Los patios de vecinos eran una fuente adicional de rentas para sus propietarios (armadores y conserveros), en el contexto donde empezaba a hacerse estructural una creciente demanda de viviendas en localidades como Isla Cristina desde finales del siglo XIX. En el patio solía vivir un «casero» con su familia, que en este caso era conocido como Gallego.
Hay que tener en cuenta que en las primeras décadas del siglo XX concurren inicios de la transición demográfica en el país e intensos movimientos migratorios que concentraron población en determinadas localidades donde el censo de vivienda pronto quedaría superado por el fuerte crecimiento del censo de residentes. La población de Isla Cristina (Huelva) incrementa sus ya destacadas tasas anuales de crecimiento demográfico a principios del siglo XX, gracias fundamentalmente a un saldo migratorio positivo, alimentado por gentes provenientes de comarcas próximas y del Algarve portugués, atraídas por las oportunidades de empleo generadas por una expansiva economía pesquera y conservera. De hecho, en 1910, el conjunto de España se encarrila en la vía de la denominada la “transición a la movilidad”, esto es, una destacable intensificación de las migraciones interiores que supusieron a la larga una reajuste territorial de la población en favor de las capitales de provincia y los centros urbano-industriales, fundamentalmente del norte y noreste del país. El caso de Isla Cristina es paradigmático de aquellos otros núcleos de población no netamente urbanos que presentaron desarrollos demográficos espectaculares gracias a la expansión puntual de actividades extractivas, como en este caso la pesca, y a la industria transformadora ligada a aquélla (las conserveras pertenecen a la conocida como “cara oculta de la industrialización” española).
Una vez precisado su contexto histórico, y volviendo al aspecto morfológico de estos hábitats denominados “patios de vecinos”, hay que señalar que las viviendas que se alquilaban solían ser de una o dos piezas, compartidas en ocasiones por hasta tres generaciones de una misma familia extensa; en condicio es de habitabilidad próxima al hacinamiento, los servicios de agua corriente (o algive, antes) y de aseo personal se situaban en los espacios comunes del patio de vecinos. Por último, cabe indicar que todavía hoy podemos encontrar restos de esta tipología de viviendas en el casco antiguo de Cádiz, ciudad con la que Isla Cristina mantenía desde su fundación en el siglo XVIII intensas relaciones empresariales, laborales, sociales y culturales en torno a los usos de unos recursos pesqueros compartidos. N. del Prof. FCP.