La primera fotografía representa la pesca con jábega. La jábega siempre ha constituido un arte de pesca similar a la almadraba de tiro. La temporada era más larga que la de las almadrabas, durando desde febrero hasta mayo o incluso hasta julio, periodo durante el cual la abundante mano de obra necesaria se asentaba en la playa, formándose así un pequeño poblado de chozas con gente provenientes de todos los pueblos de los alrededores.
El lance se iniciaba al ver un negrón de peces, entonces salía una barca que iba echando una red de 600 metros compuesta por un copo y dos flancos o pernadas terminados en sendos cabos con la que va rodeando el banco para volver a la playa. Cada pernada de la jábega estaba compuesta por 6 piezas de red que se iba haciendo progresivamente más tupidas hacia el copo o rabí. La red era recogida desde la playa pro los jabegotes.
La pesca con jábegas tuvieron mucha importancia en las costas de Huelva debido a la gran tradición pesquera que siempre ha existido en las costas onubenses sobre este arte. Se puede ver en la fotografía como participan familias enteras. Posiblemente la foto sea del mes de julio, época de faena y de captura. Una vez recogido el arte hay que proceder a la selección del pescado.
En el entorno del PN de Doñana, la pesca del sollo tuvo una gran importancia a partir de la instalación de la fábrica de caviar en Coria del Río en 1932 y que duró hasta 1970, cuando la sobreexplotación de la especie y los cambios ecológicos sufridos en el rio llevaron al esturión al borde de la extinción. Cabe decir siguiendo a los autores citados que el sollo fue pescado desde la antigüedad quedando reflejada su importancia económica al ser plasmado en los ases acuñados en Caura (Coria del Río). En las crónicas romanas se considera como el manjar más exquisito de los pescados y en el siglo XV los monjes de la Cartuja de Sevilla los pescaban y obtenían su caviar, al tiempo que los Reyes Católicos otorgan el monopolio de explotar este pez a la cofradía de pescadores de Sevilla que los ahumaba en el barrio de los humeros. Sin embargo, parece irse perdiendo con el paso del tiempo el aprecio por el sollo a favor de sábalos y sabogas. Para su captura, cuando no se producía por caer fortuitamente en otros artes de pesca, se utilizaban los sollares, unas grandes redes atrasmalladas con tralla aplomada que la pegaba al fondo. La carne se ahumaba, dando lugar al conocido jamón de sollos. Los pescadores las calaban cuando veían salir los sollos de los hoyos y debían mantenerse pendientes de la red para que estos poderosos peces no las estropeasen.