno de Dublín. Esta mujer era una pescadora que durante el día se ganaba la vida vendiendo el pescado y marisco que capturaba y que transportaba en un carro que ella misma empujaba gritando “¡Berberechos y mejillones tan frescos que están vivos!” (Grito que originó la canción), y por la noche se dedicaba a la prostitución. Ambas esculturas tanto al de Ayamonte como la de Dublín al fin y al cabo vienen a realizar la misma función homenajear a las mujeres que se dedicaron a actividades relacionadas con la mar, por su dificultad tanto en su desarrollo como en la poca renta que producían y por la importancia que tuvo el sector femenino en el desarrollo de las actividades pesqueras, llevando a la pesca a ser el principal motor económico y de desarrollo de los municipios de tradición pesquera.