En la fotografía se divisa una tripulación enrolada en pesquero con base en Huelva: José Rodríguez Romero “El Potaje”, posando mientras oejan la revista Diez Minutos. Esta embarcación se dirigía a la costa occidental de África haciendo turnos de 5 a 6 meses en aguas frente a Dakar (Senegal). Estos barcos descargaban la mercancía en el puerto de Dakar desde en un congelador – factoría, donde se preparaba todo el producto a través de diversas fases como las de limpieza, congelación y envasado.
La interconexión de la producción marítimo-pesquera del litoral en el golfo de Cádiz y en el territorio africano, era algo habitual en el día a día de los marineros del suroeste peninsular. Al distribuirse la actividad pesquera en diferentes temporadas (esta dependía de una época del año específica, al ser más abundante cierto producto por los periodos migratorios de la fauna marina), los trabajadores tenían que adaptarse a las necesidades del momento, ya que el hombre en cada familia era el que aportaba la mayor parte del sustento familiar, aunque también trabajaran mujeres y niños en otras labores. Este proceso adaptativo hizo del marinero, un trabajador multidisciplinar, que llegaría a entender la pesca de diferentes especies, con diferentes embarcaciones, en diferentes localidades y con diferentes artes.
Todo esto obligaría al marinero a estar mucho tiempo fuera de sus hogares en las labores de ultramar o del extranjero, llegando a pasar meses fuera (en los casos de la pesca en Senegal, Angola, Mauritania…). Incluso en la pesca cercana a la costa como la de la caballa o la sardina, que normalmente se trabajaba en jornadas semanales, muchos de ellos se desplazarían a localidades de todo el margen litoral atlántico andaluz.