Nuestro museo cuenta con una importante colección de fondos museísticos vinculados a cada una de las secciones principales de su exposición permanente y archivo. A modo de ejemplo destacamos algunos de ellos, aunque en nuestras redes sociales podrás descubrir muchos más.
¡Te animamos venir a conocerlos!
Los pupitres de madera evolucionaron añadiendo progresivamente elementos y comodidad. Los últimos disponían de casilleros individuales, con una tapa abatible, para guardar los enseres personales. Pero la tapa de esos contenedores personales no sólo servía como mesa de escritura y como protección de lo que se guardaba en ellos. Tenía otros usos. Uno de ellos era como escudo, particularmente en dos tipos de eventos: cuando el maestro lanzaba algún objeto con la idea de golpear a algún alumno para sancionar alguna travesura, o bien cuando era el alumno el que tiraba papeles o trozos de goma a sus compañeros. También se usaba para ocultarse tras ella para poder cuchichear con el compañero o para "obtener información" suya con el objeto de cumplimentar una tarea o un examen. En nuestro Museo tenemos pupitres de distintos tamaños y períodos.
La Caixa Métrica es representativa de los numerosos armarios de Metrología que se fabricaron en la mayoría de los países occidentales. Fue fabricada por António Pereira da Costa en su factoría del barrio de Calvario, en la localidad portuguesa de Freamunde, una de las dieciséis freguesias del municipio del concelho de Paços de Ferreira, en el distrito de Oporto. Además de mobiliario escolar (mesas, pupitres, sillas, armarios), elaboraba materiales como pizarras y ábacos y la conocida caja métrica. Este armario no solo incluye unidades de medida, sino también otros elementos: una colección de figuras geométricas, un nivel de burbuja, plomadas, algunos tubos de ensayo en una gradilla, una balanza de Roberval, su juego de pesas… El recurso recibió igualmente otras denominaciones: vitrina de metrología, gabinete de pesos y medidas, compendio métrico…
El empresario Ramón Rubio comenzó a vender sus fichas visitando los colegios de la zona, con un éxito inicial muy limitado. En aquellas primeras tareas comerciales fue ayudado a veces por su esposa, Marina Polo Faus, y por sus tres hijos. Con el paso del tiempo, mejores resultados comerciales lo llevaron a comprar una pequeña imprenta y a constituir en 1956 la empresa "Ediciones Técnicas Rubio". Él mismo imprimía, en su propia casa, los cuadernos que vendía. El color verde distinguía a los destinados a la escritura; los de portada amarilla eran de cálculo aritmético y problemas. A finales de la década de 1980, la producción editorial superó los diez millones de ejemplares. El éxito de los cuadernos ha hecho que se sigan editando aún en la actualidad.
Inventada por James Wimshurst (1832-1903), ingeniero, supervisor de astilleros e inventor natural de Poplar (Inglaterra). Educado en Londres, en la Steabonheath House, trabajó en distintas empresas, pero dedicó su tiempo libre a la invención y la experimentación en el taller de su casa de Clapham, distrito al sudeste de Londres. En relación con la producción de electricidad, comenzó adaptando algunas máquinas ya existentes, como la de Holtz, dando lugar a un modelo conocido como de Holtz Wimshurst. Después desarrolló su "máquina dúplex", que serviria de base a la definitiva.
En 1882 inventó la "máquina cilíndrica" y al año siguiente ya dispuso la que es conocida como Máquina de Wimshurst. Tres años después fue construida una de las más gigantescas, que se conserva hoy en el Museo de la Ciencia y la Industria de Chicago. La Máquina posee dos discos que giran en sentido opuesto cuando es accionado un manubrio, el cual actúa sobre un sistema de poleas que están unidas por una correa sin fin. Los discos disponen de sectores metálicos que, al rotar, rozan con cepillos de hilos metálicos flexibles que están sujetos a un arco metálico. La estructura se completa con unos peines metálicos y los conductores, aislados por forros aislantes. Los conductores de la máquina se comunican con dos botellas de Leyden, condensadores inventados por Mussechenbroek en 1746. La proximidad de los sectores metálicos de un disco con las zonas neutras del otro ocasiona un efecto de inducción eléctrica. Los cepillos metálicos recogen la carga y la almacenan en las botellas de Leyden.
Estas máquinas tienen presencia en los centros educativos a través de los gabinetes de Física de los Institutos y de las Universidades, en los que tienen una presencia notable.
Realmente, la paternidad de esta máquina se debe al físico francés Le Roy, que la describió en 1772, aunque el constructor austríaco Carl Winter la modificó, creando un modelo evolucionado del original. Se trata de una máquina electrostática por frotamiento directo de un disco de vidrio o de material plástico con unos pequeños cojines de gamuza. Directamente conectada a las almohadillas de gamuza, una esfera pequeña recoge la electricidad positiva. Otra esfera de mayor tamaño, muy visible en el modelo original, se asienta sobre un soporte y se comunica con el disco a través de una horquilla (o mandíbula) que permite recoger en esta esfera metálica la electricidad negativa. A veces, en los modelos didácticos, como el que se expone en el Museo Pedagógico onubense, la primera esfera está ausente, sustituida por un pequeño pivote metálico. Si se une a este pivote un conductor y se aproxima éste a la espiga que sale de la esfera negativa, se produce un arco voltaico. Esta máquina no proporciona una cantidad grande de electricidad en cada descarga, debido al pequeño tamaño de las esferas conductoras. No obstante, como éstas se encuentran a una gran distancia relativa, proporciona una tensión elevada y produce chispas más prolongadas que otras máquinas electrostáticas.
La de Winter, por su simplicidad, es una de las máquinas electrostáticas más apropiadas para uso didáctico en niveles elementales y permite explicar fácilmente algunos principios de la Electrostática. Sin embargo, como la máquina de Wimshurst, su empleo quedó reducido a las aulas de segunda enseñanza, a la Universidad y a algunos centros de enseñanza técnica.
Los modelos anatómicos de órganos, aparatos o partes del cuerpo humano fueron introducidos en la enseñanza a mediados del siglo XIX. Se puede decir que esta tradición entronca con las lecciones de cosas y, sobre todo, con el principio de intuición. Éste hace referencia a la preeminencia del objeto (intuición directa) o de representaciones figurativas del mismo (intuición indirecta) como vía de aprehensión de los conocimientos. Las representaciones anatómicas son modelos tridimensionales y pueden ofrecer, por tanto, una elevada similitud con la realidad que representan, facilitando así su comprensión. En la introducción de estos elementos en la enseñanza española tuvo mucho que ver el catedrático madrileño Manuel María José de Caldo López de Neira (1825-1895), doctor en Ciencias que ejerció como catedrático de Historia Natural en el instituto madrileño "San Isidro" y en el conocido como Noviciado, que después sería llamado "Cardenal Cisneros" y del que fue director desde 1881 hasta su muerte. De los modelos anatómicos expuestos, sobresale un torso humano de 1920, abierto por su parte delantera y mostrando órganos internos desmontables. Carece -eso si- de aparato sexual, tanto externo como interno, probablemente por el puritanismo de la época. La figura, cuyo fabricante nos es desconocido, presenta por ello un pudoroso paño. Pero, además, parece que se han preocupado de que la figura sea explícitamente ambigua. Así, las caderas tienen una anchura propia del sexo femenino, mientras que los hombros muestran una cruz de proporciones masculinas. Además de ese hombre clástico, se expone un modelo de encéfalo fabricado por la Empresa Nacional de Óptica (ENOSA, Madrid) a comienzos de la década de 1960, con ciertos signos de desgaste por el uso, y un modelo de aparato respiratorio humano de los últimos años de esa misma década y mejor conservado que el anterior.
El zoótropo, llamado también tambor mágico, fue inventado en 1834 por William George Horner, matemático inglés nacido en Bristol el 22 de septiembre de 1789 y fallecido en Bath en 1873. Fue maestro auxiliar a los 14 años y ejerció en la escuela Kingswood, en la que había sido educado y de la que sólo cuatro años después fue director. Después, en 1809, se trasladó a Bath, a apenas veinte kilómetros de Bristol. Allí fundó su propio centro escolar en la Grosvenor Place, que mantendría abierto su hijo tras la muerte del fundador. El zoótropo es una máquina estroboscópica, consistente en un tambor circular hueco en el que han sido practicadas una serie de ranuras verticales. En el interior del tambor se coloca una tira de dibujos sucesivos que son observados a través de las rendijas mientras se hace girar el tambor sobre la base del zoótropo. Con ello se logra una sensación de imagen en movimiento. Este mecanismo se convirtió pronto en un juguete muy popular, no sólo para la infancia, sino también en reuniones de sociedad. Su empleo en la escuela está poco constatado y se reduciría casi exclusivamente a lo lúdico. No obstante, ha sido empleado en otros niveles educativos para explicar procesos relacionados con la teoría de la persistencia retiniana y para ilustrar la protohistoria del cine, al constituir uno de los más conocidos antecedentes.
El proyector Rello, fabricado por Carl Simon& Co., es uno de los primeros que incorpora un eficiente cambiador de diapositivas. Carl Simon (1873-1952) trabajó primero en una tienda de comestibles y, desde 1896 entró como empleado en la compañía fotográfica Liesegang, de Düsseldorf hasta 1907, año en que fundó su propia compañía, Carl Simon& Co, domiciliada en la misma ciudad alemana. Esta empresa se dedicó a la fabricación de cámaras, lentes y proyectores. Además, Simon se dedicó a realizar y coleccionar diapositivas de cristal coloreadas a mano. Con la ambición de mostrar el mundo al público, organizó cerca de 300 presentaciones de diapositivas, con textos escritos sobre cada vista 'proyectada, que eran leídos por un actor, mientras sonaba música de fondo interpretada por una pequeña orquesta. En el Museo Pedagógico se expone el proyector Rello de Carl Simon& Co. por la revolución didáctica que supone la incorporación del intercambiador, motivo suficiente para una consideración especifica. En este caso, el cambiador es de marquetería e incluye varios marcos en los que se insertan las diapositivas. A su vez, el marco, una vez preparado, se aloja en el compartimento libre del cambiador. Ya preparado, el marco se empuja lateralmente hacia el interior del proyector, acción que desplaza hacia el exterior, por el otro lado, al marco cuya diapositiva estaba siendo proyectada.
Aunque ya existían cambiadores de diapositivas desde que se perfeccionaron las linternas mágicas, muchos antes de la fabricación del proyector Rello, el de éste es uno de los cambiadores más rápidos de su época, reduciendo sensiblemente los tiempos de espera entre la proyección de dos diapositivas consecutivas, con lo que se mantiene la atención de los espectadores, disminuyendo la fatiga. Esa es su aportación básica y la plusvaliía didáctica que aporta.
Se trata de una réplica de una esfera terrestre de 1881, de estilo marcadamente victoriano, fabricada por Merzbach& Falk, que combina datos físicos y políticos, incluidas las corrientes marinas y los primeros cables subacuáticos, además de los datos geográficos más usuales. No se conocen ejemplares originales de este globo, a pesar de la prolífica producción del fabricante . La curiosidad de la esfera no es esa, sin embargo, sino el hecho de que la prestigiosa casa londinense Christie’s subastara una de estas reproducciones facsímiles como si se tratase de un original. No lo hizo con intención de engaño, cuestión indiscutible en casa de tanta reputación, sino bajo la creencia firme de que se trataba de un ejemplar genuino. La puja la cerró un coleccionista que ofreció algo más de 8.000 euros por la pieza. Éste recuperó su dinero una vez que la verdad fue sabida y publicada en la prensa nacional, pero Christies salió malparada, herida en su prestigio. Lo subsanó al conseguir que la empresa fabricante se viese obligada desde entonces a marcar su producto con la palabra “facsímile”, que advierte inequívocamente de su carácter.
En nuestro museo, el de Merzbach& Falk, que, en todo caso, representa bien a los globos de su época, comparte vitrina con otro que, aunque más tardío, sí es original. Se trata de una esfera de 12 pulgadas, con un pie alto que la realza (910 milímetros en total), fabricada en 1936 por la compañía George F. Vram, de Indianapolis (Estados Unidos). Fabricada con papel maché, los doce segmentos o husos que componen el globo fueron pegados a mano. El círculo meridiano que lo rodea es móvil, a voluntad del usuario gracias a un tornillo de sujeción.
La datación de los globos se hace a menudo por el método de fronteras y nombres, que se basa en el análisis de la presencia o ausencia de países con fechas conocidas de fundación o de cambios toponímicos. Así, en el globo de George Vram aparece, por ejemplo, África del Este Italiana en lugar de Etiopía (1936), pero Burma aún no se ha segregado de la India (1937), por lo que debemos situar su fabricación entre ambos acontecimientos.
El primer sacapuntas fue patentado en 1828, en Francia, por parte del matemático Bernard Lassimone. El invento debía sustituir a las navajas y los cuchillos como herramientas para afilar los lápices, pero tardó décadas en propagarse y aún a comienzos del siglo XX su empleo estaba poco extendido. Quienes querían una punta bien fina, empleaban todavía navajas y cuchillas de afeitar de acero. Se sucedieron numerosas patentes de modelos y variantes que podemos agrupar en tres clases en función del elemento afilador: sacapuntas abrasivos (que emplean lijas y discos de esmeril), sacapuntas fresadores (que usan uno o dos elementos helicoidales fresadores que rotan por la acción de una manivela) y sacapuntas de cuchilla (que utilizan hojas de hierro acerado con un borde afilado). Estos últimos se desarrollan a partir de 1900. Los sistemas fresadores persisten aún en la mayoría de los modelos de sobremesa. El primer sacapuntas eléctrico fue patentado en la década de 1940 por la compañía neoyorquina HammacherSchlemmer, una ferretería creada en 1848, especializada en la venta por catálogo. La empresa valenciana Playme (Beniparrell, Valencia) lanzó, a partir de 1969, una curiosa colección de sacapuntas, simulados en miniaturas metálicas de objetos, tanto de carácter cotidiano como simbólicos (como la "campana de la libertad" estadounidense o la copa del mundo, por ejemplo). La colección, que superó los cincuenta modelos, tuvo una gran aceptación popular y pronto se convirtió en objeto de coleccionistas, tanto en España como en el extranjero, ya que fue exportada a un gran número de países.